
TV DOMINICA
798 años de la confirmación de la orden de predicadores

La Orden de Predicadores celebrará un año jubilar con el tema «Enviados a predicar el Evangelio». Este Jubileo conmemora la publicación de las Bulas promulgadas por el Papa Honorio III hace ocho siglos confirmando la fundación de la Orden en 1216 y 1217.
El año jubilar se celebrará del 7 de noviembre de 2015 al 21 de enero de 2017. La celebración del Jubileo significa para la Orden entrar en un proceso dinámico de renovación que culmine en el envío de los frailes a predicar, al igual que Domingo envió a los primeros hermanos.
Se nos invita a volver a los orígenes de la Orden para recordar el momento fundacional en el que Santo Domingo envió a nuestros primeros hermanos fuera de su casa, de su familia, de su nación, para que descubrieran el gozo y la libertad de la itinerancia.
Ofrecemos la traducción del texto de la Bula "Religiosam Vitam" del Papa Honorio III, fechada en Roma el día 22 de diciembre de 1216 por la que se confirmó la Orden de Predicadores.
Honorio, obispo, siervo de los siervos de Dios, a los amados hijos Domingo, prior de San Román de Toulouse, y a sus frailes tanto presentes como venideros, profesos en la vida regular, a perpetuidad.
Conviene que a los que han elegido la vida religiosa se les dé la protección y amparo apostólico, no sea que la incursión temeraria de algunos o los aparte de su propósito regular de portarse como religiosos o debilite, Dios no lo quiera, la energía o vigor de la sagrada religión.
Atendiendo a esto, amados hijos en el Señor, Nos asentimos con clemencia a vuestras justas súplicas y recibimos bajo la protección de san Pedro y nuestra la iglesia de San Román, en la que estáis entregados totalmente al servicio divino y lo corroboramos con el privilegio del presente escrito.
Y en primer lugar ciertamente establecemos que la Orden Canonical, que está allí instituida según Dios y según la Regla de San Agustín, se mantenga y guarde en el mismo lugar en todos los tiempos de manera inviolable.
Mandarnos, además, que se conserven firmes y en su integridad en favor vuestro y de vuestros sucesores, todas las posesiones o cualquiera de los bienes que dicha iglesia posee en la actualidad justa y canónicamente, y del mismo modo los que en el futuro podáis recibir bien sea a través de concesiones pontificias, bien sea de donaciones de los reyes o de los príncipes, o de las oblaciones de los fieles o de cualquier otro justo modo. Y entre ellos, Nos queremos hacer mención expresa: del lugar donde está asentada la susodicha iglesia con todas sus pertenencias, de la iglesia de Prulla con sus pertenencias, de la villa de Casseneuil con todas sus pertenencias y de la iglesia de Santa María de Lescure, con todas su pertenencias, del hospital llamado Arnaud‑Bernard, con sus pertenencias, de la iglesia de la Santísima Trinidad de Loubens, con sus pertenencias, y los diezmos concedidos a vosotros piadosa y providamente, por el venerable hermano nuestro Fulco, obispo de Toulouse, con el consentimiento de su capítulo, conforme se contiene en sus letras de una manera plena.
Nadie presuma exigir de vosotros o quitar a la fuerza diezmos de los frutos nuevos de vuestros huertos, cultivados con vuestras propias manos y a vuestra costa, ni de los pastos de vuestros animales.
Os está permitido ciertamente recibir clérigos y laicos libres y sin obligación que, huyendo del mundo, desean ingresar en la vida religiosa y también retenerlos entre vosotros sin ninguna contradicción.
Prohibimos, además, que ninguno de vuestros frailes, hecha la profesión en vuestra iglesia, se atreva a dejar vuestro grupo sin licencia de su prior, a no ser que se trate de ingresar en una religión más austera. Nadie, sin embargo, se atreva a retener al que se separa de vosotros sin la previsión de vuestras letras dimisorias.
En las iglesias parroquiales que tenéis os está permitido elegir sacerdotes y presentarlos al obispo diocesano, y si son considerados idóneos el obispo les encomendará el cuidado de las almas, para que éstas respondan ante él de las cosas espirituales y ante vosotros de las temporales.
Establecemos además que nadie pueda imponer nuevas e injustas exacciones o contribuciones a vuestra iglesia o promulgar sobre vosotros o la mencionada iglesia sentencias de excomunión o entredicho, a no ser que se dé una causa razonable y manifiesta. Cuando se diere un entredicho general, se os permite celebrar los divinos oficios a puerta cerrada, sin tocar las campanas y en voz baja, pero están excluidos los excomulgados y los sujetos al entredicho.
