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El primer mártir del terrorismo islamico en Europa. Roberto de Mattei

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El primer mártir a causa del terrorismo Islámico en tierra europea tiene nombre: se trata del padre Jacques Hamel, asesinado mientras celebraba la Santa Misa el pasado 26 de julio en la parroquia de Saint-Etienne-du-Rouvray, en Normandía. Dos musulmanes irrumpieron en la iglesia exaltando al islam y, tras haber tomado rehenes a los pocos fieles presentes, degollaron al celebrante e hirieron de gravedad a uno de los feligreses. No hay dudas en cuanto a la identidad de los agresores y al odio anticristiano que los impulsaba. A través de la agencia noticiosa Amaq, el Estado Islámico ha llamó a ambos asaltantes «nuestros soldados».El nombre de Jacques Hamel se añade al de millares de cristianos que todos los días son quemados, crucificados y decapitados por odio a su fe. Pero la matanza del 26 de julio supone un punto de inflexión, porque es la primera vez que sucede en Europa, y proyecta una sombra de temor y alarma sobre los cristianos de nuestro continente. Desde luego es imposible vigilar los 50.000 edificios religiosos de Francia y un número análogo de iglesias, parroquias y santuarios en Italia y otros países. Todo sacerdote es blanco de posibles atentados, destinados a repetirse con el efecto multiplicdor que desencadena esta clase de delitos. «¿Cuántos muertos serán necesarios, cuántas cabezas decapitadas, para que los mandatarios europeos comprendan la situación que vive Occidente?», se ha preguntado el cardenal Robert Sarah.
¿Y qué tiene que suceder, añadimos nosotros, para que los compañeros del cardenal Sarah en el colegio cardenalicio, empezando por su jefe supremo, que es el Papa, se den cuenta de la espeluznante situación en que se encuentra hoy en día, no sólo Occidente, sino la Iglesia universal? Lo que hace más terrible esta situación es la política de buenismo y de falsa misericordia para con el islam y con todos los enemigos de la Iglesia. Es verdad que los católicos debemos rezar por nuestros enemigos, pero también debemos ser conscientes de que los tenemos, y no debemos limitarnos a rezar por ello sino que tenemos también el deber de combatirlos. Nos lo enseña el propio catecismo de la Iglesia Católica en el nº 2265, donde dice que la legítima defensa puede ser un deber grave para el que es responsable de la vida de otros. «La defensa del bien común exige colocar al agresor en la situación de no poder causar perjuicio».
El papa Francisco ha dicho estar «particularmente impresionado por este acto de violencia que ha tenido lugar en una iglesia, durante una Misa, acción litúrgica que implora de Dios su paz para el mundo», evitando una vez más llamar a los asesinos por su nombre.
El silencio de Bergoglio es paralelo al de los musulmanes de todo el mundo, que no denuncia con voz clamorosa, unisona y colectiva los delitos cometidos por sus correligionarios en nombre de Alá. Y eso que hasta el presidente de la República Francesa, François Hollande, en su discurso a la nación del martes por la tarde, habló de una guerra abierta de Francia contra el Estado Islámico. Durante su pontificado, el Papa ha beatificado con una celeridad inusitada a algunos personajes del siglo XX como Óscar Arnulfo Romero y el P. Pino Puglisi*, que no fueron exactamente asesinados por odio a la fe católica.
Ahora bien, el 12 de mayo de 2013 también canonizó en la plaza de San Pedro a los ochocientos mártires de Otranto, masacrados el 11 de agosto de 1480 por los turcos por negarse a renegar de su fe. Si el papa Francisco anunciase el inicio de un proceso de beatificación del padre Hamel, daría al mundo una señal pacífica pero resonante y elocuente de la voluntad de la Iglesia de defender su propia identidad. Si por el contrario sigue engañándose con la posibilidad de un acuerdo ecuménico con el Islam, repetirá los errores de aquella desdichada política que sacrificó las víctimas de la persecución comunista en los altares de la Ostpolitik. Pero el altar de la política es diferente de la sagrada mesa sobre la que celebra el sacrificio incruento de Cristo, y a este sacrificio, el 26 de julio pasado el padre Jacques Hamel tuvo la gracia para unirse, ofreciendo su propia sangre.
