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Apostolado en el hogar

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En su libro ¡Levantaos! ¡Vamos! El Papa Juan Pablo II escribe: “el deseo de santidad se desarrolla mucho mejor cuando encuentra a su alrededor el clima favorable de una buena familia. ¡Qué importante es el ambiente familiar! Los santos generan y forman santos” (p. 96). Y continúa su libro ¡Levantaos! ¡Vamos!: “Los laicos pueden realizar su vocación en el mundo y alcanzar la santidad no solamente comprometiéndose activamente a favor de los pobres y los necesitados, sino también animando con espíritu cristiano la sociedad mediante el cumplimiento de sus deberes profesionales y con el testimonio de una vida familiar ejemplar. No pienso sólo en los que ocupan puestos de primer plano en la vida de la sociedad, sino en todos los que saben transformar en oración su vida cotidiana, poniendo a Cristo en el centro de su actividad. Él será quien atraiga a todos a sí, “saciando su hambre y sed de justicia” (Mt 5,6)” (p. 107).  

En el Encuentro Internacional sobre Afectividad (19-21 de mayo del 2006),José Antonio Alcázar Cano decía: es un error pensar con el corazón, hay que pensar con la cabeza y educar el corazón. La educación de la voluntad está en las virtudes básicas: la fortaleza y el autodominio.  

Si los hijos no hacen cosas buenas, nunca serán buenos. José Antonio Alcázar Cano seguía: Hay una cosmética de virtudes, en vez de una ética de la virtud.
  
¿Cómo consigo hijos fuertes? Lo lograré si hacen lo que tienen que hacer a pesar de que no les apetezca. Que estudien con o sin ganas, que coman de todo. A veces algún hijo puede decirte:

—No como porque vomito.
—Vomita. La casa es nuestra. Comerás menos, despacio o renegando, pero has de comer.  

Que los hijos se acostumbren a hacer el bien para después saborear los frutos del bien. Es bueno que se sientan bien si hicieron el bien, y que se sientan mal cuando hicieron el mal. Eso sí, acompañarlos, fomentar el encuentro personal con cada hijo.  

— Fulano vive con su novia.
— ¿No estará estropeando su historia de amor?
— ¿Por qué hago mal?— Saber razonarle el por qué de sus principios.

Al hijo varón, sobre todo, hay que enseñarle a expresar lo que siente. La mujer se entrena a ello desde chiquita.  

Objetivos:

  • Enseñar a conocerse
  • Enseñar a reconocer los sentimientos de los demás
  • Enseñar a expresar sus emociones.
Medios:

Juego y cuentos, historias, dramatizaciones, convivencia familiar.  

Hay jóvenes que se enfrentan a la droga porque no saben cómo decir que no; no saben expresarse. Dar la formación con gradualidad y con orden.  

Esta generación tiene que reinventar la orientación familiar. Hace falta una movilización pues nos estamos jugando el futuro de nuestra juventud. Estamos en un momento en que la gente de bien debe proponerse hacer algo. Si te sale mal, no te preocupes, al segundo intento lo harás mejor. 

En Los colegios, dar a la gente permiso para equivocarse. Así las cosas salen mejor.  

Hemos descubierto la educación de las virtudes, de nombre. Las virtudes no se adquieren por repetición de charlas, sino de actos. La educación del corazón es más compleja. Preguntaba un señor:

— ¿Cómo le puedo decir a mi hijo lo mucho que lo quiero?
— ¡Dícelo y ya!
— Me da vergüenza.

Hay que dejar que exponga lo que trae en su corazón.  

Un experto europeo, Jokin de Irala, decía: “Ha habido una información sexual indiscriminada cuando ha habido poca formación en la afectividad, por eso se ha elevado el índice de embarazo adolescente. La educación sexual sin valores es una invitación a experimentar. Es un problema serio de educación pública. La educación sexual se debe integrar con la educación de la afectividad”. 

Los medios de comunicación social conforman una manera de ver la vida, y la conforman a través de los sentidos. Esta intensa comunicación genera generaciones que se centran en lo sensorial. Se está perdiendo la capacidad de asombro. Y esto tiene mucho que ver con la felicidad. Los efectos negativos de ver mucha TV son: se pierde capacidad de asombro (se trivializa el crimen). Se pierde contacto con la realidad (se pierde la proporción y hay confusión), y perdemos contacto con nosotros mismos: hay vacío existencial.(Josemaría Barnils). El periódico, la TV , la prensa, el mercado... invaden la vida cotidiana. El hogar no debe ser sólo un refugio sino el fuego de vitalización, dice Carlos Llano.  

Educar ha de ser una labor creadora y positiva, pues –como ha escrito C. S. Lewis–, el objetivo del educador no puede ser talar bosques, sino fertilizar desiertos.

Autora: Rebeca Reynaud  

Tener cultura Religiosa para darla

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A una señora se le planteó tomar un curso sobre Novísimos. Preguntó: 

- ¿Para qué…, si ya tengo esposo? 

- Los novísimos no tratan del novio sino de lo que viene después de la muerte: 

juicio, cielo, infierno, purgatorio.

Ella entonces aclaró: 

- ¡Ah! Es que tengo una formación cristiana muy básica. 

El Profeta Oseas decía lo que podemos decir hoy: “Se muere mi pueblo por falta de doctrina”. Lo nuestro es sembrar con pasión y sin cansancio. Cada generación￳ sostiene la historia en sus propias manos. Esta generación tiene toda la generación futura en sus manos. El mundo está lleno de tecnología y hay poca fe. 

San Juan Dice:

Esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe(1 Jn 5,4). 

Estamos entrando a una época de oscuridad sin precedentes. Siempre hay que preguntarnos: ¿Qué tiene que ver esto con la Historia de la salvación? 

