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798 años de la confirmación de la orden de predicadores

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La Orden de Predicadores celebrará un año jubilar con el tema «Enviados a predicar el Evangelio». Este Jubileo conmemora la publicación de las Bulas promulgadas por el Papa Honorio III hace ocho siglos confirmando la fundación de la Orden en 1216 y 1217.

El año jubilar se celebrará del 7 de noviembre de 2015 al 21 de enero de 2017. La celebración del Jubileo significa para la Orden entrar en un proceso dinámico de renovación que culmine en el envío de los frailes a predicar, al igual que Domingo envió a los primeros hermanos.

Se nos invita a volver a los orígenes de la Orden para recordar el momento fundacional en el que Santo Domingo envió a nuestros primeros hermanos fuera de su casa, de su familia, de su nación, para que descubrieran el gozo y la libertad de la itinerancia.

Ofrecemos la traducción del texto de la Bula "Religiosam Vitam" del Papa Honorio III, fechada en Roma el día 22 de diciembre de 1216 por la que se confirmó la Orden de Predicadores.

Honorio, obispo, siervo de los siervos de Dios, a los amados hijos Domingo, prior de San Román de Toulouse, y a sus frailes tanto presentes como venideros, profesos en la vida regular, a perpetuidad.

Conviene que a los que han elegido la vida religiosa se les dé la protección y amparo apostólico, no sea que la incursión temeraria de algunos o los aparte de su propósito regular de portarse como religiosos o debilite, Dios no lo quiera, la ener­gía o vigor de la sagrada religión.

Atendiendo a esto, amados hijos en el Señor, Nos asen­timos con clemencia a vuestras justas súplicas y recibimos bajo la protección de san Pedro y nuestra la iglesia de San Román, en la que estáis entregados totalmente al servicio divino y lo corroboramos con el privilegio del presente escrito.
Y en primer lugar ciertamente establecemos que la Orden Canonical, que está allí instituida según Dios y según la Re­gla de San Agustín, se mantenga y guarde en el mismo lugar en todos los tiempos de manera inviolable.

Mandarnos, además, que se conserven firmes y en su inte­gridad en favor vuestro y de vuestros sucesores, todas las po­sesiones o cualquiera de los bienes que dicha iglesia posee en la actualidad justa y canónicamente, y del mismo modo los que en el futuro podáis recibir bien sea a través de conce­siones pontificias, bien sea de donaciones de los reyes o de los príncipes, o de las oblaciones de los fieles o de cualquier otro justo modo. Y entre ellos, Nos queremos hacer mención ex­presa: del lugar donde está asentada la susodicha iglesia con todas sus pertenencias, de la iglesia de Prulla con sus perte­nencias, de la villa de Casseneuil con todas sus pertenencias y de la iglesia de Santa María de Lescure, con todas su perte­nencias, del hospital llamado Arnaud‑Bernard, con sus perte­nencias, de la iglesia de la Santísima Trinidad de Loubens, con sus pertenencias, y los diezmos concedidos a vosotros piadosa y providamente, por el venerable hermano nuestro Fulco, obispo de Toulouse, con el consentimiento de su capítulo, conforme se contiene en sus letras de una manera plena.

Nadie presuma exigir de vosotros o quitar a la fuerza diezmos de los frutos nuevos de vuestros huertos, cultivados con vuestras propias manos y a vuestra costa, ni de los pastos de vuestros animales.

Os está permitido ciertamente recibir clérigos y laicos li­bres y sin obligación que, huyendo del mundo, desean ingre­sar en la vida religiosa y también retenerlos entre vosotros sin ninguna contradicción.

Prohibimos, además, que ninguno de vuestros frailes, hecha la profesión en vuestra iglesia, se atreva a dejar vuestro grupo sin licencia de su prior, a no ser que se trate de ingre­sar en una religión más austera. Nadie, sin embargo, se atreva a retener al que se separa de vosotros sin la previsión de vuestras letras dimisorias.

En las iglesias parroquiales que tenéis os está permitido elegir sacerdotes y presentarlos al obispo diocesano, y si son considerados idóneos el obispo les encomendará el cuidado de las almas, para que éstas respondan ante él de las cosas espirituales y ante vosotros de las temporales.

Establecemos además que nadie pueda imponer nuevas e injustas exacciones o contribuciones a vuestra iglesia o pro­mulgar sobre vosotros o la mencionada iglesia sentencias de excomunión o entredicho, a no ser que se dé una causa razonable y manifiesta. Cuando se diere un entredicho general, se os permite celebrar los divinos oficios a puerta cerrada, sin tocar las campanas y en voz baja, pero están excluidos los exco­mulgados y los sujetos al entredicho.

Pero el crisma, el óleo sagrado, la consagración de los al­tares o de las basílicas, las ordenaciones de los clérigos promovidos a las órdenes sagradas, los recibiréis del obispo dio­cesano, si éste fuere ciertamente católico y tuviere la comu­nión y gracia de la Sede Romana, y si quisiere ofrecérosla sin malicia alguna. De lo contrario, tenéis licencia para acudir cuando quisiereis a cualquier obispo católico que tenga la gracia y comunión de la Sede Apostólica y éste os dará lo que se le pide contando ya con nuestra autoridad.

            Determinamos también que sea libre la sepultura en dicho lugar, a fin de que nadie ponga obstáculos a quienes hayan resuelto ser allí enterrados, movidos por devoción o lo haya expresado en su última voluntad. No se podrán enterrar allí los excomulgados o sujetos a entredicho.
A tu muerte ahora prior de dicho lugar o a la muerte de tus sucesores, nadie sea nombrado superior antepuesta cual­quier clase de astucia o violencia a no ser que sea la persona que los frailes, de común acuerdo o al menos con el consenti­miento de la mayoría o de la parte más sana, hayan elegido según Dios y según la Regla de san Agustín.

Confirmamos también las libertades e inmunidades antiguas y las costumbres razonables concedidas a vuestra iglesia y observadas hasta hoy; las tenemos como buenas y sancio­namos que deben observarse en su integridad en todos los tiempos.

Decretamos que nadie, sea la persona que fuere, se per­mita perturbar la susodicha iglesia de modo temerario o se atreva a usurpar sus posesiones o retener lo usurpado, a me­noscabarlas o a fatigarlas con cualquier clase de gravámenes o vejaciones. Se conservarán todas estas cosas en su integridad entre aquellos a quienes fueron concedidas para su gobierno o sustento y dadas para su uso, pero se tendrán en cuenta la autoridad apostólica o la justicia según el derecho canónico del obispo.

Si, pues, en lo venidero alguna persona, eclesiástica o se­glar teniendo conocimiento de esta página de nuestra consti­tución, atentara temerariamente contra la misma, amonestada segunda y tercera vez, a no ser que corrigiere su delito de manera satisfactoria, incurrirá en la pérdida de su potestad y de su honor, se reconocerá reo del juicio divino y se hace digno de ser privado del sacratísimo cuerpo y sangre de Dios y de nuestro Señor y Redentor Jesucristo y está sujeta al castigo en el último juicio.
La paz de nuestro Señor Jesucristo sea, pues, para todos los que guarden los derechos del susodicho lugar, y perciban ya en la tierra el fruto de la buena acción y ante el juez supremo hallen los premios de la paz eterna. Amén. Amén. Amén.

Adiós.

Mantened, Señor, mis pasos en tus caminos [Salmo 16,5]. San Pedro, San Pablo. Honorio Papa III.

◦Yo Honorio, obispo de la Iglesia católica, lo subscribo.
◦Yo Nicolás, obispo Tusculanense, lo subscribo.
◦Yo Guido, obispo Prenestino, lo subscribo.
◦Yo Hugolino, obispo de Ostia y Velletri, lo subscribo.
◦Yo Pelagio, obispo de Albano, lo subscribo.
◦Yo Cintio, del título de San Lorenzo en Lucina, presbítero cardenal, lo subscribo.
◦Yo León, del título de la Santa Cruz en Jerusalén, presbí­tero cardenal, lo subscribo.
◦Yo Roberto, del título de San Esteban en Monte Celio, presbítero cardenal, lo subscribo.
◦Yo Esteban de la Basílica de los Doce Apóstoles, presbí­tero cardenal, lo subscribo.
◦Yo Gregorio, del título de Santa Anastasia, presbítero car­denal, lo subscribo.
◦Yo Pedro, del título de San Lorenzo en Dámaso, presbí­tero cardenal, lo subscribo.
◦Yo Tomás, del título de Santa Sabina, presbítero carde­nal, lo subscribo.
◦Yo Guido de San Nicolás en la cárcel Tuiliana, diácono cardenal, lo subscribo.
◦Yo Octavio de los santos Sergio y Baco, diácono cardenal, lo subscribo.
◦Yo Juan de los santos Cosme y Damián, diácono cardenal, lo subscribo.
◦Yo Gregorio de Santo Teodoro, diácono cardenal, lo subs­cribo.
◦Yo Rainiero de Santa María en Cósmedin, diácono carde­nal, lo subscribo.
◦Yo Román de Santángelo, diácono cardenal, lo subscribo.
◦Yo Esteban de San Adrián, diácono cardenal, lo subs­cribo.