Roberto de Mattei
[Traducido por J.E.F]

* Asesinado por la Mafia en Palermo en 1993

La gracia de Dios está en la cortesía

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Nuestra Señora fue objeto de la sublime cortesía de Dios durante la trascendental conversación con el ángel en la Anunciación que cambió toda la historia de la humanidad, al fin y al cabo los ángeles son los cortesanos de Dios y están alrededor del trono divino. El ángel, con gran reverencia y cortesía la saludó con las palabras que le había encomendado la Santísima Trinidad: Salve, llena de gracia; el Señor es contigo.
También fue objeto de la cortesía de santa Isabel, más aún, como en todo lo cristiano, la Virgen es nuestro supremo modelo de cortesía:
Diálogo entre la Virgen de Guadalupe y San Juan Diego:
«Ella lo trata, con un cariño extraordinario, casi como se hace con un niño. Vemos, de un lado, la predilección que Nuestra Señora tiene no sólo por las almas grandes, heroicas, que realizan hechos históricos sino, por otro lado, cómo Ella ama todas las formas de belleza, todas las formas de virtud, el amor que también tiene por las almas simples, pequeñas, que le son enteramente dedicadas y que ignoran su propia virtud, cómo Ella habla a esas almas con una ternura completamente particular.
Aquí ustedes tienen un principio que deseo resaltar: donde existe la verdadera virtud, aparecen la delicadeza, la cortesía, las maneras nobles. Por el contrario, donde la virtud muere, las maneras nobles, la delicadeza y la cortesía van desapareciendo…
Juan Diego, como tiene delicadeza de alma, sabe tener delicadeza de maneras, y sabe tratar a Nuestra Señora con respeto, con una verdadera hidalguía. Al contrario, si no tuviese delicadeza de alma, él podría ser un hidalgo, pero no trataría a Nuestra Señora con verdadera hidalguía».1
Cuando San Pablo escribió en su Primera Carta a los Corintos el amor no es descortés, sin lugar a dudas tenía en mente el caos de las asambleas cristianas por la descortesía entre unos y otros,2 había quienes eran desconsiderados y vociferantes en las asambleas, violaban las buenas maneras, ignoraban los deseos y sentimientos de otros miembros sólo para obtener sus propios fines. En una reunión, el derecho parlamentario es cortesía hacia otros, pero en Corinto prevalecía la ilegalidad parlamentaria.
El verdadero cristiano es agradable, educado, cortés, no porque tenga que serlo, no porque busque progresar, esa es el arma despreciable del servil, del parásito y del adulador.
Ser agradables, generosos, corteses, educados, de buen carácter, como se quiera llamar, es una virtud que se cultiva. La cortesía no es estrictamente distinta de las otras virtudes, es una cualidad que se encuentra en todas ellas.
El humorista estadounidense Art Buchwald dijo que la descortesía era un buen indicador económico: cuando los empleados de servicios turísticos, la gente de las oficinas de reservación de los hoteles y los meseros son más corteses, agradables y educados, la economía anda mal. En la misma medida en que los empleados de hoteles son más amables, el país se encuentra en mayores problemas. Sin embargo, cuando la gente del ramo turístico se vuelve brusca, y a los empleados de las tiendas les importan un bledo sus clientes, y el jefe de meseros se comporta con aires de grandeza, es cuando la economía va cuesta arriba.3
La cortesía es, ante todo, respeto por el prójimo, y el fundamento último de todo respeto es reconocer a Cristo en nuestro prójimo.
“San Francisco veía sólo la imagen de Dios multiplicada, pero nunca monótona. Para él un hombre era siempre un hombre, y, aun cuando estuviera mezclado en una densa multitud, le miraba como si estuviera a solas con él en un desierto. Honraba a todos los hombres; es decir, no solamente los amaba, los respetaba. El secreto de su extraordinario poder de captación era éste: desde el Papa hasta el pordiosero, desde el sultán de Siria en su pabellón hasta los andrajosos ladrones que salían a gatas de los bosques, jamás hubo un hombre que mirara aquellos ojos negros y encendidos que no sintiera con certeza que Francisco Bernardone tenía un interés sincerísimo en él, en su vida ínfima individual, desde la cuna hasta el sepulcro y que a él personalmente le apreciaba y le tomaba en serio”.4
El cristiano cortés reconoce la dignidad de toda persona humana, él mira a cada persona con un destino eterno, por tanto respeta a cada persona, la toma en serio por lo que es.
