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Película completa: Domingo, Luz de la Iglesia (subtitulada en español)

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En el marco de los 800 años de haber sido fundada la Orden de Predicadores, la Provincia de Filipinas produjo la primera película acerca de su fundador: Santo Domingo de Guzmán. Siendo un canónigo regular en la Diócesis de Osma, Domingo profundizó en una vida de oración, estudio y comunidad, pero la estabilidad que tenía en esa época cambiaría por completo una vez saliera junto a su Obispo a realizar un encargo. 


En este viaje, Domingo descubrió los grandes estragos que provocaban la herejías, y su gran piedad lo llevó a darle un cambio completo a su vida: de ahora en adelante se dedicaría por completo a la Predicación, para recuperar almas para Dios. 

El Señor iría impulsando esta misión particular que le había encomendado, y llegado el momento hizo posible, por medio de su gracia, que este hombre lleno de fe fundara una Orden dedicada a perpetuar ese ministerio que Dios había puesto en sus manos. Así nació la Orden de Predicadores que hoy, como una gran familia, reúne a frailes y monjas, laicos y hermanas, al servicio de la predicación. Este hombre santo, profundo amigo de El Señor, tal vez sea poco conocido, pero los muchos dones que recibió de Dios siguen siendo dignos de imitar para los hombres de todas las épocas.


Jubileo dominicano en Toulousse

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Jubileo dominicano en Toulousse

¿Por qué ha comenzado la Provincia de Toulousse el Jubileo en el 2015? 

Aunque aún no ha comenzado oficialmente el Jubileo de la Orden de Predicadores, en el suroeste de Francia, en la Provincia de Toulousse, ya están todas las celebraciones en marcha. El mes de mayo tiene una agenda cargada de eventos. No es sólo que los frailes estén impacientes por comenzar antes que nadie, sino que también hay razones históricas. 

Este año la fiesta de la Traslación de Santo Domingo coincidía con la semana de Pentecostés, el mismo mes en que se conmemora los 800 años de la primera comunidad de frailes predicadores en Toulousse. Es importante recordar que antes de que la Orden fuera instituida para la Iglesia Universal por el Papa Honorio III existía un instituto diocesano de predicadores creado por iniciativa del obispo de Toulousse Fulco y con Domingo de Guzmán a la cabeza. La misión de esta nueva comunidad de predicadores era "erradicar la herejía, eliminar el vicio, enseñar los mandatos de la fe e inculcar la moral". Todo ello sucedía en mayo de 1215, por lo que las celebraciones de estos días son realmente oportunas. 

Santo Domingo, desde su vuelta de España, cada vez se estaba integrando más en la diócesis de Toulousse. Su prioridad era continuar ayudando a la comunidad monástica de Prulla, ya que hasta los años 1211-1212 la construcción de edificios adecuados para las monjas no finalizó, permitiendo de esta manera que todas las monjas pudieran residir en un mismo lugar.

 A las alturas de 1214 Domingo se hacia cargo de la comunidad cristiana de Fanjeaux, siendo en ese sentido el párroco del lugar. Al final de ese año hay evidencias de que se encontraba en Toulousse como ministro de la predicación. También, por esas fechas, fue elegido obispo de Couserans, renunciando a la mitra. 

Sin embargo, en enero de 1215 los acontecimientos tomaron un nuevo giro. Domingo recibió en donación algunas propiedades en la ciudad, lo que hizo que la creación de una comunidad de predicadores estable fuera una posibilidad nueva. El donante era Pedro Seilhan, bien conocido por nosotros gracias a la todavía existente "Maison Pierre Sailhan" en la Plaza del Parlamento de Toulousse.

 El cambio de propiedad se finalizó el 25 de abril de 1215, cuando la herencia de Seilhan se resolvió y los bienes se dividieron entre los dos hermanos. En mayo el obispo Fulco formalizó el acuerdo, haciendo a la comunidad de Domingo una institución diocesana permanente. 

Para celebrar el Jubileo, la Provincia de Toulousse ha llevado a cabo una serie de actos: exposiciones, conciertos, etc. Pero la gran celebración se hizo el domingo de Pentecostés (24 de mayo) en la iglesia del convento de Santo Tomás de Aquino de Toulousse. Las actividades fueron publicadas en la web y en las redes sociales. También ha puesto en marcha una página web sobre la historia de la Orden



La Traslación de Nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán

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No crean que paso desapercibida esta conmemoración, con amor la Familia Dominica recordó este bello evento, ahora te presentamos un poco de historia Dominica...

Era Pentecostés de 1233. Se había reunido Capítulo General de la Orden en Bolonia bajo la presidencia de Jordán de Sajonia, sucesor inmediato de Santo Domingo en el generalato. Doce años habían pasado desde la muerte de Santo Domingo. Dios había manifestado la santidad de su Siervo por multitud de milagros obrados en su sepulcro o debidos a la invocación de su nombre. Se veían sin cesar enfermos, alrededor de la losa que cubría sus restos, pasar allí el día y la noche, y volver glorificándolo por su curación.

Cuando, obligados a demoler la vieja iglesia de San Nicolás para edificar una nueva, quedó el sepulcro del santo Patriarca al aire libre, expuesto a la lluvia y a todas las intemperies por largo tiempo, se decidió su traslado a un sepulcro más digno en el interior de la nueva iglesia.
La noche del 24 de mayo, con ayuda de picos, levantaron penosamente la piedra que cubría la tumba. Mientras la levantaban, un inefable perfume salió del sepulcro entreabierto.
Por fin, levantaron la tapa del ataúd, y los huesos de Domingo aparecieron ante la vista de sus hermanos y amigos.
Los notorios milagros que habían acompañado el traslado del santo cuerpo de Domingo determinaron a Gregorio IX a no retrasar más su canonización. Por una carta de 11 de julio de 1233, comisionó para proceder a la investigación de su vida.
Enviadas a Roma las declaraciones de testigos de Bolonia y Toulouse, Gregorio IX firmó la bula de canonización el 3 de julio de 1234.




Santo Domingo quiso ser sepultado en la iglesia de San Nicolás de las Viñas (San Nicoló delle Vigne) « bajo los pies de sus frailes.» 

Inmediatamente muchos enfermos testimoniaron haber sido curados en el sepulcro del santo, pero los frailes no fueron propensos a reconocer estos milagros y destruían todos los exvotos que les daban como acción de gracias por las curaciones. Finalmente por voluntad expresa del papa Gregorio IX, gran amigo del santo, dentro de la asamblea del capítulo general, presidido por el M.O beato Jordán de Sajonia y en presencia del delegado pontificio: el arzobispo de Rávena, Teodorico, se hizo la traslación de su cuerpo a un sarcófago de mármol el día 24 de mayo de 1233, martes de la octava de Pentecostés, cuya antífona de entrada en la celebración eucarística, tomada del libro IV de Esdras (extracanónico), (2, 37) cantaba: Recibid el gozo de vuestra gloria, dando gracias a Dios que os ha llamado a los reinos celestiales, mientras un olor maravilloso se extendía desde el sepulcro del santo. Esto supuso el principio del proceso de canonización, que el mismo papa Gregorio IX haría desde Rieti un año después, el 3 de julio de 1234.


El año 1267 el beato Juan de Vercelli, sexto Maestro de la Orden, ordenó la construcción de un arca de mármol espléndida, realizada por Nicolás de Pisa y completada por Nicolás de Bari. El sepulcro fue abierto de nuevo bajo el MO beato Raimundo de Capua el 15 de febrero de 1383 para sacar la cabeza, que ahora se halla en relicario aparte. Esta fue la última vez que fueron sacados a la luz los restos de nuestro Padre. El 11 de noviembre de 1411 el arca marmórea fue trasladada a una capilla especial y el 25 de abril de 1605 a la actual. Finalmente el 17 de abril de 1943, para salvarlos del peligro de las incursiones aéreas, los restos fueron colocados en un refugio blindado y con esta oportunidad se hizo un estudio radiológico cuidadoso del cuerpo del santo y se reconstruyó su fisonomía real, para el 15 de septiembre de 1946 y dentro de la celebración del capítulo general electivo presidido por el MO fray M. S. Gillet, ser colocados de nuevo en la magnífica arca.



"Crear lazos de comunión", fray Bruno Cadoré a la Familia Dominicana de Brasil

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fr Bruno Cadore in Brazil

Del 15 al 30 de abril de 2015 el Maestro de la Orden, fray Bruno Cadoré, acompañado por el Socio para América Latina y Caribe, fray Javier Pose,  llevó a cabo la visita canónica de la Provincia de Fray Bartolomé de las Casas (Brasil). Fue una propicia ocasión para que el sucesor de Santo Domingo se reuniera con la Familia Dominicana del país y les alentara en su vida religiosa y en la misión de la evangelización y predicación del Evangelio.

 El Maestro está bien informado de los retos de la predicación del "Camino, la Verdad y la Vida" en diferentes lugares y bajo diversas realidades socio-políticas. Concerniente a su misión como Maestro fray Bruno Cadoré manifestó que "el Maestro de la Orden es el siervo de la unidad entre los hermanos, comunidades, provincias y culturas", en la Familia Dominicana y en sus varias formas de expresión.     


     Los hermanos de la Provincia de Brasil trabajan en 10 diferentes presencias, situadas, en su mayoría, en la parte centro-sur del país. Son aproximadamente 70 frailes y se dedican a diversos apostolados: enseñanza, capellanías universitarias, parroquias, etc.

 Las hermanas dominicas de vida apostólica están representadas por más de 15 congregaciones diferentes. También existe un monasterio de monjas contemplativas en el territorio de la Provincia. Además cuenta con un buen número de fraternidades laicales y jóvenes que pertenecen al Movimiento Juvenil Dominicano.

        La visita canónica fue una oportunidad para que fray Bruno Cadoré pudiera descubrir las diferentes presencias dominicanas en Brasil, desde el norte de Tocantins hasta Curitiba, en Paraná, al sur del país.  

        A su vez, en esta visita los hijos e hijas de Santo Domingo (monjas, frailes, hermanas, laicos y jóvenes), pudieron relacionarse con fray Bruno Cadoré. Se reunieron con él, se dieron a conocer, compartieron y celebraron en su compañía. De hecho, estuvo encantado con lo que vio.  

      En una de sus homilías manifestó que la visita canónica a los "hermanos y hermanas de la Familia Dominicana es un peregrinaje alrededor de la inmensa mesa de la Eucaristía" en donde "no hablamos de personas de Norte América o Sur América, donde la gente habla portugués, español o inglés, donde las personas son jóvenes o mayores, sino que todos los hombres y mujeres se convierten en hermanos y hermanas en Cristo que han aceptado la invitación de venir a su mesa y compartir su pan". 