Dado en Roma por mano de Rainiero, prior de San Fri­diano de Lucca, vicecanciller de la Santa Iglesia Romana, el día 22 de diciembre, en la indicción V, en el año de la Encar­nación del Señor 1216, año primero del pontificado del Señor Honorio Papa III.


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“Laudare, Benedicere, Praedicare” – El Video

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The arc of the chapel of St Dominic at Bologna

La Comisión Litúrgica de la Orden, como parte de los trabajos de preparación para el Jubileo, ha elegido como Himno Oficial la composición de nuestro hermano Giuseppe-Pietro Arsciwal OP, de la Provincia de Filipinas, titulada “Laudare, Benedicere, Praedicare”. 

Los frailes de la Provincia de Filipinas están elaborando un video oficial del himno del Jubileo, que esperamos poder compartir en un futuro no muy lejano.  Mientras tanto, hemos querido preparar un video con diversas imágenes para acompañar el himno. Las imágenes muestran las diversas ramas de la Familia Dominicana (frailes, monjas, hermanas y laicos) así como las diferentes regiones de la Orden con su diversidad de vida y misión. 


Falta un año para el inicio del Jubileo de la Orden

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Jubileo de la Orden

Este 7 de noviembre, el Coordinador del Jubileo presentó el programa definitivo de eventos internacionales para el Jubileo Dominicano - 800 años que tendrá inicio dentro de un año, el 7 de noviembre de 2015, fiesta de todos los santos de la Orden.

El programa internacional del Jubileo está compuesto por 14 eventos. Algunos de ellos se desarrollarán simultáneamente en cada comunidad local, otros a nivel provincial y algunos en un lugar específico con la participación de representantes de las diversas entidades de la Orden.
Los eventos del programa internacional buscan dar espacio a diferentes dimensiones de la vida dominicana: algunos son de carácter celebrativo y festivo, otros invitan a la dimensión contemplativa y litúrgica; otros tienen un perfil académico y de reflexión; algunos se dirigen a campos específicos de predicación como el arte, la defensa de los derechos humanos y el apostolado juvenil. El plegable informativo con el programa se puede descargar aquí.     

Al presentar el programa, el Coordinador del Jubileo agradeció la colaboración de Fray Florentino Bolo (Filipinas) y de Fray Iderman Andrade (Colombia) en la elaboración del mismo. Estos hermanos hacen parte del equipo de organización del Jubileo y colaborarán en la comunicación con las provincias y entidades dominicanas.

http://www.op.org/es/jubilee

Oración para el Jubileo de la Orden

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La Orden de Predicadores se prepara para celebración del Jubileo con ocasión de los 800 años de su aprobación. Como dominicos, sabemos que la oración es fundamental para entrar en la dinámica de renovación y de metanoia a la que nos llama la celebración del Jubileo. Por eso, queremos invitar a toda la familia dominicana a orar con la plegaria del Jubileo que se encuentra traducida en diferentes idiomas en:  




Dios Padre de misericordia, que
llamaste a tu servidor Domingo de Guzmán
a ponerse en camino en la fe,
como peregrino itinerante y predicador de la gracia,
al prepararnos a celebrar el Jubileo de la Orden,
te pedimos que infundas de nuevo en nosotros
el Espíritu de Cristo Resucitado,
para que podamos proclamar con fidelidad y alegría
el Evangelio de la paz,
por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.


Sería ideal que cada convento, casa, comunidad y fraternidad de la Orden se sintieran en comunión con la familia dominicana del mundo entero orando con esta plegaria común.

En la misma página pueden encontrar un separador de libro con la oración en los tres idiomas oficiales de la Orden. Las comunidades dominicanas que así lo deseen pueden descargar este separador y producir copias para todos aquellos que quieran unirse a esta oración. 

Animamos especialmente a los promotores y promotoras locales del Jubileo a distribuir este separador entre las comunidades y a invitar a los miembros de la familia dominicana a compartir esta plegaria.  Si en su región se hablan otros idiomas los invitamos a enviarnos sus traducciones de la oración del Jubileo a iubileum2016@curia.op.org para compartirlas en nuestra página de internet. 

LOS LAICOS Y LA PREDICACIÓN: LA MISIÓN DE SER PROFETA

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Estaba meditando acerca de lo que nos dice el Lema de este año dentro del Novenario rumbo a los 800 años de la Confirmación de la Orden: – Un versículo de la Sagrada Escritura, con sentido Escatológico pues el Capítulo se titula el Día del Señor y el Juicio de las Naciones.

Inicia este Capítulo con lo que el Lema nos invita a vivir, pero el centro del Mensaje de la Palabra de Dios que se nos cita está encerrado en la Frase “Los Laicos y la Predicación”, esto es el Ser Profeta.

El Ser profeta que inicia con el Bautismo en donde Dios derrama su Espíritu, que nos conduce a ser Imagen de El en Cristo.

El profetismo conlleva en sí el Anuncio y la Denuncia.

Este mismo profetismo contiene los elementos constitutivos de la vida Dominicana, la vida fraterna, la oración, el estudio y la misión apostólica, todos ellos orientados a la predicación, sin ellos, nuestro profetismo estaría incompleto.

Yo debo anunciar de lo que soy Testigo, testigo de la Buena nueva, testigo de la Esperanza en un mundo que parece carecer de ella, Testigo del amor en un mundo que parece carente de humanidad, de Justicia y de Paz.

Recordemos que la participación en el oficio profético de Cristo, «que proclamó el Reino del Padre con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra», habilita y compromete a los fieles laicos a acoger con fe el Evangelio y a anunciarlo con la palabra y con las obras, sin vacilar en denunciar el mal con valentía.
Unidos a Cristo, el «gran Profeta» (Lc 7, 16), y constituidos en el Espíritu «testigos» de Cristo Resucitado, los fieles laicos son hechos partícipes tanto del sobrenatural sentido de fe de la Iglesia, que «no puede equivocarse cuando cree», cuanto de la gracia de la palabra (cf. Hch 2, 17-18; Ap 19, 10). Son igualmente llamados a hacer que resplandezca la novedad y la fuerza del Evangelio en su vida cotidiana, familiar y social, como a expresar, con paciencia y valentía, en medio de las contradicciones de la época presente, su esperanza en la gloria «también a través de las estructuras de la vida secular». (CFL)

Las dominicas y los dominicos participan de esta misión profética de Cristo, predicando en los diferentes espacios que existen en el mundo, tanto en medio de los bautizados como de los que no conocen a Dios. Conscientes de la realidad de su entorno socio-cultural-económico, asumen su compromiso de llevar la Buena Nueva de Jesucristo, contribuyendo en la construcción del Reino de Dios y promoviendo en el mundo las prioridades evangelizadoras de nuestra Orden, a saber: la catequesis en un mundo descristianizado, la evangelización en el contexto pluricultural, el empleo de los medios de comunicación social y electrónica para la evangelización y, de manera muy especial, la promoción de la Justicia y de la Paz. (D.L.O.P. 3)

MISIÓN DE SACERDOTE, PROFETA Y REY EN LA IGLESIA QUE INICIA CON EL BAUTISMO

La participación de los fieles laicos en el triple oficio de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey tiene su raíz primera en la unción del Bautismo, su desarrollo en la Confirmación, y su cumplimiento y dinámica sustentación en la Eucaristía. Se trata de una participación donada a cada uno de los fieles laicos individualmente;
pero les es dada en cuanto que forman parte del único Cuerpo del Señor. En efecto, Jesús enriquece con sus dones a la misma Iglesia en cuanto que es su Cuerpo y su Esposa.

