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¿A quién tienes miedo?

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¿Quién no ha sentido miedo en alguna ocasión?

Cada ser es único y diferente. Dios ha creado al ser humano dotándolo de cerebro y cuerpo y por ello las emociones forman parte de nosotros mismos, no es algo de lo que podamos prescindir aunque sí podemos aprender a manejarlo para mantener nuestro mejor estado de salud emocional y, en consecuencia, una vida más equilibrada.

¿Qué es el miedo?

El miedo es una emoción primaria. La palabra emoción proviene del latín “motere” (moverse) y es lo que hace que nos acerquemos o nos alejemos a una determinada persona o circunstancia. Todos tenemos diferentes miedos: miedo a lo desconocido, a que nos evalúen, miedo al fracaso, a hablar en público, a la soledad, a sufrir y a sentir dolor, miedo a las enfermedades, a la muerte  o también tenemos miedos que tienen que ver con cómo nos percibimos a nosotros mismos o a otras personas, a objetos, a animales, a situaciones o circunstancias,  a los ascensores, a los aviones, a los espacios abiertos, etc.

El miedo nos paraliza y nos bloquea, nos impide que seamos nosotros mismos y cuando percibimos que el miedo se apodera de nuestra vida, entonces comienza el fracaso. El miedo no es racional, es decir que aunque razonemos el miedo, no es lógico y por tanto no va a hacer que desaparezca la reacción fisiológica en nuestro cuerpo o incluso puede que nos haga sentir peor porque no somos capaces de vencerlo y por tanto nos vamos a juzgar negativamente. El miedo tiene la función básica de protegernos y nos prepara para la supervivencia, alertándonos de un posible peligro en nuestro entorno. Por ello, en diferentes ocasiones nos sentiremos limitados puesto que el miedo hará que evitemos situaciones para no tener que volver a afrontarlas de nuevo si ya las hemos vivido en el pasado y de alguna forma fracasamos previamente, haciendo que nos bloqueemos.

El miedo nos impide avanzar; entonces, ¿ómo afrontamos nuestros miedos?:

El miedo como emoción básica es una manifestación de aquello que no somos capaces de ver dentro de nosotros mismos, es decir, puede que el miedo esté escondido detrás de otras emociones y no seamos capaces de darnos cuenta. Para poder enfrentarnos a nuestro miedo debemos mirarlo de frente, tomando conciencia de aquello que nos está haciendo sentir mal y dar el primer paso que trata sencillamente de querer cambiarlo, aunque eso implicaría salir de nuestra zona de confort y abandonar la situación cómoda que estamos viviendo, por esto a veces elegimos la opción de quedarnos impasibles ante nuevas oportunidades que se presentan en nuestra vida precisamente por eso, por miedo a cambiar aquello que es necesario para poder continuar avanzando.

Pensemos lo siguiente: el dolor y el sufrimiento son necesarios para continuar creciendo: el pasado ya no puede herirnos más y el futuro no está en nuestras manos; por tanto sólo nos queda este momento de aquí y ahora. La clave es empezar a actuar y confiar siempre en los planes que Dios tiene preparados para nosotros. Cada momento que tomamos como un fracaso puede ser una oportunidad para cambiar aquello que sentimos no está bien dentro de nosotros mismos.

Atender y mirar de frente nuestro miedo hará que disminuya la intensidad de la emoción en sí misma. Es primordial para poder afrontar nuestros miedos partir de la base de que nosotros somos más que nuestro propio miedo y después:

- Aprender a identificar cuál es el miedo que sentimos para poder    trabajar  con él.

- Cerrar los ojos y comenzar a sentir el miedo, incluso si es necesario podemos recrear alguna situación donde hayamos sentido ese mismo miedo anteriormente.

- Observar qué sentimos, en qué parte del cuerpo identificamos el miedo, cómo es ese miedo, incluso podemos ponerle una forma, un color, un nombre…

- Permitir sentir el miedo como si paseáramos dentro del mismo, notando cómo nos envuelve. Respirarlo y percibir cómo la intensidad del miedo va disminuyendo.

- Preguntarnos qué nos quiere decir este miedo y qué significa este miedo para mí mismo...

Afrontar los miedos con fe:

Hay muchas razones que originan los miedos, como experiencias pasadas que conllevan a la decepción, a la inseguridad o a volver a fracasar. Uno de los grandes productos del miedo es la duda: no podemos creer en soluciones y respuestas cuando nos encontramos sumergidos o perdidos en la duda. Buscar soluciones en lugar de recrearse en preguntas sin respuestas será el éxito ante cualquier problema.

Ciertamente con fe podremos superar todas las situaciones buenas, malas, fáciles o difíciles de esta vida. Nuestras emociones como el miedo, la ira o la tristeza nos permiten afianzar más nuestra fe y confiar plenamente en Dios. Agradecer por tanto al Creador de todo aquello que sucede en nuestra vida como un regalo de oportunidad para cambiar y conseguir lo que es bueno para nosotros.

Cuando la vida se torna oscura o difícil o cuando afloran nuestros peores miedos, es cuando más debemos confiar en Dios. [...]

Venzamos por tanto nuestros miedos sin temor a fracasar y siempre con la ayuda de Dios.



Autor:  Natalia Céspedes Arjona



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Dominicos españoles de sangre real, confesores y predicadores de soberanos.

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Procedente Santo Domingo de Guzmán de la familia dé los primeros reyes de España reconquistada, la descendencia de nuestros Reyes ha tenido marcada predilección hacia la descendencia espiritual del Patriarca de los Predicadores: predilección que se ha significado por numerosas vocaciones a la Orden de Santo Domingo en las dinastías de Castilla, Aragón, Navarra y Portugal. He aquí algunos ejemplos.

Doña Urraca (ó sea Aurora), esposa de Fernando I de Aragón, fundó el monasterio de Medina del Campo, en el cual tomó el hábito con el nombre de Leonor, y vivió ejemplarmente hasta la muerte, es decir, catorce años. Siguió el ejemplo su hermana doña Leonor, hija, como ella, de D. Sancho de Castilla, y se encerró en el monasterio de Benavente, y luego en el de Toro.

Doña Blanca, nieta de San Fernando, fue religiosa en Zamora; doña Constanza, nieta del rey D. Pedro, por su hijo legítimo D. Juan, fue ejemplarísima priora de Santo Domingo el Real de Madrid, adonde trajo los restos de su abuelo, que descansaron en dicho monasterio hasta la revolución de 1868; una sobrina de la anterior, llamada, como ella. Constanza, e hija de su hermano D. Pedro, fue priora en Medina del Campo. En Caleruega entró doña Margarita, hija de D. Fernando.de la Cerda y nieta de Alfonso el Sabio, fundador del monasterio que ocupa la casa solariega de Santo Domingo. Doña Berenguela, hija del citado rey Sabio, yacía incorrupta en Santo Domingo el Real de Madrid cuando se demolió el monasterio e iglesia.

D. Jerónimo de Aragón, hijo del Rey Católico don Fernando, fue religioso en Santa Cruz de Segovia: y su hermana doña María en Santo Domingo el Real de Toledo, donde profesó también otra religiosa del mismo nombre, hija del rey D. Pedro.

D. Ramón Berenguer, hijo de D. Jaime II de Aragón, entró religioso en Castellón; y su hermana doña María en el monasterio de Monte Sión de Barcelona, del cual es considerada como una de las fundadoras; siguió la al mismo retiro su hermana doña Blanca, con autoridad pontificia que obtuvo de Clemente VI para dejar el hábito de San Juan. Una hija del citado D. Ramón Berenguer, llamada doña Juana de Espinosa, entró monja en Santo Domingo de Toledo.

Ya se habló de San Raimundo de Peñafort, que era oriundo de la casa de los condes de Barcelona, y del P. Albalate. obispo de Valencia y embajador del rey de Aragón, su pariente. En el mismo siglo distinguióse en la Orden D. García, hijo del rey de Navarra. El cardenal de Toledo, hijo de los duques de Alba, de quien también se hizo mérito, era primo del Rey Católico.

A familias más ó menos emparentadas con los reyes pertenecieron el P. Bernardino (antes Antonio) de Toledo, hijo de los condes de Villoria y marqueses de Aguilar, y los PP. Pedro y Juan Manrique, hijos del segundo conde de Osorio.

