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La eficacia del rezo del Rosario

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Virgen del Rosario

A medida que el rezo del Rosario fue desarrollándose y difundiéndose a lo largo de la historia, el pueblo fiel fue dándose cuenta de su gran eficacia como oración de petición. No es simplemente que María intercede por nosotros cuando lo rezamos, que, de por sí, es lo más importante, sino que, además, entran en juego otros factores fundamentales de la oración de petición.

Se considera que hay principalmente tres motivos por los cuales Dios no atiende a nuestras peticiones. El primero nos lo advierte san Pablo: «…nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene» (Rom 8,26). Efectivamente, a veces pedimos de un modo incorrecto. Esto suele estar relacionado con nuestra disposición ante Dios. Lo explica muy bien Jesús en la parábola del altivo fariseo y el humilde publicano que acuden al Templo a orar, y que acaba así: «Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado» (Lc 18,14).

En otras ocasiones, el error radica en el contenido de nuestra petición. Hemos de reconocer que tenemos una gran tendencia a pedir simples caprichos. Pedimos cosas que nos gustan pero que no redundan en lo importante, es decir, en el bien de la gente y en nuestra salud física y espiritual. Algo parecido les pasó a los hijos del Zebedeo, quienes, por medio de su madre, le piden a Jesús sentarse a su derecha y a su izquierda en su Reino, a lo que Él contesta: «No sabéis lo que pedís» (Mt 20,22). Su madre había hecho bien la petición, porque se arrodilló humildemente ante Jesús, pero lo que pedía no entraba dentro de la lógica del Evangelio, porque pensaba en la gloria, el honor y el poder de sus hijos. Pero después Jesús les explicó la perspectiva evangélica de lo que estaban pidiendo, que no era otra cosa que dar la vida por el Reino, y esto lo aceptaron inmediatamente ambos apóstoles. Y, así, pasados los años, Jesús satisfizo su petición.

El tercer motivo por el cual Dios parece no atender nuestras peticiones es más misterioso. Todos tenemos experiencia de haber pedido con humildad a Dios algo que es evangélicamente correcto –por ejemplo: que un amigo supere un cáncer–, pero, aparentemente, Dios no ha atendido nuestra petición. Decimos «aparentemente» porque quizás, misteriosamente, Dios sí la ha atendido, pero no lo ha hecho a nuestra manera, sino a la suya, haciendo lo que Él considera más correcto. Desgraciadamente, en muchas ocasiones, esto es difícil de saber, porque supera nuestra capacidad comprensiva. Siguiendo con el ejemplo del amigo enfermo de cáncer, si acaba muriendo a causa de esta dolencia, surge en nosotros esta desgarradora cuestión: ¿cómo es posible que Dios le haya dejado morir? Éste es un tipo de pregunta que todos, de un modo u otro, nos hemos hecho, y a la que no hemos encontrado respuesta.

Pues bien, volviendo al Rosario, podemos constatar que cuando lo rezamos correctamente y con devoción, éste nos ayuda a superar estos tres importantes problemas que surgen en la oración de petición.

Por una parte, sentimos cómo María nos acompaña en la oración, y nos ayuda a tener un corazón humilde y arrepentido, como el del fariseo. También la Virgen nos guía para que no pidamos caprichos o cosas inoportunas. Muchos de nosotros tenemos la experiencia de que cuando rezamos el Rosario nos es muy difícil pedir necedades.

No es sólo que María nos ayuda a pedir desde los valores del Evangelio, es que, sobre todo, allá donde ella está, se hace presente el Espíritu de Dios. No olvidemos que la Virgen es la «llena de gracia», la que –por medio del Espíritu de Dios– concibió a nuestro Salvador. Por eso, al orar junto a María, ella nos pone en contacto con el Espíritu Santo, que desde nuestro corazón: «…intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rom 8,26) y «clama: ¡Abbá, Padre!» (Gal 4,6). Es decir, al rezar devotamente el Rosario, oramos en sintonía con el Espíritu Santo y, así, hacemos nuestra su oración. Una oración que asciende derecha y certeramente al Padre.

También María conoce muy bien lo que se sufre cuando las cosas no salen como nos gustaría. Ella vio morir a su inocente Hijo en la Cruz. Por eso, ella, por experiencia, sabe ayudarnos muy bien cuando nos hallamos ante una situación difícil y ante la que Dios, aparentemente, guarda silencio. En esos momentos, María nos anima a orar como su Hijo en Getsemaní, acabando cada una de nuestras súplicas con este deseo: «…pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). En efecto, el rezo del Rosario nos ayuda a poner nuestra vida en las sabias –y misteriosas– manos de Dios.

Pues bien, todo esto ha hecho que tantas y tantas personas hayan tenido –y tengan– al Rosario como principal modo de oración. También es uno de los motivos fundamentales por los que las Cofradías del Rosario se extendieron con tanta profusión. No sólo fue por la comunión espiritual que viven los cofrades o por las indulgencias que la Iglesia les concede: también ha desempeñado un papel fundamental la eficacia del rezo del Rosario, de la que dan constancia una extensa lista de acontecimientos históricos.

El más conocido es la crucial batalla de Lepanto, cuando, el 7 de octubre de 1571, la flota cristiana –en clara inferioridad– venció a la flota turca, haciendo desaparecer así su peligro, pues amenazaba con saquear las costas del Mediterráneo. No sólo el Papa san Pío V así lo reconoció expresamente. También lo hicieron las autoridades españolas y venecianas, cuyas naves intervinieron en esta batalla. Este hecho motivó que la fiesta de la Virgen del Rosario se celebre el 7 de octubre. Hay otros muchos importantes acontecimientos (naufragios, epidemias, catástrofes naturales…) en los que los protagonistas son testigos de cómo esta oración mariana fue crucial para conseguir el auxilio divino.

En efecto, el rezo del Rosario nos ayuda a pedir eficazmente lo que realmente necesitamos nosotros, u otras personas.

Nada más queda por decir, salvo una cosa: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores…».



El Santo Rosario: una dulce melodía digital

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¿Quién de nosotros no acudió a la ayuda cómplice de los dedos de sus propias manos cuando aprendíamos matemáticas en la escuela primaria y nuestros maestros nos enseñaban a sumar las primeras cifras? Para comprender el total de una suma recurríamos durante nuestra niñez a la inocente ayuda de los dedos para obtener mentalmente el resultado de una adición.

 De igual manera aprendimos durante nuestra infancia en las clases de música que la melodías brotaban sorprendentemente de los instrumentos musicales gracias a la infantil sincronización de los dedos con nuestro aliento, como la flauta “dulce” que aprendimos a tocar mediante el acompasado movimiento de nuestros dedos infantiles posados rítmicamente sobre los orificios del pequeño cilindro musical, dentro del cual el aire exhalado por nuestra boca se convertía en celeste melodía gracias a la mágica coordinación de nuestro aliento con el ritmo de nuestros dedos movidos al compás sobre los agujeros encantados de la flauta. 

Así, el aire, los dedos y un objeto cilíndrico vacío se transformaban milagrosamente en instrumento sonoro de hermosas melodías para elevar el espíritu hasta enaltecer los más nobles sentimientos. Al rítmico contacto con nuestro aire y nuestros dedos, una inerte flauta cobraba vida de manera prodigiosa cuando el aire que brotaba de nuestros pulmones ingresaba en el melódico cilindro mientras los dedos lograban arrancar de sus entrañas las inolvidables y hermosas armonías que acompañaron con su dulce encanto nuestro despertar infantil.

 Después conocimos los “hermanos de las flautas”: saxofones, trompetas, oboes… varios de ellos elaborados en metal unos y muchos otros en madera, pero todos con la misma técnica de coordinación de aire y dedos para la mágica interpretación de una melodía o armonía. Descubrimos así el maravilloso encanto de unir nuestro aliento al rítmico compás de nuestras manos para engendrar el milagroso fenómeno de la palabra que se une a la música para articular la entonación que transporta el espíritu tal como nos los enseñan los salmos. 

Hace pocos días, a la salida de un concierto observé con atención desprevenida a un joven que salía del teatro de la ópera con el delgado estuche de una pequeña flauta colgado en su cintura. Fue inevitable que mi mente imaginara al instante el rosario que llevamos los hijos e hijas de Domingo colgado a la cintura… nuestra “flauta dominicana”… el mágico instrumento de oración con el cual aprendimos a coordinar nuestro aliento y los dedos para producir la mágica melodía del Santo Rosario, distribuido en 20 armónicas canciones a las cuales hemos dado tradicionalmente el nombre de “misterios”, que nos transportan al encanto maravilloso de la contemplación del único misterio: Cristo, la más dulce melodía que han llegado a escuchar nuestros oídos, bajo la batuta de una maternal arreglista musical: la Maestra del Ave María!

 Nuestra “flauta dominicana” suele ser de madera o de material semejante; con ella podemos interpretar veinte preciosas melodías de gozo, pasión, luz y gloria; tiene doscientos movimientos de compás que llamamos “Avemarías”, veinte cadencias iniciales de ritmo maestro que conocemos como “Padrenuestros” y otros veinte compases finales de gloria trinitaria. Lo curioso de nuestra flauta es que las celestes melodías no brotan de un mágico cilindro sonoro sino directamente de nuestros labios y se conjugan rítmicamente con el movimiento de los dedos sobre esferas de compás contemplativo. Ahora bien, no somos nosotros los compositores de tan extraordinarias y celestiales melodías sino sus intérpretes, el autor de tan excelsas armonías es un Aliento Divino y portentoso cuyo nombre es tan dulce y sonoro como la más hermosa música jamás compuesta: el Espíritu Santo. A su vez, nos guía como Director y supremo Maestro el Hijo del Padre, el mismo a quien dedicamos a diario nuestra melódica oración del rosario para cantar un día con él la gloria eterna en el escenario glorioso de su Reino Celestial. 

