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Santiago Apóstol, su significación en la cultura hispánica

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Cristo tuvo por predilectos a: Simón, Santiago y Juan. Ellos fueron los elegidos para presenciar los momentos más solemnes: para verle transfigurado en el Tabor; para presenciar la resurrección de la hija de Jairo; para acompañarlo en los momentos previos a la Pasión en el Huerto de los Olivos. Sólo ellos tres recibieron de Cristo sobrenombres especiales: a Simón, lo llamó Pedro; a Santiago y Juan, Boanerges o sea “los hijos del trueno”.
Predicación de Santiago el Mayor en España
Después de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, Santiago hospedó en su casa a la Santísima Virgen, encomendada por Cristo desde la Cruz, al cuidado de su hermano San Juan.
Dice el P. Zacarías de Vizcarra que sin duda alguna la Virgen Santísima tuvo una influencia muy importante en la resolución tomada por Santiago de dirigirse a predicar la fe al último límite del mundo entonces conocido que era España, alejándose de Palestina antes que ningún otro Apóstol, como si presintiera que su muerte estaba cercana.
Según la tradición, Santiago llegó a las playas de España a enseñar la nueva fe cristiana1. Los habitantes del lugar lo recibieron con tanta dureza de corazón que el apóstol no lograba frutos. Afligido y descorazonado por este motivo, recibió la visita de la Madre de Cristo que vivía aún en casa de su hermano Juan en Jerusalén, sobre un pilar de jaspe que lo alentaba a continuar sin desfallecer. Parece que la Santísima Virgen también hubiera querido ser misionera de los españoles confirmando su fe con su milagrosa presencia. La Virgen María como prenda de amor y como símbolo de la firmeza que habría de tener la Iglesia fundada en España por Santiago le dejó aquel pilar sobre el cual se había aparecido que se venera desde entonces en Zaragoza.
Dicha advocación es la que conocemos como la Virgen del Pilar, patrona de España. La única aparición de la Virgen cuando aún no había sido asunta al cielo. Esta aparición renovó las fuerzas del apóstol y empezó a recoger los anhelados frutos.
En el año 42 Santiago regresa a Tierra Santa. Gobernaba por entonces Herodes Agripa, nieto de Herodes el que ordena la matanza de los santos inocentes. Herodes para hacerse simpático a los judíos a cuya raza no pertenecía, frecuentaba el templo y simulaba un celo extremado por la ley de Moisés. Santiago, indignado ante la hipocresía de Herodes, predicó sobre Jesucristo abiertamente. El gobernador, deseoso de complacer a los judíos, se determinó a dar un gran golpe a los cristianos ordenando la muerte de Santiago. Dice la Sagrada Escritura que lo mató a espada (Hech. 12, 2). Se conocía que este era el apóstol más ardientemente promotor de la predicación a los gentiles. Santiago acaba de llegar de España, acompañado de varios discípulos españoles. Estos después de su martirio, volvieron a España con el cadáver del apóstol y lo sepultaron en el sitio que actualmente se encuentra bajo el altar mayor de la basílica de Compostela donde hasta hoy es venerado.
Las misiones cumplidas por la Iglesia de Santiago para exaltación y gloria de la Cristiandad han sido: 
  • la lucha contra el paganismo del Mundo Antiguo (el gran Obispo de Córdoba, Osio en Grande, preparó la conversión de Constantino); 
  • la lucha contra el Arrianismo (también en la persona de Osio organizador del Concilio de Nicea paladín junto con San Atanasio de la fe ortodoxa); 
  • la lucha contra el Islam (siete siglos y medio los hijos de Santiago lucharon contra los muslines); 
  • la lucha contra el particularismo feudal en pro del universalismo católico (dos tumbas en los dos extremos del mundo cristiano generaron las peregrinaciones de los cristianos, las órdenes caballerescas para proteger a los peregrinos, la idea de unidad de la Cristiandad: la de Jesucristo en Jerusalén, la de Santiago en Compostela, toda Europa atravesada por los caminos de Santiago); 
  • la lucha contra los albigenses (por medio de la predicación de Don Diego, Obispo de Osma; de Santo Domingo de Guzmán de la Orden de predicadores y dela acción hábil y diplomática de la Reina Regente Doña Blanca de Castilla, madre de San Luis); 
  • la conversión del Nuevo Mundo (misión encomendada por la Providencia a la Iglesia de Santiago. La Providencia, que no deja nada al azar hizo que en la misma fecha de la fiesta del Pilar el 12 de octubre, fuera la fecha en que Colón llegara al Nuevo Mundo); 
  • la lucha contra el protestantismo (España se opuso tenazmente a la difusión del protestantismo bajo los reinados de Carlos V y Felipe II)
LAS DOS FORMAS DE REPRESENTAR AL APÓSTOL SANTIAGO
Dos son las principales formas de representar a Santiago Apóstol: la figura del peregrino que corresponde a su espíritu de vanguardia que lo lleva a ser el primero en abandonar la Tierra Santa para ir a predicar a los gentiles, y la del matamoros que corresponde a ese espíritu caballeresco. 
