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El arrepentimiento y la misericordia en San Nilo Sorskij - Elena V. Romanenko [*]

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En torno al 1485, el monje ruso Nilo fundó un skit en el denso bosque sobre el río Sora, en la Rus’ nord-oriental. En una carta a su amigo Germán Podol’nyj, Nilo explica el motivo por el cual ha elegido justamente aquel lugar: porque era difícilmente asequible (en el antiguo ruso, literalmente, “poco accesible a los hijos del mundo” [1]). Los monjes que viven con él eran muy pocos. Se sabe que en 1515, por decreto del gran príncipe Vasilij Ivanovich, el skit recibía el pan para quince personas. Sobre una miniatura de los años noventa del siglo XVII se notan doce celdas [2] y las celdas eran individuales.


En el skit eran admitidos solo monjes alfabetizados, que hubiesen recibido ya una formación en otros monasterios de vida común. La comunidad no tenía actividad agrícola o productiva, ni una comida en común como en los cenobios. El skit no poseía terrenos cultivables, ni feudos con la potestad sobre campesinos, ni áreas de pesca u otras prebendas. Sobre el río había un molino para la molienda del grano. Evidentemente el skit estaba destinado a los candidatos al monaquismo provenientes de familias ricas y aristocráticas, visto que en las duras condiciones del norte ruso era imposible sobrevivir y alimentarse con un único oficio, sin un patrimonio personal. Los monjes vivían en completo aislamiento del mundo, en un lugar desolado y para nada pintoresco.

El tipo de monasterio y el lugar para su construcción habían sido elegido por Nilo Sorskij deliberadamente, para poderse dedicar a la oración interior y a la vida de conversión. Nilo fue un gran monje y un verdadero y propio asceta. Pero su ascetismo no consistía  tanto en la cantidad de postraciones o en el rigor del ayuno (para el cual el santo seguía el camino medio), sino en la total renuncia al mundo, entendido como estilo de vida, contrario al monástico. El alejamiento del mundo era concebido por Nilo como perfecto despojamiento espiritual y material (nestjazanie, literalmente “no posesiones”): los monasterios, en la concepción de Nilo, no debían tener ningún punto de contacto con el mundo, por esto no podían poseer feudos, para no dejarse envolver en relaciones de negocios y disputas judiciales con los laicos.

La vida monástica era considerada por Nilo como la más alta manifestación de la misericordia de Dios hacia el hombre caído. Nilo habla de ella en una de sus cartas, dirigida a un hombre obligado a hacerse monje en contra de su voluntad, donde se explaya sobre la dignidad, a imagen de Dios, del alma humana y sobre aquella verdadera felicidad que el hombre encuentra en la comunión con Dios.

“Dios, que te ha amado, en virtud de su misericordia y providencia, te ha sacado del mundo y puesto a su servicio. Por esto debes siempre agradecerle por su misericordia y hacer todo lo posible para complacerle y salvar tu alma, olvidando el pasado malo y aspirando hacia las virtudes que ayudan a obtener la vida eterna.” [3]

“Tú mismo conoces por experiencia los dolores y la corrupción de este mundo que pasa, y cuánto mal procura a los que le aman y cómo pues escarnece a aquellos que le sirven, cuando los abandona. El mundo aparece a ellos dulce cuando ofrece sus delicias y amargo al final.” [4]

El tema del arrepentimiento atraviesa todos los escritos de Nilo Sorskij. Los estudiosos de su obra concuerdan  en atribuirle una particular oración penitencial, inserta en una colección manuscrita de su discípulo Gurij (Tusin) [5]. El largo título dice: Oración y agradecimiento al Señor, nuestro Dios, del venerable “starec” Nilo, que comprende el arrepentimiento, la confesión de los pecados y de las pasiones (a continuación lo abreviaremos como Oración). Con toda probabilidad, esta Oración ha sido compuesta al final de la vida del santo, ya que escribe: “mi aspecto y mi cuerpo están ya exhaustos y el tiempo de mi vida llega al fin y el umbral de la muerte se acerca” [6].

Arquetipo de la oración es el ordo de la confesión, conocido en la Rus’ del siglo XV con el título de Arrepentimiento para los anacoretas (Skiskoe pokajanie, a continuación lo llamaremos Arrepentimiento). El primer estudio ruso que se ocupó de este texto, Aleksandr I. Almazov, lo considera una obra compilativa de origen ruso, compuesta sobre la base de fuentes griegas y eslavas meridionales. En algunos manuscritos era atribuida, sin fundamente, a san Juan Crisóstomo: “[Oración] penitencial y confesión de nuestra padre entre los santos Juan Crisóstomo [para leer] en soledad antes del alba y a la tarde con atención y lágrimas ante el ícono del Señor o la cruz” [7]. En otros manuscritos, como autor es indicado san Pedro Damasceno. En los códices más tardíos el Arrepentimiento recibe el título largo de:

“Oración compuesta con arrepentimiento y unida a la confesión; cómo conseguir la contrición del corazón y la humildad del alma, y considerarse culpable, y despreciarse y denigrarse, y culparse y mortificarse, y dominarse y abajarse, y ofrecerse ante Dios, en verdad, como pecadores y criaturas caídas, para llegar a la compunción y al llanto, y que Dios conceda lágrimas de arrepentimiento”.  

Los manuscritos del Arrepentimiento son bastantes raros y la mayoría provienen de la biblioteca del Monasterio de Cirilo de Beloozero, donde nuestro texto [la Oración] está contenido en los libros litúrgicos del skit de Nilo Sorskij [8]. La relación entre el Arrepentimiento y la Oración muestra ante todo la evidente proximidad en el título de los dos textos. En el primero las palabras claves son “arrepentimiento” y “confesión”, pero Nilo Sorskij agrega al título también un término: “agradecimiento”.

Estructuralmente, el Arrepentimiento se divide en distintas partes. Al principio, el penitente invoca la misericordia del Señor, pidiendo que acoja su arrepentimiento:

“También ahora tú, Rey inmortal, Señor amante del hombre, muestra el poder de tu compasión sobre mi pecador, manifiesta la fuerza de tus entrañas de misericordia, y en tu magnanimidad acógeme a mí pecador, que me vuelvo a ti y deseo arrepentirme de mis pecados”. [9]

Temblando ante la inalcanzable grandeza y poder de Dios, el pecador en la Oración  osa sólo esperar la misericordia de Dios:

“Movido por la gracia de tu Espíritu los santos padres decían que no existe pecado que venza tu amor por el hombre, a no ser el pecado sin arrepentimiento. Esperando en todo esto, arrepintiéndome te confieso mis pecados, mi Creador y mi Dios”. [10]

En la Oración y en el Arrepentimiento es utilizado el ordo communis del rito de la confesión. “Tú sabes”, así el autor de la Oración se dirige a Dios,

“Tú sabes todo, sabes que no hay sobre la tierra un pecador como yo, y que no hubo alguno desde Adán hasta nuestros días que haya de la misma manera suscitado tu ira y… cometido pecados innumerables, como yo he pecado en acciones, palabras y pensamientos, con el corazón y todos mis sentidos, con los movimientos y la disposición del alma y del cuerpo.” [11]

Sigue en ambos textos el elenco de pecados, que se leen habitualmente en el ritual de la confesión. En el Arrepentimiento el elenco comienza con la palabra: “He pecado” (Sogresich) o con la frase: “Y estos, Señor, son mis pecados…” ( A se sut’, Gospodi, gresi moi…). Los pecados son reagrupados por temas. En la Oración del “starec” Nilo son enumerados en una única serie sin frases de arrepentimiento, pero también en este caso reagrupados temáticamente: al comienzo los pecados de lujuria, luego los vicios del orgullo, de la vanidad, de la gula, de las palabras vanas, de la avaricia, etc. Más adelante en el Arrepentimiento encontramos una parte con la descripción de los pecados, que empieza con las palabras: “Cuántas veces indigno…” (Mnogazdy nedostoin…). Aquí son especialmente puestos en evidencia los pecados ligados a la indigna celebración del oficio divino y de la Eucaristía. Es justamente en esta sección que ambos textos muestran directa similitud textual. En el Arrepentimiento el pecador dice:

“Cuántas veces he entrado indigno en la santa iglesia y al presbiterio. Cuántas veces, yo indigno, he besado el santo evangelio y los santos íconos, o la preciosa cruz, o las santas reliquias… Cuántas veces, yo indigno, he comulgado los santos e inmaculados misterios…”[12]

El autor de la Oración repite este texto, abreviándola y generalizándola:

“Muchas veces, yo indigno, he entrado en la santa iglesia y en el presbiterio, y he comulgado los santos misterios, y he escuchado y tocado las cosas santas de modo indigno.” [13]

En la Oración la simple constatación de los pecados es completada por una amplia reflexión sobre la profundidad de la corrupción humana. Aquí son utilizadas las imágenes del Canon penitencial de Andrea de Creta. El autor de la Oración expresa la esperanza de que, no obstante la gravedad de los pecados, el auxilio de Dios pueda sacar al pecador de la fosa de la perdición: “Más por mí mismo no puedo encontrar auxilio si tú, Señor, no vienes en mi socorro” [14]. La última parte del Arrepentimiento, como han hecho notar los estudiosos, es sacada de la oración de Calixto, patriarca de Constantinopla, conocida en traducción rusa desde finales del siglo XV o desde el inicio del siglo XVI: “Del sapientísimo Calixto Xanthopoulos, ya patriarca de Constantinopla, confesión al creador y artífice Dios nuestro, en la cual nos recuerda todas las pasiones humanas” [15]. Empieza con la exclamación: “En todo esto, Señor, perdóname y ten piedad de mí, purifícame y sálvame…”. Siguen luego los epítetos deprecatorios del penitente: “delincuente, loco, insensato” [16]. Esta parte falta en la Oración. No obstante los dos textos tienen en común la estructura y el contenido, no son muchas las correspondencias directas. Una de estas es evidente. En el Arrepentimiento, el pecador se lamenta: “No hay pecado que yo, maldito, no haya cometido y no hay mal que yo no haya realizado, sino que he contaminado incluso el cielo con mis ojos y contagiado la tierra con mis pasos” [17]. El autor de la Oración, condenándose a sí mismo, dice: “… y no soy digno ni siquiera de elevar los ojos por mi vergüenza, ni de contemplar lo alto del cielo, y contamino esta tierra con mis pasos.” [18]

Por el contenido de los textos es evidente que responden a un cometido análogo. Según Almazov, el Arrepentimiento estaba destinado al uso monástico en la celda junto a la Regla para la santa comunión (Pravilo ko svjatomu Pricasceniju), para predisponerse dignamente a la confesión. Los estudiosos contemporáneos consideran que el Arrepentimiento tenía el rol de una verdadera y propia confesión para los monjes que vivían en soledad, o para los miembros de la comunidad en caso de enfermedad o ausencia de un presbítero. El subtítulo de una de las copias del Arrepentimiento para los anacoretas lo contempla expresamente: “Hasta aquí la confesión en forma abreviada, si el presbítero está enfermo o no puede hablar claramente y en caso de necesidad, decimos así”. [19]

En algunos códices, el Arrepentimiento tiene una inscripción: “Confesión cotidiana de los pecados para los anacoretas ante el ícono de la imagen del Señor o ante la cruz del Señor, por sí sola, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, [para realizarse] con temor y oportuna preparación” [20]. Esta inscripción indica el vínculo de este documento con la Regla del “skit” (Skitskij ustav), en base a la cual estaba estructurada la vida del skit de Nilo Sorskij. El origen de la Regla del “skit” permanece como objeto de debate: circulaba en redacción eslavo-meridional y rusa, pero el original griego (si alguna vez existió) no ha sido hasta ahora individualizado. Los estudiosos consideran que el origen de sus nuevas redacciones estuvo ligada a la actividad literaria del círculo de san Gregorio Sinaíta, con el general movimiento hesicasta y la difusión de la vida anacorética (“del skit”) sobre el Athos y los alrededores de los eslavos meridionales [21]. Del opúsculo ha sobrevivido una copia autografiada de san Nilo Sorskij [22]. La Regla del “skit” prevé que en la celda de cada monje hubiese un iconostasio o una cruz, ante el cual el monje realice las oraciones prescriptas: “Si a alguno no le fuese posible tener los santos íconos, que tenga la cruz. Y así ante ella cante el canon previsto para la oración de la celda e inciense el iconostasio según el uso de la liturgia comunitaria” [23]. En la Regla del “skit” se dice también que el monje puede confesar por sí sólo los propios pensamientos a Dios, si el padre confesor falta o si no tiene discernimiento espiritual:

“Se sabe también que si sucede alguna vez por necesidad que alguien no tenga a quien confesar los pensamientos y tenga necesidad de ayuda contra estos, o si también tenga un padre confesor que esté privado del Espíritu o ciego, según la palabra del Señor, no es necesario confiarle a alguien así para no caer en la fosa y en el abismo de la ignorancia, pues bien, entonces, con mucho temor y contrición del corazón, se pueden pronunciar estas palabras, con todas las fuerzas y reconociéndose culpable en todo ante Dios y los hombres” [24]

Para una semejante “confesión solitaria” se requería un específico ritual, que era el Arrepentimiento para los anacoretas. Nos parece verosímil que la Oración del “starec” Nilo sea una variante de un texto análogo al Arrepentimiento, redactado por Nilo para confesar los propios pecados ante Dios y los hombres. La composición de un texto personal corresponde plenamente a la costumbre de Nilo Sorskij de profundizar y reelaborar los textos patrísticos.

El ordo de la confesión solitaria está estrechamente ligado al de la comunión solitaria. En la iglesia antigua estaba permitido que quien tuviese una impostergable necesidad de comulgar, pudiese hacerlo también en ausencia de presbítero. Esta práctica fue aprobada por el canon 58 del VI Concilio Ecuménico. Alrededor del siglo VI, el exceso de los abusos llevó a prohibir para los laicos el comulgar por sí solos, pero permaneció en vigor tal práctica para los monjes eremitas, como está confirmado por la regla atribuida en los textos antiguos-rusos a san Basilio: “Si fuera necesario, comulgar de la propia mano, si no estuviera el sacerdote”. San Nilo Sorskij volvió a copiar las reglas citadas en su colección y con toda probabilidad las seguía cuando en el skit no existía todavía una iglesia. No es casualidad que estas reglas siguen en su manuscrito al elenco de los objetos necesarios para la consagración de la iglesia.