Ahora bien, esta dulce melodía fue interpretada por primera vez con música de ángeles en la voz del melodioso mensajero celestial, enviado por el Supremo Autor de tan dulce canto para entonar en Nazaret por primera vez aquel saludo de rítmica composición divina, para declarar su amor eterno a la futura madre de su Hijo. La dulce voz del ángel Gabriel entona por primera vez el divino saludo del Creador para dedicar a la Hija de Sión su más bello canto de amor: “Ave María”, la misma e inenarrable melodía que siglos después inspiraría a Schubert o Gounod y que día a día arranca a nuestro aliento el más dulce suspiro filial que se convierte en canto de esperanza al invocar con anhelo infinito a la Madre Llena de Gracia.

 Después de aquella maravillosa entonación del ángel celestial correspondería el turno para completar el saludo en dúo magistral a la armonía terrenal, interpretada en la voz femenina de la prima santa de Ain-Karim. Será entonces la voz emocionada de Isabel la segunda parte del divino saludo, pronunciado esta vez por una voz terrena, de la misma sangre y raza de la prima virgen: “bendita entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús”. Desde entonces millones de voces humanas han aprendido siglo tras siglo esta dulce melodía que el Maestro Domingo y sus frailes han entonado con especial versión armónica en la Iglesia desde hace ocho siglos. 

Un artículo de fray Orlando RUEDA ACEVEDO, O.P. 

Características del Rosario. fr. Tomás Kevin Kraft, OP

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El Rosario es una: 

• Oración mariana: en esta oración saludamos y felicitamos a María (Lc 1,48) y a la vez uno ora/medita con María, la madre de Jesús. 

• Oración cristocéntrica: meditamos los misterios de la encarnación y de la pascua de Cristo, dirigiéndonos a él mediante la invocación de su nombre "Jesús" en cada avemaría. 

• Oración bíblica: se medita sobre las fuentes de la revelación: Biblia y tradición, cuyos elementos esenciales están sacados de la Biblia (el Padrenuestro y la 1ª mitad de la avemaría, como los misterios en su casi totalidad) 

• Oración contemplativa: el rosario es escuela de contemplación en cuanto enseña a uno profundizar constantemente los grandes misterios de la fe, y a contemplar igualmente la propia vida a la luz de la bondad de Dios 

• Oración activa y ascética: exige disciplina de la mente y enseña una manera de controlar la imaginación suelta (excelente remedio para los "pensamientos malos") 

• Oración catequética: enseña las doctrinas principales de la fe, y al mismo tiempo es una mina de lecciones sobre las virtudes, actitudes de oración, etc. 

• Oración paralitúrgica: es a la vez una preparación y una continuación de la liturgia, especialmente de la liturgia eucarística 

• Oración psicológicamente adecuada: a diferencia de otras muchas oraciones más unilaterales, el rosario acompaña los diferentes estados de ánimo del ser humano: gozo, dolor, y esperanza de gloria. Nos prepara así a aceptar y vivir a plenitud estas diferentes experiencias de vida en clave de fe y confianza en Dios

 • Oración orgánica, periódica: oración cíclica (como la liturgia) que se repite, invitando a la profundización y fomenta el desarrollo de cierto ritmo de oración en los que lo rezan. 

• oración social: se presta muy fácilmente a oración en grupo, en masa (no requiere de libros; no es nada elitista, sino muy popular). 

Anécdotas del Santo Rosario.

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“Fue Santo Domingo a visitar a Blanca, reina de Francia que después de doce años de casada no tenía hijos y estaba afligida sobremanera por ello. El Santo le aconsejó que rezara el Rosario todos los días para alcanzar del cielo la gracia de tener descendencia. Ella lo hizo, y su petición fue escuchada en el año de 1213, en que nació su primogénito a quien llamó Felipe. Pero, antes de que el niño abandonara la cuna, la muerte lo arrebató. La piadosa reina acudió más que nunca a la Santísima Virgen. Hizo distribuir gran cantidad de rosarios en la corte y en varias ciudades del reino para que Dios le concediera una bendición completa. Lo que sucedió, ya que en el año 1.215 vino al mundo San Luis, gloria de Francia y modelo de reyes cristianos”. 

(De “El Secreto Admirable del Santísimo Rosario” de San Luis María Grignion de Montfort V.O.T.).
(Imagen: Oratorio de la Reina Blanca de Castilla en la Sainte Chapelle de Paris)


Traditio Spiritualis Sacri Ordinis Praedicatorum

El Santo Rosario, prenda dilecta del Inmaculado Corazón de María.

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La meditación de los principales misterios de la vida de Jesús y de María constituye como el alma del Rosario, así como el rezo vocal de los Padrenuestros y Avemarías constituye como su cuerpo material. Ambas cosas son absolutamente necesarias para que exista el Rosario. Quien se limitare a rezar los Padrenuestros y Avemarías, pero sin meditar en los misterios, haría, sin duda, una excelente oración, pero no rezaría el Rosario. Y el que meditara atentamente los misterios, pero sin rezar los Padrenuestros y Avemarías, haría una excelente meditación, pero es claro que tampoco habría rezado el Rosario. Para que exista el Rosarios es preciso, imprescindiblemente, juntar las dos cosas: rezo de las oraciones y meditación de los misterios.

¿De qué modo se puede rezar eficazmente el Rosario? Para obtener del santo Rosario toda su eficacia impetratoria y santificadora, es evidente que no basta rezarlo de una manera mecánica y distraída, como podría hacerlo un disco de audio. Es preciso rezarlo digna, atenta y devotamente, como cualquier otra oración vocal.

En teoría hay que reconocer que es difícil rezar bien el Rosario, precisamente porque hay que juntar la oración vocal con la mental, so pena de invalidarlo en cuanto Rosario. Pero en la práctica es fácil encontrar algunos procedimientos que ayudan eficazmente al rezo correcto y piadoso de la gran devoción mariana.

El Rosario debe rezarse dignamente. Esta primera condición exige, como programa mínimo, que el rezo del Rosario se haga de una manera decorosa, como corresponde a la majestad de Dios, a quien principalmente dirigimos nuestra oración.

El mejor procedimiento es rezarlo de rodillas ante el Sagrario o ante una devota imagen de María, pero en general puede rezarse en cualquier otra postura digna modestamente sentado, paseando por el campo, etc. Sería indecoroso rezarlo en la cama- salvo por razón de enfermedad, o interrumpiéndolo constantemente para contestar a preguntas ajenas al rezo, o en un lugar público y concurrido que hiciera poco menos que imposible la atención.

El Rosario debe rezarse atentamente. La atención es necesaria para evitar la irreverencia que supondría si fuera plenamente voluntaria. ¿Cómo queremos que Dios nos escuche, si empezamos por no escucharnos a nosotros mismos?

Sin embargo, no toda distracción es culpable. No tenemos el control despótico sobre nuestra imaginación, sino únicamente político, y no podemos evitar que se nos escape sin permiso, como un siervo desobediente e indómito, que tal es “la loca de la casa” (la imaginación). Las distracciones involuntarias no invalidan el efecto meritorio e impetratorio de la oración, con tal que se haga lo posible por contenerlas y evitarlas. Escuchemos a Santo Tomás explicando admirable-mente este punto interesantísimo al preguntarse “si la oración debe ser atenta”: “Esta cuestión afecta principalmente a la oración vocal. Y para resolverla con acierto hay que distinguir, en primer lugar, lo que es mejor y lo que es absolutamente necesario. Es evidente que para obtener el fin de la oración es mejor que sea atenta. Sin embargo, si nos fijamos en lo que es absolutamente necesario, hay que distinguir en la oración un triple efecto: meritorio, impetratorio y cierto espiritual deleite que produce en el alma del que ora.”

“Para los efectos meritorio e impetratorio, no es necesario que la oración sea atenta de una manera constantemente actual (o sea, en todos y cada uno de los momentos) sino que basta y es suficiente la atención virtual, que es aquella que se puso al principio de la oración y perdura a todo lo largo de ella aunque se produzcan distracciones involuntarias.” Desde luego, si faltara la primera intención, la oración no sería meritoria ni impetratoria. En cambio, la atención actual es absolutamente necesaria para obtener aquel espiritual deleite que lleva consigo la oración fervorosa, que es incompatible con la distracción, aunque sea involuntaria.

“Téngase en cuenta, además, que en la oración vocal puede ponerse una triple atención. La primera y más imperfecta se refiere a la correcta pronunciación de las palabras de que consta. La segunda se fija en el sentido de esas palabras. La tercera, finalmente, pone todo su empeño en el fin de la oración, o sea, en Dios y en la cosa por la que se ora.”
Esta última es la más importante y necesaria y pueden tenerla incluso las personas de cortos alcances o que no entienden el sentido de las palabras que pronuncian (por ejemplo, por rezar en latín). Esta última atención puede ser tan intensa que arrebate la mente a Dios, hasta “el punto de hacernos perder de vista todas las demás cosas”.

Teniendo en cuenta estos principios del Doctor Angélico y con el fin de facilitar la atención en el rezo del santo Rosario y extraer de él su máxima eficacia santificadora, puede seguirse el siguiente método, que ha sido ensayado con éxito por muchas personas que sufrían distracciones en el rezo del mismo:

1°. Durante el rezo del Padrenuestro, fijarse únicamente en el sentido maravilloso de cada una de las palabras, sin pensar para nada en el misterio correspondiente del Rosario, ya que es psicológicamente imposible atender eficazmente a dos cosas a la vez.

2°. Durante el rezo de las tres primeras Avemarías, fijarse exclusivamente en el sentido de esas Avemarías, saludando a la Virgen con ellas y sin tener para nada en cuenta el misterio a que pertenecen, por la razón ya indicada.

3°. Durante el rezo de las tres siguientes Avemarías, pensar solamente en el misterio correspondiente que se está rezando, sin pensar para nada en las Avemarías que se recitan.

4°. Durante las tres o cuatro Avemarías finales, pensar sólo en las consecuencias prácticas que se desprenden del misterio correspondiente (ej.: humildad de María, su amor a la cruz, etc.)