San Juan Bautista de La Salle hizo de la cortesía el eje de su proyecto educativo sustentándola en la eminente dignidad de la persona humana:
Es cosa llamativa que la mayoría de los cristianos solo consideran la urbanidad y la cortesía como una cualidad puramente humana y mundana y no piensan en elevar el espíritu más arriba. No la consideran como virtud que guarda relación con Dios, con el prójimo y con nosotros mismos. Eso manifiesta claramente el poco sentido cristiano que hay en el mundo y cuán pocas personas son las que viven en él y se guían según el Espíritu de Jesucristo. … La cortesía cristiana es, pues, un proceder prudente y regulado que se manifiesta en las palabras y en las acciones exteriores, por sentimiento de modestia, de respeto, o de unión y caridad para con el prójimo, y toma en consideración el tiempo, los lugares y las personas con quienes trata. Y esta cortesía, que se refiere al prójimo, es lo que propiamente llamamos urbanidad”. 5
El ensayista y moralista francés Joseph Joubert sintetizó la virtud de la cortesía diciendo que ésta es la flor de la humanidad y el que no es suficientemente cortés, no es suficientemente humano.
La cortesía está ligada estrechamente a la humildad.
«Entre vosotros no debe ser así; al contrario, quien, entre vosotros, desea hacerse grande, hágase sirviente de los demás; y quien desea ser el primero, ha de ser esclavo de todos. Porque también el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos».6
El hombre orgulloso o centrado en sí mismo puede ser educado, pero él nunca puede ser amable, porque se niega a servir. Con el grito desafiante del príncipe de la muerte y la descortesía, comenzó la batalla entre la soberbia y la humildad: ¡Non serviam! – no serviré.
El gran Chesterton definió a la cortesía como la unión de la humildad y la dignidad. Ciertamente, la cortesía está profundamente ligada a la virtud de la humildad.
La gentileza es una expresión de la bondad. La bondad nos hace que no deseemos dirigir la ira hacia nadie. Si la ira se dirige a sí misma, el alma devuelve gentileza. El mundo lo hace de otra forma, ha regresado al ojo por ojo y diente por diente del Antiguo Testamento, nuestro Señor Jesucristo nos enseñó a poner la otra mejilla.
«El Señor nos indicó el camino cuando dijo: Tomad sobre vosotros el yugo mío, y dejaos instruir por Mí, porque manso soy y humilde en el corazón; y encontrareis reposo para vuestras vidas. Porque mi yugo es excelente; y mi carga es liviana».7
Dijo el Poverello de Asís: La cortesía es hermana de la caridad, que apaga el odio y fomenta el amor.
«Todo el mundo afirmaba que la cortesía brotaba de él desde un principio, como una de las fuentes públicas en aquel soleado mercado italiano. Hubiera podido escribir, entre sus versos, como lema propio, esta estrofa de Mr. Belloc:
La cortesía es mucho menos
que el valor o la santidad.
pero, bien meditado yo diría
que la gracia de Dios está en la cortesía.
Nadie puso nunca en duda que Francisco Bernardone fuera valeroso, aun en un sentido puramente viril y militar; y debía llegar un tiempo en que no se tendría tampoco duda respecto de la santidad y la gracia divina que lo adornaron. Si existía algo de que el hombre tan humilde se sintiese orgullo, eran sus correctos modales».8
«La vida del alma está destinada a manifestarse sensiblemente a través de la del cuerpo, la caridad a manifestarse en actos externos de cortesía. La cortesía es un rito social alimentado por la caridad cristiana, también ordenada a la gloria de Dios. “La cortesía es para la caridad lo que la liturgia es para la oración: el rito que la expresa, la acción que la encarna y la pedagogía que la suscita. La cortesía es la liturgia de la caridad fraterna”.»9
Parecería que la cortesía hoy en día está en vías de extinción. Con la era digital, también conocida como era informática, la forma de relacionarse con las personas carece de buenos modales, “la cortesía y la bondad son superados por la grosería y la impaciencia”, el computador es “para muchos es camino para abandonar las inhibiciones y las buenas maneras”. Las generaciones de niños en la actualidad, han perdido, por ejemplo, el comportamiento básico en la mesa, ahí vemos que los crecientes hábitos de consumir comida chatarra en el vehículo o frente al televisor hacen sus efectos.