Honró asimismo á la Orden de Santo Domingo por sus virtudes, por sus escritos y por su predicación, el P. Ildefonso Enrique de Santo Tomás, hijo de Felipe IV, y más tarde obispo de Osma y de Málaga. Los reyes se han mostrado siempre benévolos a esta Orden esclarecida, asistiendo á sus capítulos, promoviendo las fundaciones, favoreciendo los estudios y dándole otras pruebas de estimación. Don Enrique II vistió el hábito de Dominico en su última enfermedad; con el mismo quiso ser enterrado el Rey Católico; mientras que su esposa doña Isabel rezaba las horas canónicas según el rito de la Orden de Predicadores. Finalmente, Felipe III llevó el hábito por devoción, y estableció la costumbre, hoy en práctica, de que todos los vástagos de los reyes sean bautizados en la misma pila bautismal en que lo fue Santo Domingo de Guzmán, su pariente.

No es menos significativa esta predilección en la dinastía de Portugal.

Ocupa con justicia el primer puesto Santa Juana, hija del rey Alfonso V, princesa jurada del reino, y regente gobernadora durante la expedición de su católico padre al África. Desde su niñez se consagró á Dios, y después de vencer los obstáculos que pueden suponerse, tratándose de una princesa joven, hermosa, honesta, solicitada por las cortes de Francia y Alemania para matrimonios ventajosísimos y heredera presunta del trono, se retiró al monasterio de Santo Domingo de Avero, donde hizo tales progresos en santidad, que, muerta á la edad de treinta y nueve años, fué beatificada por Inocencio XII.

Los dos infantes D. Sancho y D. García dieron también días de gloria á la Orden de Predicadores, en la cual profesaron, lo mismo que tres hijos del conde de Coimbra, nieto de D. Juan II, y otros tres hijos del conde de Portugalete.

D. Fr. Juan de Portugal, hijo del conde de Vimioso, y de la familia reinante, no sólo se distinguió por su ciencia y por su piedad, sino que sirvió de ejemplo eficaz para atraer á la misma Orden á su hermano D. Luis (en el claustro Domingo del Rosario) y á doña María, doña Beatriz ydoña Felipa, que fueron monjas Dominicas. El P. Antonio de Portugal, nieto de los primeros duques de Veragua; el P. Alonso Alencastre, hijo de los duques de Aveiro, y el Padre Dionisio de Alencastre, hermano de los condesde Obidos, también eran de sangre real, como San Gonzalo de Amarante, que pertenecía á la dinastía Pereira.

Confesores de reyes: —Otro blasón de la Orden de Predicadores es la constancia con que los reyes de España han confiado la dirección de sus conciencias a religiosos de la misma. Hemos visto a San Fernando llevando consigo a las campañas a su confesor San Pedro González Telmo, patrón de los marineros; hemos asistido a las victorias de D. Jaime el Conquistador, que llevaba por confesores á Dominicos de primera talla, á San Raimundo de Peñafort, primer auditor de la Rota romana por la corona de Aragón, y á los PP. Segaría y Fabra; D. Juan I de Portugal tenía por moderador de su conciencia, consejero y predicador al venerable P. Vicente de Lisboa, y al P. Lamprei, por manera que anduvo acertado el P. Mariana, refiriéndose al rey D. Enrique II de Castilla y a la Orden de Predicadores, cuando escribió: — «De cuya Orden tenían otrosí la costumbre los reyes de tomar confesor.» —Costumbre atestiguada por las leyes del Instituto y por la historia, que, desde San Fernando hasta Felipe IV, registra cincuenta nombres de Dominicos confesores de reyes, sólo en la corona de Castilla. Al beato Álvaro de Córdoba, confesor de doña Catalina, viuda del citado Enrique II, debió esta infortunada Reina el acierto con que se condujo para afianzar la corona de España en las sienes de D. Juan II.

Los nombres de los PP. Lope Barrientos y Luís de Valladolid, confesores de este Rey, están íntimamente enlazados con la historia patria, siquiera se considere solamente la parte que tomó el primero en la formación del príncipe y en el ruidoso suceso del marqués de Villena, y no se olvide que el segundo desempeñó embajadas difíciles.

Anduvieron siempre los Reyes Católicos rodeados de hijos de Santo Domingo, que dirigían su conciencia y educaban al príncipe en sus conventos. Alfonso de Burgos, virtuosísimo obispo y fundador, como se dijo, de San Gregorio de Valladolid; Tomás Matienza, Tomás Carbonel, predicador singularísimo y obispo de Sigüenza; el inolvidable Tomás de Torquemada, y sobre todo Diego Deza, que asistió a D. Fernando hasta el último suspiro, gozaron de ese favor, y respondieron con acierto á la responsabilidad inherente á tan delicado cargo. El emperador Carlos V, grande en todo, lo era también en la elección de las personas que ejercen poder y jurisdicción sobre la conciencia de los césares: el P. Juan Manuel, el esclarecido cardenal de Loaisa y Pedro Soto, la gloria del concilio de Trento, el organizador de las universidades extranjeras (Dellingen y Oxford), le alentaron en sus empresas, y contuvieron no pocas veces los ímpetus ardorosos del que, dueño de los destinos del mundo, murió voluntariamente en una celda, asistido y fortalecido por el Dominico Carranza.

Modelo de confesores de reyes, por su ciencia que brilló en Trento y en las cátedras universitarias, por su elocuencia arrebatadora, por su prudencia y demás virtudes cristianas, fue el P. Diego Chaves, maestro del insigne Báñez, confesor de D. Felipe II y de su esposa doña Isabel de Valois, y ayo y preceptor del infortunado príncipe D. Carlos. También dirigieron la conciencia de este monarca incomparable el expectable cardenal Javierre, y el historiador, predicador y consejero íntimo del rey, P. Fernando del Castillo. —Tenía Felipe III verdadera pasión por los hijos de Santo Domingo; consolábale la protección decidida que les dispensó en universidades y conventos, y tuvo por confesores al P. Gaspar de Córdoba y al P. Luís Aliaga, consejero e inquisidor general. Su hijo Felipe IV llamó á su lado con el mismo fin al P. Juan de Santo Tomás, religioso de Atocha, conocido en todo el mundo por sus inmortales obras, y más inmortal él mismo por sus virtudes que por su ciencia; al P. Antonio de Sotomayor, consejero de Estado y presidente del Consejo de Cruzada, y á los PP. Juan Martínez y José González. —De Carlos II fueron confesores el P. Juan Martínez, que lo fuera también de su padre, los PP. Matilla, Relus, Bayona, Torres y el perseguido P. Froilán Díaz.

En Portugal dirigió la conciencia del infante don Enrique y de la Reina, el rey de la elocuencia española, el venerable P. Fr. Luís de Granada, escritor, “fama super ætera notus”, como dice Nicolás Antonio. —D. Fernando de Aragón tuvo la dicha envidiable de tener por confesor al taumaturgo San Vicente Ferrer, de quien muy bien puede afirmarse que agotó el tipo del misionero cristiano, siendo á la vez político de pensamientos altísimos. Otros se distinguieron en este cometido, que no caben en los límites de este estudio.

Desde el advenimiento de la casa de Borbón puede decirse que los Dominicos dejaron de ser los confesores de los reyes. ¿Y qué podrían hacer al lado de los covachuelistas que tanto privaron entonces, y cómo hubieran podido contrarrestar el enciclopedismo de la corte, ni las intrigas de Alberoni y de Jiudice? Ya durante la minoría de Carlos II había conseguido suplantarlos la reina viuda doña María de Austria, exaltando al jesuíta alemán P. Nithard, luterano converso, a quien hizo inquisidor general. La caída del extranjero fue tan ruidosa como su inmerecida elevación.

Predicadores: —Se ha visto Que San Vicente Ferrer fue predicador de D. Fernando de Castilla, rey de Aragón, y el venerable Vicente de Lisboa, de don Juan I de Portugal. Para no repetir la memoria de los PP. Herrera, Resende, Fonseca, Avila, Padilla, Foreiro, Godoy y Portocarrero, notables todos ellos en las ciencias y en las letras, y predicadores de los reyes, habremos de ceñirnos á tributar un recuerdo á algunos otros que merecieron igual distinción. D. Juan II tuvo por predicador, consejero y confesor al P. Luís de Valladolid, inquisidor, teólogo del concilio de Constanza, á quien se debe la capitulación de Narbona, reformador infatigable de las costumbres públicas y depositario de la confianza del papa Martín V, como así se lo testifica Su Santidad en un afectuoso breve que le dirigió. El emperador Carlos V, además del P. Juan de Salamanca, nombró predicador suyo al P. Diego de Vitoria, hombre lleno del espíritu de Dios, inaccesible á las dignidades eclesiásticas, de profunda ciencia, acreditada en las cátedras, y de celo ardiente por la salud de las almas. Después de haber tronado en la corte contra la ambición y la lisonja, que pervierten las inteligencias, dedicóse a recorrer las provincias, con el fin de desterrar del pueblo el vicio feo y degradante del perjurio y la blasfemia, valiéndose para el objeto de la asociación ó cofradía del Nombre de Jesús.