De este modo, cada fiel participa en el triple oficio de Cristo porque es miembro de la Iglesia; tal como enseña claramente el apóstol Pedro, el cual define a los bautizados como «el linaje elegido, el sacerdocio real, la nación santa, el pueblo que Dios se ha adquirido» (1 P 2, 9). Precisamente porque deriva de la comunión eclesial, la participación de los fieles laicos en el triple oficio de Cristo exige ser vivida y actuada en la comunión y para acrecentar esta comunión. Escribía San Agustín: «Así como llamamos a todos cristianos en virtud del místico crisma, así también llamamos a todos sacerdotes porque son miembros del único sacerdote».

Los fieles laicos, precisamente por ser miembros de la Iglesia, tienen la vocación y misión de ser anunciadores del Evangelio: son habilitados y comprometidos en esta tarea por los sacramentos de la iniciación cristiana y por los dones del Espíritu Santo.

En la vida de la Iglesia, específicamente en la Vida de nuestra Orden, los fieles laicos, anunciadores del Evangelio, Profetas llenos del Espíritu Santo, nos han dejado ejemplo de Fidelidad a esta vocación como lo fueron Santa Catalina de Siena, Santa Rosa de Lima, el Beato Pier Giorgio Frasati y muchos más que a lo largo del tiempo han dado respuesta al llamado de vivir el Bautismo que nos hace con Cristo y en El, Sacerdotes, Profetas y Reyes.

Sr. Fernando Vargas, O.P. (Seglar Dominico)

El Laicado Dominico: Específicamente implicado en el enraizamiento cultural del Evangelio (Rumbo al 2016)

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 Reflexiones desde la perspectiva de un fray predicador  (2011)

fr. David M. Kammler OP
Promotor General del Laicado Dominicano (Dominicos Seglares)



Introducción

En el año 2011, como hermanas y hermanos de Santo Domingo, ya estamos avanzando en la segunda mitad de la "Novena de los años del Jubileo ", en nuestra peregrinación espiritual común de renovación que culminará en 2016, cuando celebraremos el 800 aniversario de la aprobación oficial de la Orden de Predicadores. Estoy muy contento de tener en cuenta, dentro de nuestra Familia Dominicana, año tras año la toma de conciencia y de respuesta activa a los lemas anuales propuestos (por ejemplo: 2007 = Contemplación / 2008 = Rosario / 2009: Santo Domingo Predicador de la Gracia / 2010 = Misión de la Predicación). Así, en los programas de formación permanente, provinciales y locales, estos temas se tratan cada vez más, como propuso hace cuatro años el anterior Maestro de la Orden, el fraile Carlos: «Me gustaría invitar a cada entidad de la Orden, así como a cada comunidad y cada individuo a comenzar el largo proceso de renovación a través de la reflexión, las decisiones y acciones adoptadas en relación con nuestro modo de vida de predicadores del Evangelio». Como ustedes saben, dentro de la lista ya publicada de los temas anuales hasta el año 2016, al año 2011 se le asigna al tema del Jubileo de la"Predicación y Cultura / Predicación de la Comunidad". "¿En qué manera, como miembros de nuestra Orden en sus diferentes ramas, predicamos como comunidad? ¿Cómo podemos predicar dentro de la diversidad de las culturas "-? Reflexionar y discutir estas preguntas estimulará y fortalecerá nuestra misión permanente de la predicación, esencial a nuestra vocación cristiana dominicana.

Inculturación en la historia de la salvación

Como título bíblico del tema del Jubileo 2011, se ha elegido el versículo bien conocido de los Hechos 2:11: "Todos les oímos hablar en nuestras idiomas las maravillas de Dios". El milagro de Pentecostés, día del evento que dio origen a la Iglesia, pone de relieve la diversidad de las "lenguas", en la que Dios se quiere a sí mismo encarnado. El Espíritu Santo está actuando como el verdadero "intérprete intercultural". Desde el principio, Dios escoge a los intérpretes en su creación, que revelan y traducen su incomprensible amor en la imagen humana. Las maravillas y la variedad de la creación (cf. Sal 19: "Los cielos proclaman la gloria de Dios ...) y dentro de ella, el ser humano como su imagen hablan desde el comienzo mismo de las maravillas de Dios. En la historia del Pueblo Santo de Dios, expresiones características como "Padre", "Pastor", "Rey", "Amante", "Novio" y muchas más fueron sacadas de sus respectivos contextos socio-culturales, como medios para inculturar la relación entre Dios y la humanidad. El lenguaje de la liturgia era originalmente el lugar de la inculturación, ¡como sigue siendo evidente en la conexión verbal entre "culto"  y la "cultura"! Por otra parte, todo término religioso es una interpretación, y por lo tanto no idéntica a la original, pero más o menos aproximada. Nuestro lenguaje de la fe es siempre simbólico. El italiano dice: "traduttore - traditore" ("traductor = traidor") subraya que el cruce de una cultura a otra nunca sucede sin alteraciones. Las celebraciones litúrgicas judías y cristianas, incluyendo a nuestros sacramentos, son un ejemplo que muestran cómo los símbolos tradicionales pueden suponer un nuevo, actual significado. Por otra parte, un escritor o poeta no suele inventar un nuevo alfabeto en la creación de un nuevo contenido, sino que en la descripción de una situación, pone palabras tradicionales en un nuevo contexto. El Espíritu Santo es garante de que brilla la inefable realidad divina a través, incluso de las palabras humanas limitadas, culturalmente de diferente color. En nuestras comprensibles dudas humanas en cuanto a cómo articular las palabras adecuadas en una situación específica, ya Jesús lo confirma: "No seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre hablará en ustedes." (Mateo 10:20). En el contexto de profunda meditación y estudio de los "signos de los tiempos", los antiguos profetas se atrevieron a formular: Así habla el Señor: "Yo ...." - con palabras de advertencia, acusando o reconfortando, en un discurso directo.

Al reflexionar acerca de la "inculturación" de la presencia de Dios en las condiciones humanas, para nosotros cristianos, la encarnación personal de la Palabra eterna de Dios en Jesucristo es el acontecimiento único e inigualable de la historia del mundo. Al predicar su mensaje del "Reino de los Cielos", no predica en abstracto con expresiones filosóficas. Sus parábolas son tomadas de situaciones cotidianas normales. Para dirigirse a Dios, nos invita a utilizar la misma expresión que un niño cariñoso cuando se dirige a su Padre como "Abba". El hecho de los cuatro evangelios canónicos nos muestra que ya los evangelistas hablan de diversas situaciones sociales y culturas diversas. En los Hechos de los Apóstoles, el famoso discurso de San. Pablo a los griegos en el Areópago de Atenas (Hch 17,22-33) podría ser considerado como el primer intento de inculturación. Alrededor del año 50 DC, en el Concilio de Jerusalén, la inclusión de los gentiles y la inculturación de la cultura gentil fueron confirmados. La filosofía griega hizo su aparición en los intentos de formulaciones teológicas cristianas. Para inculturar la fe en las personas que viven en el imperio romano, el latín se introdujo, incluso los títulos y las funciones del emperador romano fueron trasladados al Papa ya la estructura de la Iglesia. En obediencia a la instrucción de Jesús después de su resurrección a predicar la Buena Nueva a todas las naciones, la Biblia ha sido traducida diversamente (¡hay ediciones en la actualidad de toda la Biblia en 451 idiomas, del Nuevo Testamento en 1185, de la traducción parcial de 2454!). Cada traducción de las Escrituras es un ejemplo de inculturación. La influencia entre la predicación del Evangelio y la cultura es recíproca, como se puede ver, por ejemplo, en mi lengua madre alemana: a través de los místicos medievales dominicanos renanos - y más tarde con Martín Lutero, el vocabulario de la lengua común se ha enriquecido con nuevas expresiones. Después de los descubrimientos de nuevos territorios, la Iglesia tuvo que reflexionar y aprender a evaluar los elementos de la antigua cultura no cristiana. Inmensos, inspirados en la fuente bíblica de la creatividad, son los testimonios de la inculturación de la fe en la arquitectura, la pintura, la poesía, la música y otras artes, ¡sobre todo lo hecho por los laicos!