Hemos de dar una catequesis profunda pues quien conoce las verdades de la fe en profundidad tiene más facilidad para hacer oración. Ayer, hoy y siempre, la ignorancia religiosa es el mayor enemigo de Dios. Entre más conocemos a Dios más lo podemos amar y mientras más lo amamos más deseos tenemos de conocerlo y hacerlo conocer. 

En una conferencia a catequistas, el Cardenal Ratzinger, sintetizando, decía: 

Evangelizar es enseñar el arte de vivir(...) La pobreza más profunda es la incapacidad de alegría, el tedio de la vida considerada absurda y contradictoria. Esta pobreza se halla hoy muy extendida, con formas muy diversas, tanto en las sociedades materialmente ricas como en los países pobres. La incapacidad de alegría supone y produce la incapacidad de amar, produce la envidia, la avaricia..., todos los vicios que arruinan la vida de las personas y el mundo. 

Por eso, hace falta una nueva evangelización. Si se desconoce el arte de vivir, todo lo demás ya no funciona. Pero este arte no es objeto de la ciencia: sólo lo puede comunicar quien tiene la vida, el que es el Evangelio en persona (10 de diciembre de 2000). 

La gran catequesis comienza por nosotros mismos. Mistagogiaes la “revelaci￳ón de misterios”. ¿Qué misterios? Los sacramentos. La definici￳ón técnica de mistagogia es “instrucción ￳postbautismal”, y se asumía que duraba de Pascua a Pentecostés. La mistagogia venía después de haber recibido los sacramentos de iniciación, porque solamente un cuerpo y una mente purificados podían contener los misterios. La tierra y el cielo se encuentran en los Sacramentos. Esto no es una metáfora, es algo profundamente real y verdadero.

Los sacramentos representan misterios divinos y verdades espirituales, que nuestros sentidos no pueden captar en su más profunda realidad. La mistagogia es algo que todos necesitamos y que siempre necesitamos, porque los misterios de Dios son inagotables. La mistagogía es oración contemplativa de los signos que nos conducen a los misterios. Entrar a la mistagogía es nada menos que permitir que Dios continúe enseñándonos (Cfr. Scott Hahn, Mike Aquilina,Living the Misteries. A Guide to Unfinished Christians). 

Es difícil pues estamos tratando de enseñar realidades que no se ven, pero se transparentan en los hombres y mujeres de fe. Dios nos da sobreabundantemente. 

La falta de doctrina tiene una gran repercusión. Influye en el modo de tratarse uno mismo y de tratar a los demás, en el trabajo profesional, en el modo de elaborar leyes, en el noviazgo y en la vida matrimonial, en lo que se elige para entretenerse y en el modo de divertirse. Hoy, la gente joven no se sabe divertir. No tienen inventiva, sólo se les ocurre acudir al alcohol, a la droga o practicar deportes extremos. Entonces, hay que ir más lejos en la formación de la inteligencia y en la formación cultural para poder razonar con más conocimiento de causa. Pero para eso hace falta que el alma quiera formarse. 

Hace poco le leía a una persona mayor el Éxodo. Íbamos en que Dios le reveló su nombre a Moisés y le dijo: “Yo soy el que soy”. La persona a la que le leía me dijo: 

“No le quiso decir su nombre”. Le expliqué que su nombre era “el ser en plenitud, el ser subsistente por sí mismo, el Ipsum esse subsistens”. Él es el que es –el Gran Yo Soy-, y yo soy la que no soy. 

Conocer la Biblia es importante. Benedicto XVI dijo en un Angelus: 

“Si llevamos en la mente y en el corazón la Palabra de Dios, si entra en nuestra vida, si tenemos confianza en Dios, podemos rechazar todo tipo de enga￱os del Tentador”. 

Jesús dedicó mucho tiempo a enseñar a los apóstoles porque su seguimiento requería el conocimiento de su doctrina. ¿Y en dónde encuentro la Doctrina? Entre otros lugares en la versión oficial del Catecismo de la Iglesia Católica. 

Existe una constante histórica según la cual un sistema político en crisis multiplica la producción legislativa y enmaraña las leyes, dice Vittorio Messori. Se multiplican las palabras y las frases elaboradas, para no afrontar los problemas de fondo. 

San Juan Pablo II nos dejó escrito: Los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no sólo “hablar” de Cristo, sino en cierto modo hacérselos “ver” (Novo Milenio Ineunte, n.16). Hay que reflejar la luz de Cristo en cada época de la historia. 

Cada uno es responsable de cómo alimenta su inteligencia. Hay que tratar de ser un catecismo vivo, es decir, un resumen claro, y asequible, de la doctrina cristiana, pues no basta saber cosas, hay vivir lo que se enseña. Los grandes catequizadores han sido los santos. ¿Cómo? Enseñando lo que viven. La oración ante el Sagrario es un modo de adelantar los tiempos. Vamos a poder comunicar el Amor en la medida en que nuestro corazón se mueva dentro del Corazón de Jesucristo, por la vida de oración y de penitencia. Con doctrina y con Amor, ¡qué buena luz  ofreceremos!, escribía don Álvaro del Portillo en una Carta.

Las cuatro principales puertas del infierno (La impureza) ¿Cuál es tu puerta?

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La cuarta puerta del Infierno es el pecado de impureza; ésta es la puerta por la cual entra mayor número de pecadores.