Pero el crisma, el óleo sagrado, la consagración de los altares o de las basílicas, las ordenaciones de los clérigos promovidos a las órdenes sagradas, los recibiréis del obispo diocesano, si éste fuere ciertamente católico y tuviere la comunión y gracia de la Sede Romana, y si quisiere ofrecérosla sin malicia alguna. De lo contrario, tenéis licencia para acudir cuando quisiereis a cualquier obispo católico que tenga la gracia y comunión de la Sede Apostólica y éste os dará lo que se le pide contando ya con nuestra autoridad.
Determinamos también que sea libre la sepultura en dicho lugar, a fin de que nadie ponga obstáculos a quienes hayan resuelto ser allí enterrados, movidos por devoción o lo haya expresado en su última voluntad. No se podrán enterrar allí los excomulgados o sujetos a entredicho.
A tu muerte ahora prior de dicho lugar o a la muerte de tus sucesores, nadie sea nombrado superior antepuesta cualquier clase de astucia o violencia a no ser que sea la persona que los frailes, de común acuerdo o al menos con el consentimiento de la mayoría o de la parte más sana, hayan elegido según Dios y según la Regla de san Agustín.
Confirmamos también las libertades e inmunidades antiguas y las costumbres razonables concedidas a vuestra iglesia y observadas hasta hoy; las tenemos como buenas y sancionamos que deben observarse en su integridad en todos los tiempos.
Decretamos que nadie, sea la persona que fuere, se permita perturbar la susodicha iglesia de modo temerario o se atreva a usurpar sus posesiones o retener lo usurpado, a menoscabarlas o a fatigarlas con cualquier clase de gravámenes o vejaciones. Se conservarán todas estas cosas en su integridad entre aquellos a quienes fueron concedidas para su gobierno o sustento y dadas para su uso, pero se tendrán en cuenta la autoridad apostólica o la justicia según el derecho canónico del obispo.
Si, pues, en lo venidero alguna persona, eclesiástica o seglar teniendo conocimiento de esta página de nuestra constitución, atentara temerariamente contra la misma, amonestada segunda y tercera vez, a no ser que corrigiere su delito de manera satisfactoria, incurrirá en la pérdida de su potestad y de su honor, se reconocerá reo del juicio divino y se hace digno de ser privado del sacratísimo cuerpo y sangre de Dios y de nuestro Señor y Redentor Jesucristo y está sujeta al castigo en el último juicio.
La paz de nuestro Señor Jesucristo sea, pues, para todos los que guarden los derechos del susodicho lugar, y perciban ya en la tierra el fruto de la buena acción y ante el juez supremo hallen los premios de la paz eterna. Amén. Amén. Amén.
Adiós.
Mantened, Señor, mis pasos en tus caminos [Salmo 16,5]. San Pedro, San Pablo. Honorio Papa III.
◦Yo Honorio, obispo de la Iglesia católica, lo subscribo.
◦Yo Nicolás, obispo Tusculanense, lo subscribo.
◦Yo Guido, obispo Prenestino, lo subscribo.
◦Yo Hugolino, obispo de Ostia y Velletri, lo subscribo.
◦Yo Pelagio, obispo de Albano, lo subscribo.
◦Yo Cintio, del título de San Lorenzo en Lucina, presbítero cardenal, lo subscribo.
◦Yo León, del título de la Santa Cruz en Jerusalén, presbítero cardenal, lo subscribo.
◦Yo Roberto, del título de San Esteban en Monte Celio, presbítero cardenal, lo subscribo.
◦Yo Esteban de la Basílica de los Doce Apóstoles, presbítero cardenal, lo subscribo.
◦Yo Gregorio, del título de Santa Anastasia, presbítero cardenal, lo subscribo.
◦Yo Pedro, del título de San Lorenzo en Dámaso, presbítero cardenal, lo subscribo.
◦Yo Tomás, del título de Santa Sabina, presbítero cardenal, lo subscribo.
◦Yo Guido de San Nicolás en la cárcel Tuiliana, diácono cardenal, lo subscribo.
◦Yo Octavio de los santos Sergio y Baco, diácono cardenal, lo subscribo.
◦Yo Juan de los santos Cosme y Damián, diácono cardenal, lo subscribo.
◦Yo Gregorio de Santo Teodoro, diácono cardenal, lo subscribo.