La inculturación del Evangelio en nuestros días también sigue el modelo supremo de la Encarnación de la Palabra de Dios. Generada por el Espíritu Santo, la Palabra de Dios se hace carne, libera y perfecciona los valores humanos específicos en estado latente en las raíces de cada cultura. Se trata de un diálogo permanente, con el poder del Evangelio en el corazón mismo de las culturas, y, además, el Evangelio se convierte en una palabra concreta en y por una cultura particular. Nuestra predicación como miembros de la Familia Dominicana, por lo tanto sigue la lógica de la encarnación, como la forma de "puesta a tierra" del Evangelio en un momento y lugar especial.

Después de mi "acelerado recorrido" a través de la historia bíblica-cristiana de la salvación, ahora es tiempo de preguntar: ¿Cuál podría ser la contribución específica de los laicos dominicanos involucrados en el arraigo cultural del Evangelio, para que la gente de 2011 pueda oírnos hablar en sus propias lenguas acerca de las maravillas de Dios?

Laicos Dominicos - participantes en el enraizamiento cultural del Evangelio

En primer lugar: No es mi oficio dar sabias instrucciones diciéndoles lo que les queda por hacer al recoger las migas pastoriles, después de que los frailes han tenido un banquete de cinco platos. En cambio, los miembros religiosos de nuestra Familia Dominicana deben mirarles y escucharles, para discernir qué tipo de "lenguas" el Espíritu Santo, sobre todo le has encomendado como ciudadanos seculares del real, uno, sacerdotal y profético Pueblo de Dios. El Papa Juan Pablo II en su encíclica "Redemptoris Missio" (1990), se dirigió a los aspectos prácticos de la inculturación diciendo que "la inculturación debe implicar a todo el pueblo de Dios, y no sólo unos pocos expertos, ya que la gente reflejan el auténtico sentido de la fe (sensus fidei) que nunca se debe perder de vista (núm. 52) ". Con admiración y profundo respeto por lo tanto, ¡prefiero mirar lo que ya está sucediendo! Estoy convencido de que hay mucho que aprender de sus experiencias, por ejemplo, como padres, abuelos(as), maestros y catequistas, como personas involucradas en la sociedad y la política, en las artes y profesiones, en las parroquias y en contacto con los no cristianos o ¡incluso los no creyentes!

Ustedes son los verdaderos intérpretes de la inculturación de la fe en las familias y el vecindario, en su círculo de amigos y conocidos, en su profesión y vida laboral. Cualidades esenciales que atribuimos a Dios, como amor, protección, solidaridad, perdón, liberación, compasión ..." seguirán siendo nada más que palabras eufónicas, si no se traducen en experiencias de la conducta humana. Esa será la inculturación más intensa, mucho más convincentes que las palabras habladas o escritas. Nosotros mismos nos convertimos en " palabras vivas de Dios", incluso en nuestro comportamiento imperfecto, "llevamos este tesoro en vasos de barro (2Cor 4,7 a)" y por lo tanto siempre dependemos del perdón y de la gracia de Dios. Cuando la situación lo permite, también podemos atrevernos verbalmente a "dar una explicación a todo el que nos pida razón de nuestra esperanza (1 Pedro 3, 15 ter)". Ciertamente, esta capacidad de dar testimonio adecuado de la fe necesita de la formación y debe ser ejercitada. El reciente Capítulo General de los frailes, que se celebró en septiembre de 2010 en Roma, pidió que a todos los integrantes de la Familia Dominicana, incluidos los laicos, se ofrezcan formación sobre la predicación, promoviendo la creación de escuelas o centros regionales de la predicación en la Orden (GC Hechos / Roma, No.149 170). En retrospectiva, nos sorprendemos al darnos cuenta de cómo hemos respondido de manera apropiada en una situación imprevista. Durante más de un año, el Consejo Europeo de Fraternidades Laicales ha estado recogiendo historias cortas de predicación de laicos dominicos en un sitio web (www.laicatuspraedicans.net). Al compartir sus experiencias sobre la predicación en su ambiente de trabajo, familia, parroquia, comunidad local, fomentan y ampliar la visión de su predicación como hermanas y hermanos laicos. Si cada vez más los laicos europeos están motivados para hacer una contribución (- otras regiones pueden instalar un sitio web similar -), sus ejemplos sentarán un precedente. Es de esperar que estos testimonios de inculturación estimularán a nuestra Familia Dominicana como comunidad predicadora. La viña del Señor, en la que estamos llamados, realmente necesita con urgencia de trabajadores capaces de cooperar con los demás. Hay, mientras tanto, cada vez más "post-cristianos" en nuestras sociedades (por ejemplo: en mi país de origen Alemania ¡sólo uno de cada siete niños está bautizado!).

Ustedes son los intérpretes adecuados para la inculturación de los valores del Evangelio en la sociedad, la economía y la política. Los laicos son los primeros en ser llamados a la transformación de la sociedad, en colaboración con los obispos, el clero y los religiosos, infundiendo el Evangelio en la mentalidad, costumbres, leyes y estructuras del mundo secular en el que viven. A través de los siglos, muchos dominicos mujeres y hombres laicos han participado en la traducción del mensaje liberador de la Paz y la Justicia en las estructuras de sus sociedades. Existen no sólo los bien conocidos laicos como el fallecido alcalde de Florencia / Italia, Giorgio La Pira (+1977). Muchos otros anónimos, voluntarios participan en proyectos sociales, han descubierto que los púlpitos seculares son sus campos más genuinos de predicación. Una organización internacional, como nuestra Orden, está llamada a actuar localmente y pensar (y esperemos que también a actuar) globalmente. Los miembros de la Familia Dominicana en Irak, Pakistán, Haití, y los lugares en otros continentes deben saber que en la oración y, si es posible, en el apoyo activo, ¡jamás son olvidados! Como miembros de un cuerpo, nuestra solidaridad se requiere, como la carta a los Gálatas nos exhorta: "Haz el bien a todos, pero especialmente a aquellos que pertenecen a la familia de la fe. (Gal 6,10 b) ". No tiene por qué ser necesariamente un trabajo a tiempo completo. Sé que algunos de mis hermanas y hermanos laicos, cuyo apostolado es la escritura, escriben de vez en cuando, cartas a los editores de periódicos, "el más corto es el mejor" - también un carisma especial, encargado no sólo a los sabios e inteligentes. Por cierto: que como laicos dominicos nos pueden ayudar a los frailes a predicar ¡no más allá de las verdaderas cuestiones esenciales de las personas laicas! Como estamos sentados en el mismo barco, necesitamos de su colaboración en la formación para que en nuestros sermones litúrgicos estemos con los dos pies en el suelo y no escaparnos en a vuelos especulativos teológicos.

Ustedes son los intérpretes competentes, como lo fue Jesús con sus parábolas, en la búsqueda, en nuestro mundo cotidiano, de ocultas parábolas modernas, incluso en configuraciones seculares, que revelan las cualidades del "Reino de los Cielos". La vida cotidiana de su sociedad y la cultura fue tomada por Jesús como un patrón de lo que ocurre en la dimensión de la religión, como los alimentos y bebidas (levadura / vino), la naturaleza (semilla de mostaza / sembrador / árbol estéril fig / vid y ramas), animales (ovejas perdidas / red del pescador, aves de los cielos), profesiones (sembrador / pastor / juez injusto / siervo despiadado / constructor sin preparación), economía (moneda perdida / de la perla de gran precio / diez talentos / los dos deudores / tesoro escondido) o de la comunidad social (el amigo a la medianoche / hijos en el mercado / invitaciones a fiestas / cenas / ceremonias de boda). No es descabellado afirmar que en sus parábolas, Jesús en nuestros días querría implicar a nuestro mundo, como se nos presenta hoy en día - incluyendo su evolución tecnológica. La generación más joven, que vive en un mundo diferente a la generación de los padres, tiene su específica "cultura": un mundo de comunicación digital interactiva, de Internet, teléfonos celulares, i-Pad, facebook, twitter etc. ¿Cómo encontrar el acceso al "lenguaje" de los adultos jóvenes que viven - en términos bíblicos tradicionales - "como ovejas sin pastor" (Mk.6: 34c)? Yo mismo, que he crecido en lo que todavía era una zona de pre-televisión, admiro mucho las oportunidades dadas por los milagros de la técnica moderna. ¿Por qué también deberían ser excluidos de proclamar la gloria de Dios (cf. Sal 19.)? Por ejemplo: a veces me gusta usar una técnica en la parábola que describe la relación entre Jesucristo y su iglesia, diciendo que cada uno de nosotros es un "pixel": un punto pequeño, pero importante, como parte de una pantalla completa, compuesta para formar un imagen que revela el rostro de Jesucristo en nuestro mundo. Cada uno de nosotros tiene su color y posición dentro de todo el "mosaico". Diversos en función, pero de igual valor - que también caracteriza a la estructura de nuestra Familia Dominicana entre sus diferentes ramas y entidades. Así, las parábolas bíblicas clásicas de los que viven en la Iglesia descrita como un "edificio de piedras diferentes" - con Cristo como "piedra angular" (cf. Ef 2:20 b). O la comparación de la bien conocida "los diferentes miembros de un cuerpo" - con Cristo como "cabeza" (Colosenses 1:18) puede encontrar una correlación contemporánea actualizada