En la Edad Media, los bárbaros invadieron Europa llevando consigo la descortesía, pero los monjes forjaron y salvaron la civilización cristiana de la Europa medieval. Ahí surgió la caballerosidad con su galantería y cortesía, su consideración y cuidado de los otros, especialmente los débiles y desvalidos.
También se ha producido un desbalance del trato eclesiástico en las últimas décadas, con la alteración de las costumbres, la trivialización de las rúbriucas y la desacralización de la música.
«Así, ustedes comprenden bien hasta qué punto la cortesía y el tono aristocrático son hijos de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana. Y, por el contrario, las maneras triviales, bajas, igualitarias, brutas son – precisamente – el fruto de la Revolución y del demonio».10
Germán Mazuelo-Leytón/adelantelafe.com
1  Cf.: CORREA DE OLIVEIRA, PLINIO, Diálogo entre la Virgen de Guadalupe y San Juan Diego,http://www.pliniocorreadeoliveira.info/ES_661212_Nuestra_Senora_de_Guadalupe.htm#.V4mPVvnhDIU
2  Cf.: 1 COR 14, 26-40.
3  SHAMON, P. ALBERT, Nuestra Señora dice: amen a la gente.
4  CHESTERTON, GK, San Francisco de Asís.
5  LA SALLE, San JUAN BAUTISTA DE, Reglas de cortesía y urbanidad cristiana,0.1 y 0.9.
6  SAN MARCOS 10, 43-45.
7  SAN MATEO, 11, 29.
8  CHESTERTON, GK, San Francisco de Asís.
9  DE MATTHEI, ROBERTO, Plinio Corrêa de Oliveira: El cruzado del siglo XX.
10  CORREA DE OLIVEIRA, PLINIO, Diálogo entre la Virgen de Guadalupe y San Juan Diego,http://www.pliniocorreadeoliveira.info/ES_661212_Nuestra_Senora_de_Guadalupe.htm#.V4mPVvnhDIU

El poder de lo pequeño

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El éxito es el efecto acumulado de hábitos insignificantes que son los que marcan la diferencia

Los arrebatos no conducen a nada; la constancia es la que lleva a todas partes
Un avión parte de Moscú con destino a Madrid, pero sufre una avería inadvertida en su sistema de navegación que crea una mínima desviación del rumbo de menos de un grado. El avión acaba aterrizando en Mallorca. ¿Cómo se desvió tanto? Un grado es muy poco, sin embargo, ese pequeño desajuste durante cinco horas de vuelo crea una enorme diferencia en el resultado. Cuando hablamos de comportamientos humanos durante… ¡toda una vida!, las desviaciones son aún mayores. En realidad, lo que determina lo que conseguimos no son las grandes decisiones, sino las menores y los actos cotidianos. En este artículo trataremos sobre cómo las personas pueden alejarse de sus deseos y objetivos si no disponen de un plan de vuelo y un sistema de navegación perfectamente ajustados.
Dos hermanos comparten la misma familia, genética, posibilidades y educación, entorno…, y, sin embargo, con el paso de los años, sus vidas se hacen cada vez más diferentes. Básicamente hay tres factores que influyen en esa divergencia: sus elecciones, sus acciones y sus relaciones.
Lo cierto es que no podemos “no elegir”. No tomar una decisión es, en realidad, tomar una: demorarla. De modo que estamos decidiendo o dejando de hacerlo, cada día. Y lo que acaba ocurriendo es que la vida es el resumen de todas ellas, sean menores o mayores. Cualquier cosa que acaba entrando en nuestras vidas es la consecuencia de una cadena de actos y caminos que elegimos o no.
Las decisiones mayores son aquellas que se toman conscientemente y suelen requerir a veces ayuda de terceros en forma de consejo, pero siempre tiempo de reflexión. Las menores son las que se deciden casi sin pensarlo y acaban creando un efecto compuesto. De las dos, son las pequeñas elecciones las que se acumulan día tras día y marcan una gran diferencia.
Tomar decisiones sabias es más sencillo cuando se tienen claros cuáles son los valores prioritarios y adónde se va. Para no equivocarse conviene hacerse esta sencilla pregunta: ¿la dirección que voy a tomar concuerda con lo que me importa prioritariamente en la vida?
