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LOS LAICOS Y LA PREDICACIÓN: LA MISIÓN DE SER PROFETA

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Estaba meditando acerca de lo que nos dice el Lema de este año dentro del Novenario rumbo a los 800 años de la Confirmación de la Orden: – Un versículo de la Sagrada Escritura, con sentido Escatológico pues el Capítulo se titula el Día del Señor y el Juicio de las Naciones.

Inicia este Capítulo con lo que el Lema nos invita a vivir, pero el centro del Mensaje de la Palabra de Dios que se nos cita está encerrado en la Frase “Los Laicos y la Predicación”, esto es el Ser Profeta.

El Ser profeta que inicia con el Bautismo en donde Dios derrama su Espíritu, que nos conduce a ser Imagen de El en Cristo.

El profetismo conlleva en sí el Anuncio y la Denuncia.

Este mismo profetismo contiene los elementos constitutivos de la vida Dominicana, la vida fraterna, la oración, el estudio y la misión apostólica, todos ellos orientados a la predicación, sin ellos, nuestro profetismo estaría incompleto.

Yo debo anunciar de lo que soy Testigo, testigo de la Buena nueva, testigo de la Esperanza en un mundo que parece carecer de ella, Testigo del amor en un mundo que parece carente de humanidad, de Justicia y de Paz.

Recordemos que la participación en el oficio profético de Cristo, «que proclamó el Reino del Padre con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra», habilita y compromete a los fieles laicos a acoger con fe el Evangelio y a anunciarlo con la palabra y con las obras, sin vacilar en denunciar el mal con valentía.
Unidos a Cristo, el «gran Profeta» (Lc 7, 16), y constituidos en el Espíritu «testigos» de Cristo Resucitado, los fieles laicos son hechos partícipes tanto del sobrenatural sentido de fe de la Iglesia, que «no puede equivocarse cuando cree», cuanto de la gracia de la palabra (cf. Hch 2, 17-18; Ap 19, 10). Son igualmente llamados a hacer que resplandezca la novedad y la fuerza del Evangelio en su vida cotidiana, familiar y social, como a expresar, con paciencia y valentía, en medio de las contradicciones de la época presente, su esperanza en la gloria «también a través de las estructuras de la vida secular». (CFL)

Las dominicas y los dominicos participan de esta misión profética de Cristo, predicando en los diferentes espacios que existen en el mundo, tanto en medio de los bautizados como de los que no conocen a Dios. Conscientes de la realidad de su entorno socio-cultural-económico, asumen su compromiso de llevar la Buena Nueva de Jesucristo, contribuyendo en la construcción del Reino de Dios y promoviendo en el mundo las prioridades evangelizadoras de nuestra Orden, a saber: la catequesis en un mundo descristianizado, la evangelización en el contexto pluricultural, el empleo de los medios de comunicación social y electrónica para la evangelización y, de manera muy especial, la promoción de la Justicia y de la Paz. (D.L.O.P. 3)

MISIÓN DE SACERDOTE, PROFETA Y REY EN LA IGLESIA QUE INICIA CON EL BAUTISMO

La participación de los fieles laicos en el triple oficio de Cristo Sacerdote, Profeta y Rey tiene su raíz primera en la unción del Bautismo, su desarrollo en la Confirmación, y su cumplimiento y dinámica sustentación en la Eucaristía. Se trata de una participación donada a cada uno de los fieles laicos individualmente;
pero les es dada en cuanto que forman parte del único Cuerpo del Señor. En efecto, Jesús enriquece con sus dones a la misma Iglesia en cuanto que es su Cuerpo y su Esposa.

De este modo, cada fiel participa en el triple oficio de Cristo porque es miembro de la Iglesia; tal como enseña claramente el apóstol Pedro, el cual define a los bautizados como «el linaje elegido, el sacerdocio real, la nación santa, el pueblo que Dios se ha adquirido» (1 P 2, 9). Precisamente porque deriva de la comunión eclesial, la participación de los fieles laicos en el triple oficio de Cristo exige ser vivida y actuada en la comunión y para acrecentar esta comunión. Escribía San Agustín: «Así como llamamos a todos cristianos en virtud del místico crisma, así también llamamos a todos sacerdotes porque son miembros del único sacerdote».

Los fieles laicos, precisamente por ser miembros de la Iglesia, tienen la vocación y misión de ser anunciadores del Evangelio: son habilitados y comprometidos en esta tarea por los sacramentos de la iniciación cristiana y por los dones del Espíritu Santo.

