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Nuevo Vicario Regional en Venezuela

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Fr Angel Gabriel Bermudez Villasmil
El 17 de marzo de 2015 fue elegido como Vicario Regional del Vicariato de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario en Venezuela, Fr. Ángel Gabriel Villasmil Bermúdez OP. El 19 de marzo fue confirmado como Vicario por el Prior Provincial de la Provincia Nuestra Señora del Rosario, Fr. Javier González Izquierdo OP.
El nuevo vicario es natural de Maracaibo – Estado Zulia (Venezuela). Nacido el 24 de mayo de 1969, ingresó en la Orden el 13 de septiembre de 1987. El 29 de septiembre de 1988 inició el noviciado. Hizo su primera profesión el 27 de octubre de 1989 y fue ordenado presbítero el 29 de junio de 1996. Al momento de su elección como Vicario Regional, se desempeñaba como superior de la Casa y Santuario de San Martín de Porres, en Maracaibo.
Oramos por nuestro hermano Fr. Ángel Gabriel y por todos los frailes del Vicariato por esta nueva etapa en su camino de predicación dominicana en Venezuela.

La Canonización de la Beata María Alfonsina Danil Ghattas

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Maria Alfonsina Danil Ghattas
En el Consistorio Ordinario Público de 14 de febrero de 2015, el Santo Padre anunció la canonización de la Beata María Alfonsina Danil Ghattas para el 17 de mayo de 2015.
La Beata María Alfonsina Danil Ghattas nació en Jerusalem  el 4 de octubre de 1843 en una familia que le aseguró una buena formación cristiana. Fue bautizada el 19 de noviembre siguiente y en la pila bautismal, le fue dado el nombre de Soultaneh María. En septiembre de 1848, comenzó a asistir a la escuela de las Hermanas de San José de la Aparición, que habían venido a Jerusalén unos meses antes.
Recibió el sacramento de la Confirmación 18 de julio de 1852. Madurada la vocación a la vida consagrada, en 1858 ingresó como postulante en el Instituto de las Hermanas de San José de la Aparición. El 30 de junio de 1860, tomó el habito y el nombre religioso de Hermana María Alfonsina; en 1863 realizó su profesión. Se encargó de enseñar el catecismo en la escuela popular de Jerusalén, donde se distinguió por el fervor y el ahínco con el que desempeñó dicho oficio. También promovió la Cofradía de la Inmaculada Concepción (que tomaría el nombre de Hijas de María) y, más tarde, la Cofradía de las Madres Cristianas.
En 1865 se trasladó a Belén para continuar su ministerio de enseñanza. El 6 de enero 1874 se le apareció, por primera vez, la Virgen María; después de un año exacto tuvo lugar una segunda aparición y la Virgen la invitó a formar una nueva familia religiosa que tomaría el nombre de la Congregación del Santo Rosario. La Beata se dirigió al Patriarca de Jerusalén, Monseñor Vincenzo Bracco, y le contó sus experiencias místicas; El obispo le animó y la confió a la dirección espiritual de Don Antonio Belloni.
En mayo de 1876, ante la partida del Padre Belloni, se acogió a la dirección espiritual del Padre Matteo Lesciki. Después de algunas dificultades iniciales, este último también aprendió a entenderla y valorarla. Mientras tanto, algunas miembros que pertenecían a las Hijas de María comenzaron  a madurar el proyecto de consagrarse a Dios en la vida religiosa y expresaron dicho propósito a su confesor, el Padre José Tannous. También la hermana Maria Alfonsina decidió entonces recurrir a este sacerdote, quien le ordenó escribir sus propias experiencias místicas, incluso en relación a la Congregación que la Virgen María le había pedido fundar.
En julio de 1880, las jóvenes  Hijas de María, bajo la dirección de Don Tannous, comenzaron la vida en común. El 15 de diciembre de 1881, el Patriarca de Jerusalén dio el hábito al primer grupo de monjas de la nueva comunidad, que, de acuerdo con la inspiración por Nuestra Señora, tomó el nombre de Instituto de Hermanas del Santo Rosario.
El 12 de septiembre 1880, la Hermana Marie Alphonsine obtuvo del Santo Padre la dispensa del voto de obediencia emitido en la Congregación de las Hermanas de San José. Tres años más tarde, el 7 de octubre de 1883, llegó a ser parte de la Congregación de las Hermanas del Santo Rosario. El 8 de diciembre del mismo año tomó el hábito (manteniendo el nombre religioso de Sor María Alfonsina) y el 1 de marzo de 1884 comenzó su noviciado. Profesó el 7 de marzo 1885 y el 25 de julio fue enviada a Jaffa para desarrollar la actividad de profesora.
El 1 de noviembre de 1886, junto con la hermana Hanneh, abrió una misión a Beit-Sahour y el año siguiente partió con otras hermanas para establecer una casa también en Salt, Jordania. El 2 de noviembre, 1887 fue aprobada la Constitución de las Hermanas del Santo Rosario, que, dos años más tarde, obtuvieron la aprobación diocesana. En 1889, la Hermana Marie Alphonsine fue enviada a Naplus. Allí permaneció sólo unos pocos meses, ya que, golpeada por la fiebre amarilla, tuvo que regresar a la casa madre en Jerusalén para recibir tratamiento. Ya siendo religiosa, el 4 de octubre de 1890, la víspera de la festividad de Santa María del Rosario, fue admitida en la Tercera Orden de Predicadores en el Convento Dominicano en Jerusalén. A principios de 1892 fue trasladada a la misión de Zababdeh. Entre los años 1893 y 1908 desempeñó el encargo de superiora de la casa de Belén. Del 1909 al 1917 se encuentra nuevamente en la casa madre de Jerusalén; a continuación, se le pidió establecer un orfanato en Ain Karem.
En marzo de 1927 su estado de salud se deterioró repentinamente, esto la llevaría a la muerte poco tiempo después. El 25 de marzo de 1927, regresó a la casa del Padre. Al día siguiente se llevó a cabo su funeral.
Algunas dificultades internas en el Instituto de las Hermanas del Santo Rosario y la difícil situación política en el Medio Oriente impidieron el inicio de su causa de beatificación y canonización, esto a pesar de su reputación persistente de santidad. Superadas estas dificultades, en 1986 se inició, en Jerusalén, el proceso diocesano que culminaría en mayo de 1987. Después de haber completado el procedimiento prescrito, el 15 de diciembre 1994 fue proclamado el decreto sobre sus virtudes heróicas. En 2004, se instruyó la investigación diocesana sobre un presunto milagro que se concluyó en el 2005. Una vez completado el procedimiento prescrito, el 3 de julio de 2009 se proclamó el decreto sobre el milagro. El 22 de Noviembre, 2009 se celebró el rito de beatificación en la Basílica de la Anunciación en Nazaret.
Las Hermanas de la Congregación del Santo Rosario están presentes actualmente en Palestina (Franja de Gaza), Israel, Jordania, Líbano, Egipto, Siria, Kuwait, en algunos emiratos del Golfo Pérsico (Abu Dhabi, Shariqah) y en Roma
Fray Francesco Ricci, O.P.

La Obediencia Dominicana

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La obediencia es una forma de entrar en comunión con el amor trinitario y con la misma humanidad.

A propósito de los Consejos Evangélicos, tema que estamos tratando en estos últimos escritos de nuestro blog de estudiantes, hoy toca hablar de la obediencia. El papa Pablo VI expresó lo que es el alma y la estructura fundamental de la vida consagrada con estas palabras: “Los consejos evangélicos de castidad, ofrecida a Dios con voto, de pobreza y de obediencia, son ya la ley de vuestra existencia” (Evangelica Testificantio 7).

Los consejos evangélicos contienen y manifiestan el corazón de la consagración y de la misión propia de los religiosos, es decir, la realidad constitutiva y distintiva de las personas consagradas. Los religiosos construyen el reino mediante la primacía dada a sus valores, posponiendo los bienes de la tierra, del cuerpo y de la libertad, para potenciar el fervor de la caridad y el servicio cristiano a la humanidad. La Iglesia y el mundo necesitan estos hombres y estas mujeres. La pobreza es algo más que el trabajo; la castidad es más que la convivencia fraterna; y la obediencia no se termina en el diálogo. Los consejos exigen un estilo de vida sin el cual no es posible vivirlos con plenitud y fidelidad. Lo que prevalece en el voto de obediencia es dejarnos guiar por la voluntad de Dios.

Santo Tomás de Aquino, respecto de los consejos, dice: “Hemos visto ya que estas palabras del Señor (“Si quieres ser perfecto, vende todo y dalo a los pobres y sígueme” Mt 19,21) no significan que la pobreza sea la perfección misma, sino un medio de perfección, y como hemos probado el menor de los tres medios esenciales de la perfección, pues el voto de castidad es superior al voto de pobreza, y el de obediencia es superior a los dos. Y puesto que el medio no es empleado por sí mismo, sino para alcanzar el fin, no es mejor por lo que vale en sí, sino por su proporción al fin” (Summa II-II 188,7 ad 1). En consecuencia, los consejos evangélicos no son el fin de la vida consagrada, sino los medios fundamentales para conseguir más rápida y fácilmente la perfección de la caridad, en la comunión fraternal.