No fueron menos notables el predicador predilecto de Felipe II, Fernando del Castillo, y el P. Agustín Saluces, que conmovía los pueblos, haciendo en todas partes ruidosas conversiones, y con pecho apostólico increpaba al severo monarca y le pedía cuenta estrecha de la mayordomía de la nación, que la Providencia le había confiado (Alúdese al hecho ya apuntado más arriba, cuando, quejándose de lo exorbitante de los tributos, le dijo: “Philippe, unde ememus panes ut manducent hii?”).

El Rey, conocedor de sus talentos, le confió la visita de las Ordenes de la Trinidad y la Merced, que llevó a cabo felizmente, muriendo después en olor de santidad. Fue el P. Alonso de Cabrera el primer orador de su tiempo, solicitado a porfía por los obispos para las misiones de sus diócesis, y predicador de Felipe II y Felipe III. Este último soberano nombró a diferentes Dominicos predicadores suyos; a Cristóbal de Torres, Jerónimo de Tiedra, José González y Agustín Dávila en Castilla y Aragón, a Pedro Calvo en Portugal. Los reyes Felipe IV y Felipe V (Este monarca se posesionó de Madrid el día de Santo Domingo,1706) tuvieron por predicadores á los PP. Francisco de Vivero, Domingo de los Reyes y Bernardino Membrisa.

En muchos pueblos de Aragón se conserva aún grata memoria del V. P. Antonio Garcés, misionero apostólico, predicador de Carlos III, reformador de las costumbres y fervoroso propagador del Rosario. Él compuso las oraciones u ofrecimientos que se dicen en este ejercicio santo. Inspiraba tanta veneración, que su sola presencia calmó el tumulto de Pamplona, cuando el Virrey intentó prender al Obispo y expatriarlo (1745). Su muerte, a la edad de setenta y dos años, fue un duelo general, corriendo todo Zaragoza, con las autoridades a la cabeza, á tributarle los últimos honores (1773).

José Tejera, predicador de Enrique III de Francia y de la reina Catalina de Médicis y escritor notable, era Dominico español.

(Capitulo XI de “La Orden de Predicadores, sus glorias en santidad, apostolado, ciencias, arte y gobierno de los pueblos” de Mons. Ramon Martinez Vigil OP, obispo de Oviedo).

(Imagen: "Las Postrimerías de San Fernando", de Virgilio Mattoni. San Fernando III es asistido por San Pedro Gonzalez Telmo, su confesor, mientras asiste a la Santa Misa).

Relativismo. Cómodo pero muy peligroso

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Me he encontrado esto navegando por internet. Me ha resultado interesante y ahí lo dejo por si a alguien sirve. 
¿QUÉ ES EL RELATIVISMO? TIPOS. 
1. ¿Hay verdades objetivas o todo depende de lo que uno piense? Las cosas son como son, y cada uno las interpreta a su manera acercándose más o menos a la realidad. Aunque Dumbo sea una buena película, en realidad los elefantes no vuelan. 
2. ¿Todo es opinable? Se puede opinar sobre cualquier cosa, pero no todos los pareceres son ciertos. Se puede opinar que los hombres no mueren o que no existe Pekín, pero son ideas equivocadas. 
3. ¿Da lo mismo una opinión que otra?
  • En cuanto a su contenido, serán mejores las opiniones más cercanas a la realidad. 
  • En cuanto a quien opina, serán más valiosos los comentarios de personas sinceras y entendidas en la materia.
4. ¿Qué es el relativismo? El relativismo es la postura o teoría de rechazar la existencia de verdades y defender que todo es opinable, que todo depende del punto de vista. (Pero si no hay verdades tampoco el relativismo es verdadero). 
5. ¿No depende todo del punto de vista? El punto de vista puede fijarse más en un aspecto u otro, y acertar más o menos con la realidad. Pero la realidad es como es, con independencia de quien mire. 
6. ¿No depende todo de la cultura? (relativismo cultural).- Cada cultura puede acertar más o menos con la realidad. Pero la realidad no depende de las culturas. Por ejemplo, el teorema de Pitágoras es una verdad universal y no sólo para los triángulos de su pueblo. 
7. ¿Qué problemas ocasiona el relativismo? El relativismo origina serias dificultades: 
  • Frena la búsqueda de la verdad: Si da lo mismo una teoría u otra, se deja de investigar. 
  • Surgen las más fuertes dictaduras: si todo es opinable, se ejecutará lo que decida el más fuerte. 
  • Se fomenta el egoísmo: en vez de interesarse dando una orientación, se puede pensar "allá tú con tus opiniones". 
  • Se desprecia la experiencia y el consejo de otros, y el hombre queda solo.
8. Relativismo religioso: ¿da lo mismo una religión que otra? No, no. Todas las religiones tienen aspectos buenos y correctos. Pero no todos los caminos son igualmente válidos.  
9. Relativismo moral: ¿da lo mismo obrar de una manera o de otra? Obviamente no es igual asesinar y robar que consolar y servir. 
10. ¿Cómo encontrar la verdad? Este es el problema. La verdad se encuentra mediante la inteligencia. Pero nuestro entendimiento juzga a veces erróneamente -por ejemplo, dejándose influir por las pasiones-. ¿Entonces? La mejor manera de buscar la verdad sigue tres pasos: 
  • El estudio serio de las cosas, empleando bien la propia inteligencia. 
  • Pedir consejo a personas de vida ejemplar, aprovechando su sabiduría. 
  • Rogar humildemente a Dios su ayuda. Él es la Verdad.
Jorge de profesión cura.

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Ecumenismo y falso irenismo

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El “irenismo” define una actitud pacífica y conciliadora. Nada hay de malo en ello. Pero una cosa es “irenismo” y otra “falso” irenismo. El irenismo falso finge la paz y la conciliación, no la busca. Vive en el simulacro, en la falta de verdad, en el engaño.

El concilio Vaticano II dice, en el número 11 del Decreto Unitatis redintegratio, que “no hay nada tan ajeno al ecumenismo como ese falso irenismo que daña la pureza de la doctrina católica y oscurece su sentido genuino y cierto”. La pureza doctrinal, la exposición clara de “toda la doctrina”, es esencial para la causa ecuménica, para la relación entre las comunidades cristianas. Relación que tiene como meta “el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los cristianos” (Juan Pablo II, Ut unum sint, 77).

Un catolicismo doctrinalmente aguado no sirve a la unidad. Realmente, no sirve para nada, más que para generar confusión y ruptura. Sería más fácil, pienso, comprender a un protestante que fuese coherente con el patrimonio doctrinal de su confesión que a un católico que negase, o reinterpretase a su capricho, todos o casi todos los artículos del Credo.

Los teólogos tienen, en el campo del ecumenismo, un importante papel que jugar. A ellos corresponde, como también pedía el Concilio, explicar “con mayor profundidad y exactitud” la fe católica, con “una forma y un lenguaje que los hermanos separados puedan comprender también rectamente”.

Tres actitudes deben animar el trabajo de los teólogos: el amor a la verdad, la caridad y la humildad. La revelación divina, y, en cierto modo, la doctrina que la expresa e interpreta, no son una propiedad del teólogo, de la que pueda disponer libremente. La verdad de la fe viene de Dios, es una participación en la misma Verdad que es Dios. Y esa verdad divina es salvación para el hombre. El amor a la verdad es, pues, expresión del amor a Dios y del amor a los hombres. Es signo de caridad. De ahí que jamás deban separarse verdad y amor, verdad y caridad.

La conciencia de ser destinatarios de una verdad que es don de Dios a su pueblo ayudará a los teólogos, y a los demás creyentes, a vivir en la humildad al desempeñar su tarea de profundizar en las insondables riquezas de Cristo.

Guillermo Juan Morado
Doctor en Teología

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Dios es Padre de todos los hombres

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San Pio V

225° Papa della Chiesa Cattolica; inizio Pontificato: 7, 17. I. 1566; fine Pontificato: 1. V. 1572; nome secolare: Antonio (Michele) Ghisleri; nascita: Bosco (Alessandria).