“El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará” (Mc 16, 16).

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Las Virtudes Teologales - Introducción - La Fe - Fray Antonio Royo Marín OP

Curso sobre las Virtudes Teologales dictado por Fray Antonio Royo Marín OP en el monasterio Madre de Dios de Olmedo, España, en julio y agosto de 1991.

Traditio Spiritualis Sacri Ordinis Praedicatorum


Una Nueva Santa hija de Santo Domingo

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Su memoria en la Orden se celebra el 19 de noviembre.

Ayer, 17 de mayo de 2015 el Santo Padre Francisco ha canonizado a la Hermana María Alfonsina Danil Ghattas, fundadora de la Congregación del Santo Rosario.

Sor María Alfonsina Danil Ghattas nació en Jerusalem el 4 de octubre de 1843 en una familia que le aseguró una buena formación cristiana. Fue bautizada el 19 de noviembre siguiente y en la pila bautismal, le fue dado el nombre de Soultaneh María. En septiembre de 1848, comenzó a asistir a la escuela de las Hermanas de San José de la Aparición, que habían venido a Jerusalén unos meses antes.

Recibió el sacramento de la Confirmación 18 de julio de 1852. Madurada la vocación a la vida consagrada, en 1858 ingresó como postulante en el Instituto de las Hermanas de San José de la Aparición. El 30 de junio de 1860, tomó el hábito y el nombre religioso de Hermana María Alfonsina; en 1863 realizó su profesión. Se encargó de enseñar el catecismo en la escuela popular de Jerusalén, donde se distinguió por el fervor y el ahínco con el que desempeñó dicho oficio. También promovió la Cofradía de la Inmaculada Concepción (que tomaría el nombre de Hijas de María) y, más tarde, la Cofradía de las Madres Cristianas.

En 1865 se trasladó a Belén para continuar su ministerio de enseñanza. El 6 de enero 1874 se le apareció, por primera vez, la Virgen María; después de un año exacto tuvo lugar una segunda aparición y la Virgen la invitó a formar una nueva familia religiosa que tomaría el nombre de la Congregación del Santo Rosario. La Beata se dirigió al Patriarca de Jerusalén, Monseñor Vincenzo Bracco, y le contó sus experiencias místicas; El obispo le animó y la confió a la dirección espiritual de Don Antonio Belloni.

En mayo de 1876, ante la partida del Padre Belloni, se acogió a la dirección espiritual del Padre Matteo Lesciki. Después de algunas dificultades iniciales, este último también aprendió a entenderla y valorarla. Mientras tanto, algunas miembros que pertenecían a las Hijas de María comenzaron a madurar el proyecto de consagrarse a Dios en la vida religiosa y expresaron dicho propósito a su confesor, el Padre José Tannous. También la hermana Maria Alfonsina decidió entonces recurrir a este sacerdote, quien le ordenó escribir sus propias experiencias místicas, incluso en relación a la Congregación que la Virgen María le había pedido fundar.

En julio de 1880, las jóvenes Hijas de María, bajo la dirección de Don Tannous, comenzaron la vida en común. El 15 de diciembre de 1881, el Patriarca de Jerusalén dio el hábito al primer grupo de monjas de la nueva comunidad, que, de acuerdo con la inspiración por Nuestra Señora, tomó el nombre de Instituto de Hermanas del Santo Rosario.

El 12 de septiembre 1880, la Hermana Marie Alphonsine obtuvo del Santo Padre la dispensa del voto de obediencia emitido en la Congregación de las Hermanas de San José. Tres años más tarde, el 7 de octubre de 1883, llegó a ser parte de la Congregación de las Hermanas del Santo Rosario. El 8 de diciembre del mismo año tomó el hábito (manteniendo el nombre religioso de Sor María Alfonsina) y el 1 de marzo de 1884 comenzó su noviciado. Profesó el 7 de marzo 1885 y el 25 de julio fue enviada a Jaffa para desarrollar la actividad de profesora.

El 1 de noviembre de 1886, junto con la hermana Hanneh, abrió una misión a Beit-Sahour y el año siguiente partió con otras hermanas para establecer una casa también en Salt, Jordania. El 2 de noviembre, 1887 fue aprobada la Constitución de las Hermanas del Santo Rosario, que, dos años más tarde, obtuvieron la aprobación diocesana. En 1889, la Hermana Marie Alphonsine fue enviada a Naplus. Allí permaneció sólo unos pocos meses, ya que, golpeada por la fiebre amarilla, tuvo que regresar a la casa madre en Jerusalén para recibir tratamiento. Ya siendo religiosa, el 4 de octubre de 1890, la víspera de la festividad de Santa María del Rosario, fue admitida en la Tercera Orden de Predicadores en el Convento Dominicano en Jerusalén. A principios de 1892 fue trasladada a la misión de Zababdeh. Entre los años 1893 y 1908 desempeñó el encargo de superiora de la casa de Belén. Del 1909 al 1917 se encuentra nuevamente en la casa madre de Jerusalén; a continuación, se le pidió establecer un orfanato en Ain Karem.

En marzo de 1927 su estado de salud se deterioró repentinamente, esto la llevaría a la muerte poco tiempo después. El 25 de marzo de 1927, regresó a la casa del Padre. Al día siguiente se llevó a cabo su funeral.

Algunas dificultades internas en el Instituto de las Hermanas del Santo Rosario y la difícil situación política en el Medio Oriente impidieron el inicio de su causa de beatificación y canonización, esto a pesar de su reputación persistente de santidad. Superadas estas dificultades, en 1986 se inició, en Jerusalén, el proceso diocesano que culminaría en mayo de 1987. Después de haber completado el procedimiento prescrito, el 15 de diciembre 1994 fue proclamado el decreto sobre sus virtudes heróicas. En 2004, se instruyó la investigación diocesana sobre un presunto milagro que se concluyó en el 2005. Una vez completado el procedimiento prescrito, el 3 de julio de 2009 se proclamó el decreto sobre el milagro. El 22 de Noviembre, 2009 se celebró el rito de beatificación en la Basílica de la Anunciación en Nazaret.

Las Hermanas de la Congregación del Santo Rosario están presentes actualmente en Palestina (Franja de Gaza), Israel, Jordania, Líbano, Egipto, Siria, Kuwait, en algunos emiratos del Golfo Pérsico (Abu Dhabi, Shariqah) y en Roma.

“El Señor conceda por su intercesión un nuevo impulso misionero a los respectivos países de orígen”, fue el deseo del Papa Francisco el domingo al mediodía antes del rezo del Regina Coeli al saludar especialmente a los presentes de Palestina, Francia, Italia, Israel y Jordania, asistentes a la ceremonia de canonización de las cuatro nuevas Santas. “Inspirándose en su ejemplo de misericordia, de caridad y de reconciliación, los cristianos de estas tierras miren al futuro con esperanza, continuando por el camino de la solidaridad y de la convivencia fraterna”, auspició el Vicario de Cristo.

Traditio Spiritualis Sacri Ordinis Praedicatorum

Guía práctica para el «Camino de Santo Domingo»

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Durante el año del Jubileo, diferentes grupos de peregrinos visitarán los lugares relacionados con la vida de Santo Domingo y de la fundación de la Orden, especialmente en España, Francia e Italia. Recorrer el «Camino de Domingo» es  una manera de entrar en contacto con las fuentes de la espiritualidad y del carisma dominicanos. 

Por eso, la Coordinación del Jubileo, en colaboración con los promotores provinciales del Jubileo, ha editado una guía con información práctica dirigida a peregrinos y visitantes. Allí se encuentra una lista detallada de lugares que se pueden visitar, medios de transporte y personas de contacto. La versión online de la Guía en español se puede descargar haciendo clic aquí.

 Las provincias, promotores o grupos dominicanos que deseen imprimir y distribuir la Guía, pueden solicitar una versión lista para impresión tipográfica a la Coordinación del Jubileo: 


El Rosario peregrino del Jubileo

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¡Todos juntos!

Muchos están preparando la celebración de los 800 años de la fundación de la Orden de Predicadores.

En varias reuniones en la Curia General de Roma, Fr. Bruno Cadoré destacó la importancia de lanzar iniciativas concretas que puedan movilizar a todos los miembros de la familia dominicana.

He aquí pues un proyecto de "Rosario peregrino" para el Jubileo. A lo largo del octavo centenario de la Orden, viajará por todos los monasterios de monjas dominicas.

¿Por qué elegir a nuestras monjas? ¡Para hacer lo que hizo Nuestro Padre Santo Domingo que comenzó con ellas! Toda la familia dominicana se apoyará en su oración ¡y podrá participar, por supuesto!

En concreto... ¿cómo va a suceder todo esto?

Se va a elaborar un programa para toda la duración del Jubileo. Dos días serán "dados" a cada monasterio que se convertirá entonces, por así decirlo, en el centro del mundo del Rosario.

Durante estos dos días, las monjas, si así lo desean y lo pueden, tendrán toda la libertad de organizar un encuentro, un tiempo de oración vinculado con el Rosario. Y podrán invitar a los hermanos y a las hermanas apostólicas o también a los laicos que vivan cerca de su monasterio.

¿Qué fechas?

¡Por supuesto, todos estos elementos estarán publicados en la página web Rosarium!

- 30 de junio 2015: el calendario del Jubileo será establecido para el Rosario. Encontraremos allí los dos días dedicados a un monasterio y, para cada mes, un día dedicado a una intención particular que vincule liturgia y apostolados.

- 1º de septiembre 2015: fecha límite para el envío de rosarios. Cada monasterio, en la medida de sus posibilidades, es invitado a hacer 1 o 2 Rosario(s) con 15 misterios.

Hay que mandar este rosario a Santa Sabina, al Promotor de las Monjas. Gracias de pensar en poner una etiqueta con el nombre de la comunidad para que el monasterio que lo reciba pueda conocer su procedencia.

- 8 de septiembre: pondremos en línea una celebración del Rosario. Presentará los 20 misterios con meditaciones dominicanas.

Será fácil de usar, ya sea tomando una serie de 5 misterios -de una misma serie o no-, ya sea tomando los 15 o los 20 misterios. Cada uno lo podrá adaptar según las necesidades o las circunstancias.

- 15 de septiembre: una carta será enviada a todos los monasterios de monjas.

- Del 16 al 20 de septiembre: una carta será enviada a las hermanas apostólicas, a los provinciales, a los promotores provinciales del Rosario y a los santuarios de los que se encargan los hermanos.

- 7 de noviembre: apertura del Jubileo.