Ustedes son intérpretes cualificados de la inculturación de la dimensión religiosa a través de las artes en todas sus múltiples manifestaciones - visual, audible y perceptible para nuestros sentidos. La creatividad humana, confiada a nosotros por Dios Creador, da a luz a artísticos “lenguajes”, que van mucho más allá de la percepción racional y nos acerca a las fuentes más profundas de la vida. El cultivo de las artes permite la comunicación de corazón a corazón, superando barreras geográficas y sociales. Durante mis visitas, tengo el privilegio de entrar en contacto con muchos laicos miembros de la familia dominicana que predican por medio del arte. Ellos no esperan obtener un lugar en el hall de la fama, al igual que nuestros hermanos Fra Angelico, Maestro Francke, o la escritora noruega y premio Nobel Sigrid Undset (+1949). La mayor parte de los laicos hermanas dominicas y hermanos que son artísticamente dotados son conocidos y apreciados sólo por un círculo reducido de amigos y admiradores. Sin embargo, son importantes predicadores del misterio divino. Incluso si no producen activamente las artes, están predicando en favor de la apertura de la gente a la dimensión de la fe en las obras de arte. Sé, por ejemplo, en Europa y América Latina, que los miembros de las fraternidades laicales en los lugares con iglesias famosas y mueos, se dedican con visitas guiadas a atraer a muchos turistas. Al explicar el significado de las diferentes obras de arte, dan una verdadera catequesis, especialmente a los niños(as) y para aquellos que nunca asistirán regularmente a una ceremonia litúrgica. Dominicos laicos participan, sin menor importancia, en las artes contemporáneas. Utilizando el cine, invitan a la gente a la noche, donde se presentan películas artísticas, las que presentan motivadores testimonios humanos, y posteriormente, se comprometen en un intercambio verbal con el público. Los testimonios de la predicación dominicana por medio de las artes son versátiles. En mi visita a Vietnam, me gustó el regalo de un libro de texto completo con canciones modernas, escritas y compuestas por laicos dominicos. Un trabajo similar han realizado los laicos, hermanas y hermanos, en otros países. Por último, como ustedes saben, en nuestra Orden, en el sitio web oficial OP (www.op.org), bajo el enlace Jubileo Dominicano, se presenta una galería de arte y en la sección de poesía se muestran los resultados de la realización artística de los respectivos temas del Jubileo realizados por miembros de la Familia Dominicana, incluidos los de los laicos dominicos.

Ustedes son intérpretes auténticos, especialmente cuando predican a Jesucristo crucificado y resucitado. En la sección de la Pasión del Evangelio, los laicos, como las mujeres que lloraban, fueron los últimos en permanecer al pie de la cruz - las mujeres también las primeras en proclamar su resurrección (- ¡"Mujeres Dominicas y la Predicación" será el tema del próximo año!). La cercanía compasiva de Dios, incluso en la debilidad y el sufrimiento, puede ser predicada de modo mucho más convincente por los que están débiles y sufren, manteniendo su fe y esperanza en alto. Cuando, durante mis reuniones con Fraternidades pregunto por el número de miembros del grupo, a menudo tengo la respuesta: "¡Oh, en realidad somos ... (= sigue el número de miembros registrados) .., pero desafortunadamente algunos somos viejos,  estamos enfermos y no podemos asistir. Mi respuesta constante es:. "No se preocupen, incluso los ausentes en la actualidad siguen siendo miembros de la predicación en plena actividad en su grupo! " . Personas que no gozan de buena salud, , atrapadas en sus apartamentos o incluso en sus camas, predican la compasión de Jesús Cristo crucificado. La predicación del laicado dominico no debe concentrarse sólo en la movilidad externa - ¡de lo contrario las hermanas contemplativas no pertenecerían a la Orden de Predicadores! Siguiendo a Jesús en su Pasión incluso en nuestra personal y comunitaria "estaciones de la cruz" podemos ser auténticos predicadores de la presencia compasiva del amor de Dios en un mundo de violencia, sufrimiento y destrucción mortal.

Laicos Dominicos - incluidos en la predicación común del Evangelio

Hay un dicho, atribuido al fallecido obispo brasileño Dom Helder Camara: "Si uno sueña solo, es sólo un sueño, cuando muchos sueñan juntos, es el comienzo de una nueva realidad". El sueño de Santo Domingo fue "una puesta a tierra" la visión del Evangelio en las comunidades de su tiempo. Confió también a ustedes la visión apostólica como cristianos laicos. Proclamar la gracia de Dios a través de "alabar, bendecir, predicar" es nuestra vocación común. Las Actas del Capítulo General de los frailes, Rome/2010, destacan: "El laicado dominicano como miembros de la Orden Dominicana forman una sola familia con las monjas, frailes y hermanas y comparten la misión apostólica de la Orden y de la Iglesia (Hechos GC / Roma, N º 148). " Durante este año, serán recogidos ejemplos existentes de formas de predicación en común. En todo el mundo las comunidades dominicanas de frailes, monjas, hermanas y laicos ya anuncian la Buena Noticia más en forma común, o dentro de un contexto intercultural, ecuménico e interreligioso. La publicación de estas historias se hará a través de IDI (Informaciones Dominicanas Internacionales) en el sitio web de la Orden. A través de este intercambio, puede aumentar la voluntad de poner en marcha más proyectos conjuntos dentro de nuestra Familia Dominicana. Estamos unidos bajo el mismo techo, con el apoyo de nuestros clásicos cuatro pilares: Oración, Estudio, Comunidad y Misión. El último pilar la Misión, naturalmente, no es uno, junto a otros tres de igual valor, pero es el pilar decisivo, clave. La oración, el estudio y la comunidad se dirigen a la misión de predicar como la característica esencial de nuestra identidad dominicana en la comunidad de la Iglesia.

A finales del año pasado, al visitar la Familia Dominicana del sur de África, aprendí a describir estos elementos constitucionales de nuestra Orden en un típico símbolo de África inculturada: es el "brasero", como un centro de acopio esencial. Alrededor de un brasero de cocina la comunidad se reúne no sólo para ser alimentada, sino también para la comunicación, compartir sus experiencias y discutir, con la celebración y la planificación. El brasero, sobre la llama ardiente, con el apoyo de tres piedras (en una forma moderna de tres patas ya prefijadas). Nuestra misión, la predicación Dominicana es como el "brasero", con el apoyo de las "tres piedras / patas": Oración,  Estudio y Comunidad. El contenido nutritivo de la olla es la que da vida: la Palabra de Dios. Las especias y los ingredientes adicionales pueden ser culturalmente diferentes. Como discípulos de Jesús estamos llamados a estar no sólo satisfechos de nosotros mismos, sino cumplir la misión de Jesús, con las personas que padecen hambre y sed en nuestro tiempo: "Dadles vosotros de comer! (Mateo 14,16 b) ". ¡En la distribución de los alimentos nutritivos de la vida, bendecidos por Jesús, como laicos dominicos, ustedes tienen una tarea especial dentro de nuestro "equipo de servicio" de inculturación dominicana de distribución física y espiritual!

María: contemplación y predicación de la Palabra.

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« Hágase en mí según tu palabra » (Lc 1, 38).

María: contemplación y predicación de la Palabra. 

« ¡He visto maravillas! ». Esta exclamación del Beato Juan José Lataste, tras su primera experiencia de predicación a las reclusas de la prisión de Cadillac, podría servirnos como introducción a este nuevo año de preparación para el Jubileo de la Orden. El tema de este año es: « Hágase en mí según tu palabra (Lc 1, 38) ». María: contemplación y predicación de la Palabra.