◦Yo Rainiero de Santa María en Cósmedin, diácono cardenal, lo subscribo.
◦Yo Román de Santángelo, diácono cardenal, lo subscribo.
◦Yo Esteban de San Adrián, diácono cardenal, lo subscribo.
Dado en Roma por mano de Rainiero, prior de San Fridiano de Lucca, vicecanciller de la Santa Iglesia Romana, el día 22 de diciembre, en la indicción V, en el año de la Encarnación del Señor 1216, año primero del pontificado del Señor Honorio Papa III.

“Laudare, Benedicere, Praedicare” – El Video

Falta un año para el inicio del Jubileo de la Orden

http://www.op.org/es/jubilee
Oración para el Jubileo de la Orden

LOS LAICOS Y LA PREDICACIÓN: LA MISIÓN DE SER PROFETA
El Laicado Dominico: Específicamente implicado en el enraizamiento cultural del Evangelio (Rumbo al 2016)

María: contemplación y predicación de la Palabra.

A
con filial amor
en su Jubileo 1206-2016.
Y al Maestro de
por su especial amor
a las monjas contemplativas de
JUBILEO 1206-2016
FANTASIAS DOMINICANAS
Es un intento de jugar a colorear el
Jubileo 1206- 2016.
Haciendo presente en nuestro aquí y ahora al Bienaventurado Padre Domingo.
CIELO A LA VISTA
Fantasías DOMINICANAS en el
Jubileo 1206-2006
P. Petitot
–en su libro “Sto. Domingo de Guzmán” –
¡¡C I E L O A L A V I S T A!!
Fue el grito que lanzó Henri Lancaster cuando por medio de Internet, con una pantalla de cuatro metros de ancho por cinco de altura, pudo entrevistarse con algunas monjas de la primitiva comunidad de Prulla.
Transcribimos literalmente el artículo que encontramos sobre su escritorio y que había escrito 40 minutos antes de morir.
"Acabo de vivir la experiencia más extraña de mi vida. Estoy confuso, llevo ya media hora preguntándome si estoy despierto. Para despejar toda duda me he puesto a escribir.
Pasaban ya de las 11 de la noche cuando abrí un canal Chat, con esta invitación:
“Dominico entusiasta, enamorado del ideal dominicano busca conexión con los dominicos (as) de cielo y tierra; para festejar juntos nuestra identidad dominicana.”
Era ya noche cerrada, y mis ojos empezaban a cerrarse ¿Me dormí? No lo sé. Solo sé que en el mismo instante de escribir la invitación, apareció en mi pantalla una angelical figura. Me quedé de piedra. No atinaba a ver lo que veía, pero ahí estaba sonriéndome una monja dominica, envuelta toda ella en una hermosa aureola que dejaba clara su procedencia.
Yo seguía perplejo; ella sonrió y me dijo ¡Felicidades!
yo seguía sin reaccionar. Me floté los ojos, pues los sentía pesados, por un dulce sueño, me golpee la cabeza para sentir que me dolía, y, por tanto, que estaba despierto.
Por fin balbucí unas palabras de disculpa por las molestias que le podía causar el tener que salir al espacio ciberial;
-¡Oh no! Olvídelo. No me causa molestia en absoluto. Pero me pasma mucho ver a un dominico mudo.
- Pierda cuidado –repliqué- que no morirá de pasmo.
Dígame por favor su nombre, su procedencia y como os encontráis aquí
- Soy S. Raimunda Claret. Una de las primeras monjas de Prulla.
- ¿Pero como estáis aquí?
- Muy sencillo hice clic, y aquí me tenéis para compartir en dialogo cuanto queráis saber.
- Por lo pronto me gustaría conocer cómo habéis celebrado ahí en el cielo, el 800 cumpleaños de la vida contemplativa dominicana.
Nos reunimos con bastante tiempo de anticipación para programar unidos las ceremonias, y los festejos del Jubileo.
Y ya en la víspera del día tres - señalado para la apertura del jubileo - teníamos todo lindamente ornamentado.
Al bonachón de San Pedro, le habíamos pedido 800 rosas blancas terrestres; Él no entendía el por qué de nuestro empeño, en que fueran rosas terrestres; ¡Con tantas como las hay en el cielo! ¡Rosas perennes que nacen y crecen por los siglos de los siglos!.
Pero nosotras las queríamos así, terrestres, frágiles y perecederas; para mejor simbolizar el peregrinar de
Con las rosas formamos un gigante centro, en forma de circunferencia, dejando libre una especie de radios por donde las monjas desde cualquier punto donde se encontraban podían llegar al centro.