   Los impúdicos consideran que Dios tendrá piedad de este pecado, porque sabe que somos de carne. ¡Y qué! ¿Dios tiene compasión de este pecado?Más se lee en la Escritura que por este pecado envió Dios sobre la Tierra las más espantosas catástrofes. Observa San Jerónimo que leemos haberse Dios arrepentido de haber criado al hombre, en especial por el pecado de la carne. (Gen., 6.). Dios no ha castigado pecado alguno, ni aun sobre la Tierra, con tanto rigor como el de la impureza, dice Eusebio. (Ep. Ad Dam.) En castigo de este pecado hizo caer fuego del cielo sobre cinco ciudades, y permitió que pereciesen en las llamas todos sus habitantes. Por causa de este pecado, principalmente, el diluvio universal destruyó todo el género humano, a excepción de la familia de Noé. Este es un vicio que ya castiga Dios a menudo en este mundo de una manera terrible.

   Ya que tú has querido olvidarme, dice el Señor, y me has abandonado por un miserable placer, quiero que aun en esta vida sufras la pena de tus crímenes.

   Dios ¿tiene compasión de este pecado?

   Atended que este delito es el que arrastra mayor número de almas al Infierno.

   Asegura San Remigio que la mayor parte de los condenados lo son por causa de este pecado. Del mismo sentir es el P. Señeri, siguiendo a San Bernardo (T. 4, Serm. 21), y San Isidoro (L. 2, sent., c. 39). Santo Tomásdice que este pecado es muy agradable al demonio, porque, el que cae en este muladar del Infierno, queda pegado en él y no puede casi levantarse.

   Este vicio quita hasta la luz, y el pecador queda tan ciego, que casi llega a olvidarse de Dios, dice San Lorenzo Justiniano. (De lib. vit., Os., v, 4.)

   Desconoce a Dios, no obedece ya ni a Dios ni a la razón; sólo obedece a la voz de los sentidos, que le arrastra a obrar como un bruto.

   Casi siempre los hábitos criminales se conservan hasta la muerte. Hállanse hombres de edad madura, viejos decrépitos, que tienen los mismos pensamientos y cometen los mismos pecados que cometían en su juventud. Así es cómo sus faltas se multiplican, y vienen a ser innumerables. Preguntad a este desdichado cuántas veces ha consentido en los malos pensamientos, y os contestará: ¿quién puede acordarse de ellos? Más si vos no sabéis el número de vuestros pecados, ya los sabe Dios, y no ignoráis vosotros que un solo pecado de mal pensamiento basta para precipitaros en el Infierno. ¿Qué será, pues, por tantas torpezas en las que se están revolcando estos desgraciados, como animales inmundos? ¡Oh espantoso pecado, cuántas almas precipitas en los Infiernos!

   Mas, Padre mío, ¿cómo hacerlo para resistir a tantas tentaciones? ¡Ah,yo soy muy débil! —Si sois débil, ¿por qué no os encomendáis a Dios y a la Santísima Virgen, que es la Madre de la pureza? ¿Para qué exponeros a las tentaciones?

   ¿Por qué no mortificáis vuestros ojos? ¿Por qué miráis objetos que excitan las tentaciones? ¿Por qué os abandonáis sin reserva al mal y a todas sus consecuencias, pues que la impureza conduce con frecuencia a otros pecados, como son los odios, los robos, y, sobre todo, las confesiones y las comuniones sacrílegas, o por efecto de reticencias o por defecto de contrición?

   Si sois culpable de este pecado, no quiero arrancaros toda esperanza: salid, empero luego, de este estado infernal, ahora que Dios os ilumina y os tiende la mano para ayudaros. Huid desde este momento de las ocasiones: sin esto, todo está perdido; los juramentos, las lágrimas, los propósitos, no sirven de nada. Quitad las ocasiones; encomendaos en seguida a Dios y a María, que es la Madre de la pureza. Cuando seáis tentados, no os entretengáis con la tentación: nombrad, invocad al instante a Jesús y a María. Sus Nombres sagrados ahuyentan el demonio, y apagan estos ardores infernales. Si el demonio no cesa de tentaros, continuad invocando a Jesús y a María, y a buen seguro que no sucumbiréis. Para arrancar de raíz este hábito. Haced alguna práctica especial de piedad dirigida a María, rogadle con confianza. Por la mañana, al levantaros, rezad con fervor la oración angélica en honor de su pureza; haced lo propio al acostaros, y, sobre todo, penetraos bien de esta verdad: que si rehusáis actualmente la gracia de Dios y os obstináis en vuestro pecado, tal vez ¡ay! no os corregiréis de él jamás.
(Acto de dolor) 



San Alfonso María de Ligorio


Fuente: sanmiguelarcangel-cor-ar.blogspot.mx



Es propio de la iglesia vivir entre luchas, dificultades y aflicciones. San Pío X

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Están pues muy equivocados los que creen y esperan para la Iglesia, un estado permanente de plena tranquilidad, de prosperidad universal, y un reconocimiento práctico y unánime de su poder, sin contradicción alguna; pero es peor y más grave el error de aquellos que se engañan pensando que lograrán esta paz efímera disimulando los derechos y los intereses de la Iglesia, sacrificándolos a los intereses privados, disminuyéndolos injustamente, complaciendo al mundo “en donde domina enteramente el demonio” (1 Jn 5, 19), con el pretexto de simpatizar con los fautores de la novedad y atraerlos a la Iglesia, como si fuera posible la armonía entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y el Demonio.

   Son éstos sueños de enfermos, alucinaciones que siempre han ocurrido y ocurrirán mientras haya soldados cobardes, que arrojen las armas a la sola presencia del enemigo, o traidores, que pretendan a toda costa hacer las paces con los contrarios, a saber, con el enemigo irreconciliable de Dios y de los hombres.


   San Pío X, Encíclica Communium Rerum – Con motivo del Jubileo Sacerdotal del Papa y el octavo centenario de San Anselmo, 21 de abril de 1909.

Fuente: sanmiguelarcangel-cor-ar.blogspot.mx

¿Por qué los católicos debemos amar a nuestra Patria?