 En la vida consagrada, el voto de obediencia es clave. La obediencia es una mediación peculiar y necesaria en la búsqueda y aceptación de la voluntad de Dios y como expresión de la pertenencia a una Congregación con su carisma propio. Cuando hablamos de obediencia nos referimos tanto a la de los superiores como a la de los súbditos, pues todos han hecho voto de obediencia. La renovación de nuestras comunidades depende, dentro de la Providencia Divina, de la obediencia de los superiores y de los súbditos a la voluntad de Dios, manifestada en tantos signos y en tantos corazones.

 El Evangelio y las Constituciones de la Orden dominicana son los pilares donde se fundamenta la vida consagrada de los dominicos. Sto. Tomás nos dice que la obediencia es la forma del seguimiento de Jesús en la vida consagrada (II-II 186,8 ad 1). Esta experiencia nada tiene que ver con la dialéctica del amo y esclavo. Es la expresión de la libertad y el gozo de quienes sirven a Dios. Siguiendo a Jesús por el camino de la obediencia consagrada, no sólo conocemos, aceptamos y nos sometemos personal y comunitariamente a la voluntad de Dios, sino también nos sometemos a Cristo encarnado en la Iglesia, y viviendo la vida de los hombres. La obediencia es una forma de entrar en comunión con el amor trinitario y con la misma humanidad.

Los consagrados nos guiamos por la ley nueva, que es la gracia interior del Espíritu Santo. La ley es tal, no en cuanto obliga, sino en cuanto instruye. En esta perspectiva, la obediencia cristiana no es un acto social, ordenado a una convivencia correcta, sino, sobre todo, una escuela de perfección ordenada al bien común espiritual. Se trata de practicar no sólo las obligaciones del voto de obediencia, sino principalmente la virtud y el consejo evangélico de la obediencia según el espíritu de las bienaventuranzas. La virtud moral de la obediencia, cuya finalidad es disponer la voluntad para ejecutar lo mandado por el superior (II-II, 82,1; 104,2 ad 3), necesita como las demás virtudes de la prudencia, pues en este campo se puede pecar por obedecer poco o por obedecer demasiado (servilismo).

En la fórmula de profesión de los frailes dominicos se menciona únicamente el voto de obediencia. El Maestro de la Orden fray Humberto de Romans, en su “Carta sobre los tres votos sustanciales de la religión y otra virtudes”, describe la obediencia religiosa como: pronta, devota, voluntaria, ordenada, gozosa, decidida, universal y perseverante. En las actuales Constituciones, inspiradas en la tradición primitiva de la Orden, se propone la motivación profunda de la obediencia.

“Al principio de la Orden, Santo Domingo pedía a sus frailes que le prometiesen comunidad y obediencia. Él mismo se sometía humildemente a las disposiciones y, sobre todo, a las leyes, que con plena deliberación, promulgaba el Capítulo General de los frailes. Pero fuera del Capítulo General exigía de todos la obediencia voluntaria, con benignidad ciertamente, pero también con firmeza en las cosas que él mismo, gobernando la Orden, ordenaba después de una conveniente deliberación. En verdad, una comunidad para permanecer fiel a su espíritu y a su misión, necesita el principio de unidad que se obtiene por la obediencia” (LCO 17§1).

El mandato del superior es un acto de inteligencia, pues su objetivo es ordenar y no simplemente obligar. Los únicos límites teóricos de la obediencia son los mandatos que estén mal ordenados o cuya ejecución implicara pecado. Con todo, en la práctica conviene obedecer, movidos por la humildad y por el amor a Dios, y fundados dinámicamente en la voluntad de Dios. La obediencia, como virtud cristiana, es sumisión a Dios, comenzando y terminando en Dios. El doctor Angélico nos habla de obediencia espiritual y de obediencia según la Regla y no a la Regla (II-II, 186,9 ad 1). Obedecer más que cumplir leyes es someterse a Dios, manifestado en la nueva vida libre en el Espíritu.

 Fr. Sebastian Vera A. 
 Real Convento de Predicadores, Valencia/ser.dominicos.org

La Cruz

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¡Oh, Cruz!
Certeza de mi salvación.
Siempre y sólo la cruz adoro.
La cruz del Señor está conmigo.
La cruz es, pues, mi refugio.

(Saludo de Santo Tomas de Aquino a la Cruz. "Crux mihi certa salus. Crux est quam semper adoro. Crux Domini mecum. Crux mihi refugium).

Traditio Spiritualis Sacri Ordinis Praedicatorum

Curso de Dominicanismo online para miembros del IDYM

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Curso de Dominicanismo online

Gracias a la colaboración de DOMUNI, la Universidad Online de los Dominicos, podemos ofrecer de forma gratuita a los miembros del IDYM, este curso sobre Dominicanismo para apoyar la formación personal y poder reflexionar junto a otros jóvenes en esta experiencia de estudio comunitario.

El curso está dirigido a todos los miembros del IDYM que estén intersados en profundizar en la vida de Santo Domingo y de la Orden y su dedicación a la predicación. Esta es una gran oportunidad de acceder a una formación de calidad y de una forma innovadora.

El curso se desarrollará por completo en la plataforma online de formación de Domuni y por lo tanto será necesario disponer de una conexión a internet o de acceso a la misma. A cada participante se le pide que lea o visualice los materiales de cada una de las etapas y que participe con sus reflexiones al respecto en el foro del idioma que elija: español, inglés o francés. Podrá acceder a los materiales de formación de todos los idiomas, pero sólo debe participar en el foro del idioma escogido para el curso. También se disponen de materiales adicionales de consulta y se pueden añadir los que propongan los propios alumnos.

Queremos aprovechar este espacio, como un lugar de estudio y reflexión común, por ello es importante la participación activa de los que accedan al curso. Al ser gratuito, la participación activa será el compromiso que deben aceptar los miembros del IDYM que se quieran inscribir en este curso. También deberá ser capaz de leer y escribir adecuadamente en el idioma del curso que elija: español, inglés o francés.

El curso se desarrollará en 3 etapas de tres semanas, más una inicial de presentación. Esta organización da tiempo suficiente al desarrollo de cada una de ellas con tranquilidad y sin dejar de atender las ocupaciones y responsabilidades habituales. Las etapas son las siguientes:

    6-12 Abril 2015 / Etapa inicial: introducción y presentación de los alumnos
    13 Abril - 3 Mayo 2015 / 1ª Etapa: ¿Quién es santo Domingo?
    4-24 Mayo 2015 / 2ª Etapa: La Predicación
    25 Mayo – 14 Junio 2015 / 3ª Etapa: Una Institución Evangelizada

Inscripción

El número de alumnos que se aceptan es limitado, 25 inscripciones por idioma (español, inglés y francés), así que es importante inscribirse lo antes posible para no quedarse sin plaza en esta oportunidad única. El proceso de inscripción se abrirá del 5 al 31 de Marzo y se respetará el orden de llegada.

Las inscripciones se realizarán a través del formulario online que se habilitará desde el 5 de Marzo. Todos los miembros del IDYM que quieran inscribirse deberán indicárselo también a la coordinación nacional de su país con la que contrastaremos los datos para verificar la pertenencia al movimiento.

Para más información pueden comunicarse con:

Fr Michel Van Aerde op, michel.vanaerde@domuni.eu (Español, Inglés y Francés)
Lyamar Díaz; IDYM Formación, formation.idym@gmail.com (Español e Inglés)
Jose Alberto; Coordinador del IDYM, idym@curia.op.org (Español e Inglés)

El Proyecto de Hemeroteca Dominicana

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El Proyecto de Hemeroteca Dominicana

Con motivo del Jubileo de la Orden en 2016, en la Biblioteca Dominicana de Caleruega se desea completar el proyecto de Hemeroteca Dominicana, haciendo presentes la mayor parte de las publicaciones periódicas que realizan las diferentes entidades de la Familia Dominicana. 

Son muchas las revistas dominicanas que, en estos últimos años, se han ido reuniendo. Desgraciadamente, muchas de ellas aún no están completas y otras ni siquiera presentes. Con motivo del VIII Centenario de la Orden, se quiere dar un mayor impulso a esta iniciativa. 

Las personas encargadas de la dirección de Bibliotecas o de la publicación de Boletines de algún grupo perteneciente a la Familia Dominicana, y que crean poder colaborar con dicha Hemeroteca, quedan invitados a ponerse en comunicación con la Biblioteca Dominicana de Caleruega (bibliotecadominicana@dominicos.org), indicando en que forma podrían hacerlo. Los posibles gastos postales ocasionados corren a cargo de la biblioteca de Caleruega.

 Puede ampliarse la información sobre la Biblioteca en el siguiente enlace.


Comentario sobre el tema anual del Jubileo (2015)

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Commentaire du thème annuel du Jubilé (2015)

Domingo: gobierno, espiritualidad y libertad.

«Si permanecéis en mi palabraseréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8, 31-32); «Cristo nos ha liberado para que seamos libres» (Ga 5,1).