Esta segunda representación del Santo es la que proviene de la tradición de la Guerra de la Reconquista. Los musulmanes habían invadido casi toda España, entonces los españoles se levantaron en armas para recuperar, reconquistar su territorio. Casi 800 años duró esta guerra que concluyeron los Reyes Católicos con la toma de Granada, el mismo día que recibieron a Colón que pedía apoyo para su expedición. La importancia de esta guerra para el espíritu nacional fue enorme. Luchaban por algo justo: estaban defendiendo su patria y su religión. Tanto que cuando lograron terminar esa guerra tan larga, se encontraron que estaban todos mucho más unidos y que su Fe era cada vez más fuerte, tanto habían tenido que sufrir por defender su tierra y su Fe, que, como era lógico, el amor por su patria y por la fe cristiana había crecido y se había fortalecido. En este marco es que, en la batalla de Clavijo (844) en que la guerra no era favorable a los cristianos, estos acudieron con sus oraciones a Santiago Apóstol y el Santo los ayudó a lograr la victoria. De allí proviene esta segunda forma de representación del Patrón Santiago. 
Ambas formas aparecen en el Códex Calixtinus (s. XII) donde podemos ver al peregrino predicador tanto como al caballero ecuestre.
SANTIAGO, PADRE DE LA IGLESIA EN ESPAÑA Y AMÉRICA
Santiago Apóstol es el Padre y Fundador de la Iglesia de España y de la que se extendió por todo el Nuevo Mundo, por corresponder a su herencia espiritual las frondosas ramas del árbol plantado por el apóstol en la Península Ibérica.
Santiago es el Padre en la fe de la Iglesia ibérica por eso América es una parte integrante de la gran rama de la Iglesia Católica que es la Iglesia Jacobea (hija de la predicación de Santiago) extendida por todo el hemisferio occidental.
Santiago predicó la fe en España y luego de su temprana muerte, continuó creciendo la semilla que él había plantado allí y él continuó asistiendo e inspirando a sus sucesores en cada época de la historia, adoptando para ello los medios que reclamaban las circunstancias.
Los cronistas de América dan cuenta con pruebas patentes de la devoción que profesaban hacia el Apóstol Santiago los pobladores del nuevo mundo, tanto los blancos como los indígenas. Consta en esas historias la solemnidad, pompa y regocijos populares con los que se celebraba su fiesta en América.
El P. Zacarías Vizcarra nos dice que hoy nos queda como prueba de la amplitud y arraigo de esta devoción la larga lista de poblaciones, ríos y montes que llevan su nombre. El sacerdote español menciona, en un rápido repaso, más de 150 lugares entre los que figuran los nombres de ciudades tan conocidas e importantes como Santiago de Chile, Santiago de Cuba, Santiago del Estero, Santiago de Caracas…
En el caso de la Argentina no es un dato menor que sea Santiago del Estero, la ciudad fundacional y Madre de Ciudades en este territorio, desde la cual salieron las expediciones fundadoras del resto de las ciudades de este territorio.
CUALIDADES CARACTERÍSTICAS DEL APÓSTOL
Santiago es el modelo especial que nos ha dado a nosotros Jesucristo al destinarlo en su Providencia para Padre de nuestras Iglesias. Sus virtudes y sus defectos deben ser para nosotros lecciones provechosas para nuestro carácter peculiar, como dice Zacarías de Vizcarra. Sus principales defectos (antes de su santificación): la ambición, la desunión y el apasionamiento, son defectos frecuentes entre nosotros a los que deberíamos oponer las virtudes que llevaron a Santiago a recibir la palma del martirio. 
Sus virtudes especiales son la esperanza y la fortaleza, el espíritu varonil (de vanguardia y caballeresco) y su espíritu mariano.
SANTIAGO Y MENDOZA (Argentina)
Cuando Pedro del Castillo funda Mendoza en 1561 nombra como Patrono a San Pedro. Un año después, en 1562, Don Juan Jufré ordenó el traslado de la ciudad (unos pocos metros apenas) a la que cambió el nombre por el de Ciudad de la Resurrección y el Santo Patrono por Santiago Apóstol.
Don Juan Jufré evidentemente pretendió quedar como fundador de la ciudad (razón por la cual le cambió el nombre y el patrono) si no sólo hubiera trasladado la ciudad. Sin embargo no le fue bien pues el nuevo nombre de la ciudad no prosperó y todos siguieron llamando a la reciente ciudad con su primer nombre: Mendoza. Pero como Dios escribe derecho en los torcidos renglones humanos, quiso sí que el Santo Patrono fuera Santiago Apóstol que veneramos hasta hoy.
La fiesta del Santo patrono se celebra el 25 de julio y por ello la importancia que tiene en Mendoza.
Orgullo como mendocinos debemos sentir por tan gran patrono. A él debemos encomendar nuestras obras y nuestras empresas como hicieron los mendocinos que fundaron en estas tierras una comunidad que es el origen la ciudad de Mendoza y la provincia toda.
COLOFÓN
Escribe Zacarías de Vizcarra: “Terminemos estas notas sobre nuestro Apóstol, deseando que vuelva a resonar en los caminos de la Cristiandad, y sobre todo en las naciones que reconocen la paternidad espiritual de Santiago, el alegre y alentador estribillo de los peregrinos jacobeos: “¡Ultra! ¡Eia!” (¡Adelante! ¡Ea!)”
También podríamos concluir con aquella frase que gritaban los ejércitos españoles: “Santiago y cierra España!” que implica invocar al apóstol y acometer.