A la hora señalada, cuando sonaron las campanas de cielos y tierra, todas las monjas con un cirio en las manos, desfilábamos hacia el centro floral; dónde una gigante antorcha nos provocaba a iluminar, a incendiar, ¡a arder! .
En la antorcha se podía leer en letras grandes; DOMINGO LUZ DE CRISTO PARA
Cada hermana que se acercaba a encender su luz, daba gracias a Dios en versos o en canción, por una de las tantas maravillas, que Dios obró en su siglo por medio de
Fue muy emocionante, o impactante como decían las últimas que arribaron a los cielos, sí muy bonito. ¡Expresivamente bonito!.
Sor Raimunda, me contó otros muchos detalles, y en todo lo que contaba, echaba de ver la presencia de los hermanos (as) y así se lo hice ver, a lo que con toda vivacidad contestó:
- ¿¡Cómo no iban a estar los hermanos!? ¡Sin ellos y sin ellas no hay fiesta que valga!. Estuvieron todos. Era fiesta de familia, y no podía faltar ni un sólo miembro.
Ese día nos sentimos más madres que nunca. Nos sentimos ¡Cuna de
- Por cierto hermana, es un apelativo muy celebrado en nuestra historia dominicana.
Y no menos por nosotras las monjas de Prulla.
Cuando lo oímos por primera vez, no pudimos evitar el recuerdo de años atrás, cuando el bienaventurado Domingo, se iniciaba como campeón, ganándonos el campeonato de la fe.
En la celebración del Jubileo hemos contemplado a estos “Campeones de la fe”:
- ora en la fortaleza de los mártires, que vinieron luciendo sobre sus hábitos blancos, una flamante estola, rojo llama.
- ora en los Doctores y Maestros de
- ¡Campeones de la fe! ; es la inmensa muchedumbre de hombres y mujeres que con su vida predicaron y confesaron la fe.
Y ahí estaban las vírgenes. En sus lamparas encendidas, ardían incansables la fe, la esperanza y la caridad. ¡Un verdadero tríptico de luz y color!. que contrastaba con sus túnicas blancas y la delicada corona de jazmines que circundaba sus cabezas y cuyo aroma fue la recreación del ambiente
Os digo padre, que no quedó ni un solo aspecto de nuestra enriquecedora vida dominicana del que no hiciéramos memoria.
Sí, la fiesta fue hermosa, porque
Después de la acción de gracias; pasamos la noche en una amena velada, donde los cantos y poesías se alternaban con aplausos y risas.
La hora de completas cerró el día. Y allí estuvo
- Hermana, si así fueron las vísperas; ¿qué habéis dejado para el día siguiente, en que
- Sabéis que se suele decir, que por las vísperas se conocen las fiestas; pues entonces al día tres, echadle más hermano, y no esperéis menos.
- Disculpadme; me he distraído.
Decidme, ¿quienes son esos dos religiosos vestidos de negro que con tanta efusión me han saludado?
¿No le conocéis? Uno es nuestro “Papá abuelo”; Don Diego de Acevedo, el que fuera obispo de Osma; y el otro, es el obispo Fulco, nuestro querido padrino.
- ¿Ah sí?, me había hecho otra idea sobre ellos.
- Sobre todo del obispo D. Diego. Me lo imaginaba con un discreto aire de trovador.
- Bueno algo de eso debió de ser, pero ya sabéis que eso de ser obispo, hay que llevarlo con seriedad.
- Cierto que sí. Pero ése hábito que lleva tan ceñido desdice un poco de su dignidad episcopal; y me parece que cualquier día lo reventará.
- La culpa es mía, pues tanto él como mi hermano, llevan tiempo urgiéndome, para que les haga un hábito nuevo.
- ¿Dominicano?
- ¡A ver! Yo no conozco otro.
- ¡Ja! ¡Ja! Pues tenedlo preparado para que puedan estrenarlo en la clausura del Jubileo.
- Eso está por ver.
Bueno padre. Estoy encantada de platicar con vos pero ahí viene la madre; que tendrá tanto gusto como yo en conoceros ¡ Adiós!
- Gracias, por todo hermana, y perdonad las molestias.
De nada padre, ha sido un placer para mí compartir un acontecimiento tan especialmente emocionante, como el que acabamos de vivir.
- A-®Dios, en Él, en breve nos veremos.
Aquí tenéis a nuestra M. Priora, adiós.