5°. Durante el Gloria, pensar únicamente en glorificar con él a la Santísima Trinidad.

En segundo término, el Rosario ha de rezarse devotamente. La devoción consiste en una prontitud del ánimo para las cosas tocantes al servicio de Dios. Es imposible que el alma no se sienta llena de devoción si reza tan perfectamente como le es posible el Rosario.
Una cosa importantísima hemos de advertir aquí. El fin principal de toda oración vocal o mental es unir el alma con Dios de la manera más íntima realizable. Todo lo demás, incluso la impetración de las gracias que pedimos, es secundario en relación a esta finalidad suprema. De donde hay que concluir que, si durante el rezo del Rosario o de cualquier otra oración vocal no obligatoria se sintiera el alma llena de un amor de Dios tan intenso que el rezo le resultara muy penoso o poco menos que imposible, habría que suspender inmediatamente el rezo sin escrúpulo alguno, para “dejarse abrasar en silencio” por aquella llama de amor viva “que sabe a vida eterna y paga toda deuda” como dice San Juan de la Cruz.

El rezo del Rosario en las condiciones que acabamos de indicar constituye una de las más grandes y claras señales de predestinación que podemos alcanzar en este mundo, al reunir la eficacia infalible de la oración impetratoria de la perseverancia final y la poderosísima intercesión de María como mediadora universal de todas las gracias.
Quiera Dios conceder a cada uno de los lectores el deseo ardiente de un gran devoto de la Virgen en su doble advocación del Carmen y del Rosario:


Cuando con blanco sudario
cubran los despojos míos,
¡Sálveme tu escapulario
y tengan mis dedos fríos
las cuentas de tu Rosario!

El Rosario peregrino del Jubileo

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¡Todos juntos!

Muchos están preparando la celebración de los 800 años de la fundación de la Orden de Predicadores.

En varias reuniones en la Curia General de Roma, Fr. Bruno Cadoré destacó la importancia de lanzar iniciativas concretas que puedan movilizar a todos los miembros de la familia dominicana.

He aquí pues un proyecto de "Rosario peregrino" para el Jubileo. A lo largo del octavo centenario de la Orden, viajará por todos los monasterios de monjas dominicas.

¿Por qué elegir a nuestras monjas? ¡Para hacer lo que hizo Nuestro Padre Santo Domingo que comenzó con ellas! Toda la familia dominicana se apoyará en su oración ¡y podrá participar, por supuesto!

En concreto... ¿cómo va a suceder todo esto?

Se va a elaborar un programa para toda la duración del Jubileo. Dos días serán "dados" a cada monasterio que se convertirá entonces, por así decirlo, en el centro del mundo del Rosario.

Durante estos dos días, las monjas, si así lo desean y lo pueden, tendrán toda la libertad de organizar un encuentro, un tiempo de oración vinculado con el Rosario. Y podrán invitar a los hermanos y a las hermanas apostólicas o también a los laicos que vivan cerca de su monasterio.

¿Qué fechas?

¡Por supuesto, todos estos elementos estarán publicados en la página web Rosarium!

- 30 de junio 2015: el calendario del Jubileo será establecido para el Rosario. Encontraremos allí los dos días dedicados a un monasterio y, para cada mes, un día dedicado a una intención particular que vincule liturgia y apostolados.

- 1º de septiembre 2015: fecha límite para el envío de rosarios. Cada monasterio, en la medida de sus posibilidades, es invitado a hacer 1 o 2 Rosario(s) con 15 misterios.

Hay que mandar este rosario a Santa Sabina, al Promotor de las Monjas. Gracias de pensar en poner una etiqueta con el nombre de la comunidad para que el monasterio que lo reciba pueda conocer su procedencia.

- 8 de septiembre: pondremos en línea una celebración del Rosario. Presentará los 20 misterios con meditaciones dominicanas.

Será fácil de usar, ya sea tomando una serie de 5 misterios -de una misma serie o no-, ya sea tomando los 15 o los 20 misterios. Cada uno lo podrá adaptar según las necesidades o las circunstancias.

- 15 de septiembre: una carta será enviada a todos los monasterios de monjas.

- Del 16 al 20 de septiembre: una carta será enviada a las hermanas apostólicas, a los provinciales, a los promotores provinciales del Rosario y a los santuarios de los que se encargan los hermanos.

- 7 de noviembre: apertura del Jubileo.

Al final de la celebración, el Maestro de la Orden bendecirá los rosarios antes de que los mandemos a cada uno de los monasterios.

- Durante el Jubileo: los monasterios que lo deseen pueden enviar un artículo sobre las actividades propuestas en el marco de este Rosario peregrino.

Es muy fácil: basta con escribir un breve artículo con una o dos fotografías. Estaremos encantados de ponerlo en línea... ¡y esto permitirá dar visibilidad a su monasterio!

Si es posible dar este artículo en la lengua del país del monasterio y en un idioma oficial de la Orden (¡o incluso en los tres!), ¡los que visitan el sitio quedaran muy agradecidos!

Y luego habrá otras... ¡sorpresas!
¡Pero hoy no lo vamos a revelar todo!
El año jubilar será un año del Rosario... ¡todos juntos!

Fr. Louis-Marie Ariño-Durand, OP
Promotor General del Rosario

Santo Rosario: Promesas.

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LAS QUINCE PROMESAS
DE LA VIRGEN MARÍA
A QUIENES RECEN EL ROSARIO [1]


1.- El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

2.- Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.

3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.

4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!.

5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.

6.- El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.

7.- Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.

8.- Quiero que todos los devotos de mi Rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.

9.- Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.

10.- Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.

11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.

14.- Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15.- La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.



1. La tradición atribuye al beato Alan de la Roche (1428 aprox. - 1475) de la orden de los dominicos el origen de estas promesas hechas por la virgen María. Es mérito suyo el haber restablecido la devoción al santo rosario enseñada por Santo Domingo apenas un siglo antes y olvidada tras su muerte. 

Actualidad del Rosario en la historia

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Un texto de Fray Francisco Femenías B., O.P., de la Provincia dominicana de San Vicente Ferrer en Centroamérica

Reflexionando sobre las preguntas que nos fueron hechas a todos los miembros de la Provincia S. Vicente Ferrer de Centroamérica, me he sentido impulsado a recordar algunos acontecimientos y documentos de la Iglesia y de la Orden, que nos invitan a estimar, practicar y predicar la devoción del santo Rosario. Una devoción tan querida por nuestra Madre María, por la Iglesia y por nuestra Orden dominicana.

1- Empiezo evocando las apariciones de Lourdes y Fátima con sus mensajes, el culto en sus Basílicas, los milagros y estudios teológicos realizados en ese contexto mariano. No cabe duda que constituyen centros de espiritualidad, de sanación corporal y conversión evangélica.

2- Ese sentir de la Iglesia hacia esta devoción del Rosario se manifiesta también:

A- EN LOS PAPAS, sobre todo, a partir de León XIII, con mención especial de Pablo VI y Juan Pablo II, singularmente en su Carta Apostólica” Rosarium Virginis Mariae”- 16-X-2002-, que puede calificarse de la Carta Magna del Rosario.

B.- EN LOS SANTOS, desde Santo Domingo hasta los santos más modernos, como San José María Escribá, la Madre Teresa o el Beato Juan XXIII. Lo han vivido y lo han propagado.

C-EN EL CÓDIGO DEL DERECHO CANÓNICO, norma de conducta y tamiz de la experiencia de la vida de siglos en la Iglesia, establece lo siguiente:

a- Para los seminarios diocesanos( canon 246,3): “Deben fomentarse el culto a la Santísima Virgen María, incluso por el rezo del santo Rosario, la oración mental y las demás prácticas de piedad con las que los alumnos adquieran espíritu de oración y se fortalezcan en su vocación“.
b- Para todos los religiosos: Después de recordarnos en el canon 662 que: “El seguimiento de Cristo es la regla suprema de vida, tal y como se propone en el Evangelio y se refleja en las Constituciones de su propio Instituto”; en el canon 663,4, añade: “Tributarán un culto especial, también mediante el rezo del santo Rosario, a la Virgen Madre de Dios, modelo y amparo de toda vida consagrada”.
3- Lo que afirman las Constituciones de los Dominicos

A- EN LAS ANTIGUAS CONSTITUCIONES, ANTERIORES AL CONCILIO VATICANO II:

a- El No. 589: “ En todas nuestras casas, récese cada día comunitariamente y con devoción una parte del Rosario. Si alguien no está presente en el rezo comunitario debe cumplirlo en privado”.
b- No. 806: “Todos los frailes y hermanas de la Orden, y en especial los que se dedican al ministerio de la predicación, tienen el deber de estimar grandemente la salubérrima devoción del santo Rosario, patrimonio de la Orden, e incesantemente promoverla entre los fieles cristianos.”
c- No. 807: “Consérvese celosamente la loable costumbre de rezar públicamente en nuestras Iglesias cada día la tercera parte del Rosario”.

B- EN LA PRIMERA EDICIÓN- 1969- DESPUÉS DEL VATICANO II:

a- En el No. 67,2: “ Aprecien cordialmente los frailes la tradicional devoción de nuestra Orden hacia la Virgen Madre de Dios, Reina de los Apóstoles y ejemplo de meditación en las palabras de Cristo y de docilidad a la propia misión. Reciten cada día una tercera parte del Rosario, en común o privadamente, según la determinación del Capítulo Provincial y teniendo en cuenta su conveniente ordenación a la Liturgia. Esta forma de orar nos lleva a la contemplación del misterio de la salvación, en el que la Virgen María está íntimamente unida a la obra de su Hijo”

b- No. 129: “Puesto que el Rosario es camino para contemplar los misterios de Cristo y escuela para formar la vida evangélica, debe ser considerado como modo de predicación conforme con la Orden, en el cual se expone la doctrina de la fe, a la luz de la participación de la bienaventurada Virgen María en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Así pues, los frailes prediquen fervientemente la práctica del Rosario, a fin de cada día tenga mayor vitalidad y promuevan sus asociaciones”.