Al final de la celebración, el Maestro de la Orden bendecirá los rosarios antes de que los mandemos a cada uno de los monasterios.

- Durante el Jubileo: los monasterios que lo deseen pueden enviar un artículo sobre las actividades propuestas en el marco de este Rosario peregrino.

Es muy fácil: basta con escribir un breve artículo con una o dos fotografías. Estaremos encantados de ponerlo en línea... ¡y esto permitirá dar visibilidad a su monasterio!

Si es posible dar este artículo en la lengua del país del monasterio y en un idioma oficial de la Orden (¡o incluso en los tres!), ¡los que visitan el sitio quedaran muy agradecidos!

Y luego habrá otras... ¡sorpresas!
¡Pero hoy no lo vamos a revelar todo!
El año jubilar será un año del Rosario... ¡todos juntos!

Fr. Louis-Marie Ariño-Durand, OP
Promotor General del Rosario

PATROCINIO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA SOBRE TODA LA ORDEN DE PREDICADORES

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“María, «especial Patrona» de la Orden"

A María, «Reina de Misericordia», Domingo había confiado, como a especial patrona, todo el cuidado («cura») de la Orden. Según narra Constantino de Orvieto († 1256), uno de los primeros biógrafos del santo. Lo mismo repite también el Beato Humberto.

Domingo siente una extrema necesidad de la ayuda de la Santísima Virgen durante el desenvolvimiento de su actividad apostólica; a Ella se vuelve con inmensa confianza; invoca su protección para sus propios hijos. De María obtiene Domingo la curación del maestro Reginaldo de Orléans, que aún no era fraile predicador, pero tenía deseos de llegar a serlo. El Beato Jordán fue informado sobre esta intervención prodigiosa por el mismo santo Domingo, que lo había encontrado en París, y «en presencia de muchas personas».

Como testimonio de la propia devoción a María y el pleno sometimiento a ella de los frailes predicadores, Domingo inventa una nueva fórmula de profesión religiosa, con la que expresamente se promete obediencia a María. Eso «no sucede en las otras Ordenes», subraya Humberto de Romans. Esta profesión de obediencia a María es el reconocimiento público y oficial del título de cofundadora de la Orden que los primeros frailes atribuyen a María. El hermano predicador quiere iniciar a los pies de la Virgen una vida consagrada enteramente al servicio de Cristo y de su Madre.

No es casualidad que Domingo, justamente en el día dedicado a la Asunción de la Virgen, lleve a cabo el gesto que, por su audacia, causa estupor a sus hijos y no es comprendido siquiera por sus más íntimos amigos: la dispersión por el mundo de sus primeros compañeros. Fue, en efecto, el 15 de agosto de 1217 cuando, confiando en la maternal protección de María envía por primera vez a sus frailes al mundo. Ese gesto, tan valiente, juzgado hasta temerario por algunos de sus amigos, había madurado en su espíritu durante sus prolongados coloquios con Dios y con María, a la que veneraba como especial Patrona de la Orden.

Domingo quiere que la jornada del fraile predicador comience en el nombre de María y termine con su alabanza. Establece en efecto que sus frailes, apenas despiertos por la mañana, mientras están aún en el dormitorio, vuelvan su pensamiento a María e inicien la oración con la recitación de su Oficio. Con tal propósito el Beato Humberto destaca que es signo «de gran reverencia a la Virgen María el que los frailes, apenas desvelados, antes que nada, se ocupen en su servicio». Al anochecer, al cabo de la jornada, después del rezo de las completas, Domingo quiere que la última plegaria sea dirigida a María, con la recitación de la Salve Regina.

La misma Virgen santísima manifiesta cuánto le agrada esta devoción de «sus» frailes. En efecto, apareciendo un día al Beato Jordán, le dice: «Amo con especial predilección a tu Orden, y entre tantas otras cosas me es particularmente grato que en cuantas cosas decís y hacéis comencéis con mi alabanza y con ella acabéis».

María muestra al mismo Domingo cuánto le agrada que sus frailes terminen la jornada con la recitación de la Salve Regina. Una noche, mientras que los frailes duermen, María se aparece a Domingo que vela en oración: la Virgen Santísima pasa por el dormitorio rociando con una aspersorio a los hermanos, uno por uno, y le revela que cuando al atardecer recitan la antífona Salve Regina, ella, cuando pronuncian las palabras: «Ea, pues, abogada nuestra, suplica al Hijo para que conserve a la Orden». Poco después, mientras todavía ora, Domingo es arrebatado en éxtasis y ve a la Virgen, sentada a la diestra del Señor y circundada por un gran número de Beatos, pertenecientes a todas las Ordenes religiosas; mas no ve ninguno de sus frailes. Ante esta visión, Domingo llora afligido. Pero el Señor lo consuela: «Tu Orden —le dice—, la he confiado a mi madre». Al mismo tiempo la Virgen abre su manto y Domingo contempla bajo el mismo a todos sus frailes difuntos.

Estas visiones fueron referidas por el mismo Domingo a los hermanos y a las hermanas de San Sixto de Roma. Ellas nos permiten conocer qué relaciones de afecto ligaban a Domingo con la Beatísima Virgen, y cuánta confianza tenía él en su protección.

María, que acoge bajo su manto a los hijos de Domingo, reserva aún una acogida muy particular para aquél que había asumido «el oficio del Verbo». En el momento preciso en que el fundador de los hermanos predicadores, rodeado por sus frailes en una celdilla del convento de Bolonia pasa a la eternidad (6 de agosto de 1221), fray Guala, el prior de Brescia, ve en sueños al cielo abierto y a Jesús y su Madre María que llevan a lo alto, sobre una escala, a Domingo para introducirlo a la gloria celestial”.

(Del libro “La devoción a Maria en la Orden de Predicadores” de Fr Alfonso D´Amato OP).

Oración
Oh Dios, lleno de misericordia y de fidelidad, que te has dignado encomendar la Orden de Predicadores al patrocinio especial de la bienaventurada Virgen María; te pedimos humildemente nos concedas que, así como ella es para nosotros en esta vida dulzura y esperanza nuestra, así también en el momento de nuestra muerte nos presente misericordiosamente ante su Hijo Jesús. El cual vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amen.

(Imagen: Maria acoge bajo su manto a la Orden de Predicadores).

Un llamado para toda la Orden: Evangelizar a los guajiros, seres de arena

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Respondiendo al llamado que el Obispo de la Diócesis de Riohacha ha efectuado a las congregaciones religiosas presentes en Colombia, para cubrir los requerimientos pastorales de Guajira, ubicado en pleno desierto al norte del país y que alberga el mayor número de indígenas de todo el territorio colombiano, 3 frailes dominicos de la Provincia de San Luis Bertrán se instalaron en la zona para atender dos Parroquias y sus capellanías y brindar formación bíblica a toda las diócesis.

Ante la envergadura de la misión que tienen entre manos, estos hermanos dominicos se hacen eco del llamado de “auxilio” de la Diócesis e invitan a toda la Orden de Predicadores a involucrarse con este “desafío guajiro”.

“Hacemos eco, pues, del auxilio de la diócesis de Riohacha a nuestras hermanas y hermanos dominicos para que vengan a la Guajira y entre todos aportemos nuestro grano de ‘arena’ a la construcción del Reino de Dios”, exhorta Fr. Rodrigo Rivero Gutiérrez OP , en un detallado relato de la vida en Guajira y sus indígenas nacidos de la arena.

“Anímate a venir a la Guajira, te prometemos que será un viaje no solo en el espacio sino también en el tiempo ¿Anteena naya jalapshi ya’amüin? (¿A qué horas llegarán aquí?)”, anima Fr. Rodrigo.

Evangelizando a los guajiros, seres de arena

En Colombia, el guajiro es el gentilicio aplicado a los habitantes de la península de la Guajira, al norte del país.  El departamento de la guajira cuenta con aproximadamente 1.000.000 de habitantes, de los cuales 213.000 moran en la capital, Riohacha. Este departamento está compuesto por 15 municipios y 44 corregimientos, sobresaliendo Uribia, que alberga 70.850 habitantes, el cual es el municipio con mayor acopio de indígenas en toda la nación (Censo del DANE 2005). La etnografía de la Guajira está compuesta por un 48% entre mestizos y blancos, un 45% de indígenas, y un 7% de afrocolombianos. Todos ellos son guajiros.

Los indígenas wayú o guajiros son aborígenes en el sentido estricto de la palabra, ellos han nacido de la “arena”, siempre han estado en el desierto del macizo guajiro, son originarios del “suelo” en el que viven. Al conservar sus propias costumbres (yonna, danza donde la mujer desafía al hombre), ritos (encerramiento de las mujeres al alcanzar la pubertad), roles sociales como el pütchipü  (palabrero, portador de la palabra que resuelve los conflictos) y el piachi' (curandero, conocedor de experiencias místicas que sana a los enfermos) y hasta su propia lengua, el wayuunaiki, expresan que no fueron diezmados por la colonización europea y que su cultura está más viva que nunca.

Ahora bien, esa posición defensiva o de brazos cruzados que expresaron ante la colonización fue completamente diferente en el proceso de evangelización.  Es por ello que la gran mayoría de los guajiros (mestizos, indígenas o afrocolombianos) son católicos, ya que aceptaron las misiones de evangelización que iniciaron los frailes capuchinos italianos, y acogieron la propuesta de creación de la diócesis de Riohacha.

Sin embargo, pese a que su trabajo fue infranqueable, los frailes capuchinos han reducido en número su presencia en la zona y la diócesis no cuenta con los sacerdotes suficientes para cubrir todos los frentes apostólicos requeridos. En este contexto aparece el anuncio de Monseñor Hector Salah Zuleta para decretar la diócesis en un territorio de ‘misión permanente’, y con ello abrirle las puertas a todas las comunidades religiosas que tengan las vocaciones competentes para cumplir con la misión que hemos sido llamados.

Y allí aparecemos los frailes dominicos, 3 frailes de la provincia San Luis Bertrán de Colombia hemos llegado a asumir las riendas de la misión en la Guajira. Nos hemos establecido en Riohacha asumiendo 2 parroquias, San Rafael Arcángel y Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, con sus correspondientes capellanías. También estamos encargados de la formación bíblica de toda la diócesis, razón por la cual tendremos presencia en la alta, media y baja guajira, alcanzando hasta “punta gallinas”, el punto más septentrional de la placa continental de américa del sur.

Este desafío guajiro es un llamado a toda la Orden de Predicadores, puesto que en lo que corresponde a la jurisdicción de la diócesis de Riohacha no hay presencia de los otros miembros de la familia dominicana.  Hacemos eco, pues, del auxilio de la diócesis de Riohacha a nuestras hermanas y hermanos dominicos para que vengan a la Guajira y entre todos aportemos nuestro grano de “arena” a la construcción del Reino de Dios.