Si anidamos en nuestros corazones la esperanza y la fortaleza de los hijos del Zebedeo podremos decir con la misma resolución que ellos ante la pregunta de Cristo acerca de estar dispuestos a beber el cáliz: “¡Possumus!” (Mt. 20, 22).
Andrea Greco de Álvarez/Adelante la Fe.
1  Hay documentos desde el siglo IV que corroboran estas tradiciones.

Haec Sancta (1415): un documento conciliar que fue condenado por la Iglesia. Roberto de Mattei

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El Concilio de Costanza (1414-1418) está reconocido entre los 21 concilios ecuménicos de la Iglesia, pero uno de sus decretos, la declaración Haec Sancta del 6 de abril de 1415 está considerado herético porque afirma la supremacía del Concilio sobre el Romano Pontífice. En Costanza, Haec Sancta tuvo su aplicación en el decreto Frequens,del 9 de octubre de 1417, que anunciaba un concilio cinco años más tarde, el sucesivo tras otros siete años y uno más al cabo de diez.
Con ello atribuía de hecho al Concilio la función de órgano colegial permanente, que se colocaba al lado del Papa y de hecho le era superior. Martín V, elegido al solio pontificio en Costanza en 1417, reconoció con la bula Inter cunctas del 22 de febrero de 1418 la ecumenicidad del Concilio de Costanza y todas las decisiones que éste había tomado, aunque fuera con la fórmula genéricamente restrictiva: «in favorem fidei et salutem animarum». No sabemos si el Papa compartía, siquiera parcialmente, las teorías conclliaristas o si se sintió obligado a tomar esa actitud presionado por los cardenales que lo habían elegido. Lo cierto es que no repudió la Haec Sancta y aplicò con rigor el decreto Frequens, fijando la fecha para un nuevo concilio general, el cual se celebró en Pavia y Siena (1423-1424), y designó la ciudad de Basilea come sede del sucesivo encuentro. Sin embargo, falleció el 21 de febrero de 1431 y la asamblea se inauguró presidida por su sucesor Gabriele Condulmer, elegido Papa con el nombre de Eugenio IV el 3 de marzo de 1431.
Desde la apertura saltó a la vista en el Concilio de Basilea el contraste entre dos partidos: por un lado, los fieles al Papado y por otro los partidarios de las tesis conciliaristas, que constituían la mayoría de los padres conciliares. El tira y afloja conoció fases muy variadas. En una primera fase, Eugenio IV retiró su aprobación a los padres rebeldes de Basilea. Sucesivamente, cediendo a las presiones políticas y eclesiásticas, dio marcha atrás y, mediante la bula Duduum Sacrum del 15 de diciembre de 1433, revocó la disolución del concilio previamente decretada por él y ratificó los documentos que este había promulgado hasta aquel momento, y por tanto también la Haec Sancta, que era el principal argumento en que se apoyaban los padres de Basilea.
Cuando se dio cuenta de que no cederían en sus reivindicaciones, el Papa volvió a rechazar lo aprobado por el Concilio, y lo transfirió a Ferrara (1438), a Florencia (1439) y después a Roma (1443). No obstante, la mayor parte de los padres conciliares rechazaron el traslado y se quedaron en Basilea, prosiguiendo con su trabajo. Entonces se inició lo que ha pasado a la historia como el Pequeño Cisma de Occidente (1439-1449), para distinguirlo del Grande (1378-1417) que lo había precedido.
El Concilio de Basilea depuso por hereje a Eugenio IV y eligió al duque Amadeo VIII de Savoya, que reino como antipapa con el nombre de Félix V. Desde Florencia, adonde se había transferido el Concilio, Eugenio IV promulgó la excomunión del antipapa y de los padres cismáticos de Basilea. La Cristiandad se encontró dividida una vez más. Pero si en tiempos del Gran Cisma se habían impuesto los teólogos conciliaristas, en esta fase el Papa contó con el apoyo de un gran teólogo: el dominico español Juan de Torquemada (1388-1468) (no confundir con su homónimo inquisidor).
Torquemada, honrado por Eugenio IV con el título de Defensor fidei, es autor de unaSumma de Ecclesia, en la que defiende enérgicamente el primado del Papa y su infalibilidad. En esta obra desmonta con gran precisión los equívocos que habían surgido en el siglo XIV a partir de la hipótesis del papa hereje. Según el teólogo español, este caso es concretamente posible, pero la solución del problema no hay que buscarla en modo alguno en el conciliarismo, que niega la supremacía pontificia. La posibilidad de herejía del Papa no compromete el dogma de la infalibilidad, porque si quisiese defenir una herejía ex cathedra en ese mismo momento dejaría de tener efecto su cargo (Pacifico Massi, Magistero infallibile del Papa nella teologia di Giovanni de Torquemada, Marietti, Turín 1957, pp. 117-122). Las tesis de Torquemada las desarrolló en el siglo siguiente su hermano en la orden dominica el cardenal Cayetano.
La importancia del Concilio de Florencia fue capital, porque el 6 de julio de 1439 promulgó el decreto Laetentur Coeli et exultet terra, que ponía fin al cisma de Oriente, pero sobre todo porque condenó definitivamente el conciliarismo, confirmando la doctrina de la suprema autoridad del Pontífice sobre la Iglesia. El 4 de septiembre de 1439, Eugenio IV definió solemnemente «que la Santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice tienen el primado sobre todo el orbe y que el mismo Romano Pontífice es el sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los apóstoles, verdadero vicario de Cristo y cabeza de toda la Iglesia y padre y maestro de todos los cristianos, y que al mismo tiempo, en la persona del bienaventurado Pedro, le fue entregada por Nuestro Señor Jesucristo plena potestad de apacentar, regir y gobernar a la Iglesia universal, como se contiene hasta en las actas de los concilios ecuménicos y en los sagrados cánones» (Denz-H, n. 1307).
En la carta Etsi dubitemus del 21 de abril de 1441, Eugenio IV condenó a los herejes de Basilea y a los «diabólicos fundadores» de la doctrina del conciliarismo: Marsilio de Padua, Johann de Jandun y Guillermo de Ockham (Epistolae pontificiae ad Concilium Florentinum spectantes, Pontificio Istituto Orientale, Roma 1946, p. 28 – pp. 24-35), pero ante Haec Sancta tuvo una actitud vasilante, proponiendo lo que hoy en día se podría calificar como una “hermenéutica de la continuidad”. En el decreto del 4 de septiembre de 1439, Eugenio IV afirma que la superioridad de los concilios sobre los papas, sostenida por los padres de Basilea apoyados en Haec Sancta, es «una interpretación errónea de los propios padres de Basilea, que en realidad se manifiesta contraria al sentido auténtico de las Sagradas Escrituras, los Santos Padres y el propio Concilio de Constanza» (Decreto del 4 de septiembre 1439, en Conciliorum Oecumenicorum Decreta, EDB, Bolonia 2002, p. 533).
El mismo Eugenio IV ratificó el Concilio de Constanza, en su conjunto y en sus decretos, excluido «todo perjuicio al derecho, a la dignidad y a la preeminencia de la Sede Apostólica», como escribe a su legado el 22 de julio de 1446. La tesis de la hermenéutica de la continuidad entre Haec Sancta y la Tradición de la Iglesia no tardó en ser abandonada. Ciertamente, Haec Sancta son las actas fieles de un legítimo concilio ecuménico, ratificado por tres papas, pero ello no es suficiente para dar un valor vinculante en el plano moral a un documento del Magisterio que se opone a la enseñanza perenne de la Iglesia. Actualmente sostenemos que del Concilio de Constanza sólo se pueden aceptar los documentos que no lesionan los derechos del Papado ni contradicen la Tradición de la Iglesia. Entre dichos documentos no se cuentaHaec Sancta, que es un acta conciliar formalmente herética.
Los historiadores y los teólogos explican que Haec Sancta se puede repudiar porque no fue una definición dogmática, ya que carece de fórmulas típicas como anathema sity palabras como ordena, define, establece, decreta o declara. El verdadero alcance del decreto es de carácter disciplinar y pastoral y no supone infalibilidad (cfr. por ejemplo la voz Concile de Constance, del cardenal Alfred Baudrillart, en el Dictionnaire de Théologie Catholique, III, col. 1221 – coll.1200-1224).
El cisma de Basilea llegó a su fin en 1449 cuando el antipapa Félix V alcanzó un acuerdo con Nicolás V (1447-1455), sucesor de Eugenio IV. Félix abdicó solemnemente y el Papa lo creó cardenal y vicario pontificio. La condena del conciliarismo fue ratificada por el V Concilio de Letrán, por el de Trento y por el Vaticano I. Quien defienda hoy en día la institución del Papado no debe descuidar el estudio de estas definiciones dogmáticas, profundizando en las obras de los grandes teólogos de la primera y la segunda escolástica. Así encontrará en este rico tesoro doctrinal todos los elementos necesarios para hacer frente a la crisis actual de la Iglesia.
Roberto de Mattei/Adelante la Fe

Entrevista con Jean Meyer: ;La fuerza de la Iglesia tras la Cristiada es efecto no deseado de la política del gobierno mexicano

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Entrevista con Jean Meyer.
Producto de una convocatoria internacional, 16 investigadores estudiaron el tema de los efectos de la Cristiada mexicana en otros países. El resultado es un libro coordinado por Jean Meyer, quien habla sobre esa experiencia
Ariel Ruiz Mondragón
Jean Meyer. Foto: Arturo Bermúdez

La guerra llamada Cristiada tuvo fin con los arreglos entre el gobierno mexicano y la cúpula de la Iglesia católica en 1929, aunque en varios lugares se mantuvo el levantamiento hasta tiempo después. Sin embargo, las consecuencias religiosas, políticas y culturales de la Cristiada aún se sienten en la actualidad, especialmente a través de la utilización de la muerte de aquellos a quienes la Iglesia católica ha denominado "mártires".