En la vida de la Iglesia, específicamente en la Vida de nuestra Orden, los fieles laicos, anunciadores del Evangelio, Profetas llenos del Espíritu Santo, nos han dejado ejemplo de Fidelidad a esta vocación como lo fueron Santa Catalina de Siena, Santa Rosa de Lima, el Beato Pier Giorgio Frasati y muchos más que a lo largo del tiempo han dado respuesta al llamado de vivir el Bautismo que nos hace con Cristo y en El, Sacerdotes, Profetas y Reyes.

Sr. Fernando Vargas, O.P. (Seglar Dominico)

Carta del Maestro de la Orden: Los laicos dominicos y la predicación

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Dentro del marco de la novena de preparación para el Jubileo Dominicano, fue publicada la carta del Maestro de la Orden sobre los laicos dominicos y la predicación.  En ella, Fray Bruno invita a toda la Orden a renovar el celo por la evangelización, como nos pide la Iglesia en estos tiempos, reconociendo y promoviendo el lugar que tienen los laicos dentro del carisma dominicano de la predicación.

Invitamos a toda la Familia Dominicana a leer y a compartir esta carta, personalmente y en nuestras comunidades,  como parte del itinerario de renovación que se nos propone para el Jubileo Dominicano.

- Carta del Maestro de la Orden: Los laicos dominicos y la predicación

Jesús dice: "Pedro, amigo, ¿quieres venirte conmigo?" Y Pedro responde: "Voy"

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Pedro era un pescador en el mar de Galilea, era como un confidente del mar; y en plena juventud cambió de vida: de ‘pescador’ en Galilea pasó a ser ‘pescador de otros mares’.

Todos los cristianos conocemos a Pedro y algunas anécdotas de su vida. Y a la mayoría, al menos, su figura simpática, y a veces desconcertante, nos resulta cercana y entrañable por su variado modo de sentir, pensar, actuar, equivocarse, llorar, arrepentirse y mostrarse fiel en el seguimiento a su Maestro Jesús. ¿No es verdad que para algunos su ‘historia’ es nuestra historia?

Pedro era un pescador en el mar de Galilea, era como un confidente del mar; y en plena juventud cambió de vida: de ‘pescador’ en Galilea pasó a ser ‘pescador de otros mares’; y de confidente del mar pasó a ser íntimo confidente de Jesús, no a golpe de remo sino a golpe de voluntad, de corazonada, de audacia y de generosidad.

Pero pensemos un momento: ese Pedro, joven pescador, ¿era obrero de superficie o más bien buceador de profundidades marinas? Acaso ambas cosas en horas distintas. Cada día, de la aurora a las vísperas, su vida era de superficie: en la costa, sobre barcas y entre redes; pero en algunos momentos estelares, por ejemplo, al verse deslumbrado por las bellísimas salidas y puestas de sol - reflejadas en las aguas y en las escamas de los peces- acariciaba pensamientos de altura, sobrevolaba en actitud y tono que llamaríamos místico. Esa combinación le hacía sencillo, llano, y sabio.

En las horas que gastaba a ras de la tierra y del agua, con duro bregar, se sentía amigo de amigos, igual entre compañeros, sujeto afectado por altibajos de humores, judío religioso y leal de casi rutina; y en los momentos de elevación íntima su mente y corazón judíos rebosaban de esperanza recordando alianzas de amor y promesas de Yhavé. Ese juego de factores no permitían a Pedro ser obrero zafio sino prudente y sufrido en alas de esperanza. 

Por eso Pedro no cultivaba economía de hombre avaro sino de suficiencia; no era socialmente huidizo y jactancioso sino cercano y sin ambiciones; no era religiosamente cerril prisionero de la Ley sino lector o auditor de la palabra y visor de Yahvé en cualquier criatura, sobre todo humana. En lenguaje actual, si acaso queremos verle avanzar por el camino que lleva al encuentro con Jesús, diríamos que su lugar socioreligioso de partida era este: pobreza laboriosa, modestia en aspiraciones, apertura a los demás sin blindar su yo, prontos de corazonada que frenaba en tertulias o asambleas, y abundantes lágrimas de arrepentimiento por sus errores.

A ese hombre judío, honrado, es al que sorprendió otro judío humilde, sencillo, espiritual, con bastón y concha de peregrino, que paseaba sus pensamientos humanistas y religioso por la orilla del lago. Tenía por nombre ‘Jesús’. Se había curtido de joven en Nazaret. De su casa partió, tras noches de desvelos, diciendo ‘adiós’ a sus padres para hacerse discípulo del renovador espiritual Juan Bautista, el hombre adusto del desierto con pieles de camello a los hombros.