¡La verdad os hará libres ! Esta promesa de Jesús me trae a la mente la imagen del grupo que camina junto a Él, anunciando el Reino de aldea en aldea. Cada uno de ellos había sido liberado a su modo: liberados del peso de sus culpas, de los  callejones sin salida de sus mentiras, del peso de su propia historia, de las divisiones alienantes… Conducidos por el anhelo de su Maestro y Señor de ir más allá, a otros pueblos; lo acompañan con la seguridad de permanecer unidos a Él, animados por una divina inspiración que les hacía cada vez más libres para ser ellos mismos, libres para entregarse a la amistad que Dios ofrece por medio de su Hijo, libres para ser enviados. Libres para ser discípulos de Cristo y también para invitar a otros a seguirle. Es la divina inspiración de la predicación de Jesús lo que los hace libres, aun cuando no hubieran dimensionado a qué se estaban comprometiendo cuando respondieron a la invitación de seguirlo o cuando se unieron a Él por iniciativa propia como gratitud por la misericordia que les había concedido. Permaneciendo con Él en Su proclamación del Reino, ellos descubren que llegan a ser mucho más libres de que lo que nunca hubieran imaginado esperar. Libres, gracias a la palabra de su Amigo y Señor. «Si permanecéis en mi palabra, conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». ¡Liberados por la Palabra de la verdad!

Creo que es a esta libertad del predicador a la cual se refiere el tema de este año de preparación para la celebración del Jubileo de la Orden. Domingo: gobierno, espiritualidad y libertad. Recordamos algunos textos importantes que nos han sido propuestos a lo largo de las últimas décadas sobre estos temas (el gobierno en la Orden, la obediencia, la libertad y la responsabilidad…) y que retomamos con gusto. Me parece que el tema de este año nos invita,  de acuerdo con el enfoque global de estos textos, a centrar nuestra atención sobre aquello que constituye probablemente el corazón de la espiritualidad de la Orden: adquirir la audacia de la libertad del predicador que nos enseña a ser sus discípulos. Ese es justamente el horizonte del gobierno en la Orden.  

Se insiste con frecuencia en el lugar esencial, único, que tiene la obediencia en la fórmula de profesión para ser predicador: «prometo obediencia a Dios…». Los historiadores recuerdan que Domingo pedía a sus primeros frailes que le prometieran «obediencia y vida común». Dos caminos para convertirse en discípulo: escuchar la Palabra y seguirla, viviendo junto a otros en su búsqueda, tal como aquella primera comunidad de amigos y amigas que iban con Jesús de aldea en aldea para aprender de él a ser predicadores. Escuchar y  vivir juntos, haciendo del seguimiento de la Palabra la fuente de la unanimidad

Consagrados en la predicación: Enviados a predicar el Evangelio


En este año dedicado a la vida consagrada, veo que se nos invita a volver de nuevo y sin cesar a esta fuente de nuestra vida: dedicándonos por entero a la evangelización íntegra de la Palabra de Dios, consagrados a la predicación de la Palabra de Dios, «permanecer en Su Palabra». «Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos ». Para Santo Domingo, el gobierno consiste en apoyar ese anhelo – de los individuos y de las comunidades – de ser «verdaderamente sus discípulos». Esto significa, cuidar de esta «morada de la Palabra». Aquí predomina de nuevo el criterio de la misión. Ahora bien, ¿de qué «Palabra»  estamos hablando? Aprendemos lo que esta Palabra significa para nosotros a partir de la conversación del Hijo con el Padre en la divina inspiración del Espíritu: «aquellos que me has dado…», «que allí donde yo esté, ellos también estén conmigo…». La misión tiene sus raíces en esta intimidad filial: «así como tú me has enviado, yo también los envío a ellos…». «Permanecer en la Palabra» no hace referencia a un simple «inmovilismo contemplativo auto-centrado». No se trata de una «observancia moral» que establecería (o buscaría) un «estado de perfección» definitivo. Permanecer en la Palabra, en el estilo ideado por Domingo, significa más bien entrar en el movimiento del Verbo que viene a la humanidad para establecer su morada en ella y hacernos libres por el poder de su Espíritu. Significa permanecer en la divina inspiración de la misión del Hijo. Significa hacerse uno mismo discípulo (y comunidad de discípulos) en la medida de una proximidad amistosa y fraterna con el Hijo. Según la expresión de Tomás de Aquino, cuando habla del « verbum spirans amorem », se puede pensar que permanecer en la Palabra significa mantenerse unido esa Palabra que «inspira» el amor, es decir, que establece la amistad, la fraternidad y la comunión en nosotros y entre nosotros. El Espíritu, la Palabra de verdad y de libertad.  

Una de las primeras decisiones de Domingo, registrada en la historia de la Orden como una de las más importantes, fue aquella de dispersar a los frailes de San Román para que el grano no se echara a perder. De este modo puso de manifiesto que el gobierno de la Orden debería estar ordenado esencialmente a la predicación. Por esta razón, el gobierno implica una cierta dinámica de vida espiritual que busca promover y servir la libertad de cada uno que nace de la Palabra de Dios. Como Jesús lo había hecho con los discípulos, Domingo envía sus frailes de dos en dos por los caminos de la predicación. En realidad, los envía simultáneamente a estudiar y a predicar y, gracias a esta decisión de dispersarlos, la Orden se desarrolla, se implanta, funda y acoge nuevas vocaciones. Esta dispersión inaugura la itinerancia como modalidad para «convertirse en discípulo», al tiempo que invita a los predicadores a dejar que su vida sea marcada por los encuentros que tendrán mientras van por el mundo como «hermanos». Esta dispersión los lleva también a encontrarse con las primeras universidades y, de este modo, a arraigar su búsqueda de la verdad de la Palabra en el diálogo con los saberes de su tiempo, a fundamentar en el estudio del misterio de la revelación de Dios creador y salvador su aprecio por la capacidad humana de conocer.  Permanecer en su Palabra significa mantenerse en comunión con el «Dios con nosotros» que Jesús, primer y único maestro de la predicación del Reino, ha hecho visible a los ojos de todos.    

«Dios, que manifestó la benignidad y humanidad de nuestro Salvador en su siervo Domingo, nos haga también a nosotros conformes a la imagen de su Hijo…»[1]. Esta oración de bendición de la fiesta de Santo Domingo hace eco a la decisión del Papa San Juan Pablo II de enfocar su reflexión sobre la «Vita Consacrata» a la luz del misterio de la Transfiguración (VC 14). En esta perspectiva, y dado que tiene la tarea de llamar, conducir y apoyar en el camino de «hacerse discípulos» para convertirse en predicadores, el gobierno dominicano busca promover continuamente las condiciones de esta «economía de la transfiguración». La predicación del Reino es la modalidad que la Orden propone a sus hermanos y hermanas para dejarse configurar con Cristo por el Espíritu. La contemplación del ícono de la Transfiguración nos deja ver las dimensiones esenciales de esta aventura. En medio de su camino de predicación, Jesús toma consigo a tres de sus discípulos que serán testigos de la transfiguración: la contemplación del misterio del Hijo está en el centro de la misión del predicador. El predicador recibe de esta contemplación aquello mismo que habrá de transmitir en su misión: la realidad del Hijo de Dios y la revelación de la economía del misterio de salvación. Recordemos lo que dice el relato de la Transfiguración: «hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías…». Y la respuesta de Jesús llega de inmediato: habrá una tienda bien levantada, sí, pero estará en el Gólgota de Jerusalén. Habrá dos compañeros pero serán dos ladrones expulsados de la sociedad, como Él, y sentenciados a muerte. A la luz resplandeciente de la montaña de la transfiguración replicará el relámpago que desgarrará los cielos, como para garantizar por adelantado el cumplimiento del descenso al lugar de los muertos desde donde el Hijo será levantado, vivo, derrotando de una vez para siempre todas las tinieblas de la muerte y llevando consigo a la presencia plena del Padre a aquellos que ahora viven para siempre con Él. Sobre la montaña de la Transfiguración, los discípulos reciben, finalmente, aquella misión que constituirá su alegría: ir con Jesús, hasta Jerusalén, allá donde se revela plenamente la Palabra de la verdad, allá donde la vida entregada de Cristo es la fuente de nuestra libertad.        

Ser testigo de la Transfiguración implica emprender un camino en el cual ha de madurar nuestro anhelo de ser discípulos, permaneciendo en su Palabra, dejando que Ella nos enseñe la obediencia y el amor del Hijo revelados en el Gólgota y en la mañana de Pascua, recibiendo de su divina inspiración la misión como en el día de Pentecostés.
     

Permaneced en mi Palabra


En su carta apostólica a los consagrados, el Papa Francisco nos invita a «despertar al mundo», sabiendo crear «otros lugares donde se viva la lógica evangélica del don, de la fraternidad, de la acogida de la diversidad, del amor recíproco». Estos lugares «deben convertirse cada vez más en la levadura de una sociedad inspirada por el Evangelio, la «ciudad sobre el monte» que dice la verdad y el poder de las palabras de Jesús». Estos lugares son nuestras comunidades en las que prometimos aprender a convertirnos en esos «expertos en la comunión» a los que se refiere el Papa en la misma carta apostólica.