Los usos de aquel movimiento no se limitó al espacio nacional, sino que también trascendió al plano internacional: en muchos países se realizaron oraciones y actos de apoyo a los católicos mexicanos. Como una primera aproximación a las consecuencias de la Cristiada allende nuestras fronteras, Jean Meyer convocó a un grupo de académicos de 13 países a estudiar el fenómeno, cuyas contribuciones ha publicado ahora en el libro Las naciones frente al conflicto religioso en México (México, Tusquets, 2010).

AR: Tras su gran obra sobre los cristeros, ¿cuál fue la razón para realizar un coloquio sobre el impacto internacional de aquel movimiento, y que dio origen a este libro?

JM: Hace unos años una colega, Clara García, me dijo: "Ya está abierto el archivo histórico del Arzobispado de México; está muy bien catalogado, y todos los papeles de la época del conflicto religioso ya están abiertos al público". Entonces yo le dije: "Mira, yo ya no trabajo el tema; estoy con otras cosas, con Rusia y con el celibato sacerdotal". Pero ella me insistió: "Date una vuelta, nada más para que veas". Fui al archivo (que, efectivamente, está muy bien ordenado, catalogado, y el servicio al público es espléndido) y pedí el catálogo del Fondo "Obispos" de los años veinte, del conflicto religioso, y hojeándolo con mucha curiosidad y asombro me di cuenta de que había mucha correspondencia, tanto en inglés como en español, de obispos estadunidenses. Entonces pedí unos expedientes y me picó la araña de la curiosidad, lo que me llevó a escribir y publicar un libro que se llama La cruzada por México. Los católicos de Estados Unidos y la cuestión religiosa en México. Y fui a trabajar los archivos estadunidenses, así como también a Los Caballeros de Colón, que habían armado un lobby a favor de los católicos mexicanos en el Congreso de Estados Unidos, y que presionaban a los presidentes de ese país desde Woodrow Wilson hasta Franklin D. Roosevelt. Me di cuenta realmente que el conflicto religioso en México había tenido un impacto mundial. Entonces decidí organizar un coloquio para tomar un poco la dimensión de ese impacto, porque yo había estudiado sólo el conflicto religioso, y más concretamente la dimensión militar de la insurrección de los cristeros. De manera muy normal todos los que somos historiadores de México somos "ombliguistas": la historia de México es tan rica, que uno ni piensa mirar afuera. Sí, todo el mundo decía que el embajador de Estados Unidos intervino, ayudó a encontrar soluciones y a firmar los arreglos de 1929; fue algo así como el Mister Buenos Oficios, pero más allá de eso, no.

Y así como Friedrich Katz nos demostró que la Revolución Mexicana tuvo una dimensión internacional, y que México en varias ocasiones fue algo así como un campo de batalla entre grandes potencias e imperialismos que aquí se encontraban, donde se peleaban todos los espías del mundo, yo me di cuenta de que hasta China, Filipinas y Australia —para mencionar a los países más lejanos— llegó el ruido de la suspensión del culto en México, del exilio de los obispos y del fusilamiento del padre Miguel Agustín Pro, que fue realmente el momento más espectacular. En este caso, el presidente Plutarco Elías Calles no quiso justicia, por lo que no hubo juicio y Pro fue ejecutado en caliente. Sin embargo, Calles cometió un grave error: convocó a la prensa y a los fotógrafos para darle toda la publicidad máxima al hecho, para que los católicos mexicanos entendieran de una vez y para siempre que no le temblaba el pulso. Lo que pasó es que a la semana aquello era la portada de todos los periódicos y revistas del mundo entero. En seguida se comenzaron a escribir hagiografías del mártir, del santo en todos los idiomas del mundo: en polaco, holandés, etcétera.

Tras tomar esto en cuenta, lancé invitaciones un poco al azar, aprovechando una red de amigos y diciéndole, por ejemplo, a una antropóloga polaca (quien, por cierto, fue embajadora de Polonia en México): "¿No habrá un historiador en Polonia que trate el tema en su país?". Así llegamos a 16 países representados en este libro; para otros países o no encontramos gente o, como iba a ser un coloquio de tres días intensos de seminario donde los 16 ponentes iban a asistir a todas las sesiones para hacer una obra realmente colectiva, nos limitamos a ese número, pensando que más no se podían por cuestiones de tiempo y de dinero.

Uno de los casos más interesantes que encontramos fue la intervención del gran rabino de Berlín a favor de los católicos mexicanos; ya que hay católicos que creen que los judíos odian al cristianismo y que quieren acabar con la Iglesia, y además hay católicos antisemitas, pues deberían pensar en ese rabino, que en el periódico de la comunidad judía de Alemania llamó a orar por los católicos mexicanos injustamente perseguidos.

GUERRA PROPAGANDÍSTICA INTERNACIONAL

AR: ¿Hubo una estrategia de los católicos mexicanos para internacionalizar el conflicto, hubo una política del Vaticano para ello?

JM: No. Fue la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa (LNDLR), que era la organización católica que se fundó en 1925. Cuando el gobierno mexicano intentó (aunque fracasó rápidamente) crear una Iglesia cismática, una Iglesia Católica mexicana, los católicos sintieron la necesidad de organizarse para defenderse, y fue cuando fundaron la LNDLR. Los ligueros más importantes, motivados y militantes fueron hombres jóvenes de entre 20 y 30 años, todos los cuales salieron de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) y tenían el radicalismo de la juventud. Cuando vieron que meses de acción cívica y de recursos legales en los tribunales no servían para nada, se impacientaron y, como los revolucionarios mexicanos, deseaban tomar el camino supuestamente corto de las armas; entonces ellos fueron los que provocaron el levantamiento cristero, y ellos buscaron ayuda internacional. Crearon una organización que se llamó Asociación Internacional de Apoyo a los Católicos Mexicanos (VITA) y dieron a conocer el conflicto religioso entre los católicos de muchos países —en Italia especialmente, donde fueron muy exitosos, mucho más que en el Vaticano.

Realmente la propaganda la hicieron mexicanos en el extranjero, al grado de que sí provocaron la movilización de los católicos en todos los países, por lo que el gobierno mexicano tuvo que utilizar toda su red diplomática para armar contrafuegos. Por ejemplo, nuestro embajador en París en ese momento era nada menos que Alfonso Reyes, que era un joven escritor ya reconocido (aunque quizá no tan famoso como lo fue después), muy francófilo y francófono, y que en París tuvo que luchar rudamente porque un día aparecieron los muros de París tapizados con carteles que representaban al presidente Calles y lo denunciaban como asesino; entonces él contrató gente para quitar esos carteles y levantó una protesta en la Secretaría de Relaciones de Francia, y les dijo: "Como embajador de un país amigo, pido la intervención del gobierno francés para que no se agreda e insulte al presidente legítimo de México".