Cuando Jesús conoció a Pedro y le habló dulcemente, el tono de su voz no era como el del Bautista, ni como el de un sacerdote o levita que sirve por turno en el Templo de Jerusalén. Se parecía más bien al tono y voz del ‘peregrino en ruta’, al de un ‘sabio’ o ‘maestro de espíritu’, gente excepcional que cuando habla, siempre enseña a vivir desde dentro, desde la hondura del corazón, desde la paz interior, desde el amor y la verdad. ¡Pedro, amigo!, le dijo, ¿quieres venirte conmigo? Soy pescador de otros mares fecundos, de otros reinos, de otras ambiciones de paz y amor. ¡Vente conmigo! 

Pedro enmudeció de momento. Pero luego respondió: ¡Gracias, amigo! Sí. Iré contigo, para que me hagas a tu medida, pues soy débil, flaco, fanfarrón y hasta traicionero… ¿Me aceptas como soy?

Vente conmigo, añadió Jesús. Te acojo como eres. Déjate transformar como yo quiero que seas, allanando colinas y elevando abismos interiores. Cuento contigo.

Fr. Cándido Ániz Iriarte 
 Convento de San Pablo y San Gregorio, Valladolid-ser.dominicos.org



Juan Bautista Enrique Lacordaire, O.P. (1802-1861)

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En el dominico francés sus firmes convicciones marcan la fama obtenida por su oratoria, con un método que hace pensar tanto al creyente, como al no creyente.

El tiempo es muy importante en las biografías. También el espacio en donde, prioritariamente, se desarrolla la vida. La del padre Lacordaire se enmarca en Francia (espacio), desde la recién y famosa Revolución Francesa y hasta comienzos de los años sesenta del siglo XIX (tiempo).

Sus biógrafos tienen especial interés en destacar que cuando nació, el 12 de mayo de 1802, un decreto del Primer Cónsul suprimía el culto público en todas las iglesias francesas. Una mala noticia para los cristianos. A pesar de ello, el pequeño miembro de la familia Lacordaire es bautizado y en su niñez recibe la primera comunión. Mantiene las creencias religiosas mientras estudia en el Liceo de Dijón, que abandona temporalmente –a los 18 años “poseído por un ardor volteriano”, dirá el mismo- cuando cursa en la Universidad la carrera de Derecho. Afortunadamente, volverá a retomarlas pronto. Con 22 años decide seguir la carrera sacerdotal llamando a las puertas del Seminario. Con 25 años es ordenado sacerdote. Desde ahora comienza su auténtica historia personal, definiendo la trayectoria del proyecto y actividades llevadas a cabo hasta su muerte.


En 1830 participa como redactor del periódico “L’Avenir” (El Porvenir, 1830), defendiendo la libertad religiosa y la renovación en la Iglesia. Sin embargo, las dudas sobre la ortodoxia, ocasionó la reprobación y cierre de la publicación. Lacordaire deja de colaborar y ofrece al papa Gregorio XVI una memoria sobre aquella aventura, sometiéndose a la decisión pontificia. Enseguida comienza su época más deslumbrante, que coincide con su acercamiento a los Dominicos. En 1839 recibe el hábito dominicano en el convento romano de La Minerva y un año después publica una Historia del fundador de los Predicadores. Pensando en Francia y el eclipse sufrido por los dominicos desde la Revolución, se empeñará en conseguir la restauración de comunidades y conventos en Francia, según justifica su libro sobre el necesario restablecimiento en dicho país. Con óptimos resultado, pues entre 1841-1850 logra crear dos territorios dominicanos (provincias de Paris y Toulouse), suprimidos en 1793. Así superaba los sinsabores sufridos por los frailes predicadores cuando, a finales del siglo XVIII, perdieron el patrimonio y la capacidad de ejercer la misión pastoral en Francia. Por todo ello, Lacordaire merecía titularse restaurador en su propia patria de los Dominicos. Una tarea importante, pero no la única. En todas las actuaciones será un ejemplo de coraje y de espíritu apostólico. Junto al éxito anterior, impulsa la congregación de Terciarios de la Enseñanza, nacida para educar a la juventud. Sin terminar el siglo XIX, éstos y otras comunidades dominicanas, padecerán el destierro por la politica secularizadora del gobierno francés, siendo acogidos en el convento dominicano de San Esteban de Salamanca y en otras poblaciones.