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Desde el punto de vista de la doctrina de la Iglesia, el amor y el servicio a nuestro país, no es solo un deber, sino una obligación. Así por ejemplo el Papa Pio XI nos dice:
“El buen católico, precisamente en virtud de la doctrina católica, es por lo mismo el mejor ciudadano, amante de su patria” Papa Pio XI (Encíclica Divini illius magistri)
El Papa León XIII, fue incluso más allá a la hora de definir el compromiso que un católico debe tener hacia su patria, y nos recuerda que este compromiso implica incluso dar la vida por la misma.
“Por ley natural estamos obligados a amar especialmente y defender la sociedad en que nacimos, de tal manera que todo buen ciudadano esté pronto a arrostrar aun la misma muerte por su patria” Papa León XIII (Encíclica Sapientiae Christianae).
¿SE OPONE EL PATRIOTISMO CON LA CONCEPCIÓN UNIVERSAL DEL CATOLICISMO?
Muchos católicos, por un sentido mal entendido de la fraternidad universal, han adoptado una postura de indiferencia hacia la patria, o incluso de rechazo de la misma. No son pocos los católicos que se han adherido a posturas ideológicas internacionalistas  –muchos incluso desde la buena fe- o apátridas, incurriendo en una falta de caridad hacia la sociedad que les ha visto nacer, y que les ha dotado de derechos. Sin duda, la obligación que tenemos los católicos del amor universal a todos los seres humanos por ser semejanza de Dios, y estar dotados de igual dignidad, no se contrapone con la obligación que tenemos de amar a los que nos están más cercanos y con los que estamos unidos con mayores vínculos. Así, el Papa Pio XII nos recuerda que también la caridad requiere un orden en su práctica:
“No hay que temer que la conciencia de la fraternidad universal, fomentada por la doctrina cristiana, y el sentimiento que ella inspira, se opongan al amor, a la tradición y a las glorias de la propia patria, e impidan promover la prosperidad y los intereses legítimos; pues la misma doctrina enseña que en el ejercicio de la caridad existe un orden establecido por Dios, según el cual se debe amar más intensamente y ayudar preferentemente a los que nos están unidos con especiales vínculos. Aun el Divino Maestro dio ejemplo de esta preferencia a su tierra y a su patria, llorando sobre las inminentes ruinas de la Ciudad santa” Papa Pío XII. (Summi Pontificatus).
El Papa San Pio X, también nos explica la comunión que existe entre el amor a la Iglesia y a la patria, y  nos explica que esta no solo es digna de amor y servicio, sino que también lo es de predilección, por lo que preferentemente debemos rezar y trabajar por sus intereses respecto a otros intereses también legítimos, pero más alejados en el orden de la caridad.
“Si el Catolicismo fuera un enemigo de la Patria, no sería una religión divina. La Patria es un nombre que trae a nuestra memoria los recuerdos más queridos, y bien sea porque llevamos la misma sangre que aquellos nacidos en nuestro propio suelo, o bien debido a la aún más noble semejanza de afectos y tradiciones, nuestra Patria es no sólo digna de amor, sino de predilección. Sentimos, pues, veneración por la Patria, que en suave unión con la Iglesia contribuye al verdadero bienestar de la Humanidad. Y ésta es la razón porqué los auténticos caudillos, campeones y salvadores de un país han surgido siempre de entre las filas de los mejores católicos” Discurso pronunciado por Su Santidad Pio X el 20 de Abril de 1909.
También el Papa León XIII, nos explica más profundamente la comunión que existe entre el amor a Iglesia y a la patria, y que tiene en Dios a su denominador común.
“El amor sobrenatural de la Iglesia y el que naturalmente se debe a la patria, son dos amores que proceden de un mismo principio eterno, puesto que de entrambos es causa y autor el mismo Dios; de donde se sigue que no puede haber oposición entre los dos”.  Papa León XIII (Encíclica Sapientiae Christianae).
DESHONRAR O ATACAR A LA PATRIA, UN PECADO CONTRA EL CUARTO MANDAMIENTO.
Como bien explica el recientemente canonizado San Juan Pablo II, deshonrar a la patria, o atacar los intereses legítimos de la misma, es un pecado contra el cuarto mandamiento.
“Si se pregunta por el lugar del patriotismo en el decálogo, la respuesta es inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar al padre y a la madre. Es uno de esos sentimientos que el latín incluye en el término pietas, resaltando la dimensión religiosa subyacente en el respeto y veneración que se debe a los padres, porque representan para nosotros a Dios Creador. Al darnos la vida, participan en el misterio de la creación y merecen por tanto una devoción que evoca la que rendimos a Dios Creador. El patriotismo conlleva precisamente este tipo de actitud interior, desde el momento que también la patria es verdaderamente una madre para cada uno. Patriotismo significa amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. La patria es un bien común de todos los ciudadanos y, como tal, también un gran deber. Como sucede con la familia, también la nación y la patria siguen siendo realidades insustituibles”. Papa San Juan Pablo II (Memoria e identidad)
Por desgracia, hay quien confunde lo que es el patriotismo cristiano – que se basa en el amor y tiene un carácter unificador- , con el nacionalismo pagano – basado en el odio y promotor de la división-, y que tan certeramente condenó el Papa Juan Pablo II. Así pues, quien promueve la división, el odio, o la discordia entre los ciudadanos de un mismo país, debe saber que no solo comete un error político, sino que atenta contra un bien moral, y se pone en situación de pecado mortal.
LOS DOCTORES DE LA IGLESIA SOBRE EL AMOR A LA PATRIA.
Cuando Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, analiza en su obra “Suma Teológica” la virtud y la piedad con que el hombre debe actuar respecto a Dios y a sus semejantes, Santo Tomás pone el amor a los padre y a la Patria en un orden inmediatamente posterior al del amor que se le debe tener a Dios, es por tanto de suma importancia el valor que en la teología tomista se le ha dado a la virtud del patriotismo, y que la Iglesia ha recogido en su magisterio a lo largo de los Siglos mediante múltiples formulaciones de carácter.
“El hombre se hace deudor de los demás según la excelencia y según los beneficios que de ellos ha recibido. Por ambos títulos Dios ocupa el primer lugar, por ser sumamente excelente y por ser principio primero de nuestro existir y de nuestro gobierno. Después de Dios, los padres y la patria son también principios de nuestro ser y gobierno, pues de ellos y en ella hemos nacido y nos hemos criado. Por lo tanto, después de Dios, a los padres y la patria es a quienes más debemos. Y como a la religión toca dar culto a Dios, así en un grado inferior, a la piedad pertenece rendir un culto a los padres y a la patria. En este culto de los padres se incluye el de todos los consanguíneos, pues que son consanguíneos precisamente por proceder todos de unos mismos padres. Y en el culto de la patria se incluye el de los conciudadanos y de los amigos de la patria. Por lo tanto, a éstos principalmente se refiere la virtud de la piedad”.  Santo Tomás de Aquino (Suma Teológica).
San Agustín va incluso más lejos que Santo Tomás, y coloca la virtud del amor por la Patria claramente por delante del amor que se debe tener por la familia, y solo por detrás del amor que se le profesa a Dios.
Ama a tu prójimo; más que a tu prójimo, a tus padres; más que a tus padres, a tu Patria; y solamente más que a tu Patria, ama a Dios”. San Agustín (Confesiones).
EL CATECISMO SOBRE EL AMOR A LA PATRIA.
Y es que la virtud del patriotismo no es algo ajeno al católico de nuestro tiempo, sino que el amor a la Patria sigue siendo un mandato expresado específicamente en el Catecismo, por tanto una virtud que el buen católico tiene que vivir con plena actualidad.
“El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad”. (2239)
LA PATRIA EN LAS REVELACIONES MARIANAS.
También la Virgen ha hablado en algunas revelaciones sobre el amor a la patria, así por ejemplo, en las apariciones de La Sallete, advirtió que entre las señales que precederían al final de los tiempos, se viviría entre otros males el desamor por la Patria.
“La Santa Fe de Dios será olvidada, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Los poderes civiles y eclesiásticos serán abolidos, todo orden y toda justicia serán pisoteados; no se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia”. (Revelaciones de La Sallete).
También en las revelaciones del Buen Suceso que tuvieron lugar en Ecuador durante finales del Siglo XVI, la Virgen advertía de que los sufrimientos que tendrían que afrontar los católicos fieles en los últimos tiempos les llevarían a ser contados entre el número de los mártires sacrificados por la Iglesia y por la Patria.
“El corto número de almas en las cuales se conservará el culto de la fe y de las buenas costumbres sufrirá un cruel e indecible al par que prolongado martirio; muchas de ellas descenderán al sepulcro por la violencia del sufrimiento y serán contadas como mártires que se sacrificaron por la Iglesia y por la Patria”. (Revelaciones de María del Buen Suceso).
CANCIÓN DE AMOR PATRIA DEL PADRE LEONARDO CASTELLANI.
“Amar la patria es el amor primero
y es el postrero amor después de Dios;
y si es crucificado y verdadero,
ya son un solo amor, ya no son dos.