Para conseguir grandes resultados no es preciso llevar a cabo grandes acciones, sino pequeñas repetidamente a lo largo del tiempo. El éxito es el efecto acumulado de hábitos insignificantes. Y el truco está en insistir en un comportamiento positivo el tiempo suficiente como para que marque una distinción significativa a medio plazo. Es el poder de las pequeñeces acumuladas.
Ganar es el resultado de una suma de costumbres; perder, también. Es algo que saben muy bien los deportistas. Por ejemplo, Michael Phelps es un brillante modelo del poder multiplicativo del hábito. Sus rutinas de entrenamiento son muy estrictas, previsibles, sistemáticas. Es obvio que su anatomía estaba diseñada para ganar, pero su enorme éxito es fruto de su persistencia.
A menudo, para implementar una rutina, las personas recurren a la fuerza de voluntad. Es un error. Están luchando consigo mismas, y, a la larga, abandonarán, porque la lucha desgasta. ¿Cuál es la alternativa? La motivación. Establecer un hábito nuevo solo tiene futuro cuando concuerda con los valores principales de la persona. El poder de algo que nos estimula disuelve las luchas internas y proporciona combustible mental para pasar a la acción.
Sin tener en cuenta en cualquier elección esos valores básicos, las personas caen víctimas de sus contradicciones internas y dejan de perseguir sus deseos y sus sueños.
Por suerte, todo lo que se aprende en la vida puede reaprenderse. Los hábitos no son una excepción a esta regla y se pueden cambiar. El mejor modo de terminar con uno negativo es empezar uno nuevo y positivo que lo sustituya, y que esté propulsado por la fuerza imbatible de la motivación.
No hay una mejor estrategia para conseguir lo que se desea en la vida que crear hábitos positivos que conduzcan a lograrlo, y después, delegar el trabajo en el poder de la costumbre, seguir el flujo del tiempo, y dejar de esforzarse una vez puesto en marcha el impulso de la inercia.
Las personas que nos rodean: familia, amistades, compañeros de trabajo… crean una gran influencia en cada uno de nosotros. En psicología se conoce este efecto como la influencia del “grupo de referencia”. Es una información silenciosa, inconsciente y que se acumula con el paso del tiempo. Y se traduce en una imitación inconsciente de lo que el “grupo” dice, piensa, hace, siente, come, viste, se comporta…
Se podría decir que una persona es la suma de las influencias personales que ha recibido a lo largo de su vida, que, como es de imaginar, pueden ser positivas o negativas, y acabará pareciéndose mucho a la gente con la que tiene más trato. La pregunta que nos deberíamos formular es: ¿quién o quienes ejercen ese poder sobre mí?
¿Es importante filtrar las influencias que recibimos? Por supuesto que sí, ignorar su efecto puede salir caro. Y si no, que se lo pregunten a cualquier padre o madre que vigila escrupulosamente con quién anda su hijo o hija. Tan importante es el efecto de las compañías en un adolescente como en un adulto. A fin de cuentas, como afirma el dicho: “Dime con quién andas y te diré quién eres” o “Dios los cría y ellos se juntan”.
Casi siempre que se toma una decisión, las personas empiezan con mucha energía y empeño, pero, a la larga, acaban abandonando. Ese exceso inicial es en realidad contraproducente porque semejante nivel de energía no se puede mantener por mucho tiempo. Querer hacerlo todo cuanto antes es provocar el abandono. Es mejor iniciar la tarea o el plan con menos fuerza, pero mantenerlo en el tiempo hasta conseguir el objetivo. El éxito es resultado de dosificar las fuerzas, de mantener el ritmo, de la regularidad. Es así como se ganan carreras y como los equipos consiguen torneos.
La disciplina es esa regularidad, constancia, cadencia o ritmo. No hace falta hacer mucho de golpe, pero sí algo cada día. Por ejemplo, al empezar una dieta es mejor aplicarse a unas normas razonables y no saltárselas ni un día, antes que matarse de hambre los tres primeros días. Los atletas saben muy bien que las medallas se consiguen dosificando el ritmo. Una vez más, es el poder de los pequeños pasos, que proporcionan resultados extraordinarios.