Dios es Padre de todos los hombres

CATECHISMUS ROMANUS seu Catechismus ex decreto Concilii Tridentini ad parochos, Pii V Pontificis Maximi iussu editus, 4, 9, 2.

Cuál es la primera razón por que los cristianos llaman Padre aquí justamente a Dios.

Y [el párroco] sacará materia abundante para enseñar a los fieles las razones por que conviene a Dios el nombre de Padre, de los tratados de la creación, de la providencia y de la redención. Porque, habiendo Dios creado al hombre a su imagen, y no habiéndola grabado en los demás animales, por virtud de este don singular con que distinguió al hombre, con mucha razón se llama en las Sagradas Letras Padre de todos los hombres, no sólo de los cristianos, sino también de los infieles (cf. Dt 32, 6; Is 63, 16; Mal 1, 6, et in Novo Test. passim).

[Latine] Quae sit prima ratio ob quam hómines Deum mérito Patrem hic appellent.

Quibus autem ratiónibus Patris nomen Deo conveniat, suppeditavit facultas docendi fidelem pópulum ex locis creationis, gubernationis ac redemptionis. Nam cum Deus creáverit hóminem ad imáginem suam, nec illam céteris animántibus impertíverit; ex hoc singulari múnere, quo hóminem ornavit, iure omnium hóminum, nec fidelium modo, sed etiam infidelium Pater in divinis Scripturis appellatur (cf. Deut XXXII, 6; Isai LXIII, 16; Malach I, 6, et in Novo Test. passim).

SACRA SCRIPTURA

Liber Deuteronomii 32, 6

«¿Es ése el pago que dais a Yahveh, oh pueblo necio e insensato? ¿No es Él tu padre, que te creó, Él quien te hizo y te ha afirmado?».

[Latine] «Haeccine redditis Domino, / popule stulte et insipiens? / Numquid non ipse est pater tuus, qui possedit te, / ipse fecit et stabilivit te?».

Liber Isaiae 63, 16

«¡Pues Tú eres nuestro padre! Ciertamente, Abraham no nos conoce ni nos reconoce Israel. Tú, Yahveh, eres nuestro padre; “nuestro redentor desde tiempo antiguo” es tu nombre».

[Latine] «Tu enim pater noster. / Abraham enim nescit nos, / et Israel ignorat nos; / tu, Domine, pater noster, / redemptor noster: a saeculo nomen tuum».

Prophetia Malachiae 1, 6

«El hijo honra al padre y un servidor a su señor; si, pues, padre soy Yo, ¿dónde está mi debida honra? Y si soy señor, ¿dónde está mi temor debido?, dice Yahveh Sábaoth, a vosotros, sacerdotes, menospreciadores de mi Nombre. Pero decís: “¿En qué hemos menospreciado tu Nombre?”».

[Latine] «Filius honorat patrem, et servus dominum suum. Si ergo pater ego sum, ubi est honor meus? Et si Dominus ego sum, ubi est timor meus?, dicit Dominus exercituum ad vos, o sacerdotes, qui despicitis nomen meum et dicitis: “In quo despeximus nomen tuum?”».

Fuente: nucleodelalealtad.blogspot.mx

Los Católicos han Extraviado el Mundo Sobrenatural

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Se desvanece el mundo que comunica con la gracia.

En una de las pocas en que hemos insistido en dar opinión ha sido que existe una realidad más allá de nuestros sentidos, un mundo sobrenatural que completa la realidad. Y son los ángeles las criaturas que tenemos más a mano para que nos asistan a movernos en esa realidad ampliada.


Los católicos hemos hecho un largo camino en el siglo pasado de soslayar esta realidad, en atención a lo que algunos han bautizado como una fe madura.

No se si estamos volviendo a creer en esta realidad sobrenatural; es posible que en algunos lugares de mundo si y en otros no. Pero en todo caso, el indicador que quizás sea cuanto gente recita la oración a San Miguel Arcángel, que fue retirada de la misa como consecuencia de la reordenación del Concilio Vaticano II.



LA PÉRDIDA DE LA VISIÓN DEL MUNDO SOBRENATURAL

Los cristianos hemos ido perdiendo nuestra creencia en el mundo sobrenatural, por eso hoy nuestra religión y el mundo en general necesitan de los ángeles, porque son los que no recuerdan diariamente con sus acciones, que nuestra religión no tiene que ver simplemente con tratar de ser buena gente y hacer un mundo mejor, sino que en realidad trata de nuestra marcha hacia un mundo mejor que no es acá en la Tierra, el que ya está presente entre nosotros a través de los propios ángeles.

Nuestro problema es que hemos dejado de creer en la visión del mundo invisible. Debido a nuestra época utilitaria y económicamente eficiente, no nos hacemos tiempo para reflexionar sobre eso.

Incluso llegamos a tener vergüenza de reivindicar el mundo sobrenatural aún en nuestra religión, y así minimizamos por ejemplo el poder sobrenatural de los sacramentos y el poder de la oración, viéndolos simplemente como un requisito formal de la religión o un hábito que tranquiliza nuestra conciencia.

En realidad, hemos convertido nuestra fe en una especie de moralismo, de deísmo y de terapia para curar nuestras emociones y nuestras inclinaciones, en nuestro afán de empujar para que nuestra fe católica sea relevante para la mayoría de la población del mundo.

Es más, en la vida diaria, si bien la mayoría de las veces no dudamos de la existencia de Dios – dudas que a veces es natural nos asalten a los cristianos -,  muchas veces tendemos a pensar que Dios en realidad está en su mundo y que no interfiere demasiado en nuestro mundo, salvo que nosotros estemos constantemente presionándolo, y en ese proceso de presión es qué nosotros nos vamos sanando a nosotros mismos, pero por la presión que hacemos sobre nuestras emociones.

Es así que entendemos que catolicismo es en realidad tratar de ser mejores personas y hacer de este mundo un lugar mejor. Y es tanto nuestro empuje por hacer el bien, por llegar a ser buenas personas y por hacer de este mundo un lugar más acogedor, qué realidad nos estamos olvidando de que este mundo es la preparación para un mundo mejor fuera de aquí, que este no es el mundo definitivo en el que viviremos toda la vida.

Y es en este sentido que los ángeles nos recuerdan que hay más cosas aquí en la tierra y también en el cielo de lo que lo que señalan nuestras pobres filosofía del mundo.


LOS ÁNGELES SON GRANDES ACTORES DEL MUNDO SOBRENATURAL

Los ángeles traen del Cielo a la Tierra el mensaje de que el hijo de Dios está volviendo físicamente a la Tierra y que hay un mundo invisible al que podemos recurrir diariamente y en todo momento, no sólo para darnos paz, sino fundamentalmente para actuar en el mundo, a través de pedirles auxilio a los ángeles.

En definitiva son los ángeles los que nos permiten ver la realidad con ojos de eternidad, son quienes que nos permiten abrir la imaginación, nuestra mente, nuestro corazón y si por ahí logramos la bendición de comunicarnos físicamente con el mundo sobrenatural, veremos la realidad tal cual es.
Piensa en el jardín del edén, en el paraíso que se nos presenta en el apocalipsis: los ángeles son grandes actores del drama de nuestra salvación.

Así los vemos luchando al lado de los patriarcas, de los profetas, caminando con los israelitas hacia la tierra prometida, y son los propios ángeles quienes anuncian la venida del Hijo de Dios, en la plenitud de los tiempos.

El ángel del Señor se presenta Zacarías para anunciarle a San Juan Bautista. El ángel Gabriel llega hasta María y le anuncia la venida de su hijo nuestro salvador. Y también se le aparece a José para asegurarle el relato de la concepción sobrenatural de Dios en María.

Los ángeles no pueden contener su jolgorio cuando el Señor nace; llaman a los pastores a presenciar el hecho y cantan canciones de alabanza todo el tiempo.

También son los que asisten a los Reyes Magos para llegar hasta Belén y luego para irse por otro camino para evitar peligros.

No son solo mensajeros  sino que ellos con su acción nos llevan adorar al Hijo de Dios, y velan por nosotros como guardianes y como guías en el camino.

Esta época navideña nos recuerda que el catolicismo debe ser profundamente místico para captar la realidad última que vivimos en la tierra, y rescatarnos del minimalismo realista que da por sentada una realidad que únicamente es la que podemos captar con nuestros sentidos físicos.


EL LLAMADO A VOLVER A LA ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Es por estos riesgos del minimalismo y por también por los riesgos físicos que en algunas parroquias y algunos fieles ha comenzado recitar nuevamente la oración a San Miguel Arcángel luego de terminada la misa.