“Todos aquellos que practican la vida monástica en soledad, donde no haya presbítero, comulgan por sí mismo conservando la comunión. En Alejandría en efecto y en Egipto también los laicos tenían cada uno la eucaristía en las propias casas. Y cuando deseaban comulgar, después que sólo el presbítero ha realizado la consagración y les ha dado las especies consagradas, quien las recibe comulga y debe comulgar como si recibiese la comunión del sacerdote. En efecto, en la iglesia el sacerdote da un fragmento del pan eucarístico y lo tiene, tomándolo con plena autoridad y lo acerca a la boca con sus propias manos. Así es lícito tomar una parte por el sacerdote o muchas partes juntas. Y también el Señor dice: “Quien coma mi carne y beba mi sangre permanece en mí y yo en él” (Jn 6, 56).” [25]

Según esta regla, también un laico que haya tomado del presbítero en la iglesia los santos dones, puede comulgar en su casa solo. Los monjes del skit de Nilo Sorskij, como los antiguos anacoretas y eremitas, evidentemente, observaban la práctica de comulgar los santos dones en soledad. El ordo de la comunión en soledad está descripto en la vida de san Lucas el Joven (+ 953). Conversando con el metropolita de Corinto, el santo le pide:

“‘Dime, oh obispo, ¿cómo podemos nosotros, que vivimos por la multitud de nuestros pecados en las montañas y en la soledad comulgar los santos y terribles misterios? Ves que no nos es posible tener no sólo los libros litúrgicos, sino ni siquiera un sacerdote’. ‘¡Justamente, padre! –responde el arzobispo- Tú me preguntas algo bueno y grande, pero incluso lo bueno no es bueno cuando no está hecho bien. Lo primero que es necesario es que haya un sacerdote. Él debe poner en el recipiente con los dones presantificados sobre el santo altar, tratase de una capilla o en un paño purísimo o de una celda. A continuación tú, desenvuelves los velos, pones sobre ellos las santas partículas y, encendido el incienso, cantas los salmos de los typiká y el Trisagio con el Símbolo de la fe. Después de haberte arrodillado tres veces, con los brazos cruzados en cruz sobre el pecho, comulgas con la boca el purísimo cuerpo de Cristo, y después de la comunión, pones todos los restos en el recipiente con toda posible precaución.’” [26]

Según la hipótesis de Almazov, el ordo de la comunión solitaria tenía en la Rus’ el carácter de una regla canónica, ya que había sido incluida en el Salterio extenso (Sledovannaja psaltir’), junto a los cánones sobre la comunión de los enfermos, la confesión y el Rito para la santa comunión [27]. Según la traducción aquí recogida, los eremitas debían recibir los santos dones para conservar, o por el padre confesor o por el obispo [28].

El problema de la comunión solitaria toma actualidad en la Iglesia en la época de las controversias hesicastas, cuando un gran número de ascetas, imitando a los antiguos santos, se retiraron a lugares desérticos y solitarios, para dedicarse a la oración interior y a la actividad de la mente. El patriarca de Tarnovo Eutimio (1375-1393) da una respuesta favorable a la cuestión de la comunión de los eremitas. Respondiendo a la pregunta del monje athonita Cipriano (Evfimija patriarca Trnovskogo poslanie K Kiprianu mnichu) escribía:

“Quien no está en entredicho y es libre y vive en lugares remotos y solitarios, tiene la facultad de comulgar por sí cuando desee. Es oportuno que estos sigan con temor este modo de comulgar: por la tarde debe guardarse de todo pensamiento malvado y semejantes, y transcurrir la noche con toda atención, con muchas postraciones. Cuando llegue el día, y sea la hora tercia, o sexta, o nona, deberá vestirse con hábitos limpios y así encender el incienso delante del iconostasio, o bien el candelero e incensar con temor de Dios. Del mismo modo deberá recitar el inicio acostumbrado; igualmente el salmo 50 (51) y después esto: “Creo en un solo Dios…”, hasta el final; igualmente todas las oraciones de la santa comunión, si es el caso se unen ante de todas estas. Y así deberá comulgar los divinos y tremendos misterios, con tal fe, como si adquiriese y bebiese la misma sangre del Señor y el agua que brotaba del costado mismo de Cristo, que corría entonces por el costado mismo del Salvador” [29]

La importancia de esta regla para los monjes de la Sora es testimoniada por la presencia de la carta del patriarca Eutimio en la colección de los cánones (kanonnik) del skit de Nilo Sorskij, en el ms RNB Sof. Nr. 1519, ff. 131V, 132V, 135-136 (finales del siglo XVI e inicio del siglo XVII).


El estilo figurativo de la Oración del “starec” Nilo recuerda los escritos de san Efrén el Sirio, que circulaban en traducciones eslavas y antiguo-rusas. Dirigiéndose a sus discípulos, Efrén escribe:

“Yo, Efrén, pecador y necio, siempre débil e indolente en el esfuerzo espiritual, a vosotros, hermanos amados por Cristo, les digo que trabajen contra los malos pensamientos, por los cuales yo he sido vencido en todo momento por la debilidad de mi mente…” [30]

San Efrén no cesaba de repetir: “Yo soy un hombre bruto y pecador, tierra y cenizas, el peor de todos” [31]. En las homilías se definía “impío, privado de humildad y de celo” [32], un pecador que debe ante todo quitar la viga del propio ojo. Se consideraba culpable de todas las acciones, por lo cual aconsejaba a sus oyentes de que se mantuvieran lejos, y de no haber nunca hecho nada de lo que enseñaba a los otros. Al santo siríaco le hace eco Nilo Sorskij: “escudriño hasta el mínimo detalle los pecados de los otros, mientras tengo cubierta mi gran iniquidad. Exijo de mi prójimo que cumpla el más pequeño mandamiento, mientras yo los desprecio a todos” [33]. La espera temerosa del juicio universal, que advertimos leyendo la Oración de Nilo Sorskij, recuerda las reflexiones de Efrén en sus homilías Sobre la segunda venida de Cristo: “¿Quién pues, recordando el día del juicio, no será tomado por el temor?” [34]; “¿Qué haremos, mis amados, si seremos condenados a las moradas del infierno después de la muerte?” [35]

Siguiendo a san Efrén, el starec Nilo reconocía el temor al aproximarse a la muerte, al justo juicio universal y a los terribles tormentos que esperan los pecadores. Antes de morir, san Efrén dejó un testamento en el cual pedía que lo sepultaran en el cementerio junto a los vagabundos sin nombre. Nilo Sorskij, en su Testamento, pide a los hermanos que lancen su cuerpo en el bosque, sin sepultura, para ser devorado por los animales y por las aves. Esta ignominia, en el pensamiento del santo, habría atenuado la condena que lo esperaba en el juicio universal. La semejanza de las obras de los dos grandes santos se funda sobre la profunda conciencia de la propia indignidad. En la Vida de Nilo Sorskij, compilada en los años 30 del siglo XIX, se dice que el starec Nilo había imitado en todo a san Efrén y le había incluso dedicado una iglesia [36].

Al comienzo del siglo XVII, efectivamente en el skit existía una iglesia dedicada a San Efrén el Sirio.  No se sabe sin embargo exactamente cuándo fue construida. Era una iglesia calefaccionada, donde los oficios litúrgicos se desarrollaban durante todo el año. En un ícono proveniente del iconostasio de la iglesia del skit, como demuestra la inscripción puesta en la parte inferior del ícono y dada a conocer por los restauradores [37], el santo siríaco es presentado como un asceta con las mejillas ahuecadas y una barba sutil, con un manto monástico oscuro y con la capucha. En las manos tiene un rollo y los dedos de la mano derecha parecen señalarlo. Sobre el rollo se puede leer un llamado de Efrén a los monjes, que no observan sus votos. Justamente delante de este ícono se confesaban los monjes. La inscripción del rollo corresponde al texto de la Tradición (Predanie) de Nilo Sorskij, en el cual él reprendía a aquellos monjes que no se esforzaban en vivir según las reglas divinas sino que seguían su propia voluntad [38].

El santo siríaco gozaba de una particular veneración en este skit nórdico: los catálogos monásticos mencionan la presencia de sus íconos en todas las iglesias del monasterio. La razón  de esto está probablemente en la semejanza entre el fundador del skit y san Efrén. Con el pasar del tiempo, san Nilo comenzó a ser retratado en los íconos de modo semejante al padre siríaco. En 1682 fue pintado un ícono para la tumba de Nilo Sorskij. Éste no ha sobrevivido, pero podemos de cualquier modo imaginarlo, gracias a la descripción, que hizo A. N. Murav’ ev, que visitó el monasterio en 1856. El escritor ruso refiere que el starec Nilo estaba retractado en este antiguo ícono con la figura completa, vistiendo el schima, es decir el gran hábito monástico, en la paz de la contemplación. Exactamente el mismo modelo iconográfico lo vemos en el ícono de san Nilo pintado por otro monje del skit, Nilo (Prihudaylov), que vivió en el monasterio del Sora en el siglo XIX [39].