De nada sirve tener una arrancada de caballo y después una parada de burro. Eso significa ser víctima de un gran entusiasmo inicial, no dosificado, para pasar a abandonar y volver al estadio inicial al poco tiempo. Los arrebatos no conducen a nada; pero los planes sostenidos y la constancia conducen a todas partes.
Todas las personas tienen sueños, pero no todas los consiguen. ¿Es cuestión de mérito, genes, inteligencia o suerte? No, más bien se debe a trabajar para conseguirlos con método; es decir, mediante una rutina diaria. Repetir una acción cada día, semana o mes. Un acto que está implícito en la agenda y ni siquiera hay que apuntarlo, se da por hecho. Es como cepillarse los dientes, se hace automáticamente después de cada comida, sin que haga falta recordarlo.
Cuando se pone en marcha un objetivo, lo primero que conviene hacer es preguntarse qué rutinas conducirán a él. Seguramente, un buen coach preguntaría a su cliente: “¿Qué tres acciones sencillas te acercarían a tus grandes objetivos?”. Sí, pasos simples hacia resultados extraordinarios. Y si esa persona es sistemática, y se aplica a dar tres pasos diarios, su éxito está asegurado. No importa lo lejos que vaya, tres pasos al día, tarde o temprano, le llevarán a donde sea que se dirija.
RAIMÓN SAMSÓ

12 pasos del obispo Schneider para sobrevivir como familia católica en un desierto herético

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Schneider
Mientras la batalla para el alma misma de la familia y de todos sus miembros se intensifica en todo el mundo con el empuje hacia la anarquía sexual enmascarada como “educación”, la demolición de lo que es verdaderamente masculino y femenino en nombre de los “derechos de género” y la destrucción del matrimonio enmascarada como “igualdad”, un pastor que ha sufrido bajo el terror de un régimen comunista ha expuesto un plan de supervivencia para los padres católicos que viven en un ambiente laicista, relativista y hostil y que simplemente quieren educar a sus hijos para que se conviertan en futuros ciudadanos del cielo.
El obispo Athanasius Schneider de Kazajistán, en una entrevista exclusiva dada a LifeSiteNews a principios de este mes [marzo], ha dicho que los padres católicos deben tomarse en serio su “primer deber” de educar a sus hijos en la fe para conseguir superar las influencias negativas e incluso hostiles y destructivas que aprietan por todos lados.
En una entrevista de gran alcance sobre su experiencia de niño católico crecido bajo el comunismo, sus pensamientos sobre lo que significa ser una familia católica hoy, la enseñanza, las malas parroquias y las diócesis dirigidas por sacerdotes y obispos progresistas, además de sus opiniones sobre los fieles laicos deben afrontar las preocupaciones sobre el Papa Francisco, el obispo ha indicado doce pasos que los padres católicos deben adoptar para salvaguardar a sus propias familias y a sus propios hijos.
Mons. Schneider ha dicho que para sobrevivir en un desierto herético, los padres católicos deben:
  1. Ver las persecuciones como una gracia de Dios para ser purificados y reforzados, no simplemente como algo negativo.
  2. Arraigarse en la fe católica a través del estudio del Catecismo.
  3. Proteger la integridad de su propia familia por encima de todas las cosas.
  4. Catequizar a sus propios hijos como primer deber.
  5. Rezar cada día con sus propios hijos las letanías y el Rosario.
  6. Transformar la casa en una iglesia doméstica.
  7. En ausencia de un sacerdote y de la Misa Dominical, hacer la comunión espiritual.
  8. Sacar a su propia familia de una parroquia que difunde errores y frecuentar una parroquia fiel, aunque se deba ir lejos.
  9. Sacar a sus hijos de la escuela si encuentran peligros de inmoralidad en la educación sexual.
  10. Si no es posible sacar a sus hijos, crear una coalición de padres que luchen por este derecho.
  11. Luchar por los derechos de los padres utilizando los instrumentos democráticos a disposición.
  12. Estar preparados para la persecución en la tarea de proteger a sus hijos (véase el primer punto).
El obispo ha dicho que ser una “familia” católica en el verdadero sentido de la palabra es la clave para la supervivencia. (...)
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Entrevista al obispo Athanasius Schneider en LifeSiteNews

LifeSiteNews: Las familias católicas están experimentando hoy un tipo de persecución. ¿Cómo hizo su familia para afrontar las persecuciones a pesar de vivir bajo un régimen comunista?