Anímate a venir a la Guajira, te prometemos que será un viaje no solo en el espacio sino también en el tiempo ¿Anteena naya jalapshi ya’amüin? (¿A qué horas llegarán aquí?)

fr. Rodrigo Rivero Gutiérrez, op
Provincia San Luis Bertrán de Colombia

La oración en las Constituciones de la Orden de Predicadores

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(La oración vertebra el carisma dominicano)
La oración es un elemento esencial de la vida cristiana y fundamental de la vida religiosa, en ella y desde ella se alienta y sostiene la fe.
La Orden de Predicadores recoge en sus Constituciones la tradición y la exhortación de la oración como surtidora del carisma dominicano.
En la primera parte del libro de las Constituciones, referida a la vida de los frailes se dedica el Capitulo II a la Sagrada Liturgia y oración. Dentro del mismo se desarrollan tres artículos con veinte números y sus respectivos párrafos, a través de los cuales queda regulada la oración en el carisma propio de la Orden.
El fin último de la vida dominicana está en consonancia con el fin último de todo el universo que es la gloria de Dios, pero la vida dominicana se formula en su fin intermedio: buscar la salvación propia y de los demás mediante la evangelización multiforme de la Palabra de Dios.
El punto de partida del dominico, es: contemplar en la oración y en el estudio y dar a los demás lo contemplado. Por tanto la vida dominicana se construye en la síntesis intima de ambos fines, expresada claramente por Santo Domingo y recogida en las Constituciones: “hablar con Dios o de Dios” (LCO1, II)
Sus formas de oración aparecen claramente en los lemas que describen el contenido de la vida dominicana. Uno de ellos es:
“ALABAR, BENDECIR, PREDICAR”
En primer lugar está la celebración litúrgica y oración, que es proclamación de la alabanza de Dios (Alabar).
“La celebración de la liturgia es el centro y el corazón de toda nuestra vida, cuya unidad radica principalmente en ella.” (LCO 57)
En las Constituciones se afirma “Por voluntad misma de santo Domingo la celebración solemne de la liturgia debe estimarse entre las principales actividades de nuestra vocación” ( LCO57)
La celebración de la liturgia de modo comunitario y solemne, forma parte substancial del carisma dominicano y es resultado del ambiente religioso en el que vivió y movió el fundador pero la novedad real de santo Domingo fue la orientación apostólica que dio a la celebración litúrgica.
Hoy se recoge “todos los frailes están obligados a la celebración coral de la Eucaristía conventual y del Oficio divino… que las iglesias dominicanas sean centros de predicación, de vida litúrgica, de comunidad cristiana y de irradiación apostólica” (LCO 63 y 126)
En segundo lugar, la mediación presbiteral (Bendecir). La meditación u oración mental
“como la contemplación de las realidades divinas y el coloquio íntimo y la intimidad con Dios se debe buscar no sólo en las celebraciones litúrgicas y en la lectura de la Palabra de Dios, sino también en las oraciones privadas asidua, los frailes practiquen esta forma de oración” (LCO 66 )
En tercer lugar, la Orden de Predicadores actúa de forma definitiva en el ministerio múltiple de Palabra (Predicar).
La oración y el estudio se ordenan a la contemplación. La relación entre la contemplación y la acción apostólica es tan íntima que entre ambas se da una realidad ontológica de causa a efecto y no la simple relación de instrumento que se puede cambiar, de tal manera que la autentica predicación es vivir la verdadera contemplación. Se es contemplativo ya cuando se realiza bien la celebración litúrgica, la oración personal y el estudio de la verdad sagrada. Una contemplación que sobreabunda en la acción, mediante la cual se entra en contacto y experiencia con las verdades de la fe revelada, radicada en la caridad y el don de vida.
Esta rápida mirada a las Constituciones de la Orden de Predicadores dejan patente el lugar de la oración en el carisma dominicano, a la vez que nos estimulan en nuestra vida de oración y en la búsqueda de Dios.
<b>Alexis Coffi</b>
Alexis CoffiEndavantmjd.dominicos.org

Una Semana Santa: ¿Para Qué?

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La historia de la humanidad es Historia de Salvación

Estamos en la Semana Santa. Semana Mayor para los cristianos. ¿Por qué y para qué una Semana Santa? Todas las semanas del año, y todos los días de nuestra vida son santos porque el Señor está presente y nos bendice. Son santos al mismo tiempo si dejo que actúe Dios en mi vida. Pero en esta Semana se produce un doble movimiento:

1. Por una parte, lo que vivimos en cada Eucaristía, lo “desmenuzamos” entre el Jueves, Viernes y Domingo de Pascua.

2. Por otra parte, lo que vivimos en estos días Santos, es lo que Jesús vivió en toda su vida, sobre todo, en su vida de predicación, que le llevó a la muerte en la cruz..  

 O sea que, al mismo tiempo, expandimos y comprimimos los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Y esto lo vivimos por dentro, pero lo expresamos exteriormente en la liturgia. La comunidad cristiana vive y celebra en esta Semana el misterio de la salvación de la humanidad.  

En el JUEVES SANTO coinciden tres celebraciones: la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y el día del amor fraterno. Todo se resume en una palabra: AMOR. “…había amado a los suyos que vivían en el mundo y los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1) Me estremece esta expresión. El “extremo” es el no va más, lo máximo que se puede amar. Y por eso nos deja la Eucaristía. Jesús quiere quedarse con nosotros, para siempre, en el pan y el vino: pan partido y repartido; vino compartido. Es su Cuerpo roto y su Sangre derramada. Por ti y para ti. ¡Tanto te ama Jesús! También por amor quiere que esto lo hagamos siempre y, aunque lo repitamos, quiere que sea como una única vez: “haced lo mismo en memoria mía” (Jn 22, 19), hacedlo y yo me hago presente de nuevo. Estoy muerto y resucitado en ese pan y ese vino. Después de la Eucaristía del Jueves Santo se hace silencio, después de la Última Cena y el prendimiento, no cabe más que contemplar y acompañar a Jesús en su dolor. 

 El VIERNES SANTO es el día de la muerte del Señor. El centro de este día está en la cruz. Todas las miradas se dirigen hacia ella. Jesús muere por AMOR. Una vez más, el Amor es el motor de su vida. No piensa en Él, piensa en lo que será la humanidad si no hace la voluntad del Padre. Bien sabía Dios a qué se arriesgaba haciéndose humano. Asumía todo lo que ello significa. Asumía también el sufrimiento y la muerte. Hubiera sido un fraude ser humano y no pasar por la soledad, la incomprensión, el abandono y la muerte. Y Jesús, Dios hecho carne, sube a la cruz. Como humano no quiere pasar por ella, pero lo hace por ti y por mi: “Padre, si quieres, aparte de mí este trago; sin embargo, que no se realice mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22, 42).  

Jesús muere después de ser torturado. Muere como un criminal. Muere entre dos ladrones, como si fuera uno de ellos. Sin embargo, ni ha matado ni ha robado: es inocente. Dios ya sabe lo que son los momentos más amargos para el ser humano. Ya sabe lo que sienten aquellos que han perdido a un ser querido en el reciente accidente aéreo en los Alpes. Ya sabe lo que es la angustia de verse en peligro de muerte por ser cristiano en Irak o Siria. Sabe lo que es el dolor físico. Sabe lo que es la muerte del inocente. Todo parece que ha acabado. Los discípulos de Jesús se han dispersado. Alguno ha contemplado a Jesús sin vida en la cruz. María, su madre, está allí, viendo cómo todo parece haber acabado. De nuevo se hace silencio, un silencio solamente interrumpido por los sollozos de María y de los que la acompañaban en su dolor. Jesús es sepultado.


  El SÁBADO SANTO es un día de espera. Hay que asimilar la realidad. Todo parece un sueño. La vida cambia, nos va a cambiar. Seguramente que los discípulos y María pensarían que ya no iba a ser lo mismo sin Jesús. También lo pensaban los dirigentes políticos y religiosos, que, viéndole morir, se sentían más seguros, sin peligro de que nadie rompiera el orden establecido. En la noche del Sábado Santo celebramos la vigilia de la Resurrección del Señor. Es la Pascua, el Paso de Dios. El Padre no puede estar callado ante tamaña injusticia. Y resucita a Jesús. Jesús vuelve a la vida para no morir más. Con la resurrección de Jesús el Padre manda a la humanidad este mensaje: Jesús decía la verdad. Él es la Verdad. La celebración de la VIGILIA PASCUAL es una explosión de signos: luz, pregón, cantos, Palabra, agua… La resurrección del Señor entra por los ojos y los oídos. La comunidad cristiana vive el núcleo de su fe: ¡¡CRISTO HA RESUCITADO!!  En medio de la oscuridad (por eso tiene sentido la celebración por la noche), el fuego enciende el Cirio Pascual. Es la luz de Cristo, que va iluminando nuestras oscuridades. 

 El Pregón Pascual anuncia que Cristo vive, que la vida tiene sentido y la historia de la humanidad es Historia de Salvación. Las lecturas de esta noche nos recuerdan las etapas cruciales de esa Historia. El agua bendecida, la pila bautismal, tiene, en esta noche, un significado especial: nos recuerda que por el agua del bautismo nacimos de nuevo para Cristo. Por ella somos hombres y mujeres nuevos. Y renovamos las promesas que un día hicieron nuestros padres y padrinos por nosotros. Le decimos de nuevo a Jesús: “quiero seguirte” “aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. ¿Para qué una Semana Santa? La respuesta es de cada uno que se quiera hacer la pregunta. Para ello, a ti, lector, te invito a vivir el Triduo Pascual.

          ¡¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!!

ser.dominicos.org
Fr. Vicente Grau 
 Convento de Sto. Domingo de Torrent (Valencia)

Nuevo Vicario Regional en Venezuela

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Fr Angel Gabriel Bermudez Villasmil
El 17 de marzo de 2015 fue elegido como Vicario Regional del Vicariato de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario en Venezuela, Fr. Ángel Gabriel Villasmil Bermúdez OP. El 19 de marzo fue confirmado como Vicario por el Prior Provincial de la Provincia Nuestra Señora del Rosario, Fr. Javier González Izquierdo OP.
El nuevo vicario es natural de Maracaibo – Estado Zulia (Venezuela). Nacido el 24 de mayo de 1969, ingresó en la Orden el 13 de septiembre de 1987. El 29 de septiembre de 1988 inició el noviciado. Hizo su primera profesión el 27 de octubre de 1989 y fue ordenado presbítero el 29 de junio de 1996. Al momento de su elección como Vicario Regional, se desempeñaba como superior de la Casa y Santuario de San Martín de Porres, en Maracaibo.
Oramos por nuestro hermano Fr. Ángel Gabriel y por todos los frailes del Vicariato por esta nueva etapa en su camino de predicación dominicana en Venezuela.