Como embajador en Brasil le pasó lo mismo a Reyes. Nuestro embajador en Colombia era el señor Urquidi, padre del economista don Víctor L. Urquidi, quien por desgracia ya falleció; éste me contaba que, cuando niño en Bogotá, Colombia, en el colegio a la hora del recreo tenía que pelearse con los compañeros del colegio, quienes le decían: "Tu papá sirve a un gobierno anticatólico, ateo, que fusila a los sacerdotes, que viola a las monjas". Tenía unos recuerdos de infancia un poco fuertes.

Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. Foto: Milenio

AR: También estuvo Pascual Ortiz Rubio como embajador en Brasil.

JM: Ortiz Rubio sí era de armas tomar. Alfonso Reyes sí fue capaz de evitar discusiones y de ganarse la amistad de los intelectuales católicos brasileños y de los argentinos también, mientras que Ortiz Rubio provocó una tensión diplomática que casi llegó a la ruptura de relaciones. Realmente México lo mandó llamar y lo quitó, porque si no, iba derecho contra el muro.

AR: La LNDLR fue a hacer campaña a favor de los cristeros en otros países. Pero, ¿el gobierno tuvo alguna estrategia específica para enfrentar esa campaña?

JM: La hubo. Incluso contrató periodistas profesionales tanto para escribir libros sobre México, la Revolución Mexicana, sobre Luis N. Morones y la Confederación Regional Obrera Mexicana, la que movilizó al Partido Laborista inglés diciéndole "nosotros somos laboristas". Calles contrató a un joven periodista estadunidense, Ernest Gruening, quien años después llegaría a ser gobernador de Alaska y senador por ese estado toda la vida, y que publicó un libro muy importante e interesante sobre México, que era evidentemente parcial porque el gobierno mexicano le pasaba toda la información contra sus enemigos internos, rivales revolucionarios, dando pruebas de su corrupción, violencia o asesinatos, pero evidentemente para que el gobierno del general Calles quedara bien y limpio.

Una dimensión de la estrategia fue movilizar a las embajadas y los consulados; por ejemplo, un medio hermano del presidente Calles, Arturo Elías, en ese momento era un cónsul importante en Estados Unidos, y provocó una pequeña crisis porque después de hacer lo que era perfectamente normal (multiplicar las entrevistas, las conferencias de prensa, intervenciones radiofónicas en las que defendía la política antirreligiosa del presidente mexicano), utilizó la franquicia postal que como cónsul tenía, para repartir cientos de miles de folletos de propaganda antirreligiosa en los que asumía la defensa de su gobierno. Cuando los católicos mexicanos (en este caso los famosos Caballeros de Colón) se enteraron, interpelaron en el Congreso al gobierno de Estados Unidos diciéndole: "¿Sabe usted que…?", y las autoridades estadunidenses en ese momento convocaron al embajador de México y le dijeron: "Oiga, dígale al cónsul que le pare o que se vaya".

Fusilamiento del padre Miguel Agustín Pro en noviembre de 1927. Foto: Milenio

AR: Tras leer los casos del libro, se observa que el brindado a los cristeros mexicanos no fue un apoyo totalmente desinteresado, sino que en cada país tuvo una utilización local específica: en Irlanda sirvió para respaldar el nacionalismo, en Chile sirvió para apoyar al Partido Conservador, en Bélgica para la unificación de los católicos, etcétera.

JM: Un hecho interesante es que en todos esos países se habló de la Iglesia, de los mártires —especialmente de los sacerdotes—, y el padre Pro es una figura emblemática —como se dice ahora—, pero casi no se habla de los cristeros porque, por un lado, el gobierno mexicano mantuvo una censura férrea sobre la guerra misma, y tan es así que no hay una sola entrevista de prensa, ni una sola fotografía de cristeros publicada a lo largo de los tres años de la guerra. Hubo una gran cantidad de fotografías de Emiliano Zapata y de Francisco Villa, así como muchos periodistas extranjeros e incluso camarógrafos de cine estadunidenses —había 80 en 1919—que trabajaban en México siguiendo a los villistas. Pero de los cristeros nos tenemos ni un minuto de filmación ni de noticiero.

Eso por un lado; por el otro, cuando se sabía de la lucha armada, a los católicos europeos, muy escaldados por siglos de guerras de religión y de violencia, la idea de una como Cruzada, de lucha armada con motivos religiosos, de guerra santa les repugnaba mucho. En el caso de Irlanda, ésta acababa apenas de salir de una guerra de independencia contra Inglaterra, y también de una guerra civil entre irlandeses. El violentísimo Ejército Republicano Irlandés (IRA, por su siglas en inglés) había sido condenado por la Iglesia Católica de ese país. Entonces ésta dijo: "Hay que rezar por los hermanos mexicanos, no hay que olvidarlos", y exaltó a los obispos mexicanos, a los mártires y al padre Pro, pero ni una palabra de la lucha armada. Incluso el representante de la VITA quiso ir a Irlanda pensando que "con esos valientes guerreros irlandeses vamos a tener apoyo, igual hasta militar. Va a haber voluntarios irlandeses para venir a luchar a México" —acuérdese del Batallón de San Patricio en el siglo XIX. Sin embargo, los obispos irlandeses prohibieron la entrada del señor, porque tenían la obsesión de que no se podía exaltar la lucha armada de los católicos mexicanos, por más que pensaran que fuera necesaria, porque allí acababan de condenar la lucha armada. Esto es un asunto muy serio, porque en 1927, el IRA asesinó a un ministro católico del gobierno republicano irlandés, y lo hizo mientras iba a misa.

Entonces por eso casi no se hablaba de la lucha armada; se mencionaba a los mártires y había que rezar todos los domingos, y toda la catolicidad recordaba a los hermanos mexicanos.

Benito Mussolini, el Duce de Italia. Foto: Milenio

AR: Los curas europeos que apoyaron al movimiento cristero mexicano siguieron caminos muy distintos. Está el caso del italiano Martino Capelli, quien traía imágenes guadalupanas cuando fue fusilado por los nazis; pero del otro lado, muy contrastante, estaba el belga León Degrelle, quien fue un nazi consumado.