C- EN LA ÚLTIMA EDICIÓN DE LAS CONSTITUCIONES- 1998-:

Reproduce lo mismo que la edición anterior, pero en el No. 129 añade esta cláusula: “ El Rosario ha de ser considerado como distintivo propio de la Orden”.

D- EN UN DISCURSO DEL MAESTRO DE LA ORDEN SOBRE EL ROSARIO A SUS PROMOTORES DOMINICOS (Propio de la Orden de Predicadores. Liturgia de las Horas- Roma, 1988- Págs. 1056-1059-) encontramos este hermoso y sugestivo párrafo:

“Han pasado ya cuatro siglos desde que la devoción del rosario se hizo verdaderamente católica, no sólo porque se difundió por todas las partes de la tierra y es apta para todos, sino, sobre todo, porque entonces fue revestida de la autoridad de la Iglesia. Si bien la Sede Apostólica siempre ha aprobado con total generosidad esta devoción, no se la reservó para sí misma, ni se la encomendó a algunos otros, sino que total y únicamente se la confió a la Orden de Predicadores para que fuese conservada y propagada del modo más apto y seguro. Por tanto se nos ha confiado un empeño de mucha trascendencia y al que la Iglesia ha dado mucha importancia. Dado que el Rosario ha sido encomendado a la Orden por manos de la Virgen María y por voluntad de los Romanos Pontífices con una decisión especial en cuanto a su jurisdicción y predicación, tenemos que estar muy atentos a no defraudar esta gran esperanza que la Iglesia puso en nosotros y debemos buscar con ahínco que esta devoción crezca cada vez más para el bien común de la misma Iglesia”.


CONCLUSIÓN

La reflexión de este breve florilegio de textos sobre el Rosario nos impulsa a tomar conciencia de la responsabilidad que nos ennoblece, por ser miembros de una Orden, que es heredera de un tan rico patrimonio espiritual como el Rosario.

“Es justo recordar a los hijos de santo Domingo, por tradición, custodios y propagadores de tan saludable devoción”- Pablo VI, Marialis Cultus, 43-.

Y Juan Pablo II nos dice en el “Rosario de la Virgen María”- No. 43-:

“La historia del Rosario muestra cómo esta oración ha sido utilizada especialmente por los dominicos en un momento difícil para la Iglesia, a causa de la difusión de la herejía. Hoy estamos ante nuevos desafíos. ¿ Por qué no volver a tomar en la mano las cuentas del Rosario con la fe de los que nos han precedido? El Rosario conserva toda su fuerza y sigue siendo un recurso importante en el bagaje pastoral de todo buen evangelizador”.

Antes ya había expresado: “El Rosario, comprendido en su pleno significado, conduce al corazón mismo de la vida cristiana y ofrece una oportunidad ordinaria y fecunda espiritual y pedagógicamente, para la contemplación personal, la formación del pueblo de Dios y la nueva evangelización”- No. 3-.

El P. Alberto Colunga- tan innovador en los estudios bíblicos-, allá por los años cincuenta, predicó a la Comunidad del Estudio General de Valencia los ejercicios espirituales, estando presentes nuestros mejores profesores-Maestros en Sagrada Teología, como los Padres Emilio Sauras y Marceliano Llamera... Y consistió su predicación en ir explicándonos los misterios del Santo Rosario. Nos decía que se daría por muy satisfecho, conque aquellos ejercicios contribuyeran a lograr una mayor estima y devoción del Rosario.

El P. Alberto Cassut, Promotor del Rosario en toda la Orden, citaba en IDI estas proféticas palabras de Fray Antonio Monroy – 59 Maestro de nuestra Orden: “El Rosario es la flor más bella de nuestra Orden. Si se marchitara vendría a menos al mismo tiempo la belleza y esplendor de nuestro Instituto. En cambio, cuando ésta revive atrae sobre nosotros el rocío del cielo, comunica a nuestro tronco un aroma de gracia, y le hace producir frutos de virtud y de buena fama”- IDI, 1984, p 164-.

Claves espirituales del rezo del Rosario

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Virgen del Rosario, dominicos

Sabemos que el Rosario ha sido –y aún sigue siendo– la oración mariana más extendida. Por desgracia, está cayendo en desuso sobre todo entre la gente joven, pues resulta –aparentemente– anticuada y aburrida. Sin embargo, cuando uno vence estos prejuicios y se anima a rezarlo a diario, descubre gratamente que esta oración alberga una gran riqueza espiritual: por eso es la oración mariana por excelencia.

Veamos qué hace del Rosario una oración tan especial.

Virgen del Rosario, dominicosPrimeramente, podemos resaltar que tiene una estructura muy sencilla, en la que lo más importante son el Padrenuestro, las diez Avemarías y el Gloria que se rezan en cada misterio. No hace falta seguir el guion en un libro de oraciones ni que haya varias personas. El Rosario se puede rezar en privado o en comunidad, en una capilla, en la intimidad de nuestra habitación o en un autobús mientras vamos a nuestro lugar de trabajo. Además, el hecho de que combine las oraciones más conocidas por los cristianos, no sólo facilita su rezo: sobre todo le dan una gran profundidad. Para completar las oraciones más importantes, el Rosario finaliza en algunos lugares con el Credo.

Por otra parte, nos invita a contemplar pasajes –o misterios– fundamentales de los Evangelios y de la vida de María, lo cual hace que nuestro modo de contemplar a Dios sea diferente a medida que avanzamos en el rezo del Rosario. Por ejemplo, no es lo mismo lo que sentimos cuando rezamos las Avemarías mientras contemplamos la Anunciación, a cuando contemplamos el Nacimiento del Señor, la oración en el Huerto de los Olivos o a Jesús muerto en los brazos de su Madre. También interviene mucho nuestro estado anímico, pues no es igual rezar el Rosario con la alegría de haber conseguido un buen puesto trabajo, a hacerlo desde la angustia de tener a un familiar gravemente enfermo. Todo eso es lo que hace del Rosario un camino orante que cambia día a día.

Asimismo, se trata de una oración repetitiva que, cuando se reza con devoción y un ritmo bien acompasado, nos ayuda a recogernos dentro de nuestro corazón y a alcanzar un «estado contemplativo» que nos sitúa ante la amorosa presencia de Dios. Pero esto, por lo general, no se consigue rápidamente, pues requiere de práctica. Nuestras mejores maestras son las señoras mayores que reúnen por las tardes en la parroquia para rezar juntas el Rosario. Si nos fijamos, lo hacen con un ritmo muy marcado, que casi parece un canto. Puede que estas buenas mujeres –exteriormente– no pronuncien bien los Avemarías, pero –interiormente– éstos van penetrando y purificando su corazón, gracias a la acompasada cadencia de su devota oración.

Y es que, a medida que vamos tomando pericia y destreza en este rezo, notamos cómo va aunando y armonizando las dimensiones de nuestra persona –intelecto, corazón y corporalidad– y las recoge en nuestro interior para focalizarlas en Dios. Por una parte, nos pide tener el intelecto atento en el misterio que estamos contemplando, así como en lo que le decimos a la Virgen María. Si no estamos atentos, el Rosario pierde bastante de su sentido. Pero este «estar atentos» no significa que necesariamente debamos razonar el contenido de lo que estamos orando. Aunque no está contraindicado hacerlo, más que razonar, es mejor limitarnos contemplar. Por eso, en vez de meditar los misterios mientras hacemos un silencio reflexivo, lo hacemos mientras rezamos Avemarías, porque el objetivo es contemplar los misterios con los ojos de María.

Por otra parte, es muy importante tener el corazón encendido en amor hacia María y su Hijo. En efecto, a medida que rezamos el Rosario, vamos sintiendo cómo el amor que sentimos en nuestro corazón se convierte en el motor que nos mueve a contemplar a Dios. Como decíamos anteriormente, una ayuda muy importante es rezar con un ritmo bien acompasado, porque esto nos ayuda a sentir cómo el Espíritu de Dios entra en nosotros (cf. Gn 2,7), y su amor enciende nuestro corazón (cf. 1Jn 4,8). Esto no es fácil de conseguir al principio. Requiere práctica y una dolorosa transformación interior.

Curiosamente, al rezar el Rosario también interviene activamente nuestro cuerpo, pues debemos sostener con nuestra mano el rosario e ir pasando una a una las cuentas a medida avanzamos en la oración. También interviene nuestra respiración si dejamos que se acompase a la cadencia de la oración: lo cual es un buen ejercicio contemplativo practicado sobre todo en la Iglesia Ortodoxa. Asimismo, nuestro cuerpo participa en el Rosario cuando lo rezamos dando un paseo por la calle, en el jardín de nuestra casa o en el claustro de nuestro convento. En ese caso, es bueno que la oración marque el ritmo de nuestro caminar.

Pues bien, cuando nuestro intelecto, nuestro corazón y nuestra corporalidad rezan armónicamente el Rosario, entonces sentimos cómo convergen «naturalmente» hacia Dios, centro de nuestra vida y de nuestro corazón. Pero, por lo general, esta armonía no se logra rápidamente. Hacen falta semanas, meses o años para alcanzar una cierta maestría. Cuando eso ocurre, uno llega con facilidad al estado de recogimiento y descubre que el Rosario es un maravilloso medio para estar junto a Dios.

No debemos olvidar otro importante factor que ha hecho que el Rosario se extienda tanto por todo el mundo: son muchos –muchísimos– los testimonios de personas y ciudades enteras que aseguran que su rezo fue fundamental para que Dios les atendiera una petición muy importante. Hablamos de miles de personas sanadas, de maridos e hijos que volvieron sanos y salvos de la guerra, de ciudades liberadas del asedio de un ejército enemigo, de regiones que superaron los devastadores efectos de una epidemia o de una erupción volcánica, etc. Y eso es así porque el Rosario nos ayuda a pedir debidamente lo que nos conviene (cf. Rm 8,26), y a aceptar dócilmente la respuesta de Dios, que no siempre es como nosotros la esperamos, pues sus pensamientos no son nuestros pensamientos, ni sus caminos son nuestros caminos (cf. Is 55,8).