La Canonización de la Beata María Alfonsina Danil Ghattas

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Maria Alfonsina Danil Ghattas
En el Consistorio Ordinario Público de 14 de febrero de 2015, el Santo Padre anunció la canonización de la Beata María Alfonsina Danil Ghattas para el 17 de mayo de 2015.
La Beata María Alfonsina Danil Ghattas nació en Jerusalem  el 4 de octubre de 1843 en una familia que le aseguró una buena formación cristiana. Fue bautizada el 19 de noviembre siguiente y en la pila bautismal, le fue dado el nombre de Soultaneh María. En septiembre de 1848, comenzó a asistir a la escuela de las Hermanas de San José de la Aparición, que habían venido a Jerusalén unos meses antes.
Recibió el sacramento de la Confirmación 18 de julio de 1852. Madurada la vocación a la vida consagrada, en 1858 ingresó como postulante en el Instituto de las Hermanas de San José de la Aparición. El 30 de junio de 1860, tomó el habito y el nombre religioso de Hermana María Alfonsina; en 1863 realizó su profesión. Se encargó de enseñar el catecismo en la escuela popular de Jerusalén, donde se distinguió por el fervor y el ahínco con el que desempeñó dicho oficio. También promovió la Cofradía de la Inmaculada Concepción (que tomaría el nombre de Hijas de María) y, más tarde, la Cofradía de las Madres Cristianas.
En 1865 se trasladó a Belén para continuar su ministerio de enseñanza. El 6 de enero 1874 se le apareció, por primera vez, la Virgen María; después de un año exacto tuvo lugar una segunda aparición y la Virgen la invitó a formar una nueva familia religiosa que tomaría el nombre de la Congregación del Santo Rosario. La Beata se dirigió al Patriarca de Jerusalén, Monseñor Vincenzo Bracco, y le contó sus experiencias místicas; El obispo le animó y la confió a la dirección espiritual de Don Antonio Belloni.
En mayo de 1876, ante la partida del Padre Belloni, se acogió a la dirección espiritual del Padre Matteo Lesciki. Después de algunas dificultades iniciales, este último también aprendió a entenderla y valorarla. Mientras tanto, algunas miembros que pertenecían a las Hijas de María comenzaron  a madurar el proyecto de consagrarse a Dios en la vida religiosa y expresaron dicho propósito a su confesor, el Padre José Tannous. También la hermana Maria Alfonsina decidió entonces recurrir a este sacerdote, quien le ordenó escribir sus propias experiencias místicas, incluso en relación a la Congregación que la Virgen María le había pedido fundar.
En julio de 1880, las jóvenes  Hijas de María, bajo la dirección de Don Tannous, comenzaron la vida en común. El 15 de diciembre de 1881, el Patriarca de Jerusalén dio el hábito al primer grupo de monjas de la nueva comunidad, que, de acuerdo con la inspiración por Nuestra Señora, tomó el nombre de Instituto de Hermanas del Santo Rosario.
El 12 de septiembre 1880, la Hermana Marie Alphonsine obtuvo del Santo Padre la dispensa del voto de obediencia emitido en la Congregación de las Hermanas de San José. Tres años más tarde, el 7 de octubre de 1883, llegó a ser parte de la Congregación de las Hermanas del Santo Rosario. El 8 de diciembre del mismo año tomó el hábito (manteniendo el nombre religioso de Sor María Alfonsina) y el 1 de marzo de 1884 comenzó su noviciado. Profesó el 7 de marzo 1885 y el 25 de julio fue enviada a Jaffa para desarrollar la actividad de profesora.
El 1 de noviembre de 1886, junto con la hermana Hanneh, abrió una misión a Beit-Sahour y el año siguiente partió con otras hermanas para establecer una casa también en Salt, Jordania. El 2 de noviembre, 1887 fue aprobada la Constitución de las Hermanas del Santo Rosario, que, dos años más tarde, obtuvieron la aprobación diocesana. En 1889, la Hermana Marie Alphonsine fue enviada a Naplus. Allí permaneció sólo unos pocos meses, ya que, golpeada por la fiebre amarilla, tuvo que regresar a la casa madre en Jerusalén para recibir tratamiento. Ya siendo religiosa, el 4 de octubre de 1890, la víspera de la festividad de Santa María del Rosario, fue admitida en la Tercera Orden de Predicadores en el Convento Dominicano en Jerusalén. A principios de 1892 fue trasladada a la misión de Zababdeh. Entre los años 1893 y 1908 desempeñó el encargo de superiora de la casa de Belén. Del 1909 al 1917 se encuentra nuevamente en la casa madre de Jerusalén; a continuación, se le pidió establecer un orfanato en Ain Karem.
En marzo de 1927 su estado de salud se deterioró repentinamente, esto la llevaría a la muerte poco tiempo después. El 25 de marzo de 1927, regresó a la casa del Padre. Al día siguiente se llevó a cabo su funeral.
Algunas dificultades internas en el Instituto de las Hermanas del Santo Rosario y la difícil situación política en el Medio Oriente impidieron el inicio de su causa de beatificación y canonización, esto a pesar de su reputación persistente de santidad. Superadas estas dificultades, en 1986 se inició, en Jerusalén, el proceso diocesano que culminaría en mayo de 1987. Después de haber completado el procedimiento prescrito, el 15 de diciembre 1994 fue proclamado el decreto sobre sus virtudes heróicas. En 2004, se instruyó la investigación diocesana sobre un presunto milagro que se concluyó en el 2005. Una vez completado el procedimiento prescrito, el 3 de julio de 2009 se proclamó el decreto sobre el milagro. El 22 de Noviembre, 2009 se celebró el rito de beatificación en la Basílica de la Anunciación en Nazaret.
Las Hermanas de la Congregación del Santo Rosario están presentes actualmente en Palestina (Franja de Gaza), Israel, Jordania, Líbano, Egipto, Siria, Kuwait, en algunos emiratos del Golfo Pérsico (Abu Dhabi, Shariqah) y en Roma
Fray Francesco Ricci, O.P.

La Obediencia Dominicana

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La obediencia es una forma de entrar en comunión con el amor trinitario y con la misma humanidad.

A propósito de los Consejos Evangélicos, tema que estamos tratando en estos últimos escritos de nuestro blog de estudiantes, hoy toca hablar de la obediencia. El papa Pablo VI expresó lo que es el alma y la estructura fundamental de la vida consagrada con estas palabras: “Los consejos evangélicos de castidad, ofrecida a Dios con voto, de pobreza y de obediencia, son ya la ley de vuestra existencia” (Evangelica Testificantio 7).

Los consejos evangélicos contienen y manifiestan el corazón de la consagración y de la misión propia de los religiosos, es decir, la realidad constitutiva y distintiva de las personas consagradas. Los religiosos construyen el reino mediante la primacía dada a sus valores, posponiendo los bienes de la tierra, del cuerpo y de la libertad, para potenciar el fervor de la caridad y el servicio cristiano a la humanidad. La Iglesia y el mundo necesitan estos hombres y estas mujeres. La pobreza es algo más que el trabajo; la castidad es más que la convivencia fraterna; y la obediencia no se termina en el diálogo. Los consejos exigen un estilo de vida sin el cual no es posible vivirlos con plenitud y fidelidad. Lo que prevalece en el voto de obediencia es dejarnos guiar por la voluntad de Dios.

Santo Tomás de Aquino, respecto de los consejos, dice: “Hemos visto ya que estas palabras del Señor (“Si quieres ser perfecto, vende todo y dalo a los pobres y sígueme” Mt 19,21) no significan que la pobreza sea la perfección misma, sino un medio de perfección, y como hemos probado el menor de los tres medios esenciales de la perfección, pues el voto de castidad es superior al voto de pobreza, y el de obediencia es superior a los dos. Y puesto que el medio no es empleado por sí mismo, sino para alcanzar el fin, no es mejor por lo que vale en sí, sino por su proporción al fin” (Summa II-II 188,7 ad 1). En consecuencia, los consejos evangélicos no son el fin de la vida consagrada, sino los medios fundamentales para conseguir más rápida y fácilmente la perfección de la caridad, en la comunión fraternal.

 En la vida consagrada, el voto de obediencia es clave. La obediencia es una mediación peculiar y necesaria en la búsqueda y aceptación de la voluntad de Dios y como expresión de la pertenencia a una Congregación con su carisma propio. Cuando hablamos de obediencia nos referimos tanto a la de los superiores como a la de los súbditos, pues todos han hecho voto de obediencia. La renovación de nuestras comunidades depende, dentro de la Providencia Divina, de la obediencia de los superiores y de los súbditos a la voluntad de Dios, manifestada en tantos signos y en tantos corazones.

 El Evangelio y las Constituciones de la Orden dominicana son los pilares donde se fundamenta la vida consagrada de los dominicos. Sto. Tomás nos dice que la obediencia es la forma del seguimiento de Jesús en la vida consagrada (II-II 186,8 ad 1). Esta experiencia nada tiene que ver con la dialéctica del amo y esclavo. Es la expresión de la libertad y el gozo de quienes sirven a Dios. Siguiendo a Jesús por el camino de la obediencia consagrada, no sólo conocemos, aceptamos y nos sometemos personal y comunitariamente a la voluntad de Dios, sino también nos sometemos a Cristo encarnado en la Iglesia, y viviendo la vida de los hombres. La obediencia es una forma de entrar en comunión con el amor trinitario y con la misma humanidad.

Los consagrados nos guiamos por la ley nueva, que es la gracia interior del Espíritu Santo. La ley es tal, no en cuanto obliga, sino en cuanto instruye. En esta perspectiva, la obediencia cristiana no es un acto social, ordenado a una convivencia correcta, sino, sobre todo, una escuela de perfección ordenada al bien común espiritual. Se trata de practicar no sólo las obligaciones del voto de obediencia, sino principalmente la virtud y el consejo evangélico de la obediencia según el espíritu de las bienaventuranzas. La virtud moral de la obediencia, cuya finalidad es disponer la voluntad para ejecutar lo mandado por el superior (II-II, 82,1; 104,2 ad 3), necesita como las demás virtudes de la prudencia, pues en este campo se puede pecar por obedecer poco o por obedecer demasiado (servilismo).