Es significativo y esencial que, en la Orden, la función de superior(a) se sitúa precisamente en la intersección de estos dos horizontes de la promesa: la obediencia y la vida común. «Obediencia apostólica» por la que Domingo quiso que los predicadores se comprometieran a hacerse hermanos de aquellos a los eran enviados en itinerancia mendicante y a dejarse convertir y formar por la fraternidad, vivida en comunidad. La fraternidad apostólica a la que nos compromete el voto de obediencia es el camino propuesto por Domingo para que vivamos a plenitud nuestra libertad. Obediencia y vida común: dos maneras de orientar las miradas hacia la comunión escatológica a la que está destinado el mundo y para la cual ha sido creado; por eso decimos que el mundo ha sido creado «capaz de Dios». Dos maneras de comprometer « usque ad mortem » nuestra libertad en toda su plenitud. Por eso, insisto, la tarea del superior o la superiora consiste en invitar a emprender este camino para ponerse «bajo la autoridad» de la Palabra y hacerse servidor de ese diálogo de Dios con la humanidad que el Verbo vino a realizar habitando entre los hombres. Obediencia y vida común, para que la predicación se fundamente a la vez en la comunidad de discípulos que escuchan la Palabra de vida y en la comunidad esperada como comunión escatológica anunciada por el profeta y que el Hijo viene a sellar con su propia vida.

Podemos decir que el «árbol de la predicación» es fruto de la promesa de vida evangélica y apostólica y hunde sus raíces en tres fuentes que la tradición de la Orden nos ofrece para «permanecer en su palabra»: la comunión fraterna, la celebración de la Palabra y la oración, y el estudio. Una tarea específica del gobierno en la Orden – y tal vez sea su primera responsabilidad – consiste en promover entre los frailes, hermanas y laicos  la calidad de este triple enraizamiento que garantiza y promueve la libertad apostólica.   

La comunión fraterna es el lugar donde los hermanos y hermanas pueden experimentar la capacidad de la palabra humana para dedicarse a la búsqueda de la verdad que les hará libres. Por medio de la vida comunitaria se nos ofrece la posibilidad de alcanzar nuestra libertad como contribución a la comunión. Por esta razón, nuestra «religión capitular» es esencial para nuestra espiritualidad: cada miembro de la comunidad tiene voz propia y, al comprometerse en la búsqueda común del bien de todos, adaptado a la misión de ser servidores de la Palabra, cada miembro participa plenamente en el gobierno de la Orden. Dicho gobierno es democrático, no porque consista en la designación del poder de la mayoría, sino porque implica más bien la búsqueda democrática de la unanimidad. Sabemos bien que este ejercicio de la vida comunitaria es exigente porque requiere que ninguno se prive de participar en el diálogo que conlleva esta búsqueda. Es exigente también porque nos compromete a expresar con la mayor veracidad posible nuestras posturas y argumentos, incluso a objetivar desacuerdos entre los hermanos, pero con la confianza de que ninguno será reducido nunca a una opinión o postura extrema sino que, ante todo, será acogido y amado como un hermano. Es todavía más exigente, porque, tras la búsqueda paciente del punto más cercano posible a la unanimidad, compromete a todos los miembros de la comunidad en la realización de la decisión tomada por todos. Esta es la condición necesaria para que cada uno sea acogido, reconocido y apoyado por todos en el entusiasmo de su propia generosidad y creatividad apostólica. Sin embargo, con demasiada frecuencia, tal vez a causa de la dificultad de este ejercicio, olvidamos esta dimensión de nuestro enraizamiento en la Palabra que nos ofrece la vida comunitaria.      

La segunda fuente de enraizamiento del árbol de la predicación en la palabra es la oración. La oración personal y comunitaria no pueden ser vistas como un ejercicio que se debe hacer para cumplir con el compromiso de la vida regular consagrada. La oración es la modalidad a través de la cual optamos, personalmente y en comunidad, por acompasar el tiempo de nuestra historia humana con la meditación del misterio de la historia de Dios con el mundo. Con esto se busca «hacer propia» la historia de la revelación como respuesta a ese Dios que viene en su Hijo a «hacer propia» la historia de cada uno de nosotros. Se trata de dejar que, en la oración, el Espíritu «sople donde quiere». Por esta razón, la oración nace de la escucha de la Palabra y conduce de nuevo a ella, estableciendo como centro de gravedad de la vida de cada uno de nosotros la contemplación del misterio de la revelación que nos narra la Escritura. La celebración de la Palabra en la liturgia, su contemplación en la meditación de los misterios del Rosario, la paciente oración en silencio, nos ayudan a interponer la consagración de nuestra vida a la predicación entre la contemplación y el estudio: dos modos de búsqueda de la verdad de Su Palabra cuyo gusto anhelamos compartir con aquellos y aquellas a quienes somos enviados.  « Si permanecéis en mi Palabra, seréis de verdad discípulos míos». De igual manera que lo fue para los primeros amigos de Jesús, permanecer se convierte para nosotros en la oportunidad de reconocernos plenamente libres porque hemos sido restablecidos por su llamado, consolidados por su amor y su misericordia, animados y enviados por su gracia para llevar aún más lejos su Palabra de verdad. Permanecer en la Palabra nos conduce entonces a llevar con nosotros, en el silencio de la escucha y de la espera, a todos aquellos a quienes somos enviados, a quienes se confían a nuestra oración, a aquellos que Dios nos da para que, de modo misterioso, aceptemos que Él une sus destinos al nuestro en una misma gracia de salvación. En este sentido, el gobierno en la Orden es un centinela que ha de velar por que la libertad de las personas y de las comunidades se fundamente verdaderamente en la contemplación de ese misterio por el que el Hijo en su humanidad ha dado la salvación al mundo uniendo conformando su libertad a la libertad del Padre. 

La oración nos invita a seguir el ejemplo de Nuestra Señora de los Predicadores. Junto a ella, podremos descubrir y maravillarnos continuamente de la capacidad de la vida humana de convertirse en una «vida para Dios». Junto a ella, cantando los salmos, que dirigen la contemplación hacia la historia de la revelación, las palabras humanas de los predicadores se arraigan en una comprensión familiar de ese diálogo a través del cual Dios le propone su adopción a la humanidad. Junto a ella, la Orden asume en las entrañas de su predicación el signo profético de la conversión a la comunión fraterna, anuncio confiado de la plena realización de la promesa de la alianza en Aquél que es la Verdad. Siguiendo el ejemplo de Nuestra Señora de los Predicadores, la espiritualidad de la obediencia en la vida común une íntimamente a la Orden al misterio de la Iglesia, por el amor compartido de Cristo, por la adopción en la divina inspiración de Su Vida, de su don para el mundo.      

            El estudio es la tercera forma de enraizar la predicación de manera que «permanezca en su palabra». Es el lugar de la búsqueda y la contemplación de la verdad y, por esta razón constituye una observancia muy particular dentro de nuestra tradición. Fundamentado sólidamente en la escucha de la Escritura y en la fidelidad a la doctrina y al magisterio de la Iglesia, el estudio es en la Orden la manera privilegiada de mantener nuestra conversación con Dios y un dialogo amistoso y fraterno con los numerosos sistemas de pensamiento que dan forma a nuestro mundo y buscan, a su modo, la verdad. A través del estudio, la Orden nos propone crecer continuamente en la libertad, no con el fin de valorizar de modo mundano el nivel de conocimientos adquiridos sino más bien como medio para avanzar por el camino de la «humildad de la verdad». Comprometer la inteligencia humana en esta aventura que tiene la audacia de intentar hacer inteligible el misterio en palabras y conceptos humanos, es a la vez dar gracias al Dios creador que ha querido que la razón humana, con toda su finitud y limitación, sea «capaz de Dios» y permitir, a su vez, que la razón sea desbordada por la esperanza de una plenitud que ningún concepto puede aprehender verdaderamente. Advenimiento de la esperanza que revela la verdadera amplitud de nuestra libertad. El gobierno dentro de la Orden tiene la responsabilidad de no dejarnos desertar del campo del estudio y de estimular nuestra creatividad para buscar incansablemente los medios más adecuados para proponer a otros esta aventura de la evangelización de la razón.     
        

¿Gobierno y espiritualidad?


Considerar la espiritualidad de la Orden desde esta perspectiva (permanecer en la Palabra para conocer la verdad que hace libres) permite identificar algunos principios esenciales del gobierno en la Orden. Ya hemos visto que el gobierno está ordenado esencialmente a la misión de la predicación y a impulsar el modo de vida específico de la tradición dominicana en el que se brinda a los frailes las condiciones para enraizar su predicación en la Palabra.

El primer principio consiste en animar continuamente la celebración de capítulos para fomentar en los frailes una responsabilidad apostólica común. En su reciente carta apostólica, el Papa Francisco expresaba el deseo de que los consagrados nos cuestionemos sobre aquello que Dios y la humanidad nos piden. En nuestra tradición, esto significa darle una importancia renovada a la celebración de nuestros capítulos. Ciertamente, los capítulos – conventuales, provinciales y generales – tienen la tarea de tomar decisiones precisas de organización y legislación para nuestra vida y misión. Por esta razón, como ya lo hemos señalado, los capítulos son momentos privilegiados para avanzar con humildad por el camino de la búsqueda común de la verdad en la fraternidad. Las preciosas reflexiones de mis predecesores nos han ayudado a comprender cómo la modalidad en la Orden no es el ejercicio del poder por parte de la mayoría sino la búsqueda de la mayor unanimidad posible. El diálogo y el debate entre los frailes tienen tanta importancia en nuestra tradición precisamente porque permiten que cada uno pueda participar libremente y con confianza en la formulación común del bien de todos al que cada uno se comprometerá a contribuir. Este dialogo fraterno se hace posible en la medida en que, entre nosotros, manifestemos respeto fraterno, apertura y libertad para expresar cada uno su propia reflexión.  