Hemos dejado para el final la clave más importante: María. Se alcanza el dominio del Rosario cuando logramos rezarlo junto a Ella, al compás de su corazón, contemplando los misterios con el amor de la Madre, la humildad de la Esclava del Señor y la fidelidad de quien estuvo al pie de la Cruz. Y, así, María nos ayuda a orar en sintonía con el Espíritu de su Hijo, que clama en nuestro corazón palabras inefables (cf. Rm 8,26) que sólo entienden los enamorados. Palabras que brotan en forma de Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

Fr. Julián de Cos, O.P.

El sentido del Rosario para el cristiano

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El valor del rezo del Rosario consiste en meditar y fijar nuestra concentración en el misterio de la redención.


Ríos de tinta, a lo largo de la historia, han corrido sobre qué sentido puede tener para los cristianos el rezo del Rosario. Dentro de toda esa historia lo que se debe destacar, y no olvidar, es que esta devoción está fuertemente enraizada en nuestra Orden. De todos es conocido el nombre del fraile dominico Alano de Rupe, quien se desvivió por la predicación del Rosario. Aunque la leyenda atribuye a nuestro padre Santo Domingo la institución del Rosario, pero yo en ese detalle no me voy a detener. Prefiero centrar la atención en que estamos ante una oración contemplativa y sensible, intensa y gesticulante, emocionada y afectiva.

La evolución del Rosario como oración quedó influida, también, por factores profanos; el contar y repetir una misma jaculatoria es una práctica tan generalizada en casi todas las religiones antiguas del mundo que, me atrevo a decir, se puede estimar como un hecho religioso universal; el Rosario es, pues, una forma relativamente natural de oración. Pero también del Rosario se ha dicho, y es aquí donde entra nuestra vocación a ser predicadores enamorados de la Palabra, que es "el compendio de todo el Evangelio". Y es que el corazón mismo del Rosario, meditar con el rezo del Rosario es, ni más ni menos, meditar los misterios de la vida de Jesús.


Ante esto me surge una cuestión: ¿hoy, en nuestros días, hay que orar o no? Y es que no digo nada nuevo al decir que rezar ya no es una actividad común, y mucho menos pertenece a los estamentos sociales reconocidos y aceptados por la mayoría. Sin embargo, para los cristianos, la oración es uno de los asuntos más serios dentro de nuestra fe; es algo tan esencial como que necesitamos respirar. Con respecto al rezo del Rosario habrá que conocer la entraña de esta oración y lo que representa dentro de la vida del cristiano. El valor del rezo del Rosario consiste en meditar y fijar nuestra concentración en el misterio de la redención. El punto de partida es el gozo de la Encarnación que da paso a la luz del mensaje del Reino, pasando por el sufrimiento en la cruz que nos lleva al punto de la victoria, es decir, a la felicidad que trae la Resurrección.

Cuando experimentamos esta concentración con el rezo del Rosario, descubrimos que los misterios de gozo nos invitan a contemplar un centro de la realidad: la carne, la vida corporal, las relaciones. Sencillo y necesario; particular y grande. Misterioso proceso de la vida, con la vocación, la concepción y el nacimiento de un Niño. Gran aporte al Rosario ha sido el incorporar los misterios de luz. Y es que se necesitaba contemplar a Jesús introduciéndose en el mundo, activando la fuerza de su palabra y la belleza de sus actos. Los misterios dolorosos nos presentan e invitan a meditar sobre el dolor, la enfermedad, la separación… aspectos nada tolerados en nuestra vida. Meditar ante la cruz puede que nos haga percibir una fuerza misteriosa de unión: “cuando sea levantado en alto atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32). Meditar y contemplar los misterios que nos hablan de gloria, es meditar sobre la esperanza que dinamiza la historia, nuestra historia.

El rezo del Rosario requiere un ritmo pausado y un reflexivo remanso que sea favorable para la meditación de los misterios de la vida de Cristo. Y es que el Rosario es una oración evangélica con Cristo en el centro; vocal pero al mismo tiempo mental. Esto es lo que da vida a toda oración y hacia donde debe dirigirse; porque la oración sin meditación carecería de alma y, por lo tanto, no tendría sentido hacerla ya que le
faltaría vida.

Fr. Ángel Luis Fariña Pérez 
 Real Convento de Predicadores, Valencia---ser.dominicos.org/

La Virgen del Rosario.

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María, cuando nos acercamos a ella, en todo momento, también en el rezo del rosario, nos brinda su ilusión para que nos apropiemos de ella y vivamos la alegría que encierra. 

 Los dominicos hemos heredado el rosario de nuestros mayores, de Santo Domingo y de tantos otros hermanos que desde el principio de la Orden predicaron y extendieron la devoción a la Virgen del Rosario. Hay una larga tradición iconográfica de Nuestra Señora dando el Rosario a Santo Domingo.

Sabemos que la Virgen María, la Madre de Jesús y también nuestra Madre, no es más que una. Lo que sucede es que los fieles cristianos, a lo largo de la historia, la han adornado con muchas y variadas advocaciones. No se trata de hacer una guerra de “Vírgenes” y proclamar que “la mía”, “la de mi pueblo”, “la de mi Orden” es la mejor. Cuando hablamos de la Virgen siempre estamos hablando de la única Virgen María.

Hoy, por ser su fiesta, nos toca referirnos a la Virgen del Rosario, a la que acudimos e imploramos en el rezo del rosario. En medio de la repetición del avemaría, el rosario busca que nos centremos en la persona de Jesús, en su nacimiento, vida, muerte y resurrección. Los cinco misterios gozosos, los cinco dolorosos, los cinco gloriosos y ahora también los cinco luminosos tienen como protagonista principal a Jesús, nuestro hermano mayor, nuestro gran amigo, nuestro salvador y redentor… a quien le hemos prometido: “Te seguiré donde quiera que vayas”. Pero hay que añadir inmediatamente que en todos estos misterios, es fácil comprobarlo, de manera directa o indirecta está presente la Virgen María. No es de extrañar que varios Papas hayan resaltado “la índole evangélica del rosario y su orientación profundamente cristológica”.


Pero la Virgen no quiere que nos quedemos solo en contemplar e interiorizar los pasos, los avatares, los misterios de la vida de su Hijo y los suyos. Busca también que esos misterios contemplados los hagamos nuestros, sean también nuestros pasos, y seamos así “seguidores de Jesús” y buenos hijos del María. Siempre, también en el rezo del rosario, debemos estar dispuestos a oír lo que María dijo a los servidores de la boda de Caná, señalando a Jesús: “Haced lo que Él os diga”.

María, como buena madre, sabe que una vida sin ilusión es un vivir sin vida. Ella tuvo la gran ilusión de dejar nacer en su seno a su Hijo Jesús. Pues bien, María nos brinda a todos nosotros, guardando las distancias, tener esa misma ilusión: dejar nacer en nuestro ser a Jesús, el Hijo de Dios y el Hijo de María. Ésa debe ser la gran ilusión de nuestra vida: dejar nacer a Jesús en nosotros. Dejar que nazca en nuestro corazón y se apodere de él para que amemos como Él ama y a todo lo que Él ama. Que nazca y se apodere de nuestro entendimiento y nuestros ojos para que veamos y juzguemos las cosas como Él las ve y juzga. Que se apodere y nazca en nuestros sentimientos para que podamos reaccionar siempre con los sentimientos de Jesús. Es decir, debemos realizar en nosotros ese proceso de continua cristificación al que nos anima San Pablo: “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”. Que podemos explicitar: “ya no soy yo quien ama, es Cristo quien ama en mí, ya no soy yo quien perdona, quien se entrega, quien… es Cristo quien perdona, quien se entrega… en mí”. María, cuando nos acercamos a ella, en todo momento, también en el rezo del rosario, nos brinda su ilusión para que nos apropiemos de ella y vivamos la alegría que encierra.

Esto mismo dice Benedicto XVI: “Contemplando en la Madre de Dios una existencia totalmente modelada por la Palabra, también nosotros nos sentimos llamados a entrar en el misterio de la fe, con la que Cristo viene a habitar en nuestra vida. San Ambrosio nos recuerda que todo cristiano que cree, concibe en cierto sentido y engendra al Verbo de Dios en sí mismo: si, en cuanto a la carne, sólo existe una Madre de Cristo, en cuanto a la fe, en cambio, Cristo es el fruto de todos. Así pues, todo lo que le sucedió a María puede sucedernos ahora a cualquiera de nosotros en la escucha de la Palabra y en la celebración de los sacramentos” (Verbum Domini 28).

  Fr. Manuel Santos Sánchez 
 Real Convento de Predicadores, Valencia/ser.dominicos.org

Contemplar la virginidad de María en el rezo del Rosario

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Contemplar la virginidad de María en el rezo del Rosario


Fr. Julián de Cos O.P.

El dogma de la virginidad de María está muy presente en el rezo del Rosario, sobre todo en los Misterios Gozosos. Hagamos un pequeño recorrido:

En el Primer Misterio Gozoso: la Anunciación (cf. Lc 1,26-38), el Ángel del Señor comunica a Virgen María que concebirá al Hijo de Dios. Sabemos muy bien lo que María responde: «he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), aceptando así la concepción virginal de nuestro Salvador.

No es que la concepción natural de un ser humano sea en sí pecaminosa, ni mucho menos, pero es que la concepción de Aquel que es infinitamente puro requiere la mayor de las purezas, y ésta, a nivel humano, la aporta de virginidad de un cuerpo y un corazón que jamás han sido invadidos por otro ser que no sea Dios. Efectivamente, el estado más puro al que una persona puede llegar es de la virginidad consagrada a Dios, para que sea sólo Él quien llene y fecunde a dicha persona con su amor.