En la fórmula de profesión de los frailes dominicos se menciona únicamente el voto de obediencia. El Maestro de la Orden fray Humberto de Romans, en su “Carta sobre los tres votos sustanciales de la religión y otra virtudes”, describe la obediencia religiosa como: pronta, devota, voluntaria, ordenada, gozosa, decidida, universal y perseverante. En las actuales Constituciones, inspiradas en la tradición primitiva de la Orden, se propone la motivación profunda de la obediencia.

“Al principio de la Orden, Santo Domingo pedía a sus frailes que le prometiesen comunidad y obediencia. Él mismo se sometía humildemente a las disposiciones y, sobre todo, a las leyes, que con plena deliberación, promulgaba el Capítulo General de los frailes. Pero fuera del Capítulo General exigía de todos la obediencia voluntaria, con benignidad ciertamente, pero también con firmeza en las cosas que él mismo, gobernando la Orden, ordenaba después de una conveniente deliberación. En verdad, una comunidad para permanecer fiel a su espíritu y a su misión, necesita el principio de unidad que se obtiene por la obediencia” (LCO 17§1).

El mandato del superior es un acto de inteligencia, pues su objetivo es ordenar y no simplemente obligar. Los únicos límites teóricos de la obediencia son los mandatos que estén mal ordenados o cuya ejecución implicara pecado. Con todo, en la práctica conviene obedecer, movidos por la humildad y por el amor a Dios, y fundados dinámicamente en la voluntad de Dios. La obediencia, como virtud cristiana, es sumisión a Dios, comenzando y terminando en Dios. El doctor Angélico nos habla de obediencia espiritual y de obediencia según la Regla y no a la Regla (II-II, 186,9 ad 1). Obedecer más que cumplir leyes es someterse a Dios, manifestado en la nueva vida libre en el Espíritu.

 Fr. Sebastian Vera A. 
 Real Convento de Predicadores, Valencia/ser.dominicos.org

La Cruz

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¡Oh, Cruz!
Certeza de mi salvación.
Siempre y sólo la cruz adoro.
La cruz del Señor está conmigo.
La cruz es, pues, mi refugio.

(Saludo de Santo Tomas de Aquino a la Cruz. "Crux mihi certa salus. Crux est quam semper adoro. Crux Domini mecum. Crux mihi refugium).

Traditio Spiritualis Sacri Ordinis Praedicatorum

Curso de Dominicanismo online para miembros del IDYM

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Curso de Dominicanismo online

Gracias a la colaboración de DOMUNI, la Universidad Online de los Dominicos, podemos ofrecer de forma gratuita a los miembros del IDYM, este curso sobre Dominicanismo para apoyar la formación personal y poder reflexionar junto a otros jóvenes en esta experiencia de estudio comunitario.

El curso está dirigido a todos los miembros del IDYM que estén intersados en profundizar en la vida de Santo Domingo y de la Orden y su dedicación a la predicación. Esta es una gran oportunidad de acceder a una formación de calidad y de una forma innovadora.

El curso se desarrollará por completo en la plataforma online de formación de Domuni y por lo tanto será necesario disponer de una conexión a internet o de acceso a la misma. A cada participante se le pide que lea o visualice los materiales de cada una de las etapas y que participe con sus reflexiones al respecto en el foro del idioma que elija: español, inglés o francés. Podrá acceder a los materiales de formación de todos los idiomas, pero sólo debe participar en el foro del idioma escogido para el curso. También se disponen de materiales adicionales de consulta y se pueden añadir los que propongan los propios alumnos.

Queremos aprovechar este espacio, como un lugar de estudio y reflexión común, por ello es importante la participación activa de los que accedan al curso. Al ser gratuito, la participación activa será el compromiso que deben aceptar los miembros del IDYM que se quieran inscribir en este curso. También deberá ser capaz de leer y escribir adecuadamente en el idioma del curso que elija: español, inglés o francés.

El curso se desarrollará en 3 etapas de tres semanas, más una inicial de presentación. Esta organización da tiempo suficiente al desarrollo de cada una de ellas con tranquilidad y sin dejar de atender las ocupaciones y responsabilidades habituales. Las etapas son las siguientes:

    6-12 Abril 2015 / Etapa inicial: introducción y presentación de los alumnos
    13 Abril - 3 Mayo 2015 / 1ª Etapa: ¿Quién es santo Domingo?
    4-24 Mayo 2015 / 2ª Etapa: La Predicación
    25 Mayo – 14 Junio 2015 / 3ª Etapa: Una Institución Evangelizada

Inscripción

El número de alumnos que se aceptan es limitado, 25 inscripciones por idioma (español, inglés y francés), así que es importante inscribirse lo antes posible para no quedarse sin plaza en esta oportunidad única. El proceso de inscripción se abrirá del 5 al 31 de Marzo y se respetará el orden de llegada.

Las inscripciones se realizarán a través del formulario online que se habilitará desde el 5 de Marzo. Todos los miembros del IDYM que quieran inscribirse deberán indicárselo también a la coordinación nacional de su país con la que contrastaremos los datos para verificar la pertenencia al movimiento.

Para más información pueden comunicarse con:

Fr Michel Van Aerde op, michel.vanaerde@domuni.eu (Español, Inglés y Francés)
Lyamar Díaz; IDYM Formación, formation.idym@gmail.com (Español e Inglés)
Jose Alberto; Coordinador del IDYM, idym@curia.op.org (Español e Inglés)

Comentario sobre el tema anual del Jubileo (2015)

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Commentaire du thème annuel du Jubilé (2015)

Domingo: gobierno, espiritualidad y libertad.

«Si permanecéis en mi palabraseréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8, 31-32); «Cristo nos ha liberado para que seamos libres» (Ga 5,1).

¡La verdad os hará libres ! Esta promesa de Jesús me trae a la mente la imagen del grupo que camina junto a Él, anunciando el Reino de aldea en aldea. Cada uno de ellos había sido liberado a su modo: liberados del peso de sus culpas, de los  callejones sin salida de sus mentiras, del peso de su propia historia, de las divisiones alienantes… Conducidos por el anhelo de su Maestro y Señor de ir más allá, a otros pueblos; lo acompañan con la seguridad de permanecer unidos a Él, animados por una divina inspiración que les hacía cada vez más libres para ser ellos mismos, libres para entregarse a la amistad que Dios ofrece por medio de su Hijo, libres para ser enviados. Libres para ser discípulos de Cristo y también para invitar a otros a seguirle. Es la divina inspiración de la predicación de Jesús lo que los hace libres, aun cuando no hubieran dimensionado a qué se estaban comprometiendo cuando respondieron a la invitación de seguirlo o cuando se unieron a Él por iniciativa propia como gratitud por la misericordia que les había concedido. Permaneciendo con Él en Su proclamación del Reino, ellos descubren que llegan a ser mucho más libres de que lo que nunca hubieran imaginado esperar. Libres, gracias a la palabra de su Amigo y Señor. «Si permanecéis en mi palabra, conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». ¡Liberados por la Palabra de la verdad!

Creo que es a esta libertad del predicador a la cual se refiere el tema de este año de preparación para la celebración del Jubileo de la Orden. Domingo: gobierno, espiritualidad y libertad. Recordamos algunos textos importantes que nos han sido propuestos a lo largo de las últimas décadas sobre estos temas (el gobierno en la Orden, la obediencia, la libertad y la responsabilidad…) y que retomamos con gusto. Me parece que el tema de este año nos invita,  de acuerdo con el enfoque global de estos textos, a centrar nuestra atención sobre aquello que constituye probablemente el corazón de la espiritualidad de la Orden: adquirir la audacia de la libertad del predicador que nos enseña a ser sus discípulos. Ese es justamente el horizonte del gobierno en la Orden.  

Se insiste con frecuencia en el lugar esencial, único, que tiene la obediencia en la fórmula de profesión para ser predicador: «prometo obediencia a Dios…». Los historiadores recuerdan que Domingo pedía a sus primeros frailes que le prometieran «obediencia y vida común». Dos caminos para convertirse en discípulo: escuchar la Palabra y seguirla, viviendo junto a otros en su búsqueda, tal como aquella primera comunidad de amigos y amigas que iban con Jesús de aldea en aldea para aprender de él a ser predicadores. Escuchar y  vivir juntos, haciendo del seguimiento de la Palabra la fuente de la unanimidad

Consagrados en la predicación: Enviados a predicar el Evangelio


En este año dedicado a la vida consagrada, veo que se nos invita a volver de nuevo y sin cesar a esta fuente de nuestra vida: dedicándonos por entero a la evangelización íntegra de la Palabra de Dios, consagrados a la predicación de la Palabra de Dios, «permanecer en Su Palabra». «Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos ». Para Santo Domingo, el gobierno consiste en apoyar ese anhelo – de los individuos y de las comunidades – de ser «verdaderamente sus discípulos». Esto significa, cuidar de esta «morada de la Palabra». Aquí predomina de nuevo el criterio de la misión. Ahora bien, ¿de qué «Palabra»  estamos hablando? Aprendemos lo que esta Palabra significa para nosotros a partir de la conversación del Hijo con el Padre en la divina inspiración del Espíritu: «aquellos que me has dado…», «que allí donde yo esté, ellos también estén conmigo…». La misión tiene sus raíces en esta intimidad filial: «así como tú me has enviado, yo también los envío a ellos…». «Permanecer en la Palabra» no hace referencia a un simple «inmovilismo contemplativo auto-centrado». No se trata de una «observancia moral» que establecería (o buscaría) un «estado de perfección» definitivo. Permanecer en la Palabra, en el estilo ideado por Domingo, significa más bien entrar en el movimiento del Verbo que viene a la humanidad para establecer su morada en ella y hacernos libres por el poder de su Espíritu. Significa permanecer en la divina inspiración de la misión del Hijo. Significa hacerse uno mismo discípulo (y comunidad de discípulos) en la medida de una proximidad amistosa y fraterna con el Hijo. Según la expresión de Tomás de Aquino, cuando habla del « verbum spirans amorem », se puede pensar que permanecer en la Palabra significa mantenerse unido esa Palabra que «inspira» el amor, es decir, que establece la amistad, la fraternidad y la comunión en nosotros y entre nosotros. El Espíritu, la Palabra de verdad y de libertad.  