Uno de los objetivos primordiales de este diálogo debe ser la atención a los signos de nuestro tiempo, como también la comprensión de las necesidades e inquietudes que dichos signos le plantean al carisma propio de la Orden: llevar en medio de la Iglesia la memoria de la predicación evangélica. En una próxima carta, respondiendo a la petición del Capítulo General de Trogir, abordaré el tema del proyecto comunitario cuya elaboración me parece ser el punto de apoyo del gobierno en la Orden. En la medida en que todos hayan participado en la elaboración de dicho proyecto podremos evaluar y orientar de manera efectiva nuestro servicio a la Iglesia y al mundo a través de la predicación. La comunión fraterna se construye a partir de la preocupación común por la misión, que no es solamente la determinación de lo que se quiere «hacer» sino también la puesta en común de nuestras «compasiones por el mundo» a partir de las cuales anhelamos compartir el bien precioso de la liberación por medio de la Palabra de verdad.

Sobre la base de esta responsabilidad apostólica común y, dado que la tarea del gobierno en la Orden consiste en asegurar el arraigo en la verdad de la Palabra, el segundo principio del gobierno es el envío a predicar. Domingo quiso que la respuesta a esta «misión» fuera itinerante y mendicante de modo que la predicación de la Orden prolongara la economía de la Palabra que vino al mundo en Jesús, como amigo y hermano, mendicante de la hospitalidad de aquellos a quienes quería invitar a tomar parte en el diálogo con el Padre. Las «asignaciones» hechas por los (las) superiores(as), deberían estar ordenadas siempre a este horizonte de la itinerancia mendicante para la misión. Es decir, estrictamente hablando, la itinerancia apostólica consiste en la «no-instalación» que es el modo de «hacerse discípulo». «Te seguiré donde quiera vayas…», decía uno de los discípulos, y Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros tienen nidos pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza…». Domingo quiso tomar en serio esta afirmación al ofrecer de igual modo a sus frailes, la oportunidad de hacer suya la pregunta de los discípulos del Bautista: Maestro, ¿dónde vives? Ven y lo verás… Esto nos ayuda a comprender el ejercicio del gobierno en la Orden; a comprender y a escuchar en medio de la vida, de los ministerios y de las responsabilidades de cada uno: en medio de las realidades más estables, a veces de los triunfos o de las «carreras» más brillantes, de las funciones más importantes, puede resonar un llamado que pide abandonar para unirse, más lejos y más libres, a otra dimensión de la misión común de la Orden en la Iglesia. Estas desinstalaciones  – algunas veces, dolorosas pero, con frecuencia, fecundas – tienen rasgos que se recuerdan continuamente en la vida de Domingo: compasión, frontera entre la vida y la muerte, entre lo humano y lo inhumano, desafío de la justicia y la paz, imperativo del diálogo entre religiones y culturas  – como realidades que hacen eco a las «periferias existenciales» de las que el Papa Francisco habla nuevamente en su carta.  Misericordia por los pecadores antes que la fijación sobre los propios pecados que nos centra sobre nosotros mismos. Servicio de la comunión de la Iglesia y de su extensión antes que dar demasiada importancia a identidades que nos aseguran y nos retienen en nosotros mismos. Permanecer en la Palabra significa mantenerse en medio del viento de esa divina inspiración de la misión de la Palabra, del Verbo del cual queremos hacernos discípulos. La itinerancia de la predicación es por lo tanto el camino de nuestra «liberación para ser libres».     

Dado que el ejercicio del gobierno en la Orden está orientado al envío, se debe prestar atención especial a cada persona, a sus dones propios y su creatividad, de manera que se promueva de la mejor manera el desarrollo de la libertad de cada uno en servicio del bien y de la misión de todos. Como elemento central de esta atención y en nombre de la búsqueda común de la verdad de la Palabra, los superiores deben tener muy presente la doble exigencia de la misericordia y de la justicia. La misericordia, tan importante en nuestra tradición, debe caracterizar de modo esencial la preocupación por las personas. Por eso, las relaciones fraternas interpersonales, como las relaciones al interior de una comunidad, deben ser siempre el punto de apoyo que permite recordarle a cada uno que él no se reduce a sus falencias o a sus carencias. La fraternidad se teje verdaderamente cuando cada uno descubre, en ella y en el llamado que ella hace continuamente a dejarse redimir para ser libre, su dignidad plena de ser levantado y salvado por la misericordia de Cristo. Pero, al mismo tiempo, dicha dignidad debe ser reconocida en su capacidad de responsabilidad. En la perspectiva de la Palabra de verdad que libera, la libertad individual no puede pretender ser una isla, ni el centro de gravedad de la vida de todos los demás. La fraternidad, tal y como la propone Cristo, nos enseña precisamente a recibir nuestra verdadera libertad en total disposición a la reciprocidad según la cual el otro cuenta siempre más que yo mismo. Por esta razón, el gobierno tiene la responsabilidad exigente de mantener juntos el celo por la misericordia y el deber de la justicia. La referencia precisa y objetiva a nuestras Constituciones, al bien común, a las determinaciones de nuestros capítulos, permite preservar el bien común de todos al abrigo de la arbitrariedad de las pretensiones individualistas de libertad. La tarea puede parecer a veces árida e ingrata pero es al precio de ese equilibro exigente que se puede evitar una referencia demasiado fácil a una misericordia que termina reducida a la cobardía, la irresponsabilidad o la indiferencia. Es en virtud de este equilibrio que cada uno podrá recibir la gracia que vino a buscar en la Orden: ser llamado a dejarse liberar por la Palabra de verdad.     
        
Para concluir este comentario del tema anual del Jubileo, quisiera evocar un último principio espiritual del gobierno en la Orden: el de la unidad y la comunión. Una vez más, el criterio de la misión nos sirve como punto de apoyo. A medida que buscamos, con paciencia, los medios que favorezcan la deliberación común para orientar el ministerio de la predicación, los individuos, las comunidades, las provincias y todas las entidades de la familia dominicana entran en la dinámica de integración en una misma entidad. Por supuesto, cada una de dichas instancias está invitada, convocada, a aportar su propia identidad personal, cultural y eclesial al bien común. Pero, a causa de la referencia común al entusiasmo fundador que nos ha consagrado a todos a la predicación, nuestra voluntad consistirá en responder juntos al envío. Mejor aún, y todavía más exigente: pedimos al Espíritu que nos constituya en una comunión de predicación. Expresamos esta petición al tiempo que pedimos incesantemente al Espíritu de comunión para que abra el mundo al horizonte de la salvación y afiance en nuestro corazón la esperanza de la nueva creación. Sobre la puerta de la Basílica de Santa Sabina, entregada a Santo Domingo por el Papa Honorio III, el mosaico que representa la Iglesia de la circuncisión y la Iglesia de los gentiles recuerda este horizonte primero de la predicación de la Orden: la Palabra de verdad nos compromete a servir, por medio de la predicación y el testimonio, a la comunión que ha sido prometida. Es para eso que hemos sido enviados. Y sobre la puerta de esta misma basílica, lo sabemos, la representación de la crucifixión nos recuerda que dicha predicación nos conducirá a ser discípulos de Aquel que libremente da su vida para que todos sean congregados en la unidad.

¡La verdad os hará libres!

Fr. Bruno Cadoré, O.P.
Maestro de la Orden

Acción Verapaz colabora con la Asociación SP Edify y los dominicos de la Provincia del Rosario, en un proyecto de ayuda a minorías étnicas de la Provincia de Yunnan (China).

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La Escuela de San Pablo de Macau (China) regentada por los dominicos de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario, creó la Asociación SP Edify, con el único propósito de colaborar en la educación de minorías étnicas de la Provincia de Yunnan (China). A través del “Fondo San Pablo para la Educación de las Minorías Étnicas de la Provincia de Yunnan (China)” promueven la atención social de estas zonas y hacen posible que los niños de estas minorías tengan la posibilidad de recibir una educación básica, a través de la construcción de cuatro escuelas.

Los habitantes de esta zona son miembros de la minoría étnica Miao, y están en una situación de ilegalidad, pues, por un lado, se han cambiado de ubicación por razones de pobreza, pero sin permiso del Gobierno de China (ha sido una inmigración ilegal) y por otro, han contravenido la política de hijo único de China (estos habitantes tienen una media de 6 ó 7 hijos).

SP Edify ha construido 4 escuelas para el apoyo de la educación de los niños y lleva a cabo un programa de promoción social, en los 4 lugares donde está presente (Mataipo, Hongpotou, Pingtoushan y Zhangpojiao). El lugar más pobre y necesitado es Zhangpojiao. La razón principal es que se encuentra mucho más aislado que los otros tres, donde suele haber al menos un camino o una carretera en las cercanías. Zhangpojiao no dispone ni de luz, ni de agua, ni de teléfono. Las casas, en su inmensa mayoría, son auténticas chabolas, algunas hechas con latas, otras con adobe. Solo algunas están hechas con ladrillo de cemento. Para cocinar, normalmente usan las mazorcas y las cañas de la planta de maíz, que es el cultivo principal, junto con la calabaza. Esto hace que las casas se llenen de humo al cocinar, lo cual está influyendo en la salud de todos, pero especialmente de los mayores y de los niños.