Amar la patria hasta jugarse entero,
del puro patrio Bien Común en pos,
y afrontar marejada y viento fiero:
eso se inscribe al crédito de Dios.

Dios el que no se ve, Dios insondable;
de todo lo que es Bien, oscuro abismo,
sólo visible por oscura Fe.

No puede amar, por mucho que d’Él hable
del fondo de su, gélido egoísmo,
quien no es capaz de amar ni lo que ve”.

(Padre Leonardo Castellani).
Antonio Moreno Robles/Adelante la FE

¡Volvamos a invocar el Santísimo Nombre de Jesús!

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“En el año 1274 grandes males amenazaron al mundo. La Iglesia fue asaltada por furiosos enemigos desde adentro y fuera. Fue tan grande el peligro que el Papa Gregorio X, que reinaba por entonces, convocó un Concilio de obispos en Lyon para determinar la mejor manera de salvar a la sociedad de la ruina en la que estaba cayendo. Entre las muchas formas propuestas, el Papa y los obispos eligieron la que ellos consideraron más fácil y eficaz de todas, es decir, la frecuente repetición del Santo Nombre de Jesús.

El Santo Padre entonces pidió a los obispos del mundo y a sus sacerdotes que invocaran el Nombre de Jesús y urgieran a sus fieles el poner su confianza en éste poderoso Nombre, repitiéndolo constantemente con ilimitada confianza. El Papa encargó especialmente a la Orden de Santo Domingo la gloriosa tarea de predicar las Maravillas del Santo Nombre, trabajo que ellos cumplieron con ilimitado celo.

Sus hermanos Franciscanos les secundaron. San Bernardino de Siena y San Lorenzo de Puerto-Mauricio fueron ardientes apóstoles del Santo Nombre de Jesús.

Sus esfuerzos fueron coronados con el éxito. Fueron barridos los enemigos de la Iglesia y desaparecieron los peligros que amenazaban a la sociedad y la paz reinó una vez más.

Esta es la lección más importante para nosotros porque, en nuestros días, terribles sufrimientos están aplastando muchas naciones. Y aun mayores tribulaciones están amenazando a todas las demás.

Ningún gobierno o gobiernos parecen lo bastante fuertes y hábiles como para detener este tremendo torrente de males. No hay más que un remedio y es la oración.