Una de las primeras decisiones de Domingo, registrada en la historia de la Orden como una de las más importantes, fue aquella de dispersar a los frailes de San Román para que el grano no se echara a perder. De este modo puso de manifiesto que el gobierno de la Orden debería estar ordenado esencialmente a la predicación. Por esta razón, el gobierno implica una cierta dinámica de vida espiritual que busca promover y servir la libertad de cada uno que nace de la Palabra de Dios. Como Jesús lo había hecho con los discípulos, Domingo envía sus frailes de dos en dos por los caminos de la predicación. En realidad, los envía simultáneamente a estudiar y a predicar y, gracias a esta decisión de dispersarlos, la Orden se desarrolla, se implanta, funda y acoge nuevas vocaciones. Esta dispersión inaugura la itinerancia como modalidad para «convertirse en discípulo», al tiempo que invita a los predicadores a dejar que su vida sea marcada por los encuentros que tendrán mientras van por el mundo como «hermanos». Esta dispersión los lleva también a encontrarse con las primeras universidades y, de este modo, a arraigar su búsqueda de la verdad de la Palabra en el diálogo con los saberes de su tiempo, a fundamentar en el estudio del misterio de la revelación de Dios creador y salvador su aprecio por la capacidad humana de conocer.  Permanecer en su Palabra significa mantenerse en comunión con el «Dios con nosotros» que Jesús, primer y único maestro de la predicación del Reino, ha hecho visible a los ojos de todos.    

«Dios, que manifestó la benignidad y humanidad de nuestro Salvador en su siervo Domingo, nos haga también a nosotros conformes a la imagen de su Hijo…»[1]. Esta oración de bendición de la fiesta de Santo Domingo hace eco a la decisión del Papa San Juan Pablo II de enfocar su reflexión sobre la «Vita Consacrata» a la luz del misterio de la Transfiguración (VC 14). En esta perspectiva, y dado que tiene la tarea de llamar, conducir y apoyar en el camino de «hacerse discípulos» para convertirse en predicadores, el gobierno dominicano busca promover continuamente las condiciones de esta «economía de la transfiguración». La predicación del Reino es la modalidad que la Orden propone a sus hermanos y hermanas para dejarse configurar con Cristo por el Espíritu. La contemplación del ícono de la Transfiguración nos deja ver las dimensiones esenciales de esta aventura. En medio de su camino de predicación, Jesús toma consigo a tres de sus discípulos que serán testigos de la transfiguración: la contemplación del misterio del Hijo está en el centro de la misión del predicador. El predicador recibe de esta contemplación aquello mismo que habrá de transmitir en su misión: la realidad del Hijo de Dios y la revelación de la economía del misterio de salvación. Recordemos lo que dice el relato de la Transfiguración: «hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías…». Y la respuesta de Jesús llega de inmediato: habrá una tienda bien levantada, sí, pero estará en el Gólgota de Jerusalén. Habrá dos compañeros pero serán dos ladrones expulsados de la sociedad, como Él, y sentenciados a muerte. A la luz resplandeciente de la montaña de la transfiguración replicará el relámpago que desgarrará los cielos, como para garantizar por adelantado el cumplimiento del descenso al lugar de los muertos desde donde el Hijo será levantado, vivo, derrotando de una vez para siempre todas las tinieblas de la muerte y llevando consigo a la presencia plena del Padre a aquellos que ahora viven para siempre con Él. Sobre la montaña de la Transfiguración, los discípulos reciben, finalmente, aquella misión que constituirá su alegría: ir con Jesús, hasta Jerusalén, allá donde se revela plenamente la Palabra de la verdad, allá donde la vida entregada de Cristo es la fuente de nuestra libertad.        

Ser testigo de la Transfiguración implica emprender un camino en el cual ha de madurar nuestro anhelo de ser discípulos, permaneciendo en su Palabra, dejando que Ella nos enseñe la obediencia y el amor del Hijo revelados en el Gólgota y en la mañana de Pascua, recibiendo de su divina inspiración la misión como en el día de Pentecostés.
     

Permaneced en mi Palabra


En su carta apostólica a los consagrados, el Papa Francisco nos invita a «despertar al mundo», sabiendo crear «otros lugares donde se viva la lógica evangélica del don, de la fraternidad, de la acogida de la diversidad, del amor recíproco». Estos lugares «deben convertirse cada vez más en la levadura de una sociedad inspirada por el Evangelio, la «ciudad sobre el monte» que dice la verdad y el poder de las palabras de Jesús». Estos lugares son nuestras comunidades en las que prometimos aprender a convertirnos en esos «expertos en la comunión» a los que se refiere el Papa en la misma carta apostólica.

Es significativo y esencial que, en la Orden, la función de superior(a) se sitúa precisamente en la intersección de estos dos horizontes de la promesa: la obediencia y la vida común. «Obediencia apostólica» por la que Domingo quiso que los predicadores se comprometieran a hacerse hermanos de aquellos a los eran enviados en itinerancia mendicante y a dejarse convertir y formar por la fraternidad, vivida en comunidad. La fraternidad apostólica a la que nos compromete el voto de obediencia es el camino propuesto por Domingo para que vivamos a plenitud nuestra libertad. Obediencia y vida común: dos maneras de orientar las miradas hacia la comunión escatológica a la que está destinado el mundo y para la cual ha sido creado; por eso decimos que el mundo ha sido creado «capaz de Dios». Dos maneras de comprometer « usque ad mortem » nuestra libertad en toda su plenitud. Por eso, insisto, la tarea del superior o la superiora consiste en invitar a emprender este camino para ponerse «bajo la autoridad» de la Palabra y hacerse servidor de ese diálogo de Dios con la humanidad que el Verbo vino a realizar habitando entre los hombres. Obediencia y vida común, para que la predicación se fundamente a la vez en la comunidad de discípulos que escuchan la Palabra de vida y en la comunidad esperada como comunión escatológica anunciada por el profeta y que el Hijo viene a sellar con su propia vida.

Podemos decir que el «árbol de la predicación» es fruto de la promesa de vida evangélica y apostólica y hunde sus raíces en tres fuentes que la tradición de la Orden nos ofrece para «permanecer en su palabra»: la comunión fraterna, la celebración de la Palabra y la oración, y el estudio. Una tarea específica del gobierno en la Orden – y tal vez sea su primera responsabilidad – consiste en promover entre los frailes, hermanas y laicos  la calidad de este triple enraizamiento que garantiza y promueve la libertad apostólica.   

La comunión fraterna es el lugar donde los hermanos y hermanas pueden experimentar la capacidad de la palabra humana para dedicarse a la búsqueda de la verdad que les hará libres. Por medio de la vida comunitaria se nos ofrece la posibilidad de alcanzar nuestra libertad como contribución a la comunión. Por esta razón, nuestra «religión capitular» es esencial para nuestra espiritualidad: cada miembro de la comunidad tiene voz propia y, al comprometerse en la búsqueda común del bien de todos, adaptado a la misión de ser servidores de la Palabra, cada miembro participa plenamente en el gobierno de la Orden. Dicho gobierno es democrático, no porque consista en la designación del poder de la mayoría, sino porque implica más bien la búsqueda democrática de la unanimidad. Sabemos bien que este ejercicio de la vida comunitaria es exigente porque requiere que ninguno se prive de participar en el diálogo que conlleva esta búsqueda. Es exigente también porque nos compromete a expresar con la mayor veracidad posible nuestras posturas y argumentos, incluso a objetivar desacuerdos entre los hermanos, pero con la confianza de que ninguno será reducido nunca a una opinión o postura extrema sino que, ante todo, será acogido y amado como un hermano. Es todavía más exigente, porque, tras la búsqueda paciente del punto más cercano posible a la unanimidad, compromete a todos los miembros de la comunidad en la realización de la decisión tomada por todos. Esta es la condición necesaria para que cada uno sea acogido, reconocido y apoyado por todos en el entusiasmo de su propia generosidad y creatividad apostólica. Sin embargo, con demasiada frecuencia, tal vez a causa de la dificultad de este ejercicio, olvidamos esta dimensión de nuestro enraizamiento en la Palabra que nos ofrece la vida comunitaria.      

La segunda fuente de enraizamiento del árbol de la predicación en la palabra es la oración. La oración personal y comunitaria no pueden ser vistas como un ejercicio que se debe hacer para cumplir con el compromiso de la vida regular consagrada. La oración es la modalidad a través de la cual optamos, personalmente y en comunidad, por acompasar el tiempo de nuestra historia humana con la meditación del misterio de la historia de Dios con el mundo. Con esto se busca «hacer propia» la historia de la revelación como respuesta a ese Dios que viene en su Hijo a «hacer propia» la historia de cada uno de nosotros. Se trata de dejar que, en la oración, el Espíritu «sople donde quiere». Por esta razón, la oración nace de la escucha de la Palabra y conduce de nuevo a ella, estableciendo como centro de gravedad de la vida de cada uno de nosotros la contemplación del misterio de la revelación que nos narra la Escritura. La celebración de la Palabra en la liturgia, su contemplación en la meditación de los misterios del Rosario, la paciente oración en silencio, nos ayudan a interponer la consagración de nuestra vida a la predicación entre la contemplación y el estudio: dos modos de búsqueda de la verdad de Su Palabra cuyo gusto anhelamos compartir con aquellos y aquellas a quienes somos enviados.  « Si permanecéis en mi Palabra, seréis de verdad discípulos míos». De igual manera que lo fue para los primeros amigos de Jesús, permanecer se convierte para nosotros en la oportunidad de reconocernos plenamente libres porque hemos sido restablecidos por su llamado, consolidados por su amor y su misericordia, animados y enviados por su gracia para llevar aún más lejos su Palabra de verdad. Permanecer en la Palabra nos conduce entonces a llevar con nosotros, en el silencio de la escucha y de la espera, a todos aquellos a quienes somos enviados, a quienes se confían a nuestra oración, a aquellos que Dios nos da para que, de modo misterioso, aceptemos que Él une sus destinos al nuestro en una misma gracia de salvación. En este sentido, el gobierno en la Orden es un centinela que ha de velar por que la libertad de las personas y de las comunidades se fundamente verdaderamente en la contemplación de ese misterio por el que el Hijo en su humanidad ha dado la salvación al mundo uniendo conformando su libertad a la libertad del Padre. 

La oración nos invita a seguir el ejemplo de Nuestra Señora de los Predicadores. Junto a ella, podremos descubrir y maravillarnos continuamente de la capacidad de la vida humana de convertirse en una «vida para Dios». Junto a ella, cantando los salmos, que dirigen la contemplación hacia la historia de la revelación, las palabras humanas de los predicadores se arraigan en una comprensión familiar de ese diálogo a través del cual Dios le propone su adopción a la humanidad. Junto a ella, la Orden asume en las entrañas de su predicación el signo profético de la conversión a la comunión fraterna, anuncio confiado de la plena realización de la promesa de la alianza en Aquél que es la Verdad. Siguiendo el ejemplo de Nuestra Señora de los Predicadores, la espiritualidad de la obediencia en la vida común une íntimamente a la Orden al misterio de la Iglesia, por el amor compartido de Cristo, por la adopción en la divina inspiración de Su Vida, de su don para el mundo.      