Este rápido recorrido por la biografía del dominico francés merece resaltar algunos rasgos. Las crisis nacionales y europeas, no frenaron su entusiasmo y valentía. Muy especialmente supo estar y aprovechar las oportunidades ofrecidas por el tiempo que le tocó vivir. Aunque por breve tiempo participó en la política (elegido miembro de la Asamblea Nacional, 1848) y en el periodismo, pronto convertido en “cuarto poder” de la sociedad, con Federico Ozanam funda La Nueva Era. Influido por la lectura del libro “El genio del Cristianismo”, su autor Chateaubriand marcará el tono apologético, defensor de la religión cristiana y el renacer religioso posterior a la revolución. En el dominico francés el coraje y ardor apostólico sale en defensa de la Revelación y de la Iglesia. Sus firmes convicciones marcan la fama obtenida por su oratoria, con un método que hace pensar al auditorio de creyentes y no creyentes destruyendo cualquier tipo de prejuicios. Por el éxito obtenido destacan las famosas conferencias que en adviento y cuaresma predica Lacordaire desde el púlpito de Notre-Dame de Paris, (1843-1851) y en otras catedrales francesas. Una fama merecida que, junto con su condición de escritor prolífico, resultó premiado al ser elegido miembro de la Academia Francesa. Sin duda, era uno de los grandes pensadores de la historia religiosa del siglo XIX y merecedor de ser contado entre las grandes figuras de la Orden de Predicadores.

Fuente: ser.dominicos.org/ Fr. Jesús María Palomares Ibáñez 
 Convento de San Gregorio y San Pablo, Valladoid

Fray José Álvarez, "el apaktone" (papaíto anciano) de los amarakairis.

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La defensa de los derechos humanos de los nativos por el P. José Alvarez, tuvo la virtualidad de unir para siempre dos culturas, dos identidades, dos evangelios, dos derechos, dos realidades.  


Desde el año 1900, y a lo largo de casi cien años, un puñado extraño de hombres y mujeres, llamados misioneros, han escrito páginas de honda profundidad humana, etnográfica y cristiana. Muchas de estas personas permanecerán en el anonimato. Pero otras, las menos, han podido ser rescatadas de los avatares de la historia.

Esta andadura misionera tiene un nombre propio, una leyenda, una señera inigualable: José Álvarez, misionero dominico, persona entrañable, de espíritu indomable, sacrificado, generoso, que hizo posible la integración de unas gentes, en un mundo hostil para todo lo que se pareciera al "hombre blanco": depredador de culturas, identidades y familia étnicas en esos recintos amazónicos. José Lavares cambió la penosa imagen de "hombre blanco", agresivo y criminal. A través del acercamiento personal, conceptos como "amigo", "hermano", "papá", "hijo" se hicieron profundamente familiares hasta la asimilación total por parte de los grupos indígenas.

La historia viva conserva la imagen viva del cariño grande hacia el Padre José en la etapa postrera de su vida: los Amarakairis, en gesto delicado, le llevaron sobre sus hombros para que los pies del misionero no se mojaran al cruzar las quebradas amigas. Con ingenuidad encantadora, querían arrancar sus pelos de la barba blanca, como si, al quitarlos, pudieran devolver a su "Apaktone" la preciosa vida que se le iba apagando.

Habían transcurrido 58 años de permanencia ininterrumpida del "APAKTONE" (Papá anciano) entre sus ríos, poblados y montes. En tantos años de actividad misionera el mensaje fue muy simple: "yo he venido para deciros que Dios es papá de todos, que todos somos hermanos, y he venido también para evitar que los hombres blancos os hagan mal, porque sabía que os hacían daño y que peleabais entre vosotros como si no fueseis hermanos. He venido a rezar para que no os pique la víbora, ni os hagan daño, ni cojáis enfermedades..." Y aquellos hombres, entregados al cariño del viejo "Apaktone", decían: "Y si sabías todo eso: ¿por qué no has venido antes?

"P. José Alvarez, "el apaktone" de los amarakairis

El reto de José Álvarez fue increíble. Era preciso y urgente contactar con los grupos humanos existentes en aquellos ríos; grupos zaheridos, perseguidos, maltratados, esclavizados, a quienes se les negaba cualquier beneficio de credibilidad. Ellos eran "criminales", enemigos del progreso, apátridas que obstaculizaban cualquier acercamiento a la unidad nacional. Como consecuencia de ello, la aniquilación de estos grupos suponía "un beneficio" a la añorada integración.

Frente a este primer reto, se encontraba el más importante: devolver a los nativos los derechos perdidos, especialmente el derecho a su identidad, a ser respetados en el entorno de sus ríos y con absoluta paz para sus familias. Por ello luchó infatigablemente para devolver al nativo sus derechos como personas, como grupos y como familias étnicas.