En el Segundo Misterio Gozoso contemplamos cómo una joven que ha sido llamada a consagrar su virginidad a Dios necesita compartir esta alegre noticia a aquellas personas de confianza que saben comprender y valorar el sagrado sentido de esta forma de vida. Por eso María se encamina a la montaña de Judá para comunicar a su prima Isabel lo sucedido, ya que nadie como ella lo va entender, pues gracias a la acción misericordiosa de Dios ha concebido a su hijo siendo una anciana.

Contemplar la escena de la Visitación (cf. Lc 1,39-56) nos llena de la sana y pura alegría que dos mujeres sienten cuando comparten el haber sido llamadas por Dios a desempeñar un papel especial en la Historia de Salvación. Asimismo lo celebran las criaturas que llevan en su vientre. Entonces María entona un canto de alabanza a Dios porque «se ha fijado en la humillación de su esclava» (Lc 1,48). En efecto, la verdadera virginidad, la que también es espiritual, sólo puede darse en un corazón modesto, sencillo y humilde.

La modestia, la sencillez y la humildad de María las podemos contemplar también en el Tercer Misterio Gozoso: el nacimiento del Hijo de Dios en un establo de la pequeña ciudad de Belén (cf. Lc 2,1-20). El dogma de la virginidad de María nos dice que ella mantuvo su estado virginal antes, durante y después del parto. Y esto es así porque, según el sentir común del pueblo fiel que forma la Iglesia, aquella que ha sido elegida para ser la Madre de Dios, ha de mantener para siempre el estado de máxima pureza. Al contemplar este Misterio sentimos en nuestro corazón que, efectivamente, Dios preservó milagrosamente a María de toda corrupción.

Las personas que han sido llamadas por Dios a entregarle su virginidad, han de conservarla toda la vida. Como María, han de evitar en todo momento que su corazón y su cuerpo se consagren a alguien que no sea Dios, pues sólo así pueden realmente dedicar su vida a todos. Cuando rezamos a María, sabemos que ella intercede por nosotros –y por todos– gracias a su santa pureza. Su virginal persona es como un cristal trasparente que mira a todos por igual. Ese es el modelo a seguir para aquellos que han ofrecido su virginidad a Dios.

En el Cuarto Misterio Gozoso María acude al Templo para presentar ante Dios el fruto de su virginidad: nuestro Redentor (cf. Lc 2,22-38). María sabe muy bien que ese don divino no es sólo para ella, sino que es ante todo para Dios y para todos nosotros. Cuando ella aceptó ser la Madre de Dios lo hizo pensando en todo el género humano, pues deseaba nuestra salvación.

Dios concede la vocación virginal para que sea fructífera ante Él y ante todos los seres humanos. No tiene sentido evangélico vivir en virginidad egoístamente, pensando fundamentalmente en uno mismo. Para que el don de la virginidad produzca frutos en abundancia ha de enraizar en una tierra caritativa y generosa. María nos muestra que nuestra vida es verdaderamente fértil y útil cuando nos damos a los demás.

Resulta que, pasados unos años, a María y a José se les perdió el Niño Jesús a la vuelta de una peregrinación a Jerusalén. Entonces regresaron sobre sus pasos y lo encontraron en el Templo (cf. Lc 2,41-51). Esto lo contemplamos en el Quinto Misterio Gozoso. Curiosamente, en esta escena el único que no está perdido es Jesús, pues se halla en «la casa de su Padre». En cambio, podemos imaginar cómo María y José se sintieron perdidos y angustiados sin su Hijo, pues era el centro de su vida. Afortunadamente, todo acabó bien porque acudieron al Templo.

Cuando nos sentimos «perdidos» a causa de nuestros problemas o porque nuestra vida parece que no tiene sentido, lo mejor que podemos hacer es acudir al reposo y la paz de nuestro «templo», es decir, a nuestro interior, pues nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (cf. 1Cor 6,19). Pero no siempre es fácil entrar en nuestro corazón, pues las impurezas y las preocupaciones de nuestra vida nos lo dificultan. Por eso desde muy antiguo en la Iglesia se ha visto una estrecha relación entre la virginidad y la vida contemplativa, pues la persona que se consagra totalmente a Dios encuentra menos impedimentos para permanecer interiormente en Él (cf. 1Cor 7,32-38).

La Virgen María es el modelo perfecto de aquellos que se consagran totalmente a Dios. Las personas que han sido llamadas a la santa vocación del matrimonio también pueden participar, en cierto modo, del don de la virginidad en la medida en que consagran a Dios su dedicación a su familia. Pues María es Madre y Maestra para todos.

Como vemos, el rezo del Rosario nos ayuda a comprender y dar sentido a la virginidad de María. Lo importante es que cada uno de nosotros sepamos enriquezcamos con ella desde la vocación y la forma de vida a la que Dios nos ha llamado.

Desde Portugal, una idea para todos los Dominicos: Apostolado del Rosario.

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El apostolado, la predicación, del Evangelio es la razón de nuestra Orden. La vida dominicana es, antes que todo, apostólica. La vida apostólica es sobre todo, lo que somos por el testimonio de vida: "Participantes de la misión apostólica, nosotros asumimos también la vida de los Apóstoles tal cual la concibió Santo Domingo" (cf. Const. Fundamental, 4).


Para que el Apostolado  del Rosario pueda ser autentico y producir frutos nosotros hacemos cuestión de estar atentos a los "signos de los tiempos". Así esta predicación tornase un lenguaje clara y comprendida por todas las clases sociales. Nosotros estamos atentos a los grandes problemas nacionales y mundiales particularmente aquellos que se refieren a los derechos humanos.

El Apostolado del Rosario procura ser, sea por la Orden sea por la Provincia de Portugal, una forma importante de espiritualidad y de apostolado, tanto kerigmático cómo catequético. Este apostolado oral y escrito es una de las más grandes presencias de la Orden Dominicana, incluso de la Familia Dominicana, en la sociedad portuguesa.

Gracias al trabajo de los antiguos Promotores del Rosario, el Apostolado del Rosario esta muy bien implantado  en Portugal y en el extranjero entre nuestros emigrantes. En las parroquias contamos sobre todo con el trabajo generoso de los seglares, cómo apoyo de la predicación del Rosario. Sin ellos poco haríamos en las parroquias. Hay que decir también que son ellos que llevan a las familias, à las escuelas o a la catequesis el espirito del Rosario segundo la tradición dominicana: divulgar, predicar y vivir el Rosario todos los días. Fueran ellos que hicieran conocer  la Orden en el medio secular.  Los visitamos y aprovechamos para visitar algunos enfermos.

          I – PRINCIPIOS ORIENTADORES

El contenido de la Predicación del Rosario es, esencialmente, el contenido del Mensaje evangélica: la Historia de la Salvación. Cuando predicamos el Misterio de Cristo predicamos así  no solo el Misterio de Maria y de la Iglesia más también el misterio de todos los bautizados.
El Rosario es una contemplación cristológica, es decir, el evangelio breve para el pueblo de Dios. El es reflexión, contemplación, seguimiento de Jesús y alabanza.

El valor y la eficacia del Rosario, así cómo su predicación, fueran y siguen sendo reconocidos y recomendados por los Papas y los obispos, por los Maestros de la Orden y por los Capítulos Generales. Por consecuencia esta predicación debe mantenerse y perfeccionarla más.

El apostolado del Rosario es muy aceptado y apoyado por los Obispos y párrocos no solo en Portugal continental y en los archipiélagos  de Madera e Azores. Es muy vivido también en el extranjero entre los emigrantes, en Europa y en América, sobre todo.

La predicación del Rosario exige el anuncio de los Misterios de la Encarnación (Misterios Gozosos), de su vida publica (Misterios Luminosos), de su Pasión y Muerte (Misterios Dolorosos); o sea: el anuncio de Cristo cómo Dios y cómo hombre que vivió, murió y resucitó, y en Quién encontramos la respuesta cierta para todos nuestros problemas.

El  Apostolado del Rosario realizase través del Kerigma o anuncio del Misterio de Cristo y de la predicación mariana, dando a conocer la muy noble y singular   misión de Maria en la vida de la Iglesia. Esto llevara a una más grande devoción a Maria y a la recitación diaria del Rosario. De éste modo, los cristianos se mantendrán íntimamente unidos a Díos  por Maria. En síntesis: el Apostolado del Rosario procura formar cristianamente al modo mariano.

Hay Centros del Rosario (Perpetuo y Vivo) organizados en las parroquias y en otras comunidades  cristianas. Sus responsables laicos trabajan en equipo y siempre ligados al Secretariado Nacional del Rosario. Son cerca de 3.000 personas.


          II – ACTIVIDADES APOSTÓLICAS DEL ROSARIO

Las actividades y experiencias apostólicas y pastorales del Rosario obedecen al esquema que sigue:
Mediante los Medios de Comunicación Social

– En el apostolado escrito debemos insistir:

En el valor doctrinario del Rosario: sus oraciones orales (Padre Nuestro, Salve Maria, y Gloria al Padre) y  la contemplación de sus misterios: el resumen de la Historia de la Salvación.

En el aspecto bíblico del Rosario: ayudando los miembros del Apostolado a contemplar los misterios través el Antiguo Testamento, sobre todo  los Profetas, e el Nuevo Testamento, particularmente los Evangelios, Cartas de San Pablo y de San Pedro.

En el aspecto litúrgico del Rosario: debemos valorizar la meditación de los Misterios de acuerdo con los distintos tempos litúrgicos: Adviento, Natal, Cuaresma, Pascua, Pentecostés, Tempo Común. Valorizamos, igualmente, las distintas fiestas cristológicas y marianas del calendario litúrgico. También tenemos en cuenta   los diversos autores de la espiritualidad dominicana, cómo: San Tomas de Aquino,  San Alberto Magno, San Vicente Ferrer, Santa Catalina de Sena, los Venerables Fr. Luis Granada y Fr. Bartolomé de los Mártires.