Quien esto escribe recita diariamente la oración a San Miguel Arcángel una vez que el sacerdote termina diciendo “… pueden ir en paz” y los fieles contestan “demos gracias a Dios”.
La invocación a San Miguel Arcángel es para que nos proteja de los peligros físicos y de los peligros de la caída en el minimalismo.

En realidad con esta oración no estamos pidiendo solamente que nos proteja de ataques físicos, sino que nos proteja también del orgullo, la envidia, la pereza, la avaricia, la lujuria, la gula, la ira, qué son los desajustes y las trampas espirituales con las que el maligno busca nuestra perdición.

Estos son nuestros puntos débiles, pero también son cosas que nos llegan desde afuera, que actúan sobre nosotros, y que no nos debe permitir el lujo de ser pasivos, sino activos para contrarrestarlos.
No se trata se entrar al mundo encantado de hadas y gnomos, sino que se trata de ser conscientes de la lucha entre poderes extra humanos, que como dice San Pablo nuestra lucha contra los principados y potestades: los demonios (Ef 6:12).

Porque queramos o no, estamos inmersos en esa lucha, no podemos salirnos, y cuanto antes nos demos cuenta, será mejor para la salvación de nuestra alma.

Cuando recitamos la oración a San Miguel Arcángel recuperamos el dominio del mundo total, del natural y del sobrenatural porque son uno sólo, el que nos fueron incautando los ultra materialistas y también quienes delinearon un paisaje totalmente humano de las pasiones del alma, como Freud por ejemplo.

En esta oración recordamos que estamos sujetos a una lucha cósmica entre las fuerzas de Dios y las fuerzas del maligno, y nos da las armas para luchar contra nuestras inclinaciones del alma, como pueden ser los deseos sexuales desordenados, las ambiciones de poder, la avaricia, los celos, etc.

Porque en realidad esas cosas también son provocadas externamente a nosotros, porque no somos flores de invernadero, sino que estamos inmersos en un ambiente, expuestos a las inclemencias del mundo natural y sobrenatural a la vez.

Desde el principio el objetivo central de los ángeles caídos ha sido la seducción y llevar a la ruina a las almas humanas.

Una forma de verlo es que estamos viviendo en una tierra donde están tratando de darnos caza, pero estamos siendo protegidos por ejércitos de ángeles.

Pero lamentablemente una gran cantidad de los católicos se ponen en guardia cuando se habla de los ángeles buenos y malos en lucha, pensando que el escenario de una lucha entre fuerzas invisibles del bien y del mal es un concepto pre moderno.

Hay quienes oponen lo que llaman una fe madura a una fe infantil y consideran que creer que existe un mundo sobrenatural, más allá de la transustanciación de la eucaristía, es de niños.
La iglesia desmontó oficialmente la recitación de la oración a San Miguel Arcángel junto con la minimización en las iglesias de las estatuas, pinturas y vitrales que señalaban el énfasis en esta lucha contra potestades y principados, como consecuencia del Concilio Vaticano Segundo.

Aunque en él se habló elogiosamente de la religiosidad popular y de lo sobrenatural, el efecto fue reducir su impacto en el catolicismo.

En realidad comenzó a primar la visión del diablo y sus fuerzas como una representación de mitos pre científicos qué explican psicológicamente y físicamente el mundo para que podamos adaptarnos, en lugar de ver que en realidad existe un ataque y una defensa a los seres humanos de parte de seres angelicales, los primeros malos y los segundos buenos.

Ya en 1994 el Papa Juan Pablo II pidió a los católicos recitar de vuelta la oración de San Miguel Arcángel, porque se ha puesto en evidencia el ataque cada vez más concertado hacia los humanos a través del aborto, la pornografía, el matrimonio del mismo sexo, el divorcio sin culpas, la eutanasia, etc.

¿Estamos volviendo?. ¿Cada vez más católicos comunes piensan que es correcta la antigua concepción de una lucha entre la fuerza de Dios y las fuerzas demoníacas sobre los seres humanos en la Tierra?

No lo se en realidad ¿que opinas tu?

Si fuera, así nos permitiría reconstruir la realidad, interpretando que toda esta locura que vemos y con la que nos enfrentamos no son fantasmas de nuestras almas torturadas, sino que es parte de un escenario de lucha que se produce en un campo que nosotros no vemos, pero en el que estamos inmersos.

Pero además nos haría más conscientes de que las fuerzas angelicales nos ayudan a movernos en el mundo, porque los católicos sabemos que no podemos confiar solamente en nosotros mismos, ni tampoco confiar en qué podemos elegir correctamente entre el bien y el mal en cada situación.
En definitiva este tiempo es propicio para recordarnos la presencia de los ángeles a través de toda la historia del mundo, qué contamos con ellos y que son los que nos defienden en esta lucha contra los principados y potestades.

ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Se nuestro amparo
contra la perversidad
y acechanzas del demonio.
¡Reprímele Dios!
pedimos suplicantes.
Y tú,
¡Oh Príncipe de la Milicia Celestial!,
arroja al infierno,
con el divino poder,
a satanás
y a todos los espíritus
malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.

Amén.

Glorioso San Miguel Arcángel,
protégenos.

Señales del Espíritu Diabólico. Fr. A. Royo Marin OP

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Examinadas las características del espíritu de Dios, es fácil determinar las del espíritu de las tinieblas. Son, como es obvio, diametralmente opuestas y contrarias. Por eso es fácil distinguirlas cuando se presentan de una manera descarada y manifiesta.
Pero es preciso tener en cuenta que el enemigo infernal se disfraza a veces de ángel de luz, y sugiere al principio buenas cosas para disimular por cierto tiempo sus arteras intenciones y asestar mejor la puñalada en el momento oportuno cuando el alma esté más desprevenida. Por eso hay que proceder con cautela, examinando los movimientos del alma en sus orígenes y derivaciones y no perdiendo nunca de vista que lo que empezó aparentemente bien puede acabar mal, sí no se corrigen y enderezan en el acto las desviaciones que empiecen a manifestarse.
La labor del director para con todas estas almas ha de consistir principalmente en tres cosas: 1ª hacerles entender que son juguete del demonio y que es menester que se armen prontamente para defenderse contra él; 2ª sugerirles que se encomienden mucho a Dios y le pidan continuamente y de corazón la gracia eficaz para vencer los asaltos del espíritu de las tinieblas, y 3ª que al sentir el asalto diabólico le rechacen rápidamente y con desprecio, haciendo actos contrarios a los que trataba de impulsarles.
He aquí las señales manifiestas del espíritu diabólico:

A. ACERCA DEL ENTENDIMIENTO.

1º Espíritu de falsedad. A veces sugiere la mentira envuelta en otras verdades para ser más fácilmente creído.
2º Sugiere cosas inútiles, curiosas e impertinentes para hacer perder el tiempo en bagatelas, distrayendo y apartando de la devoción sólida y fructuosa.
3º Tinieblas, angustias, inquietudes; o falsa luz en la sola imaginación, sin frutos espirituales.
4º Espíritu protervo, obstinado, pertinaz. No da nunca el brazo a torcer. Gran señal.
5º Indiscreciones continuas. Excita, por ejemplo, a los excesos de penitencia para provocar la soberbia o arruinar la salud (Cuando Dios pide al alma grandes austeridades, se nota claramente ser ésa su divina voluntad por el conjunto de circunstancias. Y siempre da, a la vez, las fuerzas suficientes para llevarlas a cabo); no guarda el debido tiempo (v.gr., sugiere alegrías el Viernes Santo o tristezas el día de Navidad), ni el debido lugar (grandes arrobamientos en público, jamás en secreto), ni las circunstancias de la persona (v.gr., impulsando a los solitarios al apostolado, y a los apóstoles al retiro y soledad, etc.). Todo lo que vaya contra los deberes del propio estado viene del demonio o de la propia imaginación, jamás de Dios.
6º Espíritu de soberbia. Vanidad, preferencia sobre los demás, etc.