Con toda probabilidad se trata de una copia del antiguo ícono de la tumba del santo. Al mismo tiempo, podemos ver que esta imagen es semejante al citado ícono de san Efrén el Sirio del iconostasio de la iglesia. Nilo Sorskij es representado con el gran hábito sobre el fondo de un bosque deshabitado. En la mano izquierda el santo tiene un rollo que se despliega hacia abajo. Con el dedo de la mano derecha el starec Nilo indica las palabras escritas sobre el rollo, donde el iconógrafo ha colocado un fragmento de la Tradición niliana, que hace eco al llamado de Efrén el Sirio a los monjes perezosos, reforzando así la afinidad entre los dos íconos [40].




En 1908, para el quincuagésimo aniversario de la muerte de Nilo Sorskij, en el monasterio ha sido pintado un nuevo ícono, si bien réplica de la antigua imagen. En todos estos íconos, el aspecto de Nilo Sorskij muestra claramente los rasgos de San Efrén el Sirio. Así, el parentesco espiritual de estos dos santos determina también las semejanzas iconográficas de sus figuras. Los escritos de Nilo Sorskij tuvieron una grandísima difusión manuscrita en los monasterios rusos y eran copiados ya durante la vida del autor. Para los monjes rusos Nilo es un maestro del arrepentimiento y de la humildad, así como Efrén el Sirio lo es para el monaquismo universal.


Elena V. Romanenko
Arrepentimiento y misericordia en San Nilo Sorskij
AA.VV. Misericordia y Perdón.
Edizioni Qiqajon. Comunità di Bose. Magnano 2016.
Pp. 191-206




Notas:

[*
] Jefa de la sección “Historia de la Rusia mediaval” de la Enciclopedia ortodoxa. Por sus investigaciones sobre el monaquismo ruso y la hagiografía antigua rusa ha sido galardonada con el premio “Metropolita Makarij (Bulgakov)”. Traducción del ruso de Adalberto Mainardi.

[1] Prepodobnye Nil Sorskij i Innlkentij Komel’skij. Socinennija, a cargo de G. M. Prochorov, Sankt-Peterburg 2005, pp. 240-241. Sobre Nilo Sorskij, cf. Nil Sorskij e l’esicasmo. Atti del II Convegno ecuménico internazionale di espiritualità russa, Bose 21-24 settembre 1994, a cargo de A. Mainardi, Magnano 1995.

[2] GIM, Uvar., nr. 107-I, f. 63v.

[3] Prepodobnye Nil Sorskij i Innokentij Komel’skij, p. 224.

[4] Ibid., p. 222.

[5] Cf. RNB, Sof., nr. 1468; editado en N. K. Nikol’ skij, Molitva, sostavlennaja Nilom Sorskim, en Izvestija otdelenija russkogo jazyka i slovesnosti II/I, Sankt-Peterburg 1897, pp. 78-79; Prepodobnye Nil Sorskij i Innokentij Komel’skij, p. 262-279.

[6] Prepodobnye Nil Sorskij i Innokentij Komel’skij, p. 275.

[7] Kanonnik del skit de Nilo Sorskij: RNB, nr. 140/397, ff. 276v-277, siglo XVI.

[8] Cf. RNB, kit.-Bel. 103/360, siglo XVII; nr. 140/397, siglo XVI.

[9] A.E.Petrov, “Skitskoe pokajanie v russkoj duchovnoj tradicii”, en Bogoslovskij sbornik Pravoslavnogo Svjato- Tichonovskogo Bogoslovskogo Instituta I, Moskva 1997, p. 186.

[10] Prepodobnye Nil Sorskij i Innokentij Komel’skij, p. 266.

[11] Ibid., p. 263.

[12] A.E.Petrov, “Skitskoe pokajanie”, pp. 188-189.

[13] Prepodobnye Nil Sorskij i Innokentij Komel’skij, p. 268.

[14] Ibid., p. 274.

[15] RNB, kit.-Bel. nr 73/1150, ff. 45-58, siglo XVI.

[16] A.E.Petrov, “Skitskoe pokajanie”, pp. 180.

[17] Ibid., p.p. 186-187.

[18] Prepodobnye Nil Sorskij i Innokentij Komel’skij, p. 268.

[19] GIM Sin., nr. 310 (Trebnik), ff. 160v-161; sobre el cual véase A. E. Petrov, “Skitskoe pokajanie”, p. 181.

[20] A. I. Almazov, Tajnaja ispoved’ v Pravoslavnoj Vostocnoj Cerkvi: Opyt vnesnej istorii: Issledovanie preimuscestvenno po rukopisjam II, Odessa 1894, p. 107, n. 16.

[21] E. V. Beljakova, “Slavjanskaja redakcija Skitskogo Ustava”, en Drevnjaja Rus: Voprosy medievistiki 10/4 (2002), pp. 28-36; cf. también Ead., “La vita dello skit nella Rus’”, en Comunione e solitudine. Atti del XVIII Convegno eucmenico internazionale di spiritualità ortodossa, Bosse, 8-11 settembre 2010, a cargo de S. Chialà, L. Cremaschi y A. Mainardi, Magnano 2011, pp. 179-198.

[22] GIM Eparch., nr. 349.

[23] RNB, Kirb.-Bel 25/1102, f. 221v.

[24] E. V. Beljakova, “Ustav po rukopisi RNB Pogod. 876”, en Drevnjaja Rus’: Voprosy medievistiki II/I (2003), p. 89.

[26] GIM Eparch., nr. 349/509, ff. 151-15v (autógrafo de Nilo Sorskij).

[27] Cit. en N. S. Suvorov, K voprosu o tajnoj ispovedi i duchovnikach v Vostocnoj cerkvi, Jaroslavl’ 1886, p. 97.

[27] Cf. Posledovanie ko svjatomu pricasceniju, ms. RNB, Kir.-Bel., nr. 43/300, f. 464v, finales del siglo XV, inicio del siglo XVI.

[28] Cf. A. I. Almazov, Tajnaja ispoved’ II, p. 121, n. 59.

[29] Ibid., p. 120; el original y la tradición manuscrita de la carta del patriarca Eutimio deben aún ser estudiadas, cf. W. V. Beljakova, “Slavjanskaja redakcija”, p. 30, n. 16.

[30] RGB, F. 304 (I), nr. 127, f. 13v

[31] RGB, F. 304 (I), nr. 127, f. 19

[32] ibid., f. 14.

[33] Prepodobnye Nil Sorskij i Innokentij Komel’skij, p. 273.

[34] RGB, F. 304 (I), nr. 127, f. 74v.

[35] Ibid., f. 75.

[36] Cf. “Zitie i cudesa Nila Sorskogo v spiskacha XIX v”, en Prepodobnye Nil Sorskij i Innokentij Komel’skij, p. 408.

[37] “Este antiguo ícono fue realizado bajo el cuidado de Nilo Sorskij taumaturgo y era el ícono dedicatorio en la iglesia de este santo”

[38] En el skit permanece la costumbre de leer la Tradición del fundador el domingo de la vigilia de Cuaresma, durante la liturgia de vísperas.

[39] KBIACHMZ, inv. NV 737, siglo XIX.