La relación del "hombre blanco" con los grupos tribales pasaba por momentos de crisis insalvables. Para los blancos, los llamados "Mashcos", no tenían ningún derecho. Eran enemigos declarados. El misionero José fue entrando poco a poco en sus vidas. Los continuos viajes, los esfuerzos por establecer un diálogo, las innumerables expediciones por aquellos ríos, las tentativas por tierra, aire y ríos difíciles hicieron posible el "contacto" real, exponiendo muchas veces su vida; y acude a ellos, entabla un diálogo en su propio terreno. Lógicamente el valor, la generosidad y la entrega del extraño hombre debió cautivar el corazón de los habitantes "temibles” de la selva.

Conocer al viejo "Apaktone", escuchar sus palabras en el idioma de ellos, comprobar el afecto, rayando en manifiesto cariño, experimentar la bondad de aquel solitario soñador que ofrecía amistad, hermandad y paz sin límites supuso una experiencia inolvidable; y, de pronto, se produce un vuelco: los nativos comienzan a velar por los derechos del misionero. Los corazones de los Amarakairis quedan subyugados por la fuerza del amor. A partir de ese momento, los nativos otorgan al "Apaktone" todos los derechos disponibles: pertenencia a la familia, participación en los ritos sociales, acogida sin límite, confidencia en los misterios religiosos ancestralmente guardados. José Álvarez será considerado como padre, hermano y amigo. El "Apaktone" será refugio de tristezas, sanador de dolencias, rezador de causas perdidas, referencia del bien. Su sola presencia apaciguaría ánimos violentos, calmando tempestades, diluyendo pequeñas rencillas en sentimientos de jovialidad compartida. Su recuerdo vive y seguirá vivo.

La defensa de los derechos humanos de los nativos y la defensa de los derechos humanos por Padre José Alvarez, tuvo la virtualidad de unir para siempre dos culturas, dos identidades, dos evangelios, dos derechos, dos realidades. El resultado fue el nacimiento de una liberación en el sentido más genuino, más humano y más cristiano: la liberación de una humanidad asequible para los habitantes de las dos orillas; porque las culturas se reducían a una auténtica, el evangelio era común, los derechos confluían en el hombre, único e irrepetible, y las realidades gozaban de una fuente común que alimentaban multitud de quebradas amigas.

Este apóstol tuvo una gran familiaridad con Dios. Habló mucho y muchas veces con él. En las playas, en los peligros, en las necesidades, en los gozos, dirigía su plegaria confiada al Padre Providente. Con frecuencia el instrumento para hablar con Dios residía en el pequeño rosario que iba desgranando a través de sus dedos callosos. Habló tanto y tantas veces con Dios que no perdía ocasión de hablar de Dios a sus queridos "hijos del monte". Es el sello de los santos. 


Fr  Juan José Larrañeta Olleta 
 Convento San Valentín de Berrio Ochoa, Villava-http://ser.dominicos.org/

Fray César Valero Bajo es el Nuevo Promotor General de las Monjas

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El Maestro de la Orden, fr. Bruno Cadoré, acaba de nombrar a fray César Valero Bajo  como Promotor General de las Monjas. Dicho hermano es miembro de la Provincia de Nuestra Señora del Santo Rosario y reemplaza a fr. Brian J. Pierce que acaba de finalizar su mandato.       

 César Valero Bajo

PRESENTACIÓN

Me llamo César Valero Bajo, y soy fraile dominico. Mi vida comienza el verano de 1956 en un pequeño pueblo de la comarca de Tierra de Campos en la provincia de Valladolid, llamado Santervás de Campos, en España. Inicié  mis primeros pasos en el aprendizaje en la escuela de mi pueblo y más tarde en el colegio de los frailes dominicos en Arcas Reales, Valladolid; completando los cursos de bachillerato en el instituto Alonso de Madrigal en la ciudad de Ávila.

¿Se fueron consolidando en esos años mis inquietudes vocacionales? Es muy probable que sí. Lo cierto es que el verano de 1973 inicié el año de noviciado en el convento de Santo Domingo, en Ocaña (Toledo), y con luces y sombras he caminado por estas sendas del seguimiento del Señor Jesús hasta este momento.
Completé mis estudios de filosofía y teología en el convento de frailes dominicos de San Pedro Mártir, en Madrid, donde con otros cinco compañeros fuimos ordenados sacerdotes el 18 de marzo de 1980. Más tarde siguieron años de estudio y especialización: de lenguas clásicas en Salamanca, de teología pastoral en Madrid; y tareas y responsabilidades para el servicio al pueblo de Dios desde el ministerio sacerdotal en la parroquia Ntra. Sra. del Rosario, en Madrid, y en el colegio donde inicié mi conocimiento de los dominicos en Valladolid. También pasé un breve período de tiempo, cuando despedíamos al siglo XX, en Hong Kong, donde los dominicos de la provincia a la que pertenezco, Ntra. Sra, del Rosario, tienen en este momento la sede provincial. Fue interesante el encuentro con aquella cultura y aquellas gentes.