B. ACERCA DE LA VOLUNTAD.

1. Inquietud, turbación, alboroto y zozobra en el alma.
2º Soberbia. O falsa humildad: en las palabras y no en las obras, o llenando al alma de turbación y alboroto, incapacitándola para el ejercicio de la virtud. Abatimiento de espíritu.
3º Desesperación, desconfianza y desaliento. O bien presunción, vana seguridad y optimismo irracional, atolondrado e irreflexivo.
4º Desobediencia, obstinación en no abrirse al director, penitencias de propio capricho dejando las obligatorias, dureza de corazón.
5º Fines torcidos: vanidad, complacencia propia, ganas de ser apreciado y tenido en mucho.
6º Impaciencia en los trabajos y sufrimientos. Resentimiento pertinaz.
7º Desconcierto y rebelión de las pasiones por motivos fútiles y causas desproporcionadas; ofuscación violenta de la razón; impulsos pertinaces de voluntad hacia el mal.
8º Hipocresía, doblez, simulación. El demonio es el padre de la mentira.
9º Apego a lo terreno, a los consuelos espirituales, buscándose siempre a sí mismo.
10º Olvido de Cristo y de su imitación.
11º Falsa Caridad, celo amargo, indiscreto, farisaico, que perturba la paz. Son los eternos reformistas, que ven siempre la paja en el ojo ajeno y nunca la viga en el suyo (Mt. 7,3).

(“Teologia de la Perfeccion Cristiana”, L II, III, cap 5, apéndice del art. 5, fray Antonio Royo Marin OP).
(Imagen: Santo Domingo y el demonio por Pietro della Vecchia).

Los Manuscritos Iluminados

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(...)
Los manuscritos iluminados fue un término que se les dio a las impactantes páginas doradas de los libros y manuscritos. Gracias a su belleza, eran utilizados para difundir la palabra. Estos escritos tuvieron un gran significado religioso, eran utilizados no solo por los cristianos, sino también por los judíos y musulmanes. Gracias a su tamaño era muy práctico en el momento de trasportarlo. En pocas palabras los manuscritos o libros iluminados son todos aquellos escritos producidos durante el periodo medieval que están adornados con oro o plata e ilustraciones, hechos totalmente a mano.

Su producción era muy lenta, además de costosa debido a los finos materiales que se usaban en su elaboración. Se requerían de piel de borrego, tinta preparada con fino hollín para el negro, o para la roja agua con tiza roja o sanguínea. Para Iluminación y producción de diferentes colores se utilizaban sustancias minerales, vegetales y animales. Utilizaban tablas de madera forradas en cuero, con incrustaciones de piedras preciosas, para dar forma a las pastas. El oro y la plata se podían aplicar de dos maneras; en polvo o como una final lamina colocada sobre una base adhesiva.

Los eruditos hacían el papel de editores y directores de arte, eran llamados Scrittori, quienes debían tener un amplio conocimiento en griego y latín. Lo acompañaban un copista, encargado de los textos, era un trabajo arduo y en ocasiones doloroso, ya que pasaban gran parte del día encorvados escribiendo. También lo acompañaba un ilustrador, encargado de realizar las imágenes que acompañaban el texto.
Al igual que en cualquier proceso de diseño, se tenía en cuenta la composición tanto para el texto coma para la ilustración, ya que la finalidad del libro o manuscrito era crear sensaciones místicas y espirituales.
La producción de estos libros y manuscritos durante los mil años que duro la edad media, creo nuevos estilos, diseños, ilustraciones y técnicas que poco a poco fueron evolucionando. Los monasterios se trasformaron en centros de actividad cultural, educacional e intelectual, en donde también se enseñaba la creación de dichos documentos. Algunas de las escuelas más representativas en la producción de manuscritos fueron las que contribuyeron con más innovaciones al diseño grafico.

 En la época de Julio cesar más de 700 mil de estos libros y manuscritos fueron quemados durante el incendio de la biblioteca griega de Alejandría. Algunos pocos aun se conservan y muestran su magnífico diseño acompañados con ilustraciones pequeñas sencillas y final.

La invención del pergamino, abrió nuevas puertas a la producción de nuevos diseños e ilustraciones. En el siglo III, se logro un deslumbrante efecto de diseño sobre pergamino, en los primeros manuscritos cristianos. El pergamino era cubierto con un purpura intenso y se rotulaban con oro o plata, produciendo de esta manera las páginas más elegantes en la historia del diseño gráfico.

(...)
Con el tiempo, la producción de estos manuscritos y libros fue evolucionando, al igual que su tipografía, de un estilo complejo paso a un sencillo y rápido, con el fin de facilitar su escritura.


Publicado por Silvia S.A.

VIRGENCITA PLIS, CONCÉDEME EL MILAGRO.

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Confieso que me ha hecho gracia, pero la gracia se hizo amargura cuando el infomercial ofrecía un producto promocionado desde hace un año. Por lo pronto, al ver televentas.com me sorprendí de ese invento novedoso por tener la voz del beato Juan Pablo rezando el santo rosario, un instrumento de bolsillo, ligero y resistente. Utilizarlo es simple – dice la promoción- una vez seleccionado el día de la semana, solo presiona un botón y la voz del Papa Juan Pablo II comienza a orar con ustedes y a recordar todos los misterios del Santo Rosario.

En diciembre de 2011, Religión Digital dio cuenta del rosario electrónico:

(http://www.periodistadigital.com/religion/musica/2011/12/20/religion-iglesia-edibesa-rosario-electronico-juanpabloii.shtml de Edibesa).

 Esa misma editorial lanzó a la venta el Jesusito de peluche que dice oraciones:

 http://www.edibesa.com/ficha.php?id=949

Para niños de más de tres años, baterías incluidas, y, por si fuera poco, otro de menor tamaño para la cuna de los bebés; otro peluche, el de la virgen María, cuyo precio es de 25 euros, unos 450 pesos, garantiza su presencia en la habitación de los bebés y rezar el santo rosario :

http://www.edibesa.com/ficha.php?id=952.

A esos curiosos productos se suman otros, las imágenes caricaturizadas de los principales símbolos religiosos. Todos conocemos, para algunos atractiva, para otros insolente, a la virgen Distroyer de Amparín. La imagen pretende, desde mi perspectiva, ofrecer una representación más amable de la virgen de Guadalupe, de manera que los jóvenes pueden tener una estampa al cual dirigir sus necesidades. Las leyendas, “virgencita plis”, hacen que sus poseedores soliciten favores triviales y mundanos, como cuidar la mochila, mejorar la figura u obtener cosas sin importancia propiciando la idea de que el santito y virgencita son puestos al servicio de sus propietarios para obtener ganancias, bienes o situaciones favorables.

Además, otros sitios como cuidameplis.com han hecho todo un panteón de santitos en caricaturas para toda ocasión. Ahí, quien busca esta especie de amuletos, pueden elegir entre san juditas, lupis, sor porfitas o fatimita, para solicitarle su favor y esté bien protegido, ¿contra qué? Sólo sabrá su poseedor, pero, en el ánimo secularista, es llevar una religión acomodada a modo, una religión sin compromiso, de la cual Dios es el mero propinante de deseos.

Nuestra sociedad, en la explosión de cultos y de nuevos movimientos religiosos, ha generado todo un mercado idolillos para satisfacer cualquier gusto. En un aspecto más refinado, la imagen de los santos y de la Virgen de Guadalupe, al no ser objeto de propiedad intelectual, son tomados para que, alternativamente, la mercadotecnia cree iconillos como marca registrada generadores de ganancias gracias a la superstición y a la ignorancia religiosa que atribuyen a esos amuletos caricaturizados propiedades mágicas, cuasidivinas y milagreras que hacen que la virgencitaplis, el rosario electrónico y los santitos sean equivalentes a una pata de conejo, a las cadenas de ajos, a los cuarzos o piedritas magnéticas que encierran los secretos del universo; claro, el gran milagro sí se realiza sólo para las empresas, los creadores y dueños de los derechos respectivos.

La cultura light impactante ha desvanecido el significado evangelizador de las imágenes y representaciones de los santos. A nadie le importa el mensaje intrínseco que pueda guardar un icono. Muchos católicos ignoran la iconografía de los santos y el por qué de su representación cuyos símbolos encierran el significado de una vida no pocas veces ligada a los sinsabores y al dolor que pueda tener cualquier existencia humana. La representación icónica, es sabido, lleva toda una teología que remite a lo sacro y anima la liturgia de la Iglesia, sea público o privado; en consecuencia, la imagen santa proyecta a la celebración del misterio de Cristo, Hijo de Dios encarnado, muerto y resucitado.