Todo cristiano debe volver a Dios y pedirle misericordia. La oración más fácil de todas las oraciones, como hemos visto, es el Nombre de Jesús.

Todos, sin excepción, pueden invocar este Santo Nombre cientos de veces al día, no solamente por sus propias intenciones, sino también para pedir a Dios que libere al mundo de una inminente ruina.

Es asombroso lo que una persona que reza puede hacer para salvar a su país y a la sociedad. Leemos en la Sagrada Escritura cómo Moisés salvó por sus oraciones al pueblo de Israel de la destrucción y cómo una piadosa mujer, Judit de Betulia, salvó su ciudad y su gente cuando los gobernadores estaban desesperados y a punto de rendirse a sus enemigos.

De nuevo notamos, que las dos ciudades Sodoma y Gomorra, que Dios destruyó con fuego, por causa de sus pecados y crímenes, ¡les hubiera perdonado si hubieran habido solamente diez personas que rezaran por ellos!

Una y otra vez leemos de reyes, emperadores, hombres de estado y famosos comandantes militares que pusieron toda su confianza en la oración, y así obraron maravillas. Si las oraciones de un hombre pueden hacer tanto, ¿cuánto más harán las oraciones de muchos?

El Nombre de Jesús es la más corta, más fácil, y más poderosa de las oraciones. Todos pueden decirlo incluso en medio de su trabajo diario. Dios no puede rehusar de oírlo.

Invoquemos el nombre de Jesús pidiéndole que nos salve de las calamidades que nos amenazan”.

(De “Las maravillas del Santo Nombre de Jesús” de Fr. Paul O’Sullivan OP: http://www.traditio-op.org/biblioteca/Sullivan/Las_Maravillas_de_Santo_Nombre,_Fr_Paul_O_´Sullivan_OP.pdf ).

(Imagen: Niño Jesús por Émile Munier).

“Diaconisas,” hablando estrictamente nunca existieron

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Si las “diaconisas” fueran aprobadas, nos enfrentaríamos a una embarazosa imitación contemporánea de prácticas protestantes- ministras- con caricaturescas ropas pretendiendo ser varones, usurpando actividades que pertenecen solo al sacerdote.
Nunca ha habido y nunca podrá haber el oficio de “diaconisa” en la Iglesia católica.
Cuando uso la palabra “diaconisa” en este contexto, quiero decir la contraparte femenina del oficio varonil del diácono. Nunca ha existido tal oficio.
Sí, el término “diaconisa”  en la historia de la Iglesia lo encontramos como un término impreciso que no solo variará de era a era, sino también de una ubicación geográfica a otra. El padre Aimé George Martimont autor de un escolástico  y definitivo trabajo en este tema, titulado Deaconesses, An Historical Study, observa: “Los cristianos de la antigüedad no tenían ni una idea fija, ni única de  lo que las diaconisas suponían ser”. 1
Aun así, el día 2 de agosto de este año, el papa Francisco creó una comisión para estudiar la posibilidad de permitir que  las mujeres sirvan como diáconos en la Iglesia católica. Continuar con esa aventura solo puede encender un mayor caos en la Iglesia y confusión entre los fieles.
Función extremadamente limitada
Nunca ha habido un oficio de diaconisas en la Iglesia latina.2  Hemos visto algunas referencias a diaconisas en varios ritos griegos y orientales. Pero tal oficio no está uniformemente fundado en las Iglesias orientales y las menciones son esporádicas entre los siglos segundo y décimo.  Algunas iglesias en territorios orientales, como la Iglesia en Egipto, Etiopía y los maronitas nunca aceptaron ningún oficio de diaconisas.3
Las mujeres que fueron llamadas “diaconisas” no estaban ordenadas en ningún sentido de la palabra, pero recibían una cierta bendición para algunos servicios eclesiásticos. Esas “diaconisas” eran primeramente mujeres consagradas cuyo trabajo era altamente restringido- usualmente limitado a la asistencia a otras mujeres. Esto incluía asistir a mujeres en bautismos y otros servicios en los que la presencia de varones hubiera ofendido a la modestia.
“Por otra parte,” escribe el padre Martimort, “debe ser fuertemente enfatizado que a las diaconisas nunca se les permitía enseñar o predicar en público.”4
Ni tiene caso acudir a la Epístola de San Pablo a los Romanos en la cual Phoebe “la diaconisa” es mencionada. La mentalidad de la Iglesia en la materia está resumida en la enseñanzas de santo Tomás de Aquino. Leemos, “el doctor Angélico comentando el Nuevo Testamento… ve a Phoebe en la Epístola a los Romanos solo como una de esas “mujeres” que servían a Cristo y a los Apóstoles, o que llevaban a cabo trabajos de caridad en la manera de la viuda de 1 Timoteo, 5 10”. 5
Así para la Iglesia latina ofrecemos tres antiguos y autorizados textos que demuestran cuan extraña es cualquier idea en la naciente Iglesia sobre mujeres diaconisas, ordenación de mujeres y mujeres sirviendo en el santuario.
Tan temprano como el siglo IV, hay una ardiente directiva de los obispos del concilio de Nimes celebrado en el año 396 d.C. que dice:
“Igualmente, ha sido reportado por algunos que, contrario a la disciplina apostólica- y en efecto algo que nunca habíamos oído hasta hoy-se ha observado, aunque no se sabe exactamente dónde, que algunas mujeres se han elevado al ministerio de los diáconos. La disciplina eclesiástica no permite esto, por lo que es  impropio; dicha ordenación debe anularse, desde que es irregular; y es requerida vigilancia en el futuro para que nadie actúe en esta manera temeraria otra vez”. 