Obispo Athanasius Schneider: Diría que he tenido el privilegio de vivir en un tiempo de persecución de la fe y de la Iglesia, porque las persecuciones dan fundamento a toda la vida. Se trata de una gracia. Y por tanto, de algún modo, no querría caracterizar el tiempo de la persecución siempre negativamente. Dios se sirve de estas circunstancias de persecución en diversos grados para nuestro [bien], para purificar nuestra fe, para reforzarla. Es así que querría ver la persecución contra la familia proveniente de la sociedad moderna también como una posibilidad de purificación y de fortalecimiento.
Por mi experiencia en el tiempo de la persecución, fue de importancia fundamental la familia, la integridad de la familia, y el hecho de que ambos padres estén profundamente arraigados en la fe. Esto es más tarde transmitido a los hijos. Querría decir que los hijos deben recibir la fe como la leche de la madre. Y la primera tarea de los padres es la de transmitir a los hijos, de manera simple, la pureza, la belleza, la integridad de la fe católica.
Ante todo pienso que es importante que la madre o el padre impartan la primera catequesis a los hijos en la familia, en casa; no en la escuela o en la parroquia, sino en la familia. Esto no excluye naturalmente que se dé también ulteriormente -de otro modo- la catequesis en la parroquia. Pero en primer lugar en la familia. Y luego los padres deben rezar cada día en familia con sus hijos. Esta ha sido mi experiencia. Hemos rezado todos los días juntos. Por la mañana y por la noche, no mucho, pero al menos hemos rezado juntos.
LifeSiteNews: ¿Cuántos años tenía cuando sucedían estos hechos?
Obispo Athanasius Schneider: Alrededor de 12 años. El recuerdo es muy vivo. Por ejemplo, el Domingo, cuando no había sacerdotes -a veces pasaron años en los que no había sacerdotes, porque los sacerdotes estaban en la cárcel- venían a vernos en un gran secreto. Recuerdo estas visitas secretas de los sacerdotes. Era una gran fiesta. Pero teníamos que ser muy cautos porque estaba todo controlado por los servicios secretos. Por tanto, nuestros padres nos decían: “Calla, no rías, no llores, no grites”.
Cuando venía el sacerdote había un clima de gran reverencia. Ante todo estaba a disposición de las personas para la confesión, de todos, a veces incluso toda la noche. Y qué reverencia cuando había Santa Misa… Verdaderamente inolvidable. Recuerdo estos momentos.
Hemos visto en una sociedad en la que el ateísmo, bajo un régimen comunista, era difundido en la vida pública, en las escuelas. Pero gracias al hecho de que en la familia hemos estado arraigados en la oración y en la fe, eso no nos ha infectado. En la escuela, por ejemplo, teníamos una lección con el título “El ateísmo científico”. Nuestros padres, cuando éramos niños, nos decían: “Algunas palabras se oyen por una oreja y deben salir por la otra. No prestéis atención”. Y así, hemos obedecido a nuestros padres. A veces hemos tenido que tener cuidado de no ser provocadores sino prudentes.
Creo que esta sea hoy la principal tarea para las familias: establecer una cultura de iglesias domésticas.
El otro aspecto que mis padres me han enseñado es que los niños de fuera de nuestra casa, la gente, sabía que somos cristianos. [Mis padres habrían dicho] “Lo saben. Y por tanto, cuando estéis solos debéis comportaros mejor que los que no creen”. Debemos educar así hoy a nuestros hijos y jóvenes.
LifeSiteNews: ¿Cómo hizo su familia para afrontar el hecho de no poder participar en la Misa Dominical?
Obispo Athanasius Schneider: El Domingo nos reuníamos en una habitación, nos arrodillábamos -los padres y nosotros cuatro, los hijos- rezábamos oraciones simples como el Rosario, las letanías, y hacíamos la Comunión espiritual. Y estoy seguro de que el Señor ha visitado nuestras almas con las gracias de la Santa Comunión.
LifeSiteNews: Usted ha citado el papel de los padres en la educación de los hijos. Este es un tema importante para los padres en Occidente a causa del asalto de la educación sexual en las escuelas, que se impone a los niños, estén o no de acuerdo los padres. ¿Cómo deberían responder los padres?