En las imágenes de los santos se comprende la fe en el misterio del resucitado. No es simplemente la representación de alguien, es también la proyección del misterio que encierra. No son eidola, imágenes sin profundidad, son símbolos que hacen pensar en aquello que no puede ser representado. Pensemos en el icono de Guadalupe, la mujer vestida de Sol, una representación que encierra la cosmovisión indígena de los conquistados, pero impactante por el misterio envolvente, la de Cristo no nato, encarnado en las entrañas de María. Los ornamentos de la Virgen, en vastos estudios, implican toda esa síntesis de movimiento y de fertilidad, de presencia de Dios y del inicio de una nueva era y de la presencia de la Madre definida, después, como la primera evangelizadora de América quien porta, personalmente, la presencia de Dios.

Algunos podrán estar a favor de esas nobles propuestas del rosario electrónico y las caricaturas de los santitos; otros podrán rechazarlos al argumentar una trivialización de las representaciones sacras. No hay duda que sus creadores se han valido de algo muy querido por los cristianos católicos para hacerlos marca, es decir, creaciones protegidas por derechos exclusivos y puestas en el mercado para generar ganancias gracias a la compraventa de las ideas. La superstición es la garantía de esos beneficios económicos y, aunque quisieran tener un fin noble, el ídolo, eidolon, es representación vacía y facilitadora del sentimentalismo cuasirreligioso e irreal basado en una confianza desmedida del poder que el usuario tiene para manipular a la divinidad a su antojo.

Quizá alguien me diga que es cuestión de gustos; tal vez sí, pero prefiero ser formado por la pedagogía de un icono que por una mera baratija producto de las modas y marcas que sirven más de artilugios y amuletos que ser signos de la verdadera fe y devoción… Virgencita plis, concédeme el milagro.

Guillermo Gazanini Espinoza
Secretario General del Consejo de Analistas Católicos de México. 

Las Capacidades del Demonio no lo hacen Mejor

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SOBRE LAS PREDICCIONES DE LOS DEMONIOS
de San Agustín de Hipona

Se ha de saber que la naturaleza de los demonios es tal que por los sentidos de su cuerpo aéreo fácilmente son superiores a los sentidos de los cuerpos terrenos; también en velocidad, a causa de la superior agilidad de su cuerpo aéreo, superan de lejos, no solo la carrera de cualquier hombre o animal, sino también el vuelo de las aves.50

Dotados con estas dos cualidades propias de su cuerpo aéreo, o sea, la agudeza de los sentidos y la rapidez de movimiento, prenuncian o anuncian muchos hechos que conocen antes, los cuales maravillan a los hombres por la limitación de sus sentidos terrenos.

En los demonios se une además, por el tan largo tiempo en el cual se desarrolla su vida, una experiencia del mundo muy superior a la que pueden adquirir los hombres por la brevedad de su vida.

Gracias a estos poderes que surgen de la naturaleza de un cuerpo aéreo, los demonios no sólo predicen muchos hechos futuros, sino que también hacen muchas maravillas. Puesto que los hombres no pueden decirlas ni hacerlas, algunos, incitados sobre todo por el vicio de la curiosidad, por deseo de una falsa felicidad terrena y una superioridad efímera, consideran a los demonios dignos de que se les sirva y que se les ofrezca honores divinos.

El demonio no es más digno que el hombre. 

Pero aquéllos que se liberan de tales deseos, ni se dejan engañar ni capturar por ellas, sino que buscan y aman lo que siempre es inmutable y de cuya participación son felices. Ante todo consideran que los demonios no deben ser puestos por encima de ellos por el hecho que prevalecen por la agudeza de sus sentidos de cuerpo aéreo, o sea de un elemento más ligero.

Porque no consideran que ni respecto a sus cuerpos terrenos sean superiores los animales, que presienten más agudamente muchas cosas, como el perro sagaz, porque con afinadísimo olfato encuentra un animal escondido, guiando al hombre para capturarlo, no por una inteligencia superior del alma, sino por un sentido corporal más agudo; o el buitre, porque se arroja desde una distancia insospechada sobre un cadáver abandonado; ni el águila, porque volando alto, se dice que distingue desde tal altura un pez nadando bajo las olas y arrojándose con violencia sobre las aguas lo atrapa sacando patas y uñas; ni a muchos otros géneros de animales, que vagan pastando entre hierbas nocivas para su salud, y no tocan las que les dañan; mientras que el hombre apenas ha aprendido por experiencia a evitarlas y teme muchas inocuas que desconoce.

De aquí es fácil conjeturar cuánto más agudos pueden ser los sentidos en los cuerpos aéreos. Sin embargo no por esto un hombre prudente consideraría que los demonios, que están dotados de ello, sean superiores a los hombres buenos.

Lo mismo diría sobre la rapidez de sus cuerpos, pues por esa ventaja los hombres son superados no solo por las aves, sino también por muchos cuadrúpedos, tanto que en comparación con ellos serían considerados de plomo. Pero no por esto ellos piensan que estas especies de animales se deben poner por encima de ellos, a las cuales capturan, domestican y ponen al servicio y provecho de su propia voluntad, dominándolas, no con la fuerza del cuerpo, sino de la razón.

Los cristianos deben despreciar esas capacidades demoniacas.

A aquella tercera capacidad de los demonios, por la cual han aprendido con su larga experiencia del mundo a cómo conocer antes y predecir muchas cosas, de tal modo la desprecian quienes se preocupan atentamente por separarlas de la verdad de la auténtica luz, que los jóvenes honestos no consideran que los aventajen los viejos malvados, expertos en muchas cosas, y por ello aparentemente más sabios; ni piensan que los médicos, marineros, agricultores, que se hunden en las malvadas costumbres de su depravada voluntad, deban aventajarles por el hecho que predigan tantas cosas sobre las enfermedades, sobre las tempestades, sobre toda clase de árboles y sus frutos, que para el inexperto en estas cosas parecen adivinar.

Respecto al hecho que los demonios no sólo predicen algunos hechos futuros sino que incluso obran maravillas, sin duda gracias a la superioridad de su cuerpo: ¿por qué no ha de ser despreciada por los prudentes, siendo que muchos hombres inicuos y corruptos de tal modo ejercitan sus cuerpos y son capaces de tantas cosas en diversas artes que quienes las desconocen y nunca las han visto apenas las creen cuando se les relata? ¿Cuántas cosas dignas de admirar han hecho los equilibristas y los artistas del teatro, cuántas los artesanos y sobre todo los ingenieros? ¿Acaso por eso son mejores que los hombres buenos y dotados de santa piedad?

He mencionado estas cosas para que quien las considere sin obstinación y sin estéril espíritu de contradicción piense al mismo tiempo que si algunos hombres pueden hacer maravillas de una subyacente materia básica: o de su propio cuerpo o de la tierra y del agua, de diferentes piedras, maderas y metales, de modo que quienes no lo pueden, a menudo maravillados, en comparación consigo mismos les llaman "divinos", aunque algunos de ellos son más capaces en las artes y algunos de estos mejores en su conducta: ¿cuántas cosas más grandes y sorprendentes pueden los demonios gracias a la capacidad y la agilidad de un cuerpo ligerísimo, o sea aéreo, siendo sin embargo espíritus inmundos y perversos por la maldad de su voluntad y sobre todo por la altanería de la soberbia y la malicia de la envidia?

Ahora es largo de demostrar cuánto puede un elemento del aire, cómo sus cuerpos prevalecen para que muchas cosas visibles sean edificadas, movidas, cambiadas y perturbadas invisiblemente; y pienso que incluso al que reflexione brevemente se le ocurre fácilmente.

EXPLICACIÓN DE LAS PREDICCIONES DE LOS DEMONIOS


Estando así las cosas, en primer lugar se ha de saber, ya que se pregunta sobre la adivinación de los demonios, que la mayoría de veces ellos predicen las cosas que ellos mismos van a realizar. En verdad frecuentemente asumen el poder de provocar enfermedades, y de volver malsano el aire viciándolo, de incitar a los perversos y amantes de ventajas terrenas a acciones malvadas, de cuyas costumbres traen la certeza que aquéllos consentirán cuando les inciten a tales acciones. En efecto persuaden de modo asombroso e invisible gracias a la ligereza de sus cuerpos, penetrando los cuerpos de los hombres sin que lo sepan y mezclándose en sus pensamientos a través de visiones fantásticas, sea despiertos o dormidos.

Pero a veces predicen por adelantado no lo que ellos mismos hacen, sino eventos futuros que conocen de antemano por signos naturales, signos que los sentidos de los hombres no pueden percibir. En verdad no porque el médico pronostique algo que no prevé quien ignora su arte, por eso ya se le debe considerar divino. ¿Por qué asombrarse entonces, si así como aquél en base a la temperatura trastornada o modificada del cuerpo humano pronostica buena o mala salud futura, del mismo modo el demonio por el estado y disposición atmosférica, para ellos conocida, para nosotros ignota, predice tempestades futuras?