- ¡Hola madre¡ ¿Sois vos Guillermina, la benjamina de Domingo?
-. Sí padre, soy la misma, y estoy disponible para serviros.
-Madre, me gustaría que me refirieseis con todo detalle la ceremonia del día tres de diciembre.
Supongo madre, que después de unas vísperas tan intensas, al día siguiente amaneceríais todas en silencioso y santo retiro ¿No es así?
-¿De retiro? ¡Por Dios hermano! ¡Qué ocurrencia!. ¡Ni que celebrásemos a San Bruno!
El amor, la alegría tienden a expresarse y nosotras hemos recurridos a todos los signos y símbolos. ¡No!. No nos conformaríamos con una celebración puramente intimista. Todas sentimos la necesidad de recurrir a los gestos y ritos, ya sean públicos como privados.
Hermana, me desconciertan vuestras palabras.
Vosotras habéis escogido, vivir escondida en Cristo, una vida de silencio y soledad, a la escucha de su Palabra. ¿Cómo se explica esa necesidad que habéis sentido de expresaros, con lenguaje, con gestos y voces?.
Tenéis razón hermano, pero hay momentos en la vida en que el amor necesita decir una palabra.
Y no sé por qué os extrañáis de que nuestro silencio rompiese en voces.
Dios vivía a solas consigo mismo en un eterno silencio, pero llegado el momento solemne de su amor, se hizo Palabra.
-.Veo hermana que lleváis en vuestras palabras el sello inconfundible de vuestro siglo, donde la disputatio estaba a la orden del día.
-.¡Y a mucha honra! pues no desentona en nada de mi hábito dominicano.
Bueno padre, ya es hora de que me retire.
-.Un momento hermana, me he quedado sin saber en que consistió la celebración del inicio del Jubileo del día 3 de diciembre.
Pues quizás vos teníais razón, en eso de que amaneceríamos en silencio.
Sí, enmudecimos, de tanto como había para decir y expresar.
Pero conste padre, que no lo planeamos así.
- Había tenido noticia de que cierto monasterio de Castilla, había planeado celebrar la apertura del Año Jubilar, en el silencio del retiro del mes. Por eso me insistía en que no lo planearon así.-
-.Sí madre, me queda claro, pero quiero saber como fue todo.
-.¡Bellísimo padre! ¡Bellísimo!
Colocamos dos tronos grandes donde se sentaron Ntro. Padre Domingo y
Detrás en semicírculo en tres niveles colocamos a todos los maestros de
Luego la ceremonia fue muy emotiva.
Habíamos acordado que, llegado el momento de las ofrendas, (un ramillete espiritual que cada monja portaría consigo), renovaríamos el amor que profesamos a Ntro. Padre Domingo y a su Orden.
Se dejó libertad, para que cada una lo expresara según el lenguaje de su amor. Sin ceñirnos a la formula de la constitución ni al ceremonial litúrgico.
Llegó el momento de las ofrendas: Miles de ramilletes espirituales llenaron el espacio celeste.
Para mí ha sido el momento más significativo de mi vida. Pues en ese ramillete espiritual ofrendábamos a María y a Domingo, los frutos de su siembra en nosotros. Todo lo que durante 8 siglos se había cosechado en el sagrado huerto de su orden
Me tocó a mí la primera, hacer la ofrenda.
Subí las gradas; me postré; y Domingo extendió sus manos para levántame, y he aquí que al elevar mi ofrenda, enmudecieron las palabras escritas o pensadas y un silencio elocuentísimo lo invadió todo.
De rodillas, coloqué mi mano derecha en las manos de María que permanecían extendidas hacia mí en señal de acogida. Cuando me disponía a depositar mi otra mano en la de Domingo (según lo acordado) éste se adelantó, y con sus dos manos, abrazó las mías, junto a la de
En ese instante no hubo palabra; las lágrimas, las manos, los ojos, lo decían todo por sí mismo.
Ahí, entre las manos del Bienaventurado Domingo y la de
Tuve la impresión de que en ese instante, todas nuestras alianzas rotas, quedaron restauradas.
Esto fue todo.
Detrás de mí fueron pasando una tras otra; y ninguna hubiéramos salido de esas manos benditas, de no ser por la certeza que tuvimos, de que para siempre, por nuestra profesión dominicana, quedamos presas en ese cerco sagrado de María-Domingo.
Fin
Sor María Victoria de
Monasterio Sto. Domingo el Real
C/ Claudio Coello 112
28006 Madrid España