En la vivencia del Rosario debemos intentar recomendar la recitación del Rosario sea  en particular sea en común,  o en familia, para que los asociados correspondan a las peticiones de los Papas y del Mensaje de Fátima. Esta habla mucho de la necesidad de la vida en gracia, de la vida de oración  así cómo de la devoción al Inmaculado Corazón de Maria.

En los Centros del Rosario son los miembros mismos del Apostolado del Rosario que promoven la recitación y meditación de los Misterios en familia, en grupos, en la parroquia o individualmente.

APOSTOLADO CON PREDICACIÓN

Cómo hemos dicho antes, todos nosotros tenemos presente las peticiones de los Pastores de la Iglesia para que se rece el Rosario. A los asociados del Rosario Perpetuo, en particular, nosotros en Portugal recomendamos la fidelidad al Rosario todos los días, sea en familia o individualmente, seguindo el boletín Rosario e Vida Cristã   y les recomendamos que, una vez por mes y el día marcado, hagan una hora de oración de alabanza a Nuestra Señora, con sentido apostólico, a favor de las Almas del Purgatorio, por los pecadores y por la paz.

A los asociados de Rosario Vivo, recomendamos la recitación diaria, seguindo el Boletín Rosario e Vida Cristã, de un solo misterio del Rosario, cambiando todos los días de misterio, segundo el Calendario Perpetuo. Se pide para rezaren por las misiones, por los pecadores y por la paz.

Predicación sobre el Rosario

Vamos a las parroquias predicar la devoción del Rosario? Como? Como hacemos sesiones de estudio sobre diversos temas: El Rosario y los jóvenes, El Rosario y la Evangelización,  El Rosario y el Mensaje de Fátima, El Rosario y el Apostolado de los seglares, El Rosario y las misiones, El Rosario y el Ecumenismo, El Rosario y la Familia, etc., inculcando la fidelidad y amor a Dios, por intermedio del Rosario diario, meditando los Misterios de la vida de Jesús y Maria Santísima, solo o en familia. Las personas son invitadas a la practica de la vida sacramental y a una vida cristiana más consciente, sin olvidar el apostolado personal, parroquial, etc.

Fray José Carlos Vaz Lucas, O.P.

Historia del rosario

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         Entre las devociones con que el pueblo cristiano honra a la Virgen María sobresale el santo rosario; es la reina de las devociones marianas. Múltiples son las razones de esta afirmación. Destacamos algunas de ellas.

Oleo de Sor María José Aranguren - Santa Clara (Palencia)

El rosario tiene raíces muy profundas en el alma del pueblo cristiano. Para orar por un difunto, para pedir por una necesidad, para ejercitar la oración en familia... los cristianos recurren al rezo de esta devoción de manera espontánea.

El rosario tiene una base escriturística amplia y sólida: sus misterios y sus oraciones están tomados de testos bíblicos. Esta oración es un resumen del Nuevo testamento.

Difícilmente se puede encontrar una síntesis más armónica de  oración mental y vocal que el rosario; en él se ora con los labios, se medita con la mente y se ama con el corazón.

La historia de la salvación está perfectamente presentada en sus momentos culminantes en los misterios del rosario.

Cuando a algún sacerdote, por dificultades especiales, hay que dispensarle el rezo del oficio divino, frecuentemente se le conmuta por el rezo del rosario.

La Virgen María, en apariciones tan sólidamente cimentadas por la actitud de la Iglesia jerárquica como las de Lourdes y Fátima, ha pedido esta práctica piadosa.

Los santos, sobre todo los de los últimos tiempos, han excitado al pueblo cristiano, con sus exhortaciones y ejemplo, a la práctica de esta devoción.

Los Papas, en incontables documentos de su magisterio, han recomendado insistentemente el rezo del rosario.


Prehistoria


         El Rosario, como forma actual, tuvo su prehistoria y su evolución. No fue una fórmula precisa y fija que la Virgen le entregara a Santo Domingo, tal como se representa en la iconografía. Ya se representaba así en dos cuadros del siglo XIII, destruidos en la revolución francesa y en los que aparecía la Virgen dando el rosario a santo Domingo. Con este tipo de representaciones iconográficas se trata de expresar el dono de la obra de santo Domingo, debida, aunque con elementos previos, a una iluminación sobrenatural, que le hizo estructurar y extender esta devoción en sus elementos fundamentales. Santo Domingo nace en 1170 y muere el año 1221. ¿Cuál es su obra como fundador del rosario? ¿Con qué prehistoria se encontró? Naturalmente se trata de la primera parte del Ave María, ya que el “Santa María” y las partes siguientes no se generalizaron en el rosario hasta principios del siglo XVII. Y hasta parece seguro que el nombre de “Jesús”, añadido a la primera parte del rezo avemariano, no se generalizó hasta mediados del siglo XIII.

         El rosario, como se verá, tuvo una evolución muy varia hasta obtener la forma actual, establecida por la autoridad de la Iglesia. Pero antes – ya se verá la parte que santo Domingo tuvo en ello- el caso, escribe el P. Getino, era saludar insistentemente a la Virgen, dirigirle esa gratísima salutación que le dirigieron el Ángel y santa Isabel, contemplar con ese dulce acorde su vida y, más aún, la de su Hijo divino, mezclar en esas guirnaldas de rosas marianas algunos Padrenuestros (que esos sí se rezaban completos), y entregarse al amor y a la imitación de la Madre de Dios por medio tan sencillo.”  


El rezo del Ave María en el siglo XIII


Es inútil buscar el rezo difundido del Ave María antes del siglo XII. Sólo se encontraría en algunas liturgias, no exentas de interpolaciones. Lo que sí se rezaba era el Padrenuestro.

Hacia el siglo XII no hay nada que merezca una consignación sobre el rezo del Ave María. Las homilías de los Santos Padres y los cánones de los Concilios recomiendan mucho la recitación del Símbolo de la fe, el Credo, y la oración dominical; pero el Ave María no aparece recomendada hasta finales de esa centuria, y eso una sola vez.  A veces se encuentran citados casos esporádicos, anecdóticos, del rezo del Ave María. San Pedro Damián habla de un religioso que todos los días iba ante el altar de la Virgen y le cantaba la salutación angélica.

En la crónica de san Bartolomé de Carpineto, se lee que el monje Oliverio murió recitando la salutación angélica, lo que también consta de otro monje, Reinaldo de Clairvaux, en tiempo de san Bernardo, que tenía sus delicias en repetirla. San Ayberto, que murió en la primera mitad del siglo XII, recitaba cada día cincuenta Avemarías; el monje Josión, algo posterior, cinco; una cierta Eulalia, de la que habla el Menologio cisterciense –aunque no es seguro que sea del siglo XII- también rezaba ciento cincuenta veces la salutación angélica. También recitaba un abundante número de Avemarías, Cesario Heisterbach que vivió en tiempos de Alejandro III y murió en 1240. Se cuenta asimismo de una señora, sin indicación de nombre, que recitaba la salutación angélica al ir a la iglesia y al encontrarse con alguna imagen de la Virgen, según refiere el Belvacenses. Del monje Bertoldo, benedictino del siglo XII, se dice que aprendió a recitar el Padrenuestro, el Símbolo y la salutación angélica. Hay que advertir que de san Ayberto consta que a las  Avemarías “añadía las palabras de santa Isabel.”

Las vidas de san Norberto, san Bruno, san Bernardo, santa Hildegarda y demás bienaventurados del siglo XII nada nos ofrecen de recitaciones avemarianas a pesar de su devoción a la Virgen. Las Constituciones de sus Órdenes respectivas guardan silencio en este siglo, lo mismo que las Constituciones de Concilios, Sínodos y Pontífices. No sólo no aparece prescrito   el rezo avemariano a los clérigos, sino que ni siquiera a los legos que no sabían reza el  Oficio divino. Solamente en los estatutos de Guigués se preceptúa a los legos rezar trescientos Padrenuestros por cada difunto. (Mabillón)

Solamente hay una disposición de carácter general en que se manda por Eudes de Sully, obispo de París, en 1298, que los presbíteros enseñen y se aprenda por los fieles el rezo del Padrenuestro, el Credo y la “Salutación  a la Bienaventurada Virgen” No se sabe el efecto que esto tuvo en la diócesis de París, pero se diría que el terreno se iba haciendo propicio al rezo avemariano. Como se ve, el rezo del Ave María no era usual, sino esporádico y anecdótico. Pero en adelante cambiaría.


Santo Domingo y el rezo del Ave María


         ¿Qué se sabe de santo Domingo en relación con el rezo de  las Ave María? No abundan los documentos pues consta que muchos han desaparecido. Sin embargo, hay datos de interés para saber su acción en la estructura fundamental, en el modo de hacerlo y el influjo que esto tuvo en otros. Desde primera hora se registra el modo de orar tan peculiar que él tenía: en los caminos, en las posadas, en las iglesias y en las salas capitulares. Unas veces oraba en silencio, otras en voz alta perfectamente perceptible. Así lo narra el pequeño libro “Modos de orar de Santo Domingo”, escrito probablemente por Fr. Gerardo de Teutona. Este fraile asistió al capítulo general de Luca en 1288 y entregó allí el documento en que recogía todo lo que había podido saber de él de labios de Sor Cecilia, discípula predilecta del santo. En él se dice que santo Domingo oraba moviéndose “con gran agilidad, levantándose y arrodillándose...” “A veces hablaba en su corazón y apenas se le oía y quedaba en  genuflexión como en éxtasis” (stupefactus diu valde) Con este ejemplo, haciendo más que diciendo, enseñaba a los frailes de este modo. Estos modos de orar los practicaba en todas partes.

         ¿Qué oraciones tenía en este acompasado rezar con innumerables genuflexiones? En la obra citada se dice que con ello “enseñaba a los frailes”. Lo que éstos hacían se sabe por  Galvano de la Fiamma: “Además hechas (por los frailes) las dichas devociones a la Virgen bienaventurada, unos se arrodillaban cien, otros doscientas veces entre día y noche y decían otras tantas veces el Ave María.”