[40] “… se deben conocer las tradiciones de los santos y custodiar los mandamientos de Dios y cumplir las cosas mandadas por los santos padres, y no alegar escusas ni ‘inventar pretextos por los pecados’ [Sal 140, 4 LXX] ni decir: ‘Ahora es imposible vivir según las Escrituras y seguir a los santos padres’. Y también si somos débiles, por más que no tengamos sus fuerzas, debemos imitar y seguir a los bienaventurados padres de eterna memoria, si bien igualarlos [no nos será posible]”: “Predanie Nila Sorskogo”, en Prepodobnye Nil Sorskij i Innokintij Komel’skij, p. 84.

Fuente: theoesis.blogspot.mx

El primer viaje, Egeria (Siglo IV)

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En un tiempo en el que el Imperio Romano de Occidente se desmoronaba y el mundo monacal se empezaba a extender con fuerza desde oriente, una monja, desde los más recónditos lugares de la Gallaecia, decidió emprender un valiente y osado viaje hasta los Santos Lugares. Egeria, que así se llamaba la religiosa, pudo haber sido una mujer de alta estirpe, incluso abadesa de su cenobio. Su periplo duró tres años y parte del mismo lo dejó plasmado en un valioso manuscrito que tuvo que esperar pacientemente hasta el siglo pasado para ser atribuido a aquella que se convirtió en la primera mujer viajera y peregrina de la historia.

El origen desconocido de la peregrina

Egeria o Eteria vivió en el siglo IV en el rincón occidental del Imperio Romano, en la provincia de Gallaecia. La única fuente de información que nos ha quedado de Egeria fueron sus propias cartas que escribió a sus hermanas del monasterio del que salió para emprender su largo viaje. Es por esta razón por la cual en sus misivas no nos habla de ella sino de sus experiencias. La pérdida de parte de aquellos preciosos manuscritos también nos impide reconstruir parte de su vida y de su viaje. 
Pero podemos deducir por sus hechos que Egeria fue una religiosa de orígenes nobles. Su cultura y la posibilidad de poder emprender aquella aventura en la que estuvo protegida por reyes, obispos y soldados, nos indican que Egeria podría haber pertenecido a una familia de alto linaje. Algunas fuentes apuntan que incluso podría ser hija del emperador de Oriente Teodosio I y su primera esposa Aelia Flacilla.  

A pesar de haber emprendido viaje con dinero y protección, está claro que una mujer del siglo IV que decidía recorrer buena parte del mundo entonces conocido y adentrarse en largos y peligrosos caminos, no era una mujer cualquiera. Aventurera, osada, valiente, curiosa son algunos de los adjetivos que se le pueden atribuir a Egeria. 

Un largo viaje

Egeria inicio su periplo en 381 y duró, al menos según los textos que de ella nos han llegado, como mínimo hasta el 384. Tres largos años en los que visitó Constantinopla, Mesopotamia, Asia Menor, Siria, Palestina y así una larga lista de lugares. 

La Pax Romana, un largo periodo de paz entre tiempos de guerras e invasiones de la historia de Roma, junto con una extensa red de calzadas que pintaron un mapa de caminos de más de 80.000 km. favorecieron el viaje de Egeria. Un salvoconducto o pasaporte, reservado solamente a personas importantes, le dio seguridad ante los posibles peligros que pudiera encontrar.

El diario de Egeria, o al menos lo que se ha conservado, termina con su estancia en Constantinopla, una vez visitado Egipto y Oriente Medio. A pesar de que la incansable viajera apuntó su deseo de dirigirse hacia Éfeso, no sabemos si continuó el viaje.

Una peregrinación excepcional

El nombre de Egeria permaneció oculto durante siglos. Solamente se conocía una referencia suya gracias a una carta que San Valerio escribió a los monjes del monasterio de El Bierzo. En 1884, un arqueólogo italiano, Gian Francesco Gamurrini, encontró en la Biblioteca de la Cofradía de Santa María de Laicos en Arezzo un códice en pergamino de 37 folios. Una parte del manuscrito estaba incompleta y no se identificaba su autor. Eran las palabras de Egeria escritas quince siglos atrás. Pero Gamurrini atribuyó aquel texto a Santa Silvia de Aquitania quien también estuvo en los Santos Lugares poco tiempo después que Egeria. 

Egeria tendría aun que esperar un poco más para despertar del olvido de la historia. Fue en 1903, gracias a Mario Ferotín, quien en un estudio publicado en la Revista de Cuestiones Históricas, atribuyó aquellos textos a su verdadera autora. 

El conocido como Peregrinación Itinerario no se ha conservado íntegro, falta el inicio y el final. Dividido en dos partes diferenciadas, la primera es una exhaustiva narración de sus aventuras y se podría considerar como el primer libro de viajes español. La segunda parte es una descripción más concreta de los lugares en los que estuvo, de las personas que conoció y de las liturgias que se oficiaban en los templos que visitó.

No se sabe dónde ni cuándo murió Egeria, una mujer cuya curiosidad y afán de aventuras la llevó a convertirse en una pionera de la peregrinación y de los viajes.















¿Por qué los católicos debemos amar a nuestra Patria?