Por eso en Zhangpojiao, el programa social incluye la construcción de casas, además de proporcionarles agua, pues el área donde viven los Miao no suele tener agua. La ocasión la proporcionó el hecho de que un grupo de personas de Beijing contactó con los encargados en China de SP Edify, los dominicos José Ángel López Legido y Alejandro Salcedo, y de ahí surgió el proyecto de construcción de casas.

Los donantes chinos están dispuestos a construir una casa de ladrillo y de cemento a cada familia. Con ello se mejoraría sensiblemente tanto la seguridad como la situación sanitaria de esa población. La familia interesada tendría que dar RMB 5,000.00 (aproximadamente 550,00 €) y los donantes construirían la casa y correrían con el resto de gastos. El número de familias que se podrían beneficiar de este programa sería aproximadamente 20.

Ahora bien, dado que muchas familias encontrarían muy difícil el poder entregar RMB 5,000.00, lo que propuso SP Edify fue conseguir ese dinero y entregar a las familias los RMB 5,000.00 para que la casa se pudiera hacer.

Acción Verapaz, gracias a una donación recibida para este destino, pudo poner su pequeño grano de arena para este proyecto. Y ahora, a través de este vídeo que nos han mandado los responsables del proyecto, lo queremos dar a conocer, resaltando así la excelente labor que los hermanos de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario están llevando a cabo en favor de esta minoría étnica, empobrecida y marginada de China.

Más información: Proyectos Accion Verapaz

Fr. Timothy Radccliffe y Fr. Brian Pierce visitaron a dominicos y dominicas en Irak

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dominicos y dominicas en Irak

Respondiendo a la invitación de Fr. Amir Jaje OP, Vicario del Vicariato Árabe de la Provincia de Francia, el ex Maestro de la Orden, Fr. Timothy Radcliffe OP (Provincia de Inglaterra) y el ex Promotor de las Monjas de la Orden, Fr. Brian Pierce OP (Provincia de San Martín de Porres, Estados Unidos) visitaron Irak del 8 al 16 de enero. Fueron 9 días de encuentro profundo con los hermanos dominicos de Bagdad y las hermanas dominicas en Erbil.

Nuestros hermanos y hermanas en Irak

Respondiendo a la invitación de Fr. Amir Jaje OP, Vicario del Vicariato Árabe de la Provincia de Francia, visitamos Irak del 8 al 16 de Enero. Somos muy conscientes de lo superficial que es nuestra comprensión de este bello y complejo país y su sufrimiento, pero incluso así querríamos compartir lo que hemos visto y oído, la esperanza que mantienen viva nuestros hermanos y hermanas, y lo que podemos hacer para apoyarles. Por favor, perdonad cualquier inexactitud.

Nuestros hermanos y hermanas pertenecen a una de las más antiguas comunidades cristianas del mundo, que se remonta al tiempo de Cristo. Son nuestros mayores, por lo que debemos estar con ellos en estos terribles momentos. También el sufrimiento de Irak es sintomático de la crisis de todo el mundo. ISIS, o Da’esh, como se le llama normalmente en Irak, es un hijo de nuestros tiempos. Su violencia deriva, al menos en parte, de la violencia de la cultura Occidental, con su gusto por las armas. El gusto de los jihadistas por ver nuestras películas, con sus interminables asesinatos. Somos cómplices de lo que está ocurriendo allí. Nuestras invasiones provocaron la crisis que el pueblo iraquí ahora mantiene.

Comenzamos en Bagdad. Una web de viajes en Internet nos aconsejaba no ir en absoluto, pero en caso de ir, permanecer dentro de la Zona Verde fortificada, donde están protegidos casi todos los extranjeros. Si uno atraviesa esta fortificación, los medios de transporte aconsejados son el helicóptero o un vehículo blindado. ¡Ni los frailes ni las hermanas tienen nada de esto! Mientras atravesábamos Bagdad con nuestro hermano Amir, en ningún momento experimentamos tensión ni nos sentimos amenazados. En todas partes éramos bienvenidos con una generosidad que es asombrosa, dado que nuestros respectivos países han tomado parte en la explosión que está destrozando este país.

Por supuesto, no es totalmente seguro: había terroristas suicidas y secuestros, incluso mientras estuvimos allí. Pero el arma más potente del terrorismo es el terror. Si dejamos que el terror nos impida visitar esta ciudad, o si nos tiene atrapados detrás de los altos muros de una inexpugnable fortaleza, los terroristas han ganado. Los iraquíes se sienten olvidados y traicionados, pero si uno visita a nuestros hermanos y hermanas en Irak, la bienvenida va más allá de las palabras.  Después de Bagdad, volamos a Erbil, donde nos unimos a una delegación de tres hermanas Dominicas, Dusty Farnan, Marcelline Koch, y  Arlene Flaherty, que estaban visitando el campo de refugiados en Kurdistán. Disfrutamos de la inolvidable hospitalidad de la Hna. Maria Hanna, Priora General, y su comunidad de maravillosas y estupendas hermanas.

LO QUE VIMOS

Los números y estadísticas son estremecedores. 500.000 cristianos y yazidíes, junto a un número de musulmanes moderados, huyeron de la antigua ciudad de Mosul cuando Da’esh (ISIS) arrasaban la Llanura de Nínive a principios de agosto de 2.014. Algunos días después las ciudades mayoritariamente cristianas de Qaraqosh y Bartola se vaciaron de cristianos en cuestión de horas, mientras las fuerzas de ISIS marchaban hacia estas comunidades cristianas. Sin tiempo para preparar su trágico éxodo, la gente se marchó llevando consigo solamente lo que podían llevar en sus brazos, ya que huían en coches o andando, hacia la región Kurda de Irak.

Nos encontramos con una pareja en uno de los campos de refugiados cuya hija –un bebé- fue arrebatada de los brazos de su madre por un militante de ISIS, mientras abandonaban Qaraqosh en un autobús. No hay noticias de dónde puede estar el bebé. Un pastor católico, que ahora dirige uno de los campos de refugiados en Ankawa (el ‘campo’ no es otra cosa que el oscuro y húmedo armazón de hormigón de un centro comercial sin terminar) nos contó que de las cuatro iglesias que atendía en Mosul, una ha sido convertida en un almacén de armas, mientras que las otras tres se usan como cárceles y lugares de tortura.

LA TRAICIÓN: UNA HERIDA DIFÍCIL DE CICATRIZAR

Hemos escuchado historias estremecedoras sobre  traiciones por parte de viejos amigos y vecinos musulmanes a medida que ISIS  devastaba estas ciudades y vecindarios predominantemente cristianos. Alguno de los musulmanes incluso han llamado por teléfono a sus antiguos vecinos cristianos, insultándoles, y diciendo: “Ahora tenemos vuestras casas y estamos vendiendo las mercancías que dejasteis en vuestros comercios”.  Aunque hemos encontrado mucha gente que aún mantiene la esperanza de regresar, otros han dicho que la traición de sus antiguos amigos y vecinos ha provocado una herida que nunca puede ser curada.

Uno de los obispos de Kurdistán nos dijo que debido a la violencia y la ausencia de todo tipo de ayuda por parte del gobierno iraquí, aproximadamente 1800 cristianos abandonan Irak cada mes. Algunos se están reasentando, al menos temporalmente, en los países circundantes (principalmente Líbano y Jordania), mientras otros se van a Europa, Australia o Norteamérica. Con frecuencia los que tienen más estudios son los que huyen. Para muchos, este es el comienzo de una vida en el exilio, resignados a la posibilidad de no volver a ver nunca su tierra de origen. Algunos cristianos dicen que deben marcharse por el bien de sus hijos.  Los que se quedan son los más pobres, aunque algunos cristianos y musulmanes moderados que tienen medios han preferido quedarse, comprometiéndose en la difícil tarea de ayudar a construir un nuevo Irak. El coraje de nuestros hermanos y hermanas para quedarse a construir el futuro con su pueblo es un poderoso testimonio de su fe en el constante amor y misericordia de Dios.

Nos contaron que las autoridades locales de Kurdistán han comenzado a cerrar sus fronteras a nuevas oleadas de refugiados, dejándoles sin un lugar para buscar asilo y seguridad. Hay aproximadamente 120.000 refugiados en Ankara (un suburbio cristiano de Erbil, en el Kurdistán iraquí) que están viviendo en cubículos de una habitación (llamadas caravanas) del tamaño de un remolque. En muchos campos se unen dos caravanas con un baño común, mientras en otros los baños y duchas son públicos. Muchas personas están enfermas con resfriados y otras dolencias, debido al invierno tan inusualmente frío de este año y las precarias condiciones de vida. Algunas caravanas albergan 8-12 miembros de una familia, y nos contaron que en una vivían 26 personas de una única y gran familia, en una situación casi insostenible.