Después de un tiempo animando la vida de mis hermanos dominicos en España, la obediencia me condujo a una pequeña comunidad dominicana llamada San Martín de Porres, en Móstoles (Madrid), desde la que he colaborado en la pastoral de la parroquia que allí se nos ha confiado; y también desde la que he atendido cuantas invitaciones a la predicación llegaron hasta mí. Todo ello lo he simultaneado con la dirección del Centro de Comunicación y Predicación que los dominicos de Portugal y España establecieron en 2008 en el convento San Pedro Mártir de Madrid, y con atención pastoral sanitaria en el Hospital Universitario de Móstoles (Madrid).

Por último, Fr. Bruno Cadoré, Maestro de la Orden de Predicadores, me ha pedido este nuevo servicio de Promotor General de las Monjas. Ahora, al escribir estas líneas en el convento de Santa Sabina, en Roma, pienso en todas las hermanas dominicas de vida contemplativa esparcidas por el ancho mundo, y no puedo menos de evocar el deseo de nuestro Padre Santo Domingo, quien “encomendó las monjas, como parte que eran de la misma Orden, a la solicitud fraterna de sus frailes”; a él le ruego nos ayude a seguir haciendo realidad esta su inquietud.

El Laicado Dominicano y la Predicación

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“¡Ay! De nosotros si no evangelizamos” (cf. 1 Cor. 9,16) 

El Laicado Dominicano y la Predicación

Este año 2014 con el Lema: “Derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad. Tus hijos e hijas hablarán de mi parte, los ancianos tendrán sueños y los jóvenes verán visiones” (Joel 3,1): El Laicado Dominicano y la Predicación, la Fraternidad de Laicos Dominicos de Guadalajara, Jalisco México, juntamente con las Hermanas de Vida Contemplativa del Monasterio de Jesús María, con la Autorización del Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara y también Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, han emprendido un Apostolado, cuyo fin principal es la Evangelización y Catequesis acerca del Tema: LA SANTIFICACION DE LAS ALMAS y LA GLORIFICACION DE DIOS en relación a lo dice el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC):  “824 La Iglesia, unida a Cristo, está santificada por Él; por Él y en Él, ella también ha sido hecha santificadora. Todas las obras de la Iglesia se esfuerzan en conseguir "la santificación de los hombres en Cristo y la glorificación de Dios" (SC 10). En la Iglesia es en donde está depositada "la plenitud total de los medios de salvación" (UR 3). Es en ella donde "conseguimos la santidad por la gracia de Dios" (LG 48).”

Dicha Catequesis va acompañada de aquellos en quién la Iglesia ha cumplido este Fin, esto es los Santos que ella misma ha declarado como ejemplos de virtud y que, en virtud a su unión con Dios en el cielo, interceden por nosotros en la tierra, nos dan ejemplo y nos guían en el camino a la santidad, ayudándonos a crecer en virtud.

Con ello se ha querido rescatar una de las expresiones de la Piedad popular como lo es la Veneración  a las Sagradas Reliquias, expresiones de Fe, que prolongan la vida litúrgica de la Iglesia, mas no la sustituye (CIC 1674).

Que más que los Santos y Beatos que tuvieron como modelo a Jesucristo nuestro Señor, quién fue el centro de sus vidas, pueden ayudar a la Sociedad de hoy a recordarnos que todos estamos llamados a la Santidad y a vivir en el seno de la Iglesia como discípulos y misioneros de Cristo que es Camino, Verdad y Vida.
Ellos, ayudan a transmitir el mensaje del Evangelio en su máxima expresión, ya que fueron hombres y mujeres evangélicos que  en medio del mundo han sido luz del mundo y sal de la tierra, lo cual nosotros también estamos llamados a ser en Cristo.

Así, siendo conscientes de la Unión con Cristo mediante los Sacramentos que da Vida a la Iglesia, el hombre madura como miembro del cuerpo místico de Cristo para darse a los demás y ser así canales por donde fluye la Gracia de Dios.

Con la Vida y Ejemplos de los Santos y Beatos de la Iglesia, que se hacen presentes en estos encuentros que realiza la Familia Dominicana del Monasterio de Jesús María en Guadalajara, México, mediante las Sagradas reliquias que se exponen, se experimenta la Comunión de los Santos ya que por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos a Cristo, consolidan más firmemente a la Iglesia en la Santidad. No dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra. Su solicitud fraterna ayuda pues mucho a nuestra debilidad. (CIC 956) y de la misma manera nuestras oraciones son escuchadas por Dios, por los méritos de Cristo, por nuestros hermanos que peregrinamos en este mundo y por aquellos que fueron llamados por el Señor y que se purifican antes de ser glorificados.