Obispo Athanasius Schneider: Naturalmente [la educación] es el primer deber de los padres. Cuando la escuela imparte a sus hijos enseñanzas inmorales, deben sacarlos. Es su deber.
No se puede exponer a los hijos al peligro de la inmoralidad. Es imposible. Los padres católicos, al defender a sus propios hijos de esta inmoralidad, deben estar preparados a sufrir, sí, a soportar las consecuencias.
LifeSiteNews: ¿Qué deberían hacer los padres en los países donde es ilegal sacar a los hijos de la escuela?
Obispo Athanasius Schneider: Es una cuestión muy delicada, pero en este caso los padres católicos deben formar una especie de liga, una asociación -a nivel nacional- de manera que sean fuertes. [Deben] tener abogados y defenderse con cualquier medio democrático que esté a su disposición. Creo que es importante establecer una coalición de padres en este aspecto específico de la educación sexual para [garantizar] el derecho de sacar a sus hijos.
LifeSiteNews: ¿Qué deberían hacer los padres católicos cuando en una parroquia encuentran un sacerdote, o incluso un obispo, con un programa que difunde una enseñanza en contraste con la fe?
Obispo Athanasius Schneider: Los padres deben conocer muy bien su fe católica. Deben estudiar muy bien el Catecismo, porque el Catecismo es inmutable -es decir, en él encuentran la verdad. [Deben] estudiar el catecismo de sus padres y abuelos, que es muy simple y claro. Es la voz de Cristo y de la Iglesia de todos los tiempos. Deben estar arraigados con gran firmeza en la fe católica. Cuando los pastores o los miembros de la jerarquía contradigan la enseñanza de Cristo, la enseñanza del Magisterio perenne de la Iglesia, del Catecismo, se debe sacar a los hijos de estas iglesias y no frecuentarlas, aunque cueste recorrer 100 km [para frecuentar una iglesia fiel].
Cuando vivíamos en la Unión Soviética -cuando gracias a Dios nos hemos mudado a otro lugar en Estonia- teníamos allí una iglesia católica y un sacerdote en un radio de 100 km. Y nuestros padres han dicho: “¡Oh, qué afortunados somos! Está tan cerca. ¡Una iglesia a 100 km! Hemos estado muchos años sin sacerdote y sin Misa. ¡Ahora debemos ir sólo a 100 km! ¡Qué felicidad!”.
Pienso que en el mundo occidental, en los Estados Unidos, quizá es posible encontrar una iglesia a menos de 100 km en la cual haya un buen sacerdote. Por tanto, evítense las iglesias [en las que es predicado el error]. [Estos lugares] están destruyendo la fe de la gente. Estas iglesias están destruyendo. Debemos evitarlas. [Estas personas] son traidores de la fe, aunque tengan el título de sacerdote u obispo.
LifeSiteNews: Los fieles católicos, que aman al papa y no quieren dañar al papado, ¿podrían expresar preocupación por las declaraciones hechas por el Papa Francisco que no parecen en línea con la doctrina católica o sería mejor para ellos permanecer en silencio?
Obispo Athanasius Schneider: En la Iglesia no se vive en una dictadura. En una dictadura no se tiene el valor de contradecir al dictador. Pero cuando en la Iglesia se llega a una situación en la que los sacerdotes fieles y los obispos tienen miedo de hablar, como en una dictadura, esta no es la Iglesia. Esta no es la Iglesia del diálogo, de la colegialidad, de la familia. No. En una familia debe existir la posibilidad de intercambio de puntos de vista.
A veces también los buenos padres consienten expresarse a sus hijos que están creciendo. ¿Por qué no? Un buen padre acepta que un hijo suyo adulto diga “Padre, eso no es correcto”. A veces sucede.
Y así, el Santo Padre es nuestro padre. Y cuando dice a estos grupos: “No debéis hablar siempre de estas cosas” se puede decir con todo respeto: “Santo Padre, esta es una acusación injusta. Somos acusados injustamente. No vale la pena que usted vuelva cada vez, y siempre, a incidir en este punto. No hablamos siempre de esto. Hablamos del Evangelio, de la vida familiar, de la oración. Por tanto su juicio sobre nosotros es injusto. Su acusación es injusta. Y permítanos, de alguna manera, defendernos, y escuche nuestra voz”.
[Traducido por Marianus el Eremita. Artículo original.]
Fuente: adelantelafe.com/Hemos visto