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Desde el punto de vista de la doctrina de la Iglesia, el amor y el servicio a nuestro país, no es solo un deber, sino una obligación. Así por ejemplo el Papa Pio XI nos dice:
“El buen católico, precisamente en virtud de la doctrina católica, es por lo mismo el mejor ciudadano, amante de su patria” Papa Pio XI (Encíclica Divini illius magistri)
El Papa León XIII, fue incluso más allá a la hora de definir el compromiso que un católico debe tener hacia su patria, y nos recuerda que este compromiso implica incluso dar la vida por la misma.
“Por ley natural estamos obligados a amar especialmente y defender la sociedad en que nacimos, de tal manera que todo buen ciudadano esté pronto a arrostrar aun la misma muerte por su patria” Papa León XIII (Encíclica Sapientiae Christianae).
¿SE OPONE EL PATRIOTISMO CON LA CONCEPCIÓN UNIVERSAL DEL CATOLICISMO?
Muchos católicos, por un sentido mal entendido de la fraternidad universal, han adoptado una postura de indiferencia hacia la patria, o incluso de rechazo de la misma. No son pocos los católicos que se han adherido a posturas ideológicas internacionalistas  –muchos incluso desde la buena fe- o apátridas, incurriendo en una falta de caridad hacia la sociedad que les ha visto nacer, y que les ha dotado de derechos. Sin duda, la obligación que tenemos los católicos del amor universal a todos los seres humanos por ser semejanza de Dios, y estar dotados de igual dignidad, no se contrapone con la obligación que tenemos de amar a los que nos están más cercanos y con los que estamos unidos con mayores vínculos. Así, el Papa Pio XII nos recuerda que también la caridad requiere un orden en su práctica:
“No hay que temer que la conciencia de la fraternidad universal, fomentada por la doctrina cristiana, y el sentimiento que ella inspira, se opongan al amor, a la tradición y a las glorias de la propia patria, e impidan promover la prosperidad y los intereses legítimos; pues la misma doctrina enseña que en el ejercicio de la caridad existe un orden establecido por Dios, según el cual se debe amar más intensamente y ayudar preferentemente a los que nos están unidos con especiales vínculos. Aun el Divino Maestro dio ejemplo de esta preferencia a su tierra y a su patria, llorando sobre las inminentes ruinas de la Ciudad santa” Papa Pío XII. (Summi Pontificatus).
El Papa San Pio X, también nos explica la comunión que existe entre el amor a la Iglesia y a la patria, y  nos explica que esta no solo es digna de amor y servicio, sino que también lo es de predilección, por lo que preferentemente debemos rezar y trabajar por sus intereses respecto a otros intereses también legítimos, pero más alejados en el orden de la caridad.
“Si el Catolicismo fuera un enemigo de la Patria, no sería una religión divina. La Patria es un nombre que trae a nuestra memoria los recuerdos más queridos, y bien sea porque llevamos la misma sangre que aquellos nacidos en nuestro propio suelo, o bien debido a la aún más noble semejanza de afectos y tradiciones, nuestra Patria es no sólo digna de amor, sino de predilección. Sentimos, pues, veneración por la Patria, que en suave unión con la Iglesia contribuye al verdadero bienestar de la Humanidad. Y ésta es la razón porqué los auténticos caudillos, campeones y salvadores de un país han surgido siempre de entre las filas de los mejores católicos” Discurso pronunciado por Su Santidad Pio X el 20 de Abril de 1909.
También el Papa León XIII, nos explica más profundamente la comunión que existe entre el amor a Iglesia y a la patria, y que tiene en Dios a su denominador común.
“El amor sobrenatural de la Iglesia y el que naturalmente se debe a la patria, son dos amores que proceden de un mismo principio eterno, puesto que de entrambos es causa y autor el mismo Dios; de donde se sigue que no puede haber oposición entre los dos”.  Papa León XIII (Encíclica Sapientiae Christianae).
DESHONRAR O ATACAR A LA PATRIA, UN PECADO CONTRA EL CUARTO MANDAMIENTO.
Como bien explica el recientemente canonizado San Juan Pablo II, deshonrar a la patria, o atacar los intereses legítimos de la misma, es un pecado contra el cuarto mandamiento.
“Si se pregunta por el lugar del patriotismo en el decálogo, la respuesta es inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar al padre y a la madre. Es uno de esos sentimientos que el latín incluye en el término pietas, resaltando la dimensión religiosa subyacente en el respeto y veneración que se debe a los padres, porque representan para nosotros a Dios Creador. Al darnos la vida, participan en el misterio de la creación y merecen por tanto una devoción que evoca la que rendimos a Dios Creador. El patriotismo conlleva precisamente este tipo de actitud interior, desde el momento que también la patria es verdaderamente una madre para cada uno. Patriotismo significa amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. La patria es un bien común de todos los ciudadanos y, como tal, también un gran deber. Como sucede con la familia, también la nación y la patria siguen siendo realidades insustituibles”. Papa San Juan Pablo II (Memoria e identidad)
Por desgracia, hay quien confunde lo que es el patriotismo cristiano – que se basa en el amor y tiene un carácter unificador- , con el nacionalismo pagano – basado en el odio y promotor de la división-, y que tan certeramente condenó el Papa Juan Pablo II. Así pues, quien promueve la división, el odio, o la discordia entre los ciudadanos de un mismo país, debe saber que no solo comete un error político, sino que atenta contra un bien moral, y se pone en situación de pecado mortal.
LOS DOCTORES DE LA IGLESIA SOBRE EL AMOR A LA PATRIA.
Cuando Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, analiza en su obra “Suma Teológica” la virtud y la piedad con que el hombre debe actuar respecto a Dios y a sus semejantes, Santo Tomás pone el amor a los padre y a la Patria en un orden inmediatamente posterior al del amor que se le debe tener a Dios, es por tanto de suma importancia el valor que en la teología tomista se le ha dado a la virtud del patriotismo, y que la Iglesia ha recogido en su magisterio a lo largo de los Siglos mediante múltiples formulaciones de carácter.
“El hombre se hace deudor de los demás según la excelencia y según los beneficios que de ellos ha recibido. Por ambos títulos Dios ocupa el primer lugar, por ser sumamente excelente y por ser principio primero de nuestro existir y de nuestro gobierno. Después de Dios, los padres y la patria son también principios de nuestro ser y gobierno, pues de ellos y en ella hemos nacido y nos hemos criado. Por lo tanto, después de Dios, a los padres y la patria es a quienes más debemos. Y como a la religión toca dar culto a Dios, así en un grado inferior, a la piedad pertenece rendir un culto a los padres y a la patria. En este culto de los padres se incluye el de todos los consanguíneos, pues que son consanguíneos precisamente por proceder todos de unos mismos padres. Y en el culto de la patria se incluye el de los conciudadanos y de los amigos de la patria. Por lo tanto, a éstos principalmente se refiere la virtud de la piedad”.  Santo Tomás de Aquino (Suma Teológica).
San Agustín va incluso más lejos que Santo Tomás, y coloca la virtud del amor por la Patria claramente por delante del amor que se debe tener por la familia, y solo por detrás del amor que se le profesa a Dios.
Ama a tu prójimo; más que a tu prójimo, a tus padres; más que a tus padres, a tu Patria; y solamente más que a tu Patria, ama a Dios”. San Agustín (Confesiones).
EL CATECISMO SOBRE EL AMOR A LA PATRIA.
Y es que la virtud del patriotismo no es algo ajeno al católico de nuestro tiempo, sino que el amor a la Patria sigue siendo un mandato expresado específicamente en el Catecismo, por tanto una virtud que el buen católico tiene que vivir con plena actualidad.
“El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad”. (2239)
LA PATRIA EN LAS REVELACIONES MARIANAS.
También la Virgen ha hablado en algunas revelaciones sobre el amor a la patria, así por ejemplo, en las apariciones de La Sallete, advirtió que entre las señales que precederían al final de los tiempos, se viviría entre otros males el desamor por la Patria.
“La Santa Fe de Dios será olvidada, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Los poderes civiles y eclesiásticos serán abolidos, todo orden y toda justicia serán pisoteados; no se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia”. (Revelaciones de La Sallete).
También en las revelaciones del Buen Suceso que tuvieron lugar en Ecuador durante finales del Siglo XVI, la Virgen advertía de que los sufrimientos que tendrían que afrontar los católicos fieles en los últimos tiempos les llevarían a ser contados entre el número de los mártires sacrificados por la Iglesia y por la Patria.
“El corto número de almas en las cuales se conservará el culto de la fe y de las buenas costumbres sufrirá un cruel e indecible al par que prolongado martirio; muchas de ellas descenderán al sepulcro por la violencia del sufrimiento y serán contadas como mártires que se sacrificaron por la Iglesia y por la Patria”. (Revelaciones de María del Buen Suceso).
CANCIÓN DE AMOR PATRIA DEL PADRE LEONARDO CASTELLANI.
“Amar la patria es el amor primero
y es el postrero amor después de Dios;
y si es crucificado y verdadero,
ya son un solo amor, ya no son dos.

Amar la patria hasta jugarse entero,
del puro patrio Bien Común en pos,
y afrontar marejada y viento fiero:
eso se inscribe al crédito de Dios.

Dios el que no se ve, Dios insondable;
de todo lo que es Bien, oscuro abismo,
sólo visible por oscura Fe.

No puede amar, por mucho que d’Él hable
del fondo de su, gélido egoísmo,
quien no es capaz de amar ni lo que ve”.