            El estudio es la tercera forma de enraizar la predicación de manera que «permanezca en su palabra». Es el lugar de la búsqueda y la contemplación de la verdad y, por esta razón constituye una observancia muy particular dentro de nuestra tradición. Fundamentado sólidamente en la escucha de la Escritura y en la fidelidad a la doctrina y al magisterio de la Iglesia, el estudio es en la Orden la manera privilegiada de mantener nuestra conversación con Dios y un dialogo amistoso y fraterno con los numerosos sistemas de pensamiento que dan forma a nuestro mundo y buscan, a su modo, la verdad. A través del estudio, la Orden nos propone crecer continuamente en la libertad, no con el fin de valorizar de modo mundano el nivel de conocimientos adquiridos sino más bien como medio para avanzar por el camino de la «humildad de la verdad». Comprometer la inteligencia humana en esta aventura que tiene la audacia de intentar hacer inteligible el misterio en palabras y conceptos humanos, es a la vez dar gracias al Dios creador que ha querido que la razón humana, con toda su finitud y limitación, sea «capaz de Dios» y permitir, a su vez, que la razón sea desbordada por la esperanza de una plenitud que ningún concepto puede aprehender verdaderamente. Advenimiento de la esperanza que revela la verdadera amplitud de nuestra libertad. El gobierno dentro de la Orden tiene la responsabilidad de no dejarnos desertar del campo del estudio y de estimular nuestra creatividad para buscar incansablemente los medios más adecuados para proponer a otros esta aventura de la evangelización de la razón.     
        

¿Gobierno y espiritualidad?


Considerar la espiritualidad de la Orden desde esta perspectiva (permanecer en la Palabra para conocer la verdad que hace libres) permite identificar algunos principios esenciales del gobierno en la Orden. Ya hemos visto que el gobierno está ordenado esencialmente a la misión de la predicación y a impulsar el modo de vida específico de la tradición dominicana en el que se brinda a los frailes las condiciones para enraizar su predicación en la Palabra.

El primer principio consiste en animar continuamente la celebración de capítulos para fomentar en los frailes una responsabilidad apostólica común. En su reciente carta apostólica, el Papa Francisco expresaba el deseo de que los consagrados nos cuestionemos sobre aquello que Dios y la humanidad nos piden. En nuestra tradición, esto significa darle una importancia renovada a la celebración de nuestros capítulos. Ciertamente, los capítulos – conventuales, provinciales y generales – tienen la tarea de tomar decisiones precisas de organización y legislación para nuestra vida y misión. Por esta razón, como ya lo hemos señalado, los capítulos son momentos privilegiados para avanzar con humildad por el camino de la búsqueda común de la verdad en la fraternidad. Las preciosas reflexiones de mis predecesores nos han ayudado a comprender cómo la modalidad en la Orden no es el ejercicio del poder por parte de la mayoría sino la búsqueda de la mayor unanimidad posible. El diálogo y el debate entre los frailes tienen tanta importancia en nuestra tradición precisamente porque permiten que cada uno pueda participar libremente y con confianza en la formulación común del bien de todos al que cada uno se comprometerá a contribuir. Este dialogo fraterno se hace posible en la medida en que, entre nosotros, manifestemos respeto fraterno, apertura y libertad para expresar cada uno su propia reflexión.  

Uno de los objetivos primordiales de este diálogo debe ser la atención a los signos de nuestro tiempo, como también la comprensión de las necesidades e inquietudes que dichos signos le plantean al carisma propio de la Orden: llevar en medio de la Iglesia la memoria de la predicación evangélica. En una próxima carta, respondiendo a la petición del Capítulo General de Trogir, abordaré el tema del proyecto comunitario cuya elaboración me parece ser el punto de apoyo del gobierno en la Orden. En la medida en que todos hayan participado en la elaboración de dicho proyecto podremos evaluar y orientar de manera efectiva nuestro servicio a la Iglesia y al mundo a través de la predicación. La comunión fraterna se construye a partir de la preocupación común por la misión, que no es solamente la determinación de lo que se quiere «hacer» sino también la puesta en común de nuestras «compasiones por el mundo» a partir de las cuales anhelamos compartir el bien precioso de la liberación por medio de la Palabra de verdad.

Sobre la base de esta responsabilidad apostólica común y, dado que la tarea del gobierno en la Orden consiste en asegurar el arraigo en la verdad de la Palabra, el segundo principio del gobierno es el envío a predicar. Domingo quiso que la respuesta a esta «misión» fuera itinerante y mendicante de modo que la predicación de la Orden prolongara la economía de la Palabra que vino al mundo en Jesús, como amigo y hermano, mendicante de la hospitalidad de aquellos a quienes quería invitar a tomar parte en el diálogo con el Padre. Las «asignaciones» hechas por los (las) superiores(as), deberían estar ordenadas siempre a este horizonte de la itinerancia mendicante para la misión. Es decir, estrictamente hablando, la itinerancia apostólica consiste en la «no-instalación» que es el modo de «hacerse discípulo». «Te seguiré donde quiera vayas…», decía uno de los discípulos, y Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros tienen nidos pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza…». Domingo quiso tomar en serio esta afirmación al ofrecer de igual modo a sus frailes, la oportunidad de hacer suya la pregunta de los discípulos del Bautista: Maestro, ¿dónde vives? Ven y lo verás… Esto nos ayuda a comprender el ejercicio del gobierno en la Orden; a comprender y a escuchar en medio de la vida, de los ministerios y de las responsabilidades de cada uno: en medio de las realidades más estables, a veces de los triunfos o de las «carreras» más brillantes, de las funciones más importantes, puede resonar un llamado que pide abandonar para unirse, más lejos y más libres, a otra dimensión de la misión común de la Orden en la Iglesia. Estas desinstalaciones  – algunas veces, dolorosas pero, con frecuencia, fecundas – tienen rasgos que se recuerdan continuamente en la vida de Domingo: compasión, frontera entre la vida y la muerte, entre lo humano y lo inhumano, desafío de la justicia y la paz, imperativo del diálogo entre religiones y culturas  – como realidades que hacen eco a las «periferias existenciales» de las que el Papa Francisco habla nuevamente en su carta.  Misericordia por los pecadores antes que la fijación sobre los propios pecados que nos centra sobre nosotros mismos. Servicio de la comunión de la Iglesia y de su extensión antes que dar demasiada importancia a identidades que nos aseguran y nos retienen en nosotros mismos. Permanecer en la Palabra significa mantenerse en medio del viento de esa divina inspiración de la misión de la Palabra, del Verbo del cual queremos hacernos discípulos. La itinerancia de la predicación es por lo tanto el camino de nuestra «liberación para ser libres».     

Dado que el ejercicio del gobierno en la Orden está orientado al envío, se debe prestar atención especial a cada persona, a sus dones propios y su creatividad, de manera que se promueva de la mejor manera el desarrollo de la libertad de cada uno en servicio del bien y de la misión de todos. Como elemento central de esta atención y en nombre de la búsqueda común de la verdad de la Palabra, los superiores deben tener muy presente la doble exigencia de la misericordia y de la justicia. La misericordia, tan importante en nuestra tradición, debe caracterizar de modo esencial la preocupación por las personas. Por eso, las relaciones fraternas interpersonales, como las relaciones al interior de una comunidad, deben ser siempre el punto de apoyo que permite recordarle a cada uno que él no se reduce a sus falencias o a sus carencias. La fraternidad se teje verdaderamente cuando cada uno descubre, en ella y en el llamado que ella hace continuamente a dejarse redimir para ser libre, su dignidad plena de ser levantado y salvado por la misericordia de Cristo. Pero, al mismo tiempo, dicha dignidad debe ser reconocida en su capacidad de responsabilidad. En la perspectiva de la Palabra de verdad que libera, la libertad individual no puede pretender ser una isla, ni el centro de gravedad de la vida de todos los demás. La fraternidad, tal y como la propone Cristo, nos enseña precisamente a recibir nuestra verdadera libertad en total disposición a la reciprocidad según la cual el otro cuenta siempre más que yo mismo. Por esta razón, el gobierno tiene la responsabilidad exigente de mantener juntos el celo por la misericordia y el deber de la justicia. La referencia precisa y objetiva a nuestras Constituciones, al bien común, a las determinaciones de nuestros capítulos, permite preservar el bien común de todos al abrigo de la arbitrariedad de las pretensiones individualistas de libertad. La tarea puede parecer a veces árida e ingrata pero es al precio de ese equilibro exigente que se puede evitar una referencia demasiado fácil a una misericordia que termina reducida a la cobardía, la irresponsabilidad o la indiferencia. Es en virtud de este equilibrio que cada uno podrá recibir la gracia que vino a buscar en la Orden: ser llamado a dejarse liberar por la Palabra de verdad.     
        
Para concluir este comentario del tema anual del Jubileo, quisiera evocar un último principio espiritual del gobierno en la Orden: el de la unidad y la comunión. Una vez más, el criterio de la misión nos sirve como punto de apoyo. A medida que buscamos, con paciencia, los medios que favorezcan la deliberación común para orientar el ministerio de la predicación, los individuos, las comunidades, las provincias y todas las entidades de la familia dominicana entran en la dinámica de integración en una misma entidad. Por supuesto, cada una de dichas instancias está invitada, convocada, a aportar su propia identidad personal, cultural y eclesial al bien común. Pero, a causa de la referencia común al entusiasmo fundador que nos ha consagrado a todos a la predicación, nuestra voluntad consistirá en responder juntos al envío. Mejor aún, y todavía más exigente: pedimos al Espíritu que nos constituya en una comunión de predicación. Expresamos esta petición al tiempo que pedimos incesantemente al Espíritu de comunión para que abra el mundo al horizonte de la salvación y afiance en nuestro corazón la esperanza de la nueva creación. Sobre la puerta de la Basílica de Santa Sabina, entregada a Santo Domingo por el Papa Honorio III, el mosaico que representa la Iglesia de la circuncisión y la Iglesia de los gentiles recuerda este horizonte primero de la predicación de la Orden: la Palabra de verdad nos compromete a servir, por medio de la predicación y el testimonio, a la comunión que ha sido prometida. Es para eso que hemos sido enviados. Y sobre la puerta de esta misma basílica, lo sabemos, la representación de la crucifixión nos recuerda que dicha predicación nos conducirá a ser discípulos de Aquel que libremente da su vida para que todos sean congregados en la unidad.

¡La verdad os hará libres!

Fr. Bruno Cadoré, O.P.
Maestro de la Orden