El campo de refugiados más grande –el Ankawa Mall- es el hogar de 400 familias, 1.700 personas aproximadamente. Con mucha creatividad, han reservado un espacio que sirve como una especie de cafetería donde la gente puede descansar y disfrutar de una partida de dominó. ¡Los dos nos quedamos profundamente sorprendidos! Las hermanas Dominicas de Santa Catalina están trabajando con dos sacerdotes y un hermano de otra congregación en un nuevo vecindario en las afueras de Erbil, donde se han alquilado 200 casas de nueva construcción para acomodar familias de refugiados.

Desgraciadamente nos están completamente libres del peligro de la violencia en su nuevo entorno. Hace algunas semanas, un terrorista suicida, un fundamentalista kurdo, se explotó en Erbil, alimentando el temor de que incluso dentro de las fronteras de su ‘nuevo hogar’ como refugiados, no están totalmente seguros. Se estima que alrededor del 18% de los musulmanes kurdos son miembros de una secta fundamentalista.

La carga psicológica y mental de estos refugiados es preocupante, dado que el futuro es tan incierto. En un campo vimos cómo treinta o cuarenta refugiados desesperados protestaban ante uno de los sacerdotes que trabaja allí, mendigando respuestas y alivio. El sacerdote permaneció ante ellos pacientemente, escuchando amablemente sus gritos desesperados de auxilio, con pocas respuestas que dar ante sus angustiosas demandas. El dolor más duro es que se les arrebata su dignidad humana. Sus necesidades son, sencillamente, aplastantes. El heroísmo de quienes ayudan, médicos voluntarios, enfermeras y farmacéuticos, sacerdotes y hermanas, muchos de los cuales son a su vez refugiados, es increíblemente conmovedor en tales circunstancias.

Los refugiados yazidíes, muchos de los cuales han sido atendidos por entidades de la Iglesia, sufren un sufrimiento añadido, de ser considerados por muchos de sus vecinos como adoradores del diablo. La Iglesia ha llamado a los líderes musulmanes a ser más directos en la denuncia del uso de la religión como pretexto para la violencia. Mientras algunos reclaman que el Islam es una religión de paz, otros dicen que es una religión nacida en la violencia, y que no parará hasta que todos los ‘infieles’ sean convertidos o aniquilados. Los musulmanes moderados, sin embargo, han estado valientemente en pie al lado de sus vecinos cristianos y yazidíes, compartiendo sus luchas y ofreciendo ayuda a los refugiados.

Pocos iraquíes confían en las naciones Occidentales, exigiendo que asuman su responsabilidad de esta crisis, aún cuando continúan los simulacros de combate para el control de las enormes reservas de petróleo de la región. El fundamentalismo musulmán, apoyado por el dinero de Arabia Saudí y Qatar, usa la avaricia y la voracidad económica de Occidente como un pretexto para sus propios objetivos egoístas y violentos. Coincidió que estábamos en Irak en el momento de la brutal masacre de la revista Charlie Hebdo en París.

EDUCACIÓN Y JUSTICIA: ANTÍDOTOS PARA EL FUNDAMENTALISMO

La campaña “Soy Charlie” ha resonado en todo Irak y los países colindantes. Esto sólo conducirá a más violencia. Una hermana dominica iraquí nos comentó: ‘Mientras marchan en París por la libertad de expresión, nosotros somos asesinados en venganza por las caricaturas’. Los frailes dominicos en Ankara tuvieron una vigilia de oración de dos horas en solidaridad por las víctimas de la masacre de París, mientras se hacían eco de la súplica del Papa Francisco por una prudente restricción. La libertad de expresión nos es un ‘derecho’ desconectado de la justicia social, no-violencia y responsabilidad ética. El encuentro de la ofensa con más ofensa llevará a más violencia. Nosotros, los cristianos, debemos mostrar que la no-violencia tiene el poder de cambiar el mundo en una nueva era de paz.

Muchos hablaban de occidentales que se están uniendo a ISIS y otros grupos jihadistas internacionales. Aunque no siempre podemos impedir al joven radicalizado salir hacia Oriente Medio, no parece constructivo castigar o arrestar a los que regresan a Occidente, desilusionados por las expresiones violentas y extremistas del Islam. Debemos recibir al joven en casa y ayudarle a sanar las heridas de la guerra. Sólo la educación y la búsqueda de justicia derrotarán al fundamentalismo. Al final, los que regresen desilusionados por la violencia de ISIS pueden ser los mejores predicadores de otros jóvenes que están tentados a unirse a estos grupos violentos.

El acceso a las escuelas y universidades se ve como uno de los pasos más importantes y urgentes para contener el crecimiento del fundamentalismo violento. Un obispo en el Kurdistán iraquí dijo que se necesitan desesperadamente entre treinta y cuarenta universidades y un número de hospitales para frenar la huída a otros países de todos los iraquíes perseguidos.

¿QUÉ ESPERANZA?

La pregunta que constantemente nos perseguía durante esta visita era: ¿Cómo pueden nuestros hermanos y hermanas de Irak mantener viva la esperanza? Con frecuencia nos explicaron que en árabe hay dos palabras que se traducen por ‘esperanza’. ‘Amal’ es el optimismo cotidiano de que las cosas irán bien. ‘Raja’ es una esperanza más profunda, basada en nuestra confianza en alguien, sobre todo en Dios. La mayoría de los cristianos han perdido todo ‘amal’. No ven futuro en absoluto, excepto un triste exilio en tierra extranjera. Un obispo nos dijo que incluso los bebés aún no nacidos estaban deseando marcharse.

Pero hay signos de esta esperanza más profunda, ‘raja’, incluso aunque no está claro cómo llegará a buen término. Estar en Irak es ya un signo de esperanza. Un profesor de química dijo a una de nuestras hermanas: "¿Por qué sigues aquí? Francia te aceptará”. Cuando muchos de los discípulos huyeron, Jesús dijo a Pedro: ‘¿También vosotros queréis marcharos?’ (Juan 6, 67). Pedro se quedó. Jesús permanece con nosotros, y quedarse es un poderoso signo de esperanza cuando tantos se marchan. ¿Quién sabe lo que haríamos en esta situación? Si tuviéramos hijos, ¿nos atreveríamos a quedarnos y arriesgar su futuro? Lo nuestro no era urgir a los miembros de esta antigua comunidad cristiana a quedarse y mantener  viva su tradición única. Pero esperábamos que algunos lo hicieran.

Es una fuente de esperanza que algunos musulmanes dicen que si los cristianos se van, el Irak que ellos aman terminará. La relación entre creyentes de diferentes religiones ha sido el corazón de la identidad iraquí. En un restaurante musulmán en Bagdad, que ofrecía ‘pollo impregnado’, ‘oveja rellena de arroz’ y ‘pollo invertido’.  Había también una imagen de la Última Cena de Cristo con sus discípulos, y una veladora ante un icono de la Virgen y su hijo. Dimos una conferencia pública a casi trescientas personas en Bagdad, de las cuales el 70% eran musulmanes. Ellos rogaban a los cristianos que se queden. Un hombre joven dijo: ‘¿Por qué debatimos si los cristianos deben quedarse o marchar? Ellos estaban aquí antes que llegaran los musulmanes’.

MUSULMANES RECONOCEN AL CRISTIANISMO COMO RELIGIÓN DE PAZ

Es esperanzador que a veces los musulmanes reconocen el cristianismo como una religión de paz. Cuando los soldados vinieron buscando armas en Bagdad, entraron en una casa cristiana, pero cuando vieron el nacimiento, dijeron: ‘Tú eres Jesús. Aquí no hay armas’, y se fueron inmediatamente. Parece ser que sobre todo los cristianos recibieron y colaboraron con los yazidíes. Los cristianos tienen algo esencial que ofrecer si la sociedad iraquí va a encontrar una nueva unidad.

Nos contaron que este año muchos musulmanes compraron árboles de Navidad. Por supuesto, esto puede ser debido en parte por el dominio del mundo occidental en los medios y su imagen de la Navidad. Pero para muchos musulmanes, especialmente los chiítas, esto era una expresión de devoción compartida: musulmanes y cristianos unidos ante el árbol para formular un deseo, en honor al profeta Jesús.

Esta esperanza se asoma en la sencilla determinación de levantarse cada mañana y hacer lo que debemos hacer hoy. Uno de nuestros hermanos, Nouiran, dijo: ‘La esperanza significa que vivo hoy, pase lo que pase mañana’.

“LA ALEGRÍA EN ESTOS LUGARES ES SACRAMENTAL DE LA ESPERANZA EN UN MUNDO NUEVO”

Esta esperanza brilla en el compromiso cristiano de continuar cuidando de otros, incluso cuando nuestro propio futuro es tan incierto. En una clínica de un sórdido campamento conocimos a una mujer que había sido dueña de tres farmacias hasta la terrible noche en que llegó ISIS. Ahora trabaja como voluntaria, dispensando las pocas medicinas que tienen. Dijo: ‘He perdido todo, pero he aprendido la gratitud por lo poco que queda. Por eso he venido’.

En Bagdad quedamos abrumados por la visita a dos casas. Las hermanas de la Madre Teresa dirigen un hogar para niños de todas las religiones que han sido abandonados por su discapacidad. ¿Quién podría olvidar la inteligente y delicada cara de Nora, nacida sin brazos ni piernas, que da de comer a niños más pequeños con una cuchara entre sus dientes? Dos vírgenes consagradas recibieron a 60 mujeres mayores, de todas las religiones, que no tienen casa, con quienes reímos y oramos. La alegría en estos lugares es sacramental de la esperanza en un mundo nuevo.