Roguemos a Dios porque podamos decir igual que Santo  Domingo dijo en el lecho de la muerte: “No lloréis, os seré mas útil en el Cielo”, por eso recordemos las Palabras del Señor (Lev 20, 26): “Sed santos para mí, porque yo, Dios, soy santo, y os he separado de las gentes para que seáis míos”.

Roguemos a Dios que el ejemplo de María, nuestra madre y maestra, nos impulse a encarnar en nosotros, en nuestro corazón, a su Hijo, y ser así verdaderos Hijos de Dios, y predicadores de la Buena Nueva.
Gracias por permitirme compartir esta experiencia que encaja bien con el año que vivimos en este caminar hacia el Jubileo del año 2016.

Nuestros Mejores deseos en este año que inicia a todos los Laicos del mundo.
Adjunto al presente la Catequesis que menciono.


Sr. Fernando Vargas, O.P.
Guadalajara, Jalisco
Provincia de Santiago de México

7 NUEVOS PRESBÍTEROS Y 4 DIÁCONOS EN LA PROVINCIA DE COLOMBIA

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4 DIÁCONOS EN LA PROVINCIA DE COLOMBIA

En el templo del Convento de Santo Domingo de la ciudad de Bogotá, el domingo 3 de noviembre de 2013, a las 10:00 de la mañana, celebraron su ordenación presbiteral por imposición de manos de monseñor Jorge Leonardo GÓMEZ SERNA, O.P., los siguientes hermanos fr. John Fredy PENAGOS GRANADA, O.P.fr. Germán FLÓREZ MOLINA, O.P.fr. Leonardo Fabio OROZCO GUTIÉRREZ, O.P.fr. Edwin MEJÍA MENESES, O.P.fr. Jaime Andrés MARTÍNEZ ROMERO, O.P.fr. Álvaro Luis GALLÓN RIVERA, O.P. fr. Juan Pablo ROMERO CORREA, O.P.

En 12 de octubre recibieron su ordenación diaconal por imposición de manos de moseñor Omar Alberto SÁNCHEZ CUBILLOS, O.P., fr. Álvaro José ARAN­GO RESTREPO, O.P., fr. Javier Aníbal MORE­NO MOJICA, O.P., fr. Sergio Andrés MENDOZA VARGAS, O.P. y fr. Juan Francisco CORREA HI­GUERA, O.P.
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LA ORDENACIÓN DE SIETE DOMINICOS BIRMANOS

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Fue éste el evento más importante y esperado que íbamos a presenciar: la ordenación de siete dominicos birmanos hermanos nuestros (5 de sacerdotes y 2 de diáconos). La ceremonia tuvo lugar en la mañana del día siguiente, 24 de noviembre, festividad de Cristo Rey, Patrón de la Catedral de aquella ciudad de Loikaw.

LA ORDENACIÓN DE SIETE DOMINICOS BIRMANOS

Ver para creer. 

Ni la vieja ni la nueva catedral podían contener los miles de peregrinos venidos a la fiesta. Gentes procedentes de la ciudad y de las montañas lejanas, ataviadas con sus trajes típicos, llenaban el contorno. Había un ambiente festivo en el aire. Eran las siete de la mañana de aquel domingo y ya más de 200 niños y niñas en traje de primera comunión esperaban impacientes en dos filas el inicio de la procesión de los 104 sacerdotes concelebrantes hacia el altar colocado en una explanada cercana. Tres bandas de música acompañaron hasta el altar la larga cola de acólitos, niños, ordenandos con sus familiares, sacerdotes concelebrantes, y los dos obispos.

Llegados al altar, el obispo del lugar, Sotero Phamo, me dirigió una palabras de bienvenida, a mí y a los frailes de la Provincia allí presentes. Tuve que corresponder desde el ambón con unas palabras espontáneas que, traducidas a la lengua vernácula a través de los altavoces, pusieron el tono a la celebración que iba a dar comienzo: “Es una alegría para mi y para mis hermanos dominicos estar aquí hoy celebrando con vosotros la fiesta de Cristo Rey. Somos un grupo de dominicos venidos de distintos lugares: Hong Kong, Macao, Filipinas, Roma… Hemos venido no como turistas sino como peregrinos a acompañar al grupo de siete hermanos nuestros de esta diócesis de Loikaw que hoy se ordenan de sacerdotes y diáconos. Es la primera vez que esto sucede y por ello un acontecimiento histórico para nosotros, para la Orden dominicana y para la Iglesia, hecho posible gracias a vuestro obispo Sotero, a quien estamos profundamente agradecidos, y al obispo auxiliar Stephen que gentilmente ha aceptado ordenar a nuestros hermanos. Nos impresiona el colorido y la belleza del ambiente, vuestra religiosidad, vuestra fe viva. En pocas partes del mundo puede hoy día contemplarse el espectáculo que nuestros ojos tienen delante. Muchas gracias por vuestra hospitalidad y por el amor que mostráis a nuestros hermanos dominicos que hoy se ordenan y que quedarán aquí con vosotros para serviros y acompañaros. Que el Señor os bendiga y mantenga viva vuestra fe. Al regresar a nuestros lugares os llevaremos a todos en el recuerdo y en la oración. Gracias y Feliz Fiesta a todos!”