¿Cómo puede guiarnos esta exclamación del Apóstol de las prisiones durante este año de nuestra novena? Recordemos que el padre Lataste acababa de predicar en un lugar marcado por el abandono, que había hablado a mujeres deshechas por la vida y por las graves acciones por las que fueron declaradas culpables, cansadas de las condiciones difíciles de la prisión y agobiadas ante un futuro incierto. Y a pesar de todo esto, tras haber predicado la Palabra de la Luz y de la Verdad en aquel lugar abandonado, el Padre Lataste había visto maravillas. Había contemplado la obra de la Palabra que predicaba, la obra realizada por la misericordia de Aquel que « nos ha amado con su amistad, con una amistad perfecta ». Para él fue maravilloso descubrir con cuánta fuerza estas mujeres, apartadas de la sociedad de los hombres, recibían la Palabra de misericordia y experimentaban lo que significaba ser recreadas a imagen de la humanidad de Cristo. ¡Contemplación!

Este episodio muestra que la contemplación y la predicación de la Palabra constituyen como el corazón de la vida y de la misión de la Orden de Predicadores.  No se trata de oponer una cosa a la otra, como si los frailes o las hermanas tuvieran que estar buscando continuamente un equilibrio difícil entre el ministerio activo de la predicación y el retiro en el silencio de la contemplación. Podemos recordar el comentario iluminador que hace el Maestro Eckhart al evangelio de Marta y María. Al ser por una parte contemplación y, por otra, predicación de la Palabra, el ministerio de los Predicadores impulsa a seguir el ejemplo de María, cuando ante el anuncio del ángel, acepta dar a Jesús « el Señor salva » (Mt 1, 21) al mundo. Después de haber narrado el episodio de Jesús en el templo en medio de los doctores, el evangelista san Lucas dice que « su madre guardaba todas estas cosas en el corazón » (Lc 2, 51). Acogiendo la Palabra de misericordia y de vida, María indica el camino para una « humanidad contemplativa ».

Me valgo de las palabras del Arzobispo de Cantorbery en su alocución durante el Sínodo de los Obispos, el 9 de octubre de 2012, en la que mostró cómo la contemplación está en el corazón mismo de la evangelización: « La evangelización, primitiva o nueva, debe estar enraizada en la profunda confianza de que poseemos un destino humano inconfundible para mostrar y compartir con el mundo ». Y más adelante: « Ser completamente humano es ser recreado a la imagen de la humanidad de Cristo; y esta humanidad es la perfecta ‘traducción’ humana de la relación entre el Hijo eterno y el Padre eterno, una relación de amor y adorada entrega, un desbordamiento de vida hacia el Otro. Así, la humanidad en la que nos transformamos en el Espíritu, la humanidad que queremos compartir con el mundo como fruto de la labor redentora de Cristo, es una humanidad contemplativa. Edith Stein observó que empezamos a entender la teología cuando vemos a Dios como el “Primer Teólogo”, el primero que habla acerca de la realidad de la vida divina, porque ‘todas las palabras sobre Dios presuponen la propia palabra de Dios’. De forma análoga, podríamos decir que empezamos a comprender la contemplación cuando vemos a Dios como el primer contemplativo, el paradigma eterno de la desinteresada atención al otro que no trae la muerte, sino la vida a nuestro yo. Toda contemplación de Dios presupone el propio conocimiento gozoso y absorto en sí mismo de Dios, mirándose fijamente en la vida trinitaria ».

En esta etapa de preparación para el Jubileo de la Orden estamos invitados a centrar nuestra atención en la contemplación. Siguiendo el ejemplo de María, que meditaba en su corazón el misterio de su Hijo, y que conduce hacia al corazón mismo de nuestra consagración a la Palabra, « luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo » (Jn 1, 9). Nos conduce allí donde se pregunta por humanidad, unidad y salvación. Por humanidad, porque más allá de todo nuestro esfuerzo en las prácticas contemplativas, éstas son en realidad el camino por el cual queremos exponer nuestra propia humanidad para que sea tomada y, por medio de la gracia de Dios, transformada por el misterio insondable de la revelación del Hijo de Dios en la humanidad. ¡Y cómo quisiéramos que esto se tradujera, cada día más, en la realidad concreta de nuestras relaciones fraternas y en nuestra mirada hacia los demás y hacia el mundo! De unidad, porque la contemplación no se define solamente por un espacio y un tiempo “reservados”, sino que invita a asumir con todo nuestro ser y con todo nuestro tiempo ese cara-a-cara (« aquel que mire hacia Él, resplandecerá ») por el cual nos exponemos a la mirada silenciosa de Dios que nos enseña el amor, la justicia, la humildad y el arrepentimiento, la acción de gracias y la esperanza. ¿Esto no implica un corazón unificado que pueda protegernos de la agitación y de la dispersión, que con tanta frecuencia amenazan nuestros compromisos evangelizadores?  De salvación, cuando, llevados por la presencia inaprensible de Dios que viene y que perdona, como sucedió al hijo pródigo del Evangelio, no tenemos palabras para pedirle que nos dé nuevamente la vida. ¿Cómo no traer a la memoria aquel primer día en que, al consagrar nuestra vida a la predicación, pedíamos la gracia de la misericordia?

Contemplari et contemplata aliis tradere… Todos sabemos que este lema de la Orden no describe dos etapas sucesivas en el ministerio de la evangelización. No llegamos a la contemplación como quien va al mercado a comprar lo que después distribuirá. Es verdad que nuestro lema recuerda que no habría predicación sin contemplación. Pero también afirma que la evangelización procede de la contemplación, porque esta última es de algún modo la invitación (el don) más precioso que puede ofrecer la evangelización a la humanidad. La contemplación abre, con la humanidad y para la humanidad, el camino del anhelo de la Verdad. Este anhelo es el eco en nosotros del anhelo de Aquel que viene a amarnos como amigo, que viene a proponerle a la humanidad una alianza de amistad: esta alianza que « está en juego » en cada uno de nosotros por el compromiso de Su Palabra en la nuestra, o más bien, cuando nuestra palabra se abre a la escucha de la Suya: « ¡Hágase en mí, según tu Palabra! ».  Estas sencillas palabras muestran cómo la vida de cada uno puede fundamentarse en la confianza  absoluta en la Palabra de Dios, que promete y realiza la alianza de amistad, y en la espera incansable que escruta, dentro de esta misma alianza, el misterio de amistad en Dios que es su última Verdad.

Dios habla al mundo y, para descubrir esta realidad inusitada, la contemplación nos ayuda a recibir su presencia silenciosa. Una presencia que abre nuestro corazón a la escucha de la Palabra que Dios dirige al mundo y a cada uno en particular. Es posible describir los “medios” para entrar en esta actitud contemplativa. Y, más aún, es importante prestarle atención a los caminos que la tradición de la Orden nos ofrece. En todos estos caminos, la Palabra de Dios tiene un lugar central: su escucha, su celebración, su meditación y su estudio.     La Palabra de Dios es central dentro de la escucha que hace posible una vida fraterna. Con frecuencia corremos el riesgo de reducir la vida entre los frailes o entre las hermanas a aspectos concretos y prácticos, muchas veces alegres, pero también cargados a veces de toda la fragilidad de nuestra humanidad. Nuestros hermanos y hermanas nos han sido dados, antes que nada, como portadores de la Palabra, como exégetas de la Palabra que obra en ellos y a través de ellos. La Palabra ocupa un lugar central en la celebración litúrgica, que no es una tarea que debe cumplirse, sino más bien, el ritmo dentro del cual celebramos la Presencia de Dios, con el fin de recibir, por medio de la oración común, nuestra propia capacidad de oración y de contemplación. La Palabra es central en la meditación de la Lectio Divina, a la que podríamos darle una mayor importancia, de modo que la “centralidad” de la Palabra de Dios sea verdaderamente el corazón de toda nuestra vida. Siguiendo el ejemplo de Tomás, la Palabra ocupa un lugar central en nuestro estudio, sabiendo que el esfuerzo de la razón es una de esas ocasiones en que se nos invita a darle la palabra a Aquel que es el “Primer teólogo”. Así la Palabra podrá llevarnos a reconocer a Dios como “el primer contemplativo” y a dejarnos instruir por Él.  