(Padre Leonardo Castellani).
Antonio Moreno Robles/Adelante la FE

Mártires por la Santa Misa

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cranmer

En febrero de 1601, en Tyburn, cerca de Londres, dos hombres eran ahorcados: un cierto Filcock y un tal conocido como Barkworth. La acusación era la de traición porque eran sacerdotes. En realidad los dos amigos eran sacerdotes católicos y eran condenados a la horca por el odio anglicano contra la Fe católica. Poco antes de morir, el padre Filcock tuvo todavía la fuerza de decir con alegría: “Este es el día en que actuó el Señor”.
El padre Filcock y el padre Barkworth eran sólo dos de los mártires católicos inmolados desde cuando Enrique VIII en 1534 se había separado de la Iglesia de Roma y se había autoproclamado cabeza del anglicanismo: desde aquel año hasta 1681 los mártires católicos ingleses fueron miles y miles: muertos bajo Enrique VIII, bajo Isabel I y sus sucesores.
Los primeros fueron un grupo de Cartujos que el 4 de mayo y el 19 de junio de 1635 inmolaron su vida en las horcas de Tyburn por no haber querido separarse de la Iglesia católica. Víctimas ilustres de Enrique VIII fueron el cardenal John Fisher y Tomás Moro, el gran Canciller del Reino, que pagaron con el supremo sacrificio de sí mismos el rechazo a reconocer la “supremacía” del rey.
La obra de Cranmer
En 1533 se convirtió en el primer arzobispo anglicano de Canterbury Thomas Cranmer (1489-1556), que odiaba la Misa católica y negaba la doctrina de la transubstanciación y de la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Bajo el reino del jovencísimo rey Eduardo VI, Cramner avanzó de manera astuta y determinada hacia la eliminación total del Santo Sacrificio de la Misa, publicando en 1594 el primer “Book of Common Prayer”, un texto ambiguo que intentaba transformar la S. Misa en la cena protestante, hecho que será evidente con el segundo “Book of Common Prayer” de 1552.
La “nueva liturgia”, verdadera negación de la S. Misa católica, habría debido desarraigar el Catolicismo inglés que ahondaba sus raíces en los primeros siglos de la Era cristiana. Desgraciadamente la tristísima operación estaba destinada en gran parte al éxito. Cuando subió al trono Isabel I en 1559, con elActo de uniformidad fue prohibida la Misa católica (llamada “Misa papista”) y fueron impuestas a los ingleses las herejías luteranas y calvinistas y fue proclamado que el Catolicismo había sido sólo un acervo de invenciones diabólicas. Con implacable odio anticatólico, Isabel hizo obligatorio bajo gravísimas penas pecuniarias la participación al nuevo culto anglicano establecido por Cranmer.
Los Obispos “recusantes” todavía fieles a Roma fueron sustituidos con otros más dóciles a la reina, mientras que cada vez más sacerdotes y fieles acabaron en la cárcel, destinados pronto al patíbulo. Iniciaba así la era de los Mártires de Inglaterra y la sangre de los Católicos, por millares, comenzó a empapar el suelo británico.
En 1586 Guillermo Allen (1532-1594), futuro cardenal, fundó en Douai y más tarde en Reims, en Francia, un Seminario para la formación de jóvenes sacerdotes ingleses para enviarlos a su patria para convertir a los anglicanos. Del mismo modo, en 1578, el Colegio inglés de Roma, siendo también Allen su auspiciador, fue transformado en Seminario con el mismo fin.
“Seminarium Martyrum”
Los sacerdotes formados en estos Seminarios, en las Congregaciones y en las Ordenes religiosas, en primer lugar en la joven Compañía de Jesús, fundada por S. Ignacio de Loyola, embarcándose con destino a Inglaterra, ya sabían lo que les esperaba, a veces a su llegada o tras pocos meses de apostolado clandestino: el martirio más atroz. El Colegio inglés de Roma mereció pronto el título glorioso de Seminarium Martyrum, Seminario de los Mártires, y el camino que llevaba de Roma a tierra inglesa se convirtió en la via Martyrum, el camino de los Mártires.
Isabel I odiaba a estos sacerdotes, rotos por las fatigas, dispuestos a inmolar su juventud para asegurar a los católicos ingleses el tesoro más sublime que es el santo Sacrificio de la Misa. El primer mártir fue el padre Cutberto Mayne, descubierto en 1577 y ahorcado el 30 de noviembre del mismo año. Es imposible escribir todos los nombres de estos héroes: viajaban por todas las partes del reino, predicando, confesando, celebrando la S. Misa en las casas de los católicos, donde se daban cita grupos de fieles igualmente heroicos.Cuando la S. Misa era celebrada, los fieles encontraban la fuerza para afrontar cualquier dificultad y también las torturas más atroces si eran descubiertos junto a sus sacerdotes.
Entre tanto Isabel I movilizaba espías y esbirros a la caza de los “papistas” culpables de un solo gran delito: ser sacerdotes y ofrecer el santo Sacrificio de la Misa; o en el caso de los laicos, de permanecer siendo católicos. Entre estos mártires brilla con singular grandeza el joven jesuita padre Edmond Campion, que pudo recoger algún fruto de su obra y enviar una carta a la reina, documento conocido como “la provocación de Campion”, en el cual desmentía la calumnia dirigida a los sacerdotes católicos de ser traidores del Estado y afirmaba su misión exlcusivamente sacerdotal: “Sabed -escribía- que todos nosotros Jesuitas hemos hecho una alianza para llevar con alegría la cruz que vos nos impongáis y para no desesperar nunca de vuestra conversión, mientras haya uno de nosotros para gozar las alegrías de vuestro Tyburn o para soportar los tormentos de las torturas de vuestras prisiones”.
El padre Campion subirá al patíbulo el 1 de diciembre de 1581.
El odio a la Santa Misa
Los fieles laicos que ayudaban a los sacerdotes estaban destinados también a la muerte, como sucedió, por citar un solo nombre, a Margarita Cliterow, que pagó con una muerte atroz la hospitalidad dada a los ministros de Dios. Los edictos de persecución se multiplicaron. En 1585 la reina estableció que cualquier hombre nacido en Inglaterra era reo de alta traición si, tras haber recibido la ordenación sacerdotal en otro país, volvía a poner pie en suelo inglés. ¡La pena era ser ahorcado y después descuartizado todavía vivo!
Los primeros que sufrieron la nueva ley fueron el padre Hug Taylor y el laicoMarmaduke Bowes, muertos el 27 de noviembre de 1585 en York. La persecución de Isabel contra los católicos prosiguió hasta su muerte en 1603. La era de los mártires, sin embargo, no terminó y continuo bajo el rey Jaime I (1604-1618). El más ilustre mártir de este periodo es el padre Juan Olgivie, jesuita escocés ahorcado en Glasgow en 1615 con sólo 35 años.
Proclamada la república (1646), el puritano Olivier Cromwell, que odiaba la S. Misa y el Sacerdocio católico, puso una recompensa similar a aquella por capturar un lobo a la cabeza de todo sacerdote; de la Irlanda católica, que nunca había aceptado el cisma y la herejía de Enrique VIII, muchos sacerdotes fueron deportados como esclavos a las islas Barbados y muchas propiedades de católicos fueron confiscadas. También en Irlanda la persecución pretendía extirpar la Fe católica, extinguiendo la fe en la presencia real de Jesús en la Santísima Eucaristía. La última víctima fue el arzobispo Olivier Plunkettt, muerto en Londres el 11 de julio de 1681. La mayor parte de estos mártires, sacrificados no sólo in odium fidei, sino especialmente in odium Missae, han sido elevados a los altares por los Romanos Pontífices desde León XIII.
A su epopeya, Robert Hugh Benson (1871-1914), hijo del Arzobispo anglicano de Canterbury, convertido y devenido sacerdote católico con el apoyo también del papa S. Pío X, dedicó su obra ¿Con qué autoridad?, en la que escribe conmovido “Era la S. Misa la que el gobierno inglés consideraba un delito y era por la Misa que criaturas de carne y hueso estaban dispuestas a morir. Era por la Misa que el católico perseguido poseía una vida espiritual tan profunda que le permitía superar toda dificultad; el alma de esta vida era la S. Misa”. Un siglo después, en su áureo libro La Misa atropellada (1670), S. Alfonso María de Ligorio habría escrito que “abolir la S. Misa es la obra del anticristo” y los mártires ingleses, quizá entre los más eucarísticos de toda la Iglesia, con su sangre dan testimonio todavía hoy de que la Misa debe ser nuestra vida.
Más allá de toda negación de ayer y de hoy, no obstante las profanaciones generalizadas en este nuestro pobre tiempo, en el que las celebraciones de la Misa tienden a reducirse en número hasta sostener que bastaría la dominical,la Misa es y permanece siendo el perenne Sacrificio de adoración a Dios y de expiación de los pecados; es el don que nos ha dejado Jesús nuestro Redentor para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (Jn. 10, 10). Pidamos la gracia de alcanzar también, si es necesario, el martirio para apresurar una auténtica primavera de santidad y de vocaciones en la Iglesia y en el mundo de hoy. Primavera que vendrá sólo en el ámbito de la perenne Tradición de la Iglesia.
Candidus
Fuente: adelantelafe.com [Traducido por Marianus el Eremita. Equipo de traducción de Adelante la Fe]