A veces con toda facilidad conocen a fondo los proyectos de los hombres, no sólo aquellos declarados verbalmente, sino incluso aquellos concebidos en la mente, ya que algunos signos en el cuerpo son expresión del alma,95 y de ahí también predicen muchos eventos futuros, que evidentemente asombran a quienes no conocen tales procesos.

Pues así como una emoción más intensa aparece en el rostro, de modo que incluso por los hombres se reconoce en el exterior algo que se agita interiormente, del mismo modo no debe ser increíble si incluso los pensamientos más sosegados dan algunos signos a través del cuerpo, que no pueden ser reconocidos por los sentidos embotados de los hombres, pero lo son por el sentido agudo de los demonios.

Los demonios a veces repiten los oráculos divinos

Pues bien, con tal capacidad los demonios predicen muchas cosas futuras, pero muy distante de ellos está la grandeza de aquella profecía que Dios realiza por medio de sus santos ángeles y profetas. Pues si éstos predicen algo acerca del plan de Dios, para predecir escuchan; y ya que predicen lo que han escuchado de ahí, no engañan ni son engañados, pues son absolutamente verdaderos los oráculos de ángeles y profetas.

Pero se considera indigno que los demonios escuchen y predigan algo de tales cosas, como si fuese algo indigno que se diga que por ello se revela a los hombres lo que no es callado solo por los buenos, sino incluso por los malvados: pues también entre los hombres se observa que las enseñanzas de vida buena son igualmente celebradas por los justos y por los malvados; y no obstaculiza sino que es útil para un mejor conocimiento y difusión de la verdad, cuando dicen lo que sabían de ella aquéllos que la contradicen con sus perversas costumbres.

Los demonios se equivocan y engañan

En sus otras predicciones los demonios la mayoría de veces se equivocan y engañan. Y sin duda se equivocan porque mientras predicen sus propios proyectos, de improviso se ordena desde lo alto algo que trastorna todos sus planes. Es como si algunos hombres, sometidos a otros, decidan algo, pensando que sus superiores no lo prohibirán, y prometen hacerlo; sin embargo aquéllos que disponen de una autoridad más grande, en virtud de otra decisión superior, de repente prohíben todo lo proyectado y premeditado. 

También se equivocan cuando predicen por causas naturales, como los médicos, los navegantes y los agricultores, pero ellos de una forma mucho más aguda y superior gracias a los sentidos más sagaces y diestros de un cuerpo aéreo; porque también estos, de modo inesperado e imprevisto son modificados por los ángeles, que piadosamente sirven al Dios altísimo, según otro designio desconocido para los demonios.

Es como si a un enfermo, al cual el médico había prometido que iba a sanar, sobre la base de anteriores síntomas auténticos de sanación, le llegase algo de fuera por lo cual muere; o como si algunos marineros, sobre la base de una previsión atmosférica, hubiesen predicho que habría soplado largo tiempo aquel viento al cual Cristo nuestro Señor, mientras navegaba con los discípulos, mandó calmarse, "y se hizo una gran bonanza";121 o si un agricultor, conociendo bien la naturaleza de la tierra y la cantidad de brotes, asegure que ese año la viña dará fruto, pero ese año una imprevista inclemencia del tiempo la seque, o una orden superior la arranque: así muchas cosas referidas a la presciencia y la predicción de los demonios, cuyo futuro se prevé a través de causas menores o más ordinarias, son modificadas, obstaculizadas por causas más grandes y ocultas.

Pero éstos engañan incluso por el gusto de engañar, y con pérfida voluntad, porque se alegran del error de los hombres. Pero para no perder el peso de su autoridad sobre sus seguidores, tratan que se atribuya la culpa a sus intérpretes y a los que adivinan sus señales, cuando se equivocan o mienten.

Edición del texto latino, traducción al castellano, introducción y notas de Pedro E. León Mescua


De los Vicios Capitales y de otros pecados más graves

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Vicio es una mala disposición del ánimo a huir del bien y hacer el mal, causada por la frecuente repetición de los actos malos. Entre pecado y vicio hay esta diferencia: que el pecado es un acto que pasa, mientras el vicio es una mala costumbre de caer en algún pecado.

Los vicios que se llaman capitales son siete:

1. La soberbia es un deseo desordenado de nuestra propia elevación y una vana complacencia de nosotros mismos. Casi todos los vicios nacen de la soberbia como de su primer origen. Los principales son: la vanagloria, la jactancia, el lujo, el fausto, la ambición, la hipocresía, la presunción, la altanería, la terquedad, la desobediencia y la ilusión sobre nuestros propios defectos.

2. La avaricia es un amor desordenado al dinero y a los bienes de la tierra. Buscar la fortuna para un buen fin, subordinada a los deberes y a la salvación, es cosa honesta; buscarla de otro modo, es avaricia. Produce negligencia en las cosas del espíritu, nos hace duros con los pobres, injustos, querellosos y engañadores.

3. La lujuria o el vicio contrario a la castidad, prohibido por el sexto y noveno mandamientos. Produce disgustos de la piedad, ceguedad de espíritu, endurecimiento de corazón, entibiamiento y aun extinción de la fe. Destruye también la salud del cuerpo y las más bellas cualidades del alma, perturba las familias y las arruina, y conduce muchas veces por último a la impenitencia final.

4. La ira es una emoción, un transporte desordenado del alma, que nos impulsa con violencia hacia lo que nos place y nos induce a vengarnos de todo lo que nos contraría. Son efecto de la ira: el odio, la venganza, las imprecaciones, las blasfemias y los ultrajes.

5. Se llama gula al amor desordenado de la bebida y de la comida, o la mala inclinación que induce al hombre al uso inmoderado de los alimentos. Este vicio abyecto hace al que lo tiene, esclavo de su vientre, según la expresión del Apóstol (Fil. 3, 19). La gula produce la embriaguez, la impureza, los arrebatos, las blasfemias, el disgusto de las cosas espirituales, el entorpecimiento del espíritu y el desprecio de las leyes de la Iglesia, como son el ayuno y la abstinencia.

6. Se entiende por envidia, la tristeza que se experimenta por el bien espiritual o temporal del prójimo, mirándolo como una disminución de nuestro bienestar o de nuestro mérito. Este vicio produce los juicios temerarios, la maledicencia, el gozo maligno ante las faltas o desgracias del prójimo, el odio y las vejaciones de todo género.

7. Se define la pereza como un amor desordenado al descanso, una languidez del alma, y una repugnancia al trabajo exigido por nuestros deberes. Produce la ociosidad, la pérdida del tiempo, la negligencia, la ignorancia, la inconstancia en las buenas resoluciones, el tedio, las tentaciones de toda especie y la constante languidez que nos predispone a las caídas (F. X. Schouppe  S.J., Curso abreviado de religión, París-México, 1906, pp. 436-438).

*     *     *    *     *     *     *     *     *     *     *     *    *     *     *    *     *     *    *    

Los vicios capitales se vencen con el ejercicio de las virtudes opuestas. Así, la soberbia se vence con la humildad; la avaricia, con la generosidad; la lujuria, con la castidad; la ira, con la paciencia; la gula, con la templanza; la envidia, con la caridad fraterna; la pereza, con la diligencia y fervor en el servicio de Dios.

Estos vicios se llaman capitales porque son la fuente y causa de muchos otros vicios y pecados.

Los pecados contra el Espíritu Santo son seis: 1) la desesperación de salvarse; 2) la presunción de salvarse sin merecimientos; 3) la impugnación de la verdad conocida; 4) la envidia o pesar de la gracia ajena; 5) la obstinación en los pecados; 6) la impenitencia final.

Estos pecados se dice que son en particular contra el Espíritu Santo porque se cometen por pura malicia la cual es contraria a la bondad que se atribuye al Espíritu Santo.

Los pecados que se dicen clamar al cielo son cuatro: 1) el homicidio voluntario; 2) el pecado impuro contra el orden de la naturaleza; 3) la opresión del pobre; 4) la defraudación o retención injusta del jornal, del trabajador.

Se dice que estos pecados claman al cielo porque lo dice el Espíritu Santo, y porque su iniquidad es tan grave y manifiesta que provoca a Dios a castigarlos con los más severos castigos (Catecismo Mayor de San Pío X, Ed. Magisterio Español, Vitoria, 1973, pp. 127-128).

Fuente: Romanistas Blog