JM: Degrelle fue un personaje terrible, que tiene su lógica. Él empezó como joven estudiante católico muy radical, e incluso él es el único periodista que llegó a México y publicó un libro acerca de sus andanzas en México —el que no he conseguido—, y de él encontré referencias en los archivos del Arzobispado. Ya después de los arreglos vino, llegó al país realmente al final de la Cristiada. Quiso entrevistar al flamante arzobispo de México, don Pascual Díaz, quien fue uno de los dos que firmaron los arreglos. Éste, hombre muy prudente, no lo recibió, y fue su secretario personal quien contestó muy breve y prudentemente —no hay la menor crítica al gobierno mexicano— a las preguntas de Degrelle. Yo tengo la prueba de que éste vino a México.

Luego Degrelle encontró que el Partido Católico belga era demasiado socialcatólico y tímido, no lo suficientemente católico, por lo que fundó su propio partido, al que puso como nombre Rex —por Cristo Rey—, que es un movimiento de corte moderno, populista, ultranacionalista y demagogo. Rápidamente, en 1936, llegó a tener 20 por ciento de los votos de los belgas, y se fue del lado del fascismo. Visitó a Benito Mussolini, quien quedó encantado con él y lo apoyó; visitó a Adolfo Hitler, con los mismos resultados. En ese momento la Iglesia Católica belga prohibió a los católicos votar a Degrelle, y éste fue derivando, más y más, hacia la ultraderecha, al grado de que cuando ocurrió la Segunda Guerra Mundial, cuando Bélgica estaba conquistada por los nazis, fundó una Legión de voluntarios belgas francohablantes que se llamó la Legión Wallonia. Sirvió en el Waffen SS, que es como los marines de Estados Undios, una unidad combatiente de élite nazi.

Fue un héroe combatiente, herido varias veces, y recibió el grado de general del Ejército alemán, así como las más altas condecoraciones: no solamente la Cruz de Hierro, sino también la Cruz de Caballero con Hojas de Roble, y fue Hitler quien personalmente lo condecoró. De esto hay una fotografía famosa que usted puede encontrar en los sitios neonazis españoles. Supuestamente, Hitler habría dicho: "De haber tenido un hijo, yo hubiera querido tener a Degrelle".

Degrelle peleó hasta el último momento, y cuando ya se derrumbaba el Reich, se subió a un avión caza —era piloto, incluso; fue un aventurero increíble este hombre—, y llegó hasta España, donde su avión ya no tenía combustible y cayó en el mar frente a San Sebastián. Lo pescaron los españoles y se volvió amiguísimo de Francisco Franco. Fue condenado, en ausencia, a muerte por contumacia en Bélgica, pero tuvo una segunda vida con Franco, que fue la de rico empresario. España nunca lo expulsó, y murió casi centenario, nazi y antisemita hasta el final, y en ruptura total con Roma. Para él, el Concilio Vaticano II fue la prueba de que los judíos se habían apoderado del Vaticano, y se fue con monseñor Marcel Lefebvre.

Felizmente, es el único caso que encuentro en este mundillo.

León Degrelle, fundador del movimiento político Rex, en Bélgica. Foto: Milenio

EL ANTICLERICALISMO DE CALLES Y MUSSOLINI

AR: Es muy interesante el caso de Italia y la posición de Mussolini, quien decía que Calles, de alguna manera, los había desnudado.

JM: El caso italiano es muy interesante en su ambigüedad misma, porque el régimen fascista, Mussolini, simpatizaba mucho con la Revolución Mexicana. Hay que recordar que nuestra revolución, si bien es social, también es nacionalista, y el fascismo italiano empezó así e incluso sedujo a muchos jóvenes en toda Europa, así como hace 50 años Fidel Castro nos sedujo a todos porque era el revolucionario del momento. Mussolini empezó como un anticlerical furibundo, y en el fascismo hubo una raíz anticlerical muy fuerte; incluso hubo una escena famosa de un mitin público donde Mussolini dijo: "Les voy a demostrar que Dios no existe: si Dios existe, le doy cinco minutos para que me fulmine", y se paró, transcurrió el tiempo y después dijo: "Ya pasaron los cinco minutos. Dios no existe".

Entonces, el gobierno italiano simpatizaba mucho con la Revolución Mexicana, y especialmente con el gobierno de Calles. La política educativa de éste, la organización corporativa, los sindicatos, todo eso le gustó mucho a Mussolini, y hubo excelentes relaciones entre los dos países. Incluso uno de los mejores periodistas fascistas, Marco Appelius, vino a México y escribió un libro excelente sobre el gobierno de Calles que se llama El águila de Chapultepec, escrito en el momento del conflicto religioso. (Por cierto, Appelius es la única fuente que encontré que dice —no sé si él lo inventó— que el presidente Calles visitó a José de León Toral en la cárcel antes de su ejecución, y que tuvieron un diálogo muy breve, fuerte e interesante).

Adolfo Hitler. Foto: Milenio
Pero Mussolini, ya instalado en el poder, se dio cuenta de que Italia era un país muy católico, como México, y de que entonces le convenía hacer la paz con la Iglesia, lo que hizo con los famosos Acuerdos de Letrán de febrero de 1929, que pusieron fin a una cuestión espinosísima que se remontaba a la unificación de Italia en la segunda mitad del siglo XIX, cuando el Papa perdió su soberanía temporal sobre la tercera parte de Italia, Roma se volvió la capital de Italia y el Papa se consideraba el preso del Vaticano.
Con esos acuerdos, Mussolini logró resolver la cuestión tanto para Italia como la cuestión internacional del Vaticano como Estado, como sujeto de Derecho Internacional, con su independencia, con sus pocos cientos o miles de ciudadanos. En ese momento hizo unas declaraciones muy importantes, que aparecen en el libro, en las que dice "quien se mete contra la Iglesia, termina siempre perdiendo, porque a largo plazo la Iglesia siempre se recupera de todas las derrotas". Qué coincidencia que cinco meses después, en junio de 1929, se dieron en México los arreglos, que son un poco el equivalente de Letrán.

AR: ¿Hay otras similitudes?

JM: Fíjese que entre febrero y marzo de 1929 Calles creó el Partido Nacional Revolucionario (PNR). Un amigo que ha trabajado mucho el tema me ha dicho que Calles se inspiró en los estatutos del gran Partido Fascista italiano para crear el PNR. Encontró en los papeles de Calles una copia traducida al español de los estatutos de aquel partido, y que está anotada por Calles. Entonces realmente hay un paralelismo muy interesante entre ese nacional-revolucionarismo que también se topó con una Iglesia y una religiosidad popular con la cual no simpatizaba, pero que acabó finalmente tomando en cuenta.

AR: Hay otro tema en el libro, que es la herencia simbólica que en Europa dejó el movimiento cristero de México. Por ejemplo, está el Cristo Rey y el partido rexiano en Bélgica, el cura italiano que traía a la Virgen de Guadalupe cuando fue fusilado, y el propio recuerdo familiar de usted respecto al padre Pro.