El Ambientalismo Católico

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El ambientalismo


Hoy en día es cotidiano escuchar palabras como “ecológico”, “verde”, “reciclable”, “orgánico”, etc. Nos encontramos con vehículos híbridos que aseguran generar menos emisiones y así evitar el calentamiento global. En el supermercado nos ofrecen bolsas re-utilizables de tela en lugar de las típicas fundas plásticas. Incluso en las universidades estudiamos materias como Ecología o Impacto Ambiental sin importar si cursamos ingeniería civil o un MBA. Pero ¿de dónde surge todo esto?
El término ecología fue acuñado por el evolucionista alemán Ernst Haeckel en el siglo XIX, quien, en 1866, afirmó que la ecología era la “economía de la naturaleza”. Sin embargo no fue hasta principios de los 70 en que libros como Primavera Silenciosa, de Rachel Carson, comenzaron a denunciar el perjuicio de la contaminación sobre la naturaleza y, en consecuencia, sobre el ser humano.  Desde entonces, muchos grupos han ido desarrollando distintas aproximaciones a la crisis ecológica, así como alternativas para su solución.
Rachel Carson 2

Los prístinos

Para ellos la naturaleza tiene valor intrínseco, vale por sí misma, por el sólo hecho de existir. Dicho grupo se opone radicalmente a la explotación de los recursos naturales, enfocando su acción a preservar zonas de la naturaleza intactas (o a restaurar las afectadas) así como al cuidado de la especies en peligro de extinción. Sus logros han sido muchos, por ejemplo, fomentar la creación de áreas naturales protegidas en todo el mundo (en Ecuador se las conoce como el SNAP), así como leyes que protegen la biodiversidad. 
Sin embargo su aproximación al hombre, en ocasiones, es negativo; viéndolo como una plaga que depreda la naturaleza. Su propuesta para contrarrestar el crecimiento poblacional incluye la legalización del aborto. Así mismo, algunos grupos consideran que todos los seres vivos tienen igual dignidad, no viendo diferencia entre el holocausto nazi y la cría de ganado para alimento.
SNAP Ecuador

Los ecoeficientes

De acuerdo a esta concepción, la naturaleza no tiene un valor intrínseco sino sólo en relación con la forma en que los seres humanos se sirven de ella. Es decir, tiene valor económico y tiene valor por sus consecuencias en la salud humana y otros “servicios ambientales”. Por lo mismo, procuran el “manejo sostenible” de los recursos a fin de que puedan seguir siendo explotados indefinidamente.  Se preocupan por el control de la contaminación, el tratamiento de desechos y el reciclaje. Sus logros incluyen desde leyes locales que restringen o multan la carga contaminante hasta acuerdos internacionales como el famoso Protocolo de Kyoto. También han desarrollado un sinnúmero de tecnologías limpias y eco-eficientes: empaques biodegradables, celdas solares, control biológico de plagas, sanitarios secos, riego por goteo, etc. 
Uno de sus defectos es su “creencia en la ciencia”, es decir, creen en el progreso indefinido y tienen fe en que, para cada problema que presente la socied humana, la ciencia tendrá una solución.  Sin embargo esto no es cierto pues la ciencia puede ser utilizada con fines destructivos como la guerra, la sobre-explotación de recursos naturales, etc. Por otra parte se los acusa de ser un “ambientalismo de ricos”. Nomás pensemos en los autos-híbridos. ¿Cuántas personas están en capacidad de adquirirlos? ¿Son en realidad una ayuda para el planeta o una estrategia de marketing?
Ecologia 3

Ecologismo social

Esta corriente incluye todas aquellas manifestaciones ambientalistas donde lo principal no es la “naturaleza prístina” o la “obtención de recursos” sino las implicaciones sociales que tiene nuestra relación, como civilización, con la naturaleza. Para la ecología social, es necesario llevar a cabo una transformación económica radical para que la relación de la especie humana con la naturaleza sea armónica. Esto conlleva a que existan muchas vertientes de este tipo de ecologismo, pues hay tantas como propuestas ideológicas hay en el mundo. De esta forma encontramos ecologistas socialistas (llamados sandías: verdes por fuera, rojos por dentro), ecologistas anarquistas, ecologismo de los pobres, ecofeminismo, etc.  
Los defectos de cada una de estas vertientes son los mismos de los defectos de las ideologías que los impulsan. Un caso patético fue el del grupo terrorista ETA (Euskadi ta Askatasuna) que bajo el argumento de estar defendiendo al País Vasco de la energía nuclear, detonó bombas, secuestró y asesinó personas. Finalmente triunfó, impidiendo no sólo la construcción de una planta nuclear en Lemóniz sino deteniendo casi por completo el programa nuclear en España. Lastimosamente sus acciones fueron aplaudidas por varios grupos ambientalistas en distintas partes del mundo.
Ecofeminismo 3

Reconciliación con la Creación

Los católicos, no creemos en un valor intrínseco de la naturaleza como los prístinos ni en un valor económico como los ecoeficientes. Mucho menos fomentamos el ecologismo bajo la bandera de alguna ideología política. Los católicos creemos que la naturaleza vale (y vale mucho) por ser creación de Dios; por ser una manifestación del amor de Dios hacia los hombres. Creemos que la naturaleza ha sido creada buena y que nosotros tenemos el mandato divino de administrarla responsablemente.
Al revisar el  primer capítulo del Génesis descubrimos a un Dios amoroso que crea todo en orden y en armonía. Antes de concluir cada día ve que todo cuanto ha creado es “bueno” y cuando ve al hombre lo describe como “muy bueno” (el hombre es la única creatura que ha sido creada a Imagen y Semejanza de Dios). Él le da la potestad de “ponerle nombre a los animales” y de “dominar y someter” la Creación.
Aunque estas palabras parecieran enviar un mensaje de abuso contra naturaleza, el término “someter” viene del hebreo KABA que tiene varios significados, incluyendo tomar posesión, amparar y proteger (Sal 8, 7; Jos 18, 1). Lo mismo sucede con la palabra “dominar” del hebreo RADAH que se emplea para describir la acción de un pastor bueno y justo hacia su rebaño. Esta interpretación guarda coherencia con el segundo relato de la creación donde los seres humanos son creados a partir de la tierra. La tarea del ser humano es “cultivar” y “guardar” el mundo que va siendo creado por Dios (Gn 2, 15).
Ecologia 2
De ahí que como católicos creemos que Dios nos ha dado el legítimo derecho de utilizar los recursos naturales en beneficio de la humanidad pero con responsabilidad, transformarlo para que sea un lugar habitable para todos. Más allá de los métodos o técnicas que se empleen, lo más importante es reconciliar el pecado que se esconde en el corazón del hombre. ¿Acaso la crisis ambiental no tiene nada que ver con la avaricia, la envidia, la soberbia, el egoísmo, la mentira, la vanidad, la gula, etc?
Hace poco el Papa Francisco publicó la Enclíclica Laudato Si’, en la cual considera a la Tierra como nuestra casa común y exhorta a toda la humanidad a cuidarla. El Papa pide recordar el modelo de San Francisco de Asís, para proponer una sana relación con lo creado como una dimensión de la conversión íntegra de la persona. Esto implica también reconocer los propios errores, pecados, vicios o negligencias contra la naturaleza y los demás hermanos; arrepentirse de corazón, cambiar desde adentro.