« ¡He visto maravillas!». La experiencia de una visión semejante fue la que condujo un día a Tomás a relativizar toda la ciencia teológica que había formulado. Esto no quiere decir que el trabajo intelectual no sea importante, sino que Tomás quería que desapareciera ante la adoración de Cristo que dirige su mirada hacia la humanidad. Es la misma experiencia del Beato Juan José Lataste cuando veía, maravillado, en los rostros de las reclusas el reflejo de la mirada misericordiosa de Dios hacia ellas. En los dos casos, la mirada contemplativa que se dirige a Dios es una respuesta a Dios, quien ha dirigido primero su mirada hacia la humanidad y hacia cada uno de nosotros: « Él ha mirado la humildad de su sierva ». Esta mirada que expresa el amor inaudito de Dios hacia su creatura, que la lleva a existir, que la sostiene continuamente en su obra creadora, que la anima en el misterio de la Trinidad. En la contemplación es importante la mirada. Purificar la mirada permite que habite en ella la luz misteriosa de la mirada de Dios. Muchas veces la mirada de los contemplativos sorprende por su claridad: al dirigir su mirada interior hacia Dios, ellos y ellas, encuentran la mirada que Dios dirige hacia la humanidad, la mirada que ilumina su propia mirada hacia los astros y hacia el mundo. En tal momento, las palabras humanas callan para que, en el silencio de un suave murmullo, pueda escucharse la Palabra de vida. El silencio es padre de los predicadores…

Dios habla al mundo y se dirige a cada uno en particular. En la Anunciación, María vive profundamente esta experiencia. Elegida entre las mujeres, es como la figura de todo el pueblo, de su espera de Dios y de su convicción de que el Dios de la promesa actúa en la historia humana. María no se muestra sorprendida frente al anuncio de que Dios quiera dar un Salvador a la humanidad, porque esta es su esperanza y la esperanza de su pueblo. No duda que este Salvador vendrá al mundo tomando nuestra humanidad, más bien, parece recibir este anuncio dentro de la lógica de la promesa. La pregunta que se hace se refiere a ella misma y al hecho de que una “pobre jovencita” tenga que ver con su realización. ¿Cómo será posible?  « El Espíritu vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo… ». ¿No es éste el comienzo del tiempo de la contemplación?  Hay un tiempo para dirigirse a Dios, y un tiempo para entrar en el silencio donde Él se dirige a nosotros, o mejor, donde Él despliega el misterio de su presencia. Cuando a una monja le preguntaron: « ¿Qué debo hacer para contemplar? », respondió: « Pidiéndole a la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo que venga a vivir en mí, que se ame en mí y que me nutra con su amor ». La contemplación se da cuando todo nuestro ser queda prendado por el misterio de este amor que actúa en el mundo y viene a habitar en nosotros.  Entonces, la predicación ya no es transcripción en palabras humanas de una verdad alcanzada por el intelecto, sino que quiere ser eco de ese “estar prendado”, a la vez con la inteligencia y  el corazón, de una Presencia que se dirige al mundo dirigiéndose a nosotros, es decir, dándose. De este modo, el propósito primordial de la predicación será invitar a los demás a acoger esta Presencia cuya gracia sobrepasa todas las palabras del predicador.

Fray Bruno Cadoré, OP
Maestro de la Orden de Predicadores
Febrero 2013
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A la Orden de predicadores,

con filial amor

en su Jubileo 1206-2016.

Y al Maestro de la Orden Fray Carlos A. Azpiroz

por su especial amor

a las monjas contemplativas de la Orden.


JUBILEO 1206-2016



FANTASIAS DOMINICANAS

Es un intento de jugar a colorear el

Jubileo 1206- 2016.

Haciendo presente en nuestro aquí y ahora al Bienaventurado Padre Domingo.

Para celebrar con él, y en él, éste condensado Júbilo de 8 siglos caminando tras sus huellas.


CIELO A LA VISTA

Fantasías DOMINICANAS en el

Jubileo 1206-2006


“Las leyendas que de ordinario contiene un fondo sólido de verdad, diría que posee una intuición al tratarse de discernir los hechos más importantes y más merecedores de ser ilustrados”

P. Petitot

–en su libro “Sto. Domingo de Guzmán” –

¡¡C I E L O A L A V I S T A!!

Fue el grito que lanzó Henri Lancaster cuando por medio de Internet, con una pantalla de cuatro metros de ancho por cinco de altura, pudo entrevistarse con algunas monjas de la primitiva comunidad de Prulla.

Transcribimos literalmente el artículo que encontramos sobre su escritorio y que había escrito 40 minutos antes de morir.

"Acabo de vivir la experiencia más extraña de mi vida. Estoy confuso, llevo ya media hora preguntándome si estoy despierto. Para despejar toda duda me he puesto a escribir.

Pasaban ya de las 11 de la noche cuando abrí un canal Chat, con esta invitación:

“Dominico entusiasta, enamorado del ideal dominicano busca conexión con los dominicos (as) de cielo y tierra; para festejar juntos nuestra identidad dominicana.”

Era ya noche cerrada, y mis ojos empezaban a cerrarse ¿Me dormí? No lo sé. Solo sé que en el mismo instante de escribir la invitación, apareció en mi pantalla una angelical figura. Me quedé de piedra. No atinaba a ver lo que veía, pero ahí estaba sonriéndome una monja dominica, envuelta toda ella en una hermosa aureola que dejaba clara su procedencia.

Yo seguía perplejo; ella sonrió y me dijo ¡Felicidades!

yo seguía sin reaccionar. Me floté los ojos, pues los sentía pesados, por un dulce sueño, me golpee la cabeza para sentir que me dolía, y, por tanto, que estaba despierto.

Por fin balbucí unas palabras de disculpa por las molestias que le podía causar el tener que salir al espacio ciberial;

-¡Oh no! Olvídelo. No me causa molestia en absoluto. Pero me pasma mucho ver a un dominico mudo.

- Pierda cuidado –repliqué- que no morirá de pasmo.

Dígame por favor su nombre, su procedencia y como os encontráis aquí

- Soy S. Raimunda Claret. Una de las primeras monjas de Prulla.

- ¿Pero como estáis aquí?

- Muy sencillo hice clic, y aquí me tenéis para compartir en dialogo cuanto queráis saber.

- Por lo pronto me gustaría conocer cómo habéis celebrado ahí en el cielo, el 800 cumpleaños de la vida contemplativa dominicana.

Nos reunimos con bastante tiempo de anticipación para programar unidos las ceremonias, y los festejos del Jubileo.

Y ya en la víspera del día tres - señalado para la apertura del jubileo - teníamos todo lindamente ornamentado.

Al bonachón de San Pedro, le habíamos pedido 800 rosas blancas terrestres; Él no entendía el por qué de nuestro empeño, en que fueran rosas terrestres; ¡Con tantas como las hay en el cielo! ¡Rosas perennes que nacen y crecen por los siglos de los siglos!.

Pero nosotras las queríamos así, terrestres, frágiles y perecederas; para mejor simbolizar el peregrinar de la Orden durante 8 siglos, a través de las dificultades y avatares de la historia.

Con las rosas formamos un gigante centro, en forma de circunferencia, dejando libre una especie de radios por donde las monjas desde cualquier punto donde se encontraban podían llegar al centro.

A la hora señalada, cuando sonaron las campanas de cielos y tierra, todas las monjas con un cirio en las manos, desfilábamos hacia el centro floral; dónde una gigante antorcha nos provocaba a iluminar, a incendiar, ¡a arder! .

En la antorcha se podía leer en letras grandes; DOMINGO LUZ DE CRISTO PARA LA IGLESIA.

Cada hermana que se acercaba a encender su luz, daba gracias a Dios en versos o en canción, por una de las tantas maravillas, que Dios obró en su siglo por medio de la Orden y Domingo.

Fue muy emocionante, o impactante como decían las últimas que arribaron a los cielos, sí muy bonito. ¡Expresivamente bonito!.

Sor Raimunda, me contó otros muchos detalles, y en todo lo que contaba, echaba de ver la presencia de los hermanos (as) y así se lo hice ver, a lo que con toda vivacidad contestó:

- ¿¡Cómo no iban a estar los hermanos!? ¡Sin ellos y sin ellas no hay fiesta que valga!. Estuvieron todos. Era fiesta de familia, y no podía faltar ni un sólo miembro.

Ese día nos sentimos más madres que nunca. Nos sentimos ¡Cuna de la Orden ¡. No podíamos olvidar que nosotras les vimos nacer y crecer. Y cuando ya adultos, la Iglesia los declaraba “ Campeones de la Fe”; creció nuestra alegría y orgullo de estar asociadas a esos Campeones de la Fe.