Visitamos dos centros de refugiados construidos por los hermanos, llamados ‘La Vid’ y ‘Esperanza’. Nuestros hermanos Nageeb y Sarman nos explicaron que es importante que cada familia tenga una casa con una ventana y una puerta. Uno tiene que mirar fuera, pero también la dignidad humana requiere un espacio para la intimidad. Aquí los mismos refugiados están involucrados en la construcción de caravanas de emergencia y casas, un empleo que les da algún ingreso pero, incluso más importante, también dignidad.

LA LLAMADA DEL PAPA FRANCISCO

La memoria apuntala la esperanza. Uno difícilmente puede imaginar la esperanza que les dio a estas personas de uno de estos campos cuando sonó el teléfono en Nochebuena, y el Papa Francisco estaba allí, para decirles que no eran olvidados. Recordémosles nosotros también, y seamos un signo de nuestro Dios que nunca olvida a nadie: ‘¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada, tus muros están ante mí perpetuamente.’ (Isaías 49, 15s)

Cuando visitamos estos y otros centros, nos impresionó cómo nuestros hermanos y hermanas recordaban los nombres e historias de muchos de los refugiados. Hay un hambre de reconocimiento. Muchas ONG’s tratan a las personas como simples números, unidades con necesidades materiales, en lugar de los dignos hijos del Pueblo de Dios, cuyos nombres Dios conoce.

COMPROMISO CON LA EDUCACIÓN

La memoria del pasado puede ser un signo de esperanza en el futuro. Las cosas no tienen necesariamente que ser como son hoy. Nuestro hermano, Nageeb, logró sacar y salvaguardar los antiguos archivos ante las mismas narices de ISIS y llevarlo al exilio, manteniendo viva la memoria del pasado. Esto nos ayuda a recordar que hemos sobrevivido crisis en el pasado.

El signo más intrigante de esperanza fue el compromiso con la educación. Si ISIS es vencido sólo militarmente, renacerá en otra forma. El verdadero enemigo es el fundamentalismo ciego, que alimenta su violencia. En 2012, el Padre Dominico Yousif Thomas Mirkis, ahora Arzobispo de Kirkuk, fundó en Bagdad la Academia de Ciencias Humanas. Tiene 500 estudiantes, la mayoría musulmanes. Estudian filosofía, sociología, antropología, así como inglés y francés. Obtienen certificados expedidos por DOMUNI, nuestra Universidad de internet. ¿Es una locura asistir a conferencias sobre Wittgenstein cuando ISIS está decapitando gente? Pero en esta violenta tormenta, la Iglesia debe aferrarse a su fe en la razón. El logotipo de la Academia es el escudo Dominicano, con un lápiz en el centro, en el que se apoya un gran signo de interrogación. El Arzobispo Mirkis nos dijo: ‘Necesitamos lugares donde la gente pueda inspirar el oxígeno del debate’. Aquí discuten si es cierto que ‘Yo soy Charlie’, más que simplemente repetir un slogan. La Iglesia mantiene viva la creencia en la razón cuando muchos otros buscan sólo la fuerza. La inteligencia puede atravesar los muros del prejuicio y la estupidez.

Nuestra revista ‘Christian Thought? (Pensamiento Cristiano, n.t.), editada por fr. Philippe la compran muchos musulmanes que desean pensar y dialogar con nosotros. No es para difundir ideas cristianas, sino para que la tradición de reflexión cristiana pueda abrir un espacio para el diálogo. Hace 800 años, en la antigua Bagdad, los escolares cristianos, musulmanes y judíos estudiaban juntos. El compromiso de Fr. Amir para el diálogo con los estudiantes chiítas en el sur de Irak, en Najef, es un testimonio de esperanza. Uno de nosotros asistimos a una cumbre de líderes cristianos y musulmanes en Roma en diciembre, donde muchos chiítas hablaron con afecto y respeto por su trabajo.

En Ankawa, en el norte, visitamos la Universidad de Babel, donde enseñan muchos de nuestros hermanos y hermanas. Dos de nuestras hermanas tienen doctorados en Escritura, de Oxford y Notre Dame. ¡Qué maravillosa expresión de esperanza, con larga visión de futuro, formar profesionales en tan terribles circunstancias! Tres de los profesores de esta universidad cristiana son musulmanes. Hay 120 laicos en el programa laical.

SIGNOS DE ESPERANZA PESE A MONSTRUOSIDAD DE LA VIOLENCIA

La belleza también hace visible la esperanza en el rostro de la monstruosidad de la violencia. Tuvimos una tarde muy conmovedora en Bagdad, donde visitamos la Iglesia de Nuestra Señora de la Entrega, donde el 31 de octubre de 2010 fueron masacrados cuarenta y siete laicos  y dos sacerdotes, junto con los cinco terroristas suicidas que se explotaron tras entrar en la iglesia durante la celebración de la Eucaristía. Durante nuestra visita a la iglesia, encontramos una mujer que había sido alcanzada por el atentado, perdiendo el niño que estaba en su seno. La nueva iglesia, bellamente reconstruida con delicado trabajo de madera, con los nombres de los difuntos tallados en las paredes, es un signo de la victoria de la resurrección, cuando florezca la estéril madera muerta de la cruz, como lo hará en Irak. Creemos que la sangre de los mártires dará fruto.

Finalmente, en los campos, hay muchos niños cuya risa juguetona nos da esperanza. Visitamos dos hospitales en Bagdad fundados y dirigidos por las hermanas dominicas de la Presentación y de Santa Catalina, cada uno de los cuales tiene una sala de maternidad. Aquí están naciendo los futuros ciudadanos de Irak, musulmanes y cristianos, unos junto a otros. Una hermana, comadrona, se describía ante nosotros como ‘la madre de Irak’.

Cuando visitamos los campos en el norte, los niños venían corriendo para conocer a estos extranjeros vestidos con hábitos blancos. Habían sido arrastrados fuera de sus hogares, huyeron para salvar sus vidas y viven en la miseria, pero tenían una espontaneidad y confianza que no siempre es evidente en los niños occidentales. Justo antes de la comunión en el rito caldeo católico, dos niños suben al altar a recibir el signo de paz del sacerdote, que transmiten a  la asamblea. Quizá estos niños son los mensajeros de esperanza para el futuro, incluso cuando ahora no podemos ni imaginar qué forma tomará.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Esta es una pregunta que con frecuencia hacíamos a los hermanos y hermanas. Frecuentemente la respuesta era: ‘Contad a la gente la verdad de lo que aquí está ocurriendo’ Este es nuestro lema: Veritas.

La verdad es que ésta es una enorme catástrofe humanitaria, que está aplastando millones de vidas.

La verdad es que este desastre en gran parte ha sido provocado por la torpe intervención de Occidente en la región, buscando principalmente sus propios intereses.

La verdad es que la confrontación con ISIS es síntoma de una crisis que afecta a toda la humanidad al inicio del siglo XXI, como las culturas tradicionales se enfrentan a la modernidad.

La verdad es que la violencia de ISIS es en parte un fruto amargo de la violencia de un sistema económico mundial que está creando cada vez mayores desigualdades entre las naciones y dentro de las naciones. Debemos informar a nuestros políticos, invitarlos a visitar Irak y trabajar por una solución a esta catástrofe.
En segundo lugar, los dominicos de Irak piden nuestras oraciones. Muchos de ellos oran cada día: ‘¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo?’ (Salmo 15, 1). Debemos asediar los cielos con nuestras oraciones, como la viuda importuna golpeando la puerta del juez hasta que le dio lo que quería (Lucas 18, 2ss). Debemos orar frecuente e insistentemente por la paz en Irak y por sus cristianos, en nuestras comunidades, nuestras parroquias, nuestros diversos ministerios.

Tercero, sería maravilloso si algunos de nuestra gran Familia Dominicana visitara nuestros hermanos y hermanas en Irak, y conocieran las personas a quienes sirven. Las pegatinas distribuidas por la Orden durante la última guerra de Irak decían: ‘Tenemos familia en Irak’. Todavía la tenemos. Ven, especialmente si tienes alguna tarea que pueda ayudar a los refugiados, si eres enfermera o médico, o un experto en el tratamiento de personas con traumas. Quizá pequeños grupos de gente joven puede venir por un par de semanas para estar con los jóvenes en estos campos, para compartir su experiencia. Esto sería transformante, tanto para los que vienen como para los que son visitados. Por supuesto, es un poco arriesgado, pero no debemos estar gobernados por el miedo: ‘El amor perfecto expulsa el temor’ (1 Juan 4, 18).

Finalmente, podemos recolectar dinero para ayudar a estos refugiados, para que puedan vivir con dignidad y esperanza. Los fondos para apoyar el trabajo de los hermanos y hermanas pueden enviarse a:

PROVINCE DOMINICAINE DE FRANCE
DOMICILIATION : HSBC FR AGENCE CENTRALE
IBAN : FR 76 3005 6001 4801 4854 2857 016
Code B.I.C. : CCFRFRPP

*Agradecemos profundamente a Sor María de Jesús, OP, priora del Monasterio de la Piedad en Palencia, España, por haber ofrecido traducir de este documento.
Fuente: www.op.org