JM: Yo creo que el hecho mismo de que el papa polaco Juan Pablo II haya querido tanto a México pues se debe a este hecho. Los polacos vibraron como los católicos del mundo entero viendo lo que se consideraba la resistencia heroica del pueblo mexicano, incluso sin saber de los cristeros, pero sabiendo que la fe del pueblo mexicano es grande, contra lo que habían pensado algunos obispos incluso mexicanos, quienes creían que la fe del pueblo mexicano era muy superficial, que era un barniz, sin convicciones profundas ni perseverancia. El mismo Calles creía lo mismo, y decía "qué bueno que cerraron los cultos. Cada domingo sin misa significa cinco por ciento de mexicanos que dejan de ser católicos, y entonces es cuestión de cuatro o cinco años y no habrá católicos en el país".
Lo que pasa es al revés: como decía Tertuliano en los primeros siglos de la Iglesia, "la sangre de los mártires es semilla de cristianos". Entonces, la fuerza de la Iglesia católica en los años siguientes, en gran parte, es el efecto no deseado, para nada, de la política del gobierno mexicano.

Muertos durante la Cristiada en México en los años veinte. Foto: Milenio

AR: ¿Hubo intelectuales y líderes políticos importantes que se alinearan con el gobierno mexicano? Por allí encontré alguna cita de The Times, que revivió la leyenda negra para atacar a la Iglesia.

JM: Intelectuales o políticos católicos, no, de ninguna manera. Realmente pocos gobiernos tomaron la defensa del gobierno mexicano. La mayoría de ellos observaron un silencio prudente diciendo "es un asunto interior de México y no podemos intervenir". Eso lo veo muy concretamente en la correspondencia diplomática francesa. Francia intervino cuando sus intereses fueron afectados; por ejemplo, el gobierno francés —por cierto, en ese momento un gobierno anticlerical— en México defendió las escuelas católicas porque eran de los hermanos maristas o lasallistas, que eran franceses, daban sus clases en su idioma, y pues era una manera de defender su presencia cultural, que iba de retirada frente a Estados Unidos desde que empezó la revolución.

De la misma manera, en los años treinta, cuando en 1935 para toda la República Mexicana sólo quedaron autorizados 305 sacerdotes, y en la Ciudad de México se habían cerrado casi todos los templos, la Embajada de Francia consiguió del gobierno mexicano que se abrieran dos templos: las parroquias francesa y libanesa. Líbano no era una colonia francesa pero fue un protectorado, y aunque los libaneses no eran ciudadanos sino sujetos, Francia intervino a su favor. Los católicos mexicanos no tenían templos, pero la colonia francesa en México y los libaneses sí, por la intervención del gobierno francés; pero éste jamás llamó la atención del gobierno mexicano sobre su política religiosa, ya que era considerada un asunto interno.

AR: ¿Los cristeros recibieron algún apoyo del exterior más allá de oraciones y cierta propaganda?

JM: Los cristeros no recibieron ningún apoyo; a diferencia de las guerrillas modernas, 
contemporáneas, no recibieron dinero de ninguna potencia exterior, ni tampoco de los ricos mexicanos ni hubo el equivalente de narcoguerrillas. Además, Estados Unidos había establecido lo que nos gustaría que hoy existiera: el embargo sobre las armas. Solamente el gobierno mexicano podía comprar armas en Estados Unidos, nadie más. Entonces, suponiendo que los cristeros hubiesen tenido dinero, no hubieran podido comprar armas a ese país.

Columna cristera arribando a un poblado y rebeldes católicos ahorcados. Foto: Milenio

Milenio Semanal 

07 de mayo de 2011

Beato Fray Angélico

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Fray Angélico

La vida de fray Angélico, nacido en torno al año 1400 cerca de Vicchio, en Mugello (Toscana italiana), se desenvuelve en dos ambientes distintos y complementarios: el conventual y el artístico. Resumimos brevemente ambos, encuadrándolos dentro de un marco histórico-biográfico.

Carecemos de documentación sobre sus primeros años y su entorno familiar, y son escasas las noticias que pueden ofrecerse de su primera formación humana, religiosa y artística. En torno a 1417 se adiestra en talleres de Florencia como miniaturista y pintor, y se incorpora como un miembro más a la «Compañía de San Nicolás» en la Iglesia del Carmen.

Atraído por la predicación del beato Juan Dominici, ingresa en 1420 —junto con su hermano Benedetto— en la Orden dominicana, en el nuevo convento de Santo Domingo, Fiésole, en la periferia de Florencia. Se somete a la vida de observancia regular en ese convento reformado por el beato Dominici, que enarbola el humanismo cristiano frente a la cultura paganizante del renacimiento florentino. Al ser recibido a la profesión religiosa, Guido cambia su nombre por el de Fra Giovanni di san Domenico, e inicia su carrera sacerdotal. Alterna la vida de observancia regular y de estudio con su innata vocación artística, y crea el taller y estudio de arte. Durante este período fiesolano (1425-1438) pinta las tablas de la «Anunciación» (Museo del Prado) y la «Coronación» (Museo de Louvre) para los altares laterales de la iglesia del convento; minia, junto con su hermano Benedetto, los Libros Corales (Museo de San Marcos); recibe ofertas para pintar tablas destinadas a organismos e iglesias florentinas y a la iglesia-convento de santo Domingo de Cortona.

Se incorpora a la nueva comunidad dominicana de San Marcos de Florencia. Su prior y maestro es San Antonino de Florencia, insigne moralista y profesor, cuya Suma de Moral le brinda el marco doctrinal (junto a la Suma de Santo Tomás) de su magisterio teológico-artístico. En este segundo período florentino (hasta 1445) sus obras se multiplican; es el más fecundo. Lleva a cabo la ejecución de los célebres frescos del «Claustro», «Sala Capitular», «Pasillos» y «Celdas» de San Marcos, alternando el oficio de pintor con el de administrador del convento.


Comienza su período artístico en Roma en 1445. El Papa Eugenio IV lo llama para que se haga cargo de la decoración muralista de la Capilla, hoy desaparecida, del Smo. Sacramento en la basílica de San Pedro. Es la fecha en que, vacante la sede de Florencia, le proponen nombrarle arzobispo, cargo que declina a favor de su prior San Antonino. Interrumpe su estancia en Roma y comienza en verano los frescos que decoran la «Capilla de San Brizio» en la catedral de Orvieto (1447). Y después vuelve a continuar los frescos del estudio del Papa Nicolás V, conocido por «Capilla Nicolina», con el tema de San Esteban y San Lorenzo, obra que finalizaría en 1449.