El concilio de Orange en 441 d. C., habló de modo similar:

“De ninguna manera deben ser ordenadas diaconisas. Si hubiera alguna, deben inclinar la cabeza bajo la bendición que es dada a todo el pueblo”. 6
Además existe el enérgico decreto Necessaria rerum del papa Gelasio, dirigido a los obispos de Italia meridional. Fechado el  11 de marzo de 494. Aunque no trata directamente de las diaconisas, manifiesta que extraña es la idea de mujeres en el santuario realizando cualquier forma de función sacerdotal:
“Es con impaciencia que nos hemos enterado de: las cosas divinas han sufrido tal degradación que mujeres ministro sirviendo en el altar han sido aprobadas. El ejercicio de roles reservados a los varones han sido entregados al sexo al que no pertenecen”.7
¿Qué dirían los obispos de Nimes, el concilio de Orange y el papa Gelasio acerca de la plétora de lectoras, chicas del altar, lideresas de oración, bailarinas litúrgicas y ministras eucarísticas que ahora revolotean en gran número en los santuarios post-conciliares?
No hay continuidad
Conforme seguimos el trabajo del padre Martimont-cuyo estudio calmado y meticuloso incluye vastas referencias históricas de textos, eucologías (rito oriental), pontificales, legislación eclesiástica, homilías, cartas y otros documentos pertinentes- nos damos cuenta que “falta la continuidad de la verdadera disciplina eclesiástica en el caso de las diaconisas”8.  No hay continuidad de los antiguos días de la Iglesia con los actuales. Solo un “pisa y corre” de anticuarianismo modernista –prohibido por la Iglesia—puede “justificar” cualquier pensamiento acerca de establecer el oficio de las diaconisas.
Aun en los ritos orientales, la práctica no fue observada “siempre, en todas partes y por todos”. La presencia de diaconisas era tan infrecuente y dispersa, como lo vemos en los escritos de san Jeremías, un hombre que viajó ampliamente por el Oriente y lo conocía bien y quien en “ninguna parte habla acerca de las diaconisas, ni siquiera en su carta de 394 al sacerdote Nepociano, a quien indica la actitud apropiada a adoptar respecto de las vírgenes y viudas”. 9
Como  hemos anotado más arriba, la institución de las diaconisas estaba más frecuentemente relacionada con el bautizo de mujeres adultas. En varios ritos orientales, en ese tiempo, en un ritual que conecta el bautismo con Adán y Eva y el jardín del Edén, los adultos eran bautizados desnudos-una práctica felizmente extinta.10
Así escribe el padre Martimont, “’Como el bautismo de adultos era la norma,  la necesidad que trajo su creación (el oficio de diaconisa) estaba geográficamente limitada y rápidamente quedo obsoleta”. Y aun durante ese tiempo, las mujeres que asistían a mujeres adultas siendo bautizadas, no necesariamente debían ser “diaconisas”,  pudiendo ser una piadosa matrona. 11Otra vez, la práctica solo ocurrió en varias iglesias del rito oriental, nunca en el rito latino.

Un sumario conciso sobre las limitadas funciones de las diaconisas, está contenido en Canonical Resolutions de Jacobo Baradaeus obispo de Edesa (rito oriental) escrito entre 683 y 708 d. C. Las instrucciones están en formato de diálogo:
Addai: ¿Las diaconisas, como los diáconos, tienen el poder de poner una porción de la sagrada hostia en el cáliz consagrado?
Jacobo: De ninguna manera pueden hacerlo. Las diaconisas no se volvieron diaconisas en orden para servir al altar, sino más bien por ayudar a las mujeres enfermas.
Addai: Quisiera saber unas pocas palabras sobre cuáles son los poderes de las diaconisas en la Iglesia.
Jacobo: Ellas no tienen poder en el altar, porque cuando fue instituido, no era en nombre del altar, sino solo para cumplir ciertas funciones en la Iglesia. Estas son sus únicas facultades: barrer el santuario y encender las lámparas, y solo les está permitido desempeñar estas funciones si no hay un sacerdote o diácono a mano. Si ella está en un convento de mujeres, puede mover las sagradas hostias del tabernáculo (sagrario) solo no habiendo un sacerdote o diácono a mano y darlas solo a las otras hermanas o niños pequeños que pudieran estar presentes. (Comentario: téngase en mente que esto es en el contexto del rito oriental, en el que la Eucaristía consagrada no es tocada por manos humanas sino que es entregada al comulgante mediante una pequeña cuchara. JV),  Pero no le es permitido a ella llevar la hostia fuera del altar ni, por supuesto, de ninguna manera debe tocar la mesa de la vida (el altar). Ella unge a las mujeres cuando son bautizadas; ella visita otras mujeres cuando están enfermas y cuida de ellas. Esas son las únicas facultades tenidas por las diaconisas en relación al trabajo de los sacerdotes.12

Aun si hablamos de los antiguos ritos orientales, cuando se habla de la “ordenación” de las diaconisas, la palabra “ordenación” está siendo usada en un sentido suelto que no tiene nada que hacer con el sacramento de las órdenes sagradas. El patriarca Severo de Antioquía, escribiendo en el siglo VI, explica, “en el caso de las diaconisas, la ordenación es llevada a cabo menos con vistas a las necesidades de ministerio que exclusivamente en vistas a dar honor”. Continúa: “En las ciudades, las diaconisas habitualmente ejercitan un ministerio en relación al divino baño de regeneración en el caso de las mujeres que van a ser bautizadas.13