         Si esto copiaron los discípulos de él es que era una manera predilecta y usual de orar de santo Domingo- Galvano de la Fiamma dice que Fray Teutónico “en todas sus alabanzas a la Virgen decía el Ave María de rodillas.” Y en el citado libro de los “Modos de orar”, en el códice de Bolonia, de principios del siglo XV, pone dibujos en los que aparece santo Domingo orando en las características formas que él tenía; en el frontal del altar ante el que reza, se pone dos veces el Ave María, y en otro de los grabados pone el “Gratia”


El "Ave María" y la Orden


         El beato Jordán de Sajonia, sucesor inmediato de santo Domingo de Guzmán en el gobierno de la Orden, después de unas prescripciones litúrgicas, manda que, al final de cada uno de los salmos prescritos, se rece el Ave María “con genuflexión”. Y Gerardo de Frachetto en su obra “Vitae Fratrum, obra del siglo XIII, en la que recogió todos los datos que se sabían de los primeros días de la Orden, por precepto de su Maestro General, que asimismo dio orden a los conventos que se le informase de todo lo que se supiese, cuenta  de un fraile que ante una tentación, se fue delante de una imagen de la Virgen y le rezó la “salutación angélica arrodillándose según costumbre”. Este tipo del frecuentísimo uso del Ave María con genuflexiones vino a ser, en el siglo XIII, ordinario en la Orden. Lo mismo sucedió con las religiosas. Así, entre las informaciones realizadas en 1270 en Ruan, acerca de los milagros de santo Domingo, se lee de una joven monja de aquella población, llamada Perrette, sobrina del P. Beaulieu, confesor del rey san Luis, que mientras rezó cien Avemarías, arrodillándose, se curó de una enfermedad. De otra dominica llamada Estefanía Ferrete, del convento de Unterlinden, durante cincuenta años recitó diariamente ciento cincuenta Avemarías, arrodillándose otras tantas veces o poniéndose “en venia” o postración. Santa Margarita de Hungría, hija del rey Bela, recibida en la Orden por el beato Humberto, y la beata Benvenuta Boyani, también dominica del siglo XIII, rezaban diariamente mil veces el Ave María, acompañándola la primera de rodillas y la segunda de postraciones o “venias”. El propio san Luis, rey de Francia, recitaba cada día cincuenta Avemarías, arrodillándose a cada una.

 

La formulación del rezo 


El rezo arrodillado del Ave María era una práctica en la Orden dominicana legislada por el propio fundador. El beato Raimundo de Capua, sucesor de santo Domingo, escribe que fundó una milicia de seglares – “Milicia de Jesucristo”- vinculada a la Orden. A sus miembros les mandó “rezar a diario un cierto número de Padrenuestros y de Avemarías que rezarían en lugar de las horas canónicas”. Gregorio IX, en la bula que aprueba esta Milicia, establece que por cada hora canónica digan siete padrenuestros y por cada hora del oficio de la Virgen siete Avemarías. Esos cuarenta y nueve Padrenuestros y cuarenta y nueve Avemarías se diría que son la confirmación pontificia a lo establecido por santo Domingo. Empieza a aparecer el primer elemento del Rosario. Era alabanza  a María y protesta también contra los albigenses que negaban que María fuese madre de Cristo. Así lo atestigua el escritor Moneta de Cremona.

En las Beguinas de Gante- un pueblo entero de mujeres piadosas dirigido por dominicos- y cuya Regla data de 1234, se lee: “Cada Beguina...debe rezar cada día tres guirnaldas, orando, que se llaman “Salterio de la bienaventurada Virgen.” En un documento del año 1227 se manda rezar por los difuntos el “Psalterium beatae Mariae Virginis”. Si las “guirnaldas” constan de cuarenta y nueve Ave Marías – por imitar al salterio de oficio divino diario, las tres “guirnaldas” son ciento cuarenta y siete Ave Marías. El Rosario avemariano empieza prácticamente a constituirse en estos momentos.


         En la “Regla de San Sixto” del convento de las dominicas de San Sixto en Roma y, dada por Santo Domingo, mientras las monjas de coro tiene que rezar el Oficio  divino, a las “legas” les impuso el rezo de “una guirnalda”. Y en el convento de dominicas de Santo Domingo el Real de Madrid – el único de monjas que fundó personalmente  Santo Domingo en España- hay un códice en pergamino que dice: “copiado del antiguo que se usaba cuando el Santo fundó el convento.” En él se reglamentan los rezos; y el número de Ave Marías es numeroso y lo han de hacer muchas veces. Así, por ejemplo, al levantarse dirán “en los días feriales 28 Pater noster y otras tantas Ave Marías”.

La regulación de los rezos para los novicios, en el Oficio de la Virgen, es muy interesante como consta en un códice del siglo XIII. Después de los maitines de la Virgen, el novicio “meditará”  “cum ardore” los beneficios de Dios: “la Encarnación, Nacimiento, Pasión y orar cosas generales semejantes....” y terminando la meditación de todo ello con el “Pater noster et Ave María”.

         El rezo del Ave María, que se encuentra en el siglo XII rezado circunstancialmente por alguna que otra persona, en el siglo XIII, ya en sus principios, se recita al lado de Santo Domingo con una generalidad asombrosa; sus frailes lo hacen objeto de sus amores después de Completas; lo tienen en lugar de Oficio divino los socios de la Milicia de Jesucristo; lo reciben las monjas y novicios y forma parte del rezo obligatorio de los legos, de lo que pudiéramos llamar su Oficio divino.

         Pero no sólo con Santo Domingo florece y se extiende el rezo del Ave María, sino que va a florecer en forma de “quincuagenas”, que es el número del Rosario, ya en su primera época. Las genuflexiones que se hacían, y a las que acompañaba por regla general el rezo avemariano, era normalmente el de 50 o múltiplos de este número. Como antes se ha visto, los frailes “imitaban” a Santo Domingo en sus rezos que era “recitar con genuflexiones” el Ave María, lo que hacían “unos, cien y otros, doscientas veces.

El rezo del Avemaría en algunos países de la Europa medieval


         En Bélgica tenía esta costumbre santa María de Oignies, discípula predilecta de dos grandes amigos de Santo Domingo. También se señalan los nombres de Beatriz de Florival, Ida de Jesús, Margarita de Iprés y, sobre todas, las Beguinas de Gante que rezaban las 150 avemarías.

         En Alemania se cita a Cristina Ebnerim, célebre mística dominica del convento de Engelthal que diariamente saludaba a la Virgen con 100 avemarías, y Estefanía Ferretti, dominica de Comar que, durante cincuenta años recitó a diario las 150 avemarías.

         En Italia la beata Benvenuta Boyani recitaba el Ave María centenares de veces al día; ya en el siglo XIII.

         En Suiza, las dominicas de Toesz, en la primera mitad del siglo XIV recitaban también las 150 avemarías.


Resumen del primer período de la historia del rosario 


El Ave María en forma de cincuentenas no tiene, en este período, una estabilización fija, como se comprueba en la consulta que María de Tarascón, hermana de Clemente IV y favorecedora de los dominicos, hace al Capítulo General preguntando “qyé número de Padrenuestros y de Avemaría” sería el más conveniente para rezar por dicha reunión capitular. Así lo contó su hermanos al historiador  Gerardo de Frachet que lo narra en su “Vitae Fratrum”. Si quisiéramos resumir la obra de Santo Domingo con respecto al Avemaría, reflejada en su obra y en las costumbres de sus discípulos,  se puede afirmar que su preocupación fue introducir el rezo avemariano : a) en el Oficio de la Virgen para los clérigos. B) en lugar del Oficio divino para los hermanos cooperadores y para los cofrades de la Milicia de Jesucristo, hoy Dominicos Seglares y c) fuera del Oficio prefiriendo en este caso las cincuenta avemarías.


El Rosario como objeto devocional o “contador  de cuentas”


        

         Es obvio que en tiempo de Santo Domingo no existía el rosario-objeto devocional tal y como lo conocemos hoy. Existía, no obstante, un tipo de “contador”  para el rezo múltiple del Paternóster y se llevaba a la vista. Cuando el beato dominico Marcolino de Forli, siglo XIV, rezaba a diario cine Padrenuestros y cien Avemarías, llevaba las cuentas a la vista –en palabras del beato Juan Domínici- y lo hacía “siguiendo la costumbre de los hermanos conversos”. Tal contador de Padrenuestros era muy usado por los dominicos pero es de uso anterior a ellos y figura en estatuas y en sepulcros, aunque con diez o doce cuentas solamente. Estas cuentas eran corredizas y otras estaban formadas por nudos; ambas fueron usadas también para el rezo del Rosario, ya que éste no lo tuvo propio al principio hasta que se estableció ya la fórmula rosariana. En la primera época es difícil identificarlos como contadores de Padrenuestros o de Avenarías. Aparecen frecuentemente como “hilos de cuentas”.



Se imponen los contadores de cuentas rosarianas


 
         En las actas del Capítulo Provincial de Orvieto, año 1261, se mencionan los contadores de Padrenuestros del tipo de “hilos” que usaban los hermanos conversos. Del mismo género eran, al parecer, los que usaban Santa Inés de Montepulciano, 1317, y otras dominicas de los siglos XIII, XIV y XV. El historiador P. Mezard examina dieciocho casos de dominicos anteriores a Alano de la Roche que llevaban “corona, rosario o paternóster”, como más generalmente se le llamaba. El que Santa Catalina de Siena regaló al padre de su amiga Alesia tenía cien cuentas. Igual que el del beato Marcolino de Forli, dominico de la misma época. Hasta  en esos”hilos” prendió el  lujo. En uno de 1333, el “hilo” tenía tres cuentas de ámbar, dos de cristal, dos de coral, etc. El Capítulo provincial de Orvieto de 1261 manda a los hermanos conversos traer un paternóster que no sea de ámbar ni de coral. Pero no indica el número de cuentas ni de avemarías que agregaba a los Padrenuestros.

Fuente: Dominicos.org