Con motivo de la muerte de su hermano Benedetto, regresa a Fiésole y lo eligen prior del convento en 1450. Allí no acepta ya nuevos encargos, como el de afrescar la catedral de Prato. Tres años después regresa de nuevo a Roma, al convento de Minerva, llamado por el cardenal Torquemada para decorar el claustro. En ese convento fallece el 18 de febrero de 1455. Su cuerpo fue inhumado en la nave izquierda, junto al presbiterio. Una remodelación moderna, a modo de «Capilla del Beato Angélico», acoge la austera lápida de mármol blanco en que se talló su efigie-retrato y una inscripción de caracteres góticos que reza así: Aquí yace el venerable pintor fray Juan de Florencia de la Orden de Predicadores, 1455.

Reflexiones sobre su pintura: objetivos y constantes estéticas

  • Ideal de belleza a lo divino

Contrariamente a la temática de sus colegas que estaban afanosamente ocupados en idolatrar al hom-bre, entreteniéndose en la faceta humana, en llegar a la perfección del «natural», a través de la anatomía física del cuerpo y la presentación del «desnudo» como ideal de belleza del Renacimiento, el Angélico enfoca sus conquistas estéticas desde el ángulo del hombre, desde su interioridad, buscando en él el reflejo divino, empeñándose en escudriñar sus sentimientos espirituales, dando así vida a un tipo de «hombre-modelo», que acaso rara vez se encuentra en las condiciones de la vida terrena, pero que debe proponerse a la imitación del pueblo cristiano (Pío XII).

Dos cosas faltan en el Angélico, comenta el P. Sertillanges; «el estudio de la antigüedad pagana y el estudio de la anatomía». La primera creo que no es cierta; en cambio sí la segunda, si se trata del estudio y examen del «desnudo natural». Sólo habría que suponerlo en el período de aprendizaje, no dentro del convento observante. Prefiere seguir la tradición de sus maestros toscanos de envolver castamente el cuerpo, especialmente el desnudo femenino, en amplios ropajes y telas estampadas, que dieran ocasión para jugar con la soltura y caída de los pliegues entubados, ocultando de esta manera las formas anatómicas.

Con su vida, fray Angélico se opone ya de principio a los planteamientos de su contemporáneos que halagan con la belleza anatómica de las formas humanas, con mezcla de frivolidad y a veces de atrevida sensualidad. Se comprende que «tal hombre, como puntualiza Hipólito Taine, no estudiase nada de anatomía ni el modelo contemporáneo». Escorando premeditadamente el análisis del natural anatómico, intenta por otras vías estilísticas profundizar en la vida interior del hombre, retratando el alma por dentro, más que el cuerpo humano por fuera. A pesar de todo, trata el cuerpo humano con elegancia y con dignidad, especialmente en la figura divina de Cristo Crucificado. La serenidad y majestad que sus pinceles imprimieron en su cuerpo desnudo supieron poner el toque preciso y hasta anatómico del artista santo. En la Lamentación sobre el Cristo muerto resalta la noble dignidad de un cuerpo anatómicamente muerto, donde la horizontalidad de sus formas pálidas contrasta con la verticalidad de los santos emplazados en su entorno. Una vez más el Angélico utiliza el tema no como una narración histórica sino como símbolo redentor de un Dios sacrificado en medio de los hombres para su salvación.
Fray Angélico
  • Predicación por la imagen

En su personal tratamiento de los temas y protagonistas descuella su profunda religiosidad. La pertenencia a la Orden Dominicana, iniciada y continuada en conventos de rigurosa observancia, motivaron seguramente su iconografía. Los juicios críticos sobre su obra apuntan en esta línea. Su Santidad Pío XII, en la apertura de la Exposición del Angélico, se expresó en estos términos: «Mas esto no significa que su profunda religiosidad, su ascesis, alimentada con virtudes sólidas, con plegaria y contemplaciones, no haya producido en él un influjo determinado en orden a dar a la expresión artística ese poder de lenguaje con que llega directamente a los espíritus y, como se ha dicho muchas veces, el poder de transformar en oración su arte».

Su aportación pictórica, a pesar de las connotaciones con otros maestros, se define por su personalidad religiosa, por su lirismo teológico transcendente, y por la carga espiritual que inyecta a sus protagonistas. Su lenguaje plástico contiene un proceso de maduración asequible al pueblo cristiano, pues todo lo narra con sencillez y trasparencia evangélicas. Su producción artística, en los diversos períodos de su vida, está marcada por esta dimensión didáctico-religiosa.

Fray AngélicoSus composiciones sacras (cristológicas, mariológicas, angélicas, santorales y dominicanas) destacan por una rigurosa técnica artística, no exenta de anomalías típicas de los primitivos italianos, y por el toque de gracia de la luz y luminosidad de sus figuras. Son escenas que presentan una concepción unitaria, presidida por mesurado equilibrio en que los santos que la interpretan no se exhiben sino que asisten calladamente, sin pronunciar palabra que altere la serenidad del misterio del que todos son partícipes (Coronación de la Virgen, en San Marcos, celda n. 9; Crucifixión, en la Sala Capitular). A veces los santos comentan en silencio, o se miran con serena piedad para no turbar el orden y ritmo de la escena (Coronación del Louvre, Sagrada Conversación, Retablo de la SS. Trinidad, Descendimiento de la Cruz, Retablo de Bosco al Fratt). Sus personajes no se agitan exteriormente; están quietamente dominados por su calina interna; a lo sumo gesticulan con mesura sus manos ante la tragedia que presencian. En los rostros de todos los personajes se trasluce la paz interior de sus almas; y en la compostura externa se les aprecia tranquilidad anímica, fruto espiritual de la posesión de la «gratia Christi» en unos y de la «gloria Dei» en otros.

Dentro de este lirismo poético-religioso no caben emociones dramáticas, expresiones amargas, estados emocionales perturbados, estridencias psicológicas, exaltaciones desorbitadas, excitaciones pasionales: lo que predomina es la bonanza espiritual originada por una intensa vida interior.

En las composiciones de carácter sacrificial o martirial (Crucifixiones, Martirios) impone al lenguaje plástico su método adecuado. El drama de la Crucifixión se comunica a los asistentes, que lo evidencian en una emoción contenida, y lo superan asumiendo el dolor como realidad humana, sin gesticulaciones grandilocuentes a lo Giotto, con aceptación resignada de algo que era necesario a consecuencia del pecado del hombre, y dispuesto por voluntad divina al aceptar el acto sacrificial de Cristo redentor en la Cruz. Las posturas, ademanes y gestos de los participantes exteriorizan la aceptación de ese plan divino.

(Fuente: Domingo ITURGAIZ, Beato Angélico. Patrono espiritual de los artistas, en "Retablo de Artistas", Caleruega 1987)

Más bibliografía: Domingo Iturgaiz, El Angélico. Pintor de Santo Domingo de Guzmán, Salamanca 2000.