Anacronismo y ambigüedad
El oficio de diaconisas- esporádico como era- virtualmente desapareció sobre el siglo XI. Fue tan olvidado que los canonistas griegos y orientales de la Edad Media no tenían idea de quién o qué eran las diaconisas, pues para entonces, hacía largo tiempo que habían dejado de existir. 14 El oficio se había convertido en una curiosidad obsoleta.
Nada puede ser más anacrónico que el intento de “revivir” el oficio de diaconisa en una manera no relacionada con su limitada práctica de las Iglesias nacientes y usarla como un título oficial para formalizar la rabiosa novedad de mujeres en el santuario y de “ministras laicas” de la eucaristía.
Con todo, ese es precisamente el objetivo del nuevo panel de diaconisas de Francisco, que consiste en seis hombres y seis mujeres- una estructura políticamente correcta e igualada de género, más que un panel de estudiosos de incuestionable competencia observando la fe católica de todos los tiempos.
El panel incluye a Phyllis Zagano, investigadora senior de la Universidad de Hofstra en Nueva York, una audaz abogada de la ordenación de las mujeres.  No es difícil imaginar cuáles serán las conclusiones del panel- una conclusión a favor de aprobar alguna forma de “diaconisas”. Tal como lo conocemos de la sátira británica Sí, señor primer ministro “el gobierno nunca abre públicamente el debate hasta que privadamente ha tomado una decisión”.
Estamos dolorosamente alertas de las desgraciadas tácticas de las discusiones modernas que buscan introducir más revolución: enlodando las aguas históricas, imprecisión de términos, uso inteligente de anacronismos, ambigüedad calculada, silencio elocuente concerniendo cualquier hecho histórico que frustre cualquier conclusión contraria al último objetivo del panel. Combine todo esto con la masiva ignorancia de los no catequizados católicos que son los niños de la revolución del
Vaticano II, bajo la fuerte sacudida del pontificado potro-salvaje de Bergoglio que favorece las novedades y desprecia las “pequeñas reglas”. El resultado solo puede ser letal para la integridad doctrinal y litúrgica.
“Cargado con ambigüedad”
No hay necesidad de re-estudiar el asunto de las diaconisas, especialmente cuando el definitivo trabajo del padre Martimort ya demostró que el antiguo, esporádico oficio de las diaconisas no tiene nada que ver con mujeres desempeñando funciones sacerdotales.
No podemos hacer nada mejor que cerrar con el párrafo final del soberbio trabajo del padre Martimort. Él escribe: “la complejidad de los hechos acerca de las diaconisas y el propio contexto de esos hechos, prueba ser algo extraordinario. Existe el peligro de distorsionar ambos, hechos y textos, cuando uno esté tratando con ambos de segunda mano. También es difícil evitar anacronismos cuando tratamos de resolver el problema del presente con referencias a soluciones apropiadas a un pasado que hace mucho tiempo se fue”.
El padre Martimort concluye: “el hecho es que la antigua institución de las diaconisas, aun en su propio tiempo, estuvo plagada con no pocas ambigüedades, como hemos visto. En mi opinión, si la restauración de la institución de las diaconisas fuera buscada después de tantos siglos, dicha restauración solo pudiera estar cargada con ambigüedades. 16
Cualquier movimiento hacia el establecimiento de “diaconisas” esta ya condenado por las consistentes enseñanzas de los Papas, manifestado por lo dicho por el papa Benedicto XV, quien nos advirtió: “Queremos tener las leyes de los antiguos con gran reverencia, no dejen que nada nuevo sea introducido, sino solo aquello que ya haya sido dictado. Esto tiene que mantenerse inviolable en materia de fe.” 17
Introducir un nuevo oficio de diaconisas en la Iglesia post-conciliar en nada se parecerá a la historia y no contendrá algo que haya sido ya dictado. La práctica solo existió esporádicamente en varias localidades de la Iglesia oriental, fue severamente restringida en su actividad y desapareció durante el siglo XI.
Si las diaconisas son aprobadas, nos enfrentaremos a una embarazosa imitación de una práctica protestante contemporánea: ministras con caricaturescas ropas, pretendiendo ser hombres, usurpando actividades que pertenecen solo al sacerdote. Más allá, el oficio de las diaconisas acostumbrará a los católicos a ver mujeres en roles de líderes eclesiásticos y allanaran el camino para más “discusiones” sobre sacerdotisas”
La introducción de la destructiva novedad de las diaconisas solo puede llevarnos a más degradación de la Iglesia y el sacerdocio. Debe ser firmemente resistida.
John Vennari
Traducido por E. N. Artículo original

Fuente: adelantelafe.com
Deaconesses, An Historical Study, Aimé Georges Martimort, [San Francisco: Ignatius Press, 1986], p. 241. The book is an exhaustive historic and scholarly treatment, probably the best on the topic.
2 For a comprehensive explanation, see in Part II of Father Martimort’s book we’ve been quoting “Deaconesses in the Latin Church.” Here he explains there was no such thing up until the 5th century, and anything remotely regarded as some sort of deaconess was strictly limited to that of a particular office inside – and only inside – a convent of nuns, and even here only between the 6th and 12th centuries.
3 P. 182.
4 Ibid, p. 247.
5 Ibid, p. 226. A fuller discussion of “Phoebe” appears in Father Martimort’s book, pages 18-20.
6 Both quotes (Nimes and Orange), Ibid, p. 193.
7 Ibid., p. 196.
8 Ibid., p. 242.
9 Ibid., p. 192.
10 See Ibid., pp. 131-132.
11 Ibid., p. 242.
12 Ibid., p. 143.
13 Ibid., p. 128.
14 Ibid., p. 242.
15 “Pope’s deaconess commission includes women’s priesthood supporter,”Lifesitenews, Aug. 2, 2016.
16 Deaconesses, Martmort, p. 250.
17 Ad Beatissimi Apostolorum Principis, Pope Benedict XV, Nov. 1, 1914.