- Por cierto hermana, es un apelativo muy celebrado en nuestra historia dominicana.

Y no menos por nosotras las monjas de Prulla.

Cuando lo oímos por primera vez, no pudimos evitar el recuerdo de años atrás, cuando el bienaventurado Domingo, se iniciaba como campeón, ganándonos el campeonato de la fe.

En la celebración del Jubileo hemos contemplado a estos “Campeones de la fe”:

- ora en la fortaleza de los mártires, que vinieron luciendo sobre sus hábitos blancos, una flamante estola, rojo llama.

- ora en los Doctores y Maestros de la Orden que se les veía antorchear como et vera mundi lúmin..

- ¡Campeones de la fe! ; es la inmensa muchedumbre de hombres y mujeres que con su vida predicaron y confesaron la fe.

Y ahí estaban las vírgenes. En sus lamparas encendidas, ardían incansables la fe, la esperanza y la caridad. ¡Un verdadero tríptico de luz y color!. que contrastaba con sus túnicas blancas y la delicada corona de jazmines que circundaba sus cabezas y cuyo aroma fue la recreación del ambiente

Os digo padre, que no quedó ni un solo aspecto de nuestra enriquecedora vida dominicana del que no hiciéramos memoria.

Sí, la fiesta fue hermosa, porque la Orden estuvo entera; en su presente, pasado, y futuro.

Después de la acción de gracias; pasamos la noche en una amena velada, donde los cantos y poesías se alternaban con aplausos y risas.

La hora de completas cerró el día. Y allí estuvo la Madre de misericordia, renovando su ternura para con la Orden; prodigando a todos su bendición materna.

- Hermana, si así fueron las vísperas; ¿qué habéis dejado para el día siguiente, en que la Orden daría inicio al Jubileo?

- Sabéis que se suele decir, que por las vísperas se conocen las fiestas; pues entonces al día tres, echadle más hermano, y no esperéis menos.

- Disculpadme; me he distraído.

Decidme, ¿quienes son esos dos religiosos vestidos de negro que con tanta efusión me han saludado?

¿No le conocéis? Uno es nuestro “Papá abuelo”; Don Diego de Acevedo, el que fuera obispo de Osma; y el otro, es el obispo Fulco, nuestro querido padrino.

- ¿Ah sí?, me había hecho otra idea sobre ellos.

- Sobre todo del obispo D. Diego. Me lo imaginaba con un discreto aire de trovador.

- Bueno algo de eso debió de ser, pero ya sabéis que eso de ser obispo, hay que llevarlo con seriedad.

- Cierto que sí. Pero ése hábito que lleva tan ceñido desdice un poco de su dignidad episcopal; y me parece que cualquier día lo reventará.

- La culpa es mía, pues tanto él como mi hermano, llevan tiempo urgiéndome, para que les haga un hábito nuevo.

- ¿Dominicano?

- ¡A ver! Yo no conozco otro.

- ¡Ja! ¡Ja! Pues tenedlo preparado para que puedan estrenarlo en la clausura del Jubileo.

- Eso está por ver.

Bueno padre. Estoy encantada de platicar con vos pero ahí viene la madre; que tendrá tanto gusto como yo en conoceros ¡ Adiós!

- Gracias, por todo hermana, y perdonad las molestias.

De nada padre, ha sido un placer para mí compartir un acontecimiento tan especialmente emocionante, como el que acabamos de vivir.

- A-®Dios, en Él, en breve nos veremos.

Aquí tenéis a nuestra M. Priora, adiós.

- ¡Hola madre¡ ¿Sois vos Guillermina, la benjamina de Domingo?

-. Sí padre, soy la misma, y estoy disponible para serviros.

-Madre, me gustaría que me refirieseis con todo detalle la ceremonia del día tres de diciembre.

Supongo madre, que después de unas vísperas tan intensas, al día siguiente amaneceríais todas en silencioso y santo retiro ¿No es así?

-¿De retiro? ¡Por Dios hermano! ¡Qué ocurrencia!. ¡Ni que celebrásemos a San Bruno!

El amor, la alegría tienden a expresarse y nosotras hemos recurridos a todos los signos y símbolos. ¡No!. No nos conformaríamos con una celebración puramente intimista. Todas sentimos la necesidad de recurrir a los gestos y ritos, ya sean públicos como privados.

Hermana, me desconciertan vuestras palabras.

Vosotras habéis escogido, vivir escondida en Cristo, una vida de silencio y soledad, a la escucha de su Palabra. ¿Cómo se explica esa necesidad que habéis sentido de expresaros, con lenguaje, con gestos y voces?.

Tenéis razón hermano, pero hay momentos en la vida en que el amor necesita decir una palabra.

Y no sé por qué os extrañáis de que nuestro silencio rompiese en voces.

Dios vivía a solas consigo mismo en un eterno silencio, pero llegado el momento solemne de su amor, se hizo Palabra.

-.Veo hermana que lleváis en vuestras palabras el sello inconfundible de vuestro siglo, donde la disputatio estaba a la orden del día.

-.¡Y a mucha honra! pues no desentona en nada de mi hábito dominicano.

Bueno padre, ya es hora de que me retire.

-.Un momento hermana, me he quedado sin saber en que consistió la celebración del inicio del Jubileo del día 3 de diciembre.

Pues quizás vos teníais razón, en eso de que amaneceríamos en silencio.

Sí, enmudecimos, de tanto como había para decir y expresar.

Pero conste padre, que no lo planeamos así.

- Había tenido noticia de que cierto monasterio de Castilla, había planeado celebrar la apertura del Año Jubilar, en el silencio del retiro del mes. Por eso me insistía en que no lo planearon así.-

-.Sí madre, me queda claro, pero quiero saber como fue todo.

-.¡Bellísimo padre! ¡Bellísimo!

Colocamos dos tronos grandes donde se sentaron Ntro. Padre Domingo y la Reina de Misericordia.

Detrás en semicírculo en tres niveles colocamos a todos los maestros de la Orden. Y no había más decoración que un gigantesco rosario hechas las cuentas en negro en forma de flor de lid. Cada cuenta llevaba impreso en blanco, el nombre de un monasterio dominicano. Por eso habían, tantas cuentas como monasterios. Los que existieron, los que existen y existirán.

Luego la ceremonia fue muy emotiva.

Habíamos acordado que, llegado el momento de las ofrendas, (un ramillete espiritual que cada monja portaría consigo), renovaríamos el amor que profesamos a Ntro. Padre Domingo y a su Orden.

Se dejó libertad, para que cada una lo expresara según el lenguaje de su amor. Sin ceñirnos a la formula de la constitución ni al ceremonial litúrgico.

Llegó el momento de las ofrendas: Miles de ramilletes espirituales llenaron el espacio celeste.

Para mí ha sido el momento más significativo de mi vida. Pues en ese ramillete espiritual ofrendábamos a María y a Domingo, los frutos de su siembra en nosotros. Todo lo que durante 8 siglos se había cosechado en el sagrado huerto de su orden

Me tocó a mí la primera, hacer la ofrenda.

Subí las gradas; me postré; y Domingo extendió sus manos para levántame, y he aquí que al elevar mi ofrenda, enmudecieron las palabras escritas o pensadas y un silencio elocuentísimo lo invadió todo.

De rodillas, coloqué mi mano derecha en las manos de María que permanecían extendidas hacia mí en señal de acogida. Cuando me disponía a depositar mi otra mano en la de Domingo (según lo acordado) éste se adelantó, y con sus dos manos, abrazó las mías, junto a la de la Virgen Madre; formando un trenzado irrompible.

En ese instante no hubo palabra; las lágrimas, las manos, los ojos, lo decían todo por sí mismo.

Ahí, entre las manos del Bienaventurado Domingo y la de la Virgen, Madre de Misericordia; deposité todas las alianzas y pactos sagrados, que a través de Domingo, Dios quiso realizar en nuestras vidas.

Tuve la impresión de que en ese instante, todas nuestras alianzas rotas, quedaron restauradas.

Esto fue todo.

Detrás de mí fueron pasando una tras otra; y ninguna hubiéramos salido de esas manos benditas, de no ser por la certeza que tuvimos, de que para siempre, por nuestra profesión dominicana, quedamos presas en ese cerco sagrado de María-Domingo.

Fin



Sor María Victoria de la Iglesia OP

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