Un coro de trescientas personas, secundado por la multitud asistente, cantó la Misa en melodía gregoriana: Kyrie, Gloria, Sanctus, Agnus Dei. Una melodía nueva para mi aunque bastante pegadiza. Con un ritmo impactante fueron transcurriendo las casi tres horas que bajo un sol de justicia duró la celebración de la ordenación, con los momentos consabidos (letanía de los santos, imposición de manos, abrazos de bienvenida, etc.), a veces un tanto emotivos por la peculiaridad de la ocasión.  Verdad es aquello de que para no caer víctima de emociones uno tiene a veces que imaginar que nada está pasando, cuando en realidad algo y muy significativo está de hecho pasando. Algunos sembraron para que hoy otros podamos recoger los frutos de su trabajo. Mi profunda gratitud a quienes iniciaron la misión de la Provincia en Birmania y a quienes a través de estos últimos años han trabajado en la formación de nuestros jóvenes.

La ordenación del primer grupo de dominicos nativos birmanos, la apertura de una casa de la Orden en Loikaw, y la profesión solemne de dos jóvenes del lugar en la Provincia son acontecimientos muy importantes en la historia de nuestra misión que querido compartir con todos. Ojalá que esta clase de eventos despierte en nosotros una sentida acción de gracias a Dios, nos ayude a elevarnos sobre nuestras miserias, nos haga superar las crisis y nimiedades existentes en nuestras comunidades y, en una palabra, nos capacite para mirar al futuro con esperanza. Así se lo pido a Dios.

Dos nuevos presbíteros en la Prov. de Santiago de México

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Ordenación de dominicos en México

Ordenación de dominicos en México

La Comunidad del Convento de Santo Tomás de Aquino estuvo de manteles largos por la ordenación presbiteral de nuestros hermanos Jacobo de Jesús Oviedo Álvarez, O.P. y Javier Armenta Suárez, O.P.
El sábado 23 de Noviembre tuvo lugar este acontecimiento lleno de gozo y esperanza para nuestra Provincia de Santiago de México, para la Orden de Predicadores y para toda la Iglesia.

Jacobo y Javier, oriundos del D.F. y de Puebla respectivamente, terminaron su formación institucional que durante diez años los preparó, no sólo en el aspecto intelectual sino en un ámbito integral. Ahora están listos para seguir siviendo en el ministerio que la Iglesia les confiirió, manifestando su decisión en un testimonio veráz de Cristo.

Jacobo se integrará a la comunidad de San Francisco del Rincón, Gto, casa del Postulantado de nuestra Provincia. Y por otro lado, Javier se integrará a la comunidad de Santo Domingo de Oaxaca.

Esta fiesta estuvo animada por la asistencia de varios hermanos de la Provincia, de familiares, amigos y la Comunidad del Convento.

¡Damos gracias a Dios por las bendiciones que derrama a la Iglesia a través de nuestros dos queirdos hermanos!

¡FELICDADES JACOBO Y JAVIER!

El actual maestro de la Orden, habla de su vocación

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En una entrevista hecha el día de su elección como maestro de la Orden, fr. Bruno Cadoré, nos habla de su vocación.


El Maestro de la Orden nos habla sobre su vocación. Fr. Bruno Cadoré es el último sucesor de santo Domingo, elegido como tal el 5 de Septiembre de 2010 en Roma. Esta entevista fué realizada por nuestros amigos de jóvenes OP, con el fin de darlo a conocer a los jóvenes. Así nosotros, retomando este fin, os lo publicamos para cercaros, también, la figura de fr. Bruno. Que lo disfrutéis.


Santo Domingo de Guzmán: compasivo y libre

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Santo Domingo comprendió que el Evangelio nos dice que para ser felices no hay que evitar la realidad que nos rodea, sino partir de ella; no obviarla, sino hacerla presente.



SOLEMNIDAD DE NUESTRO PADRE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

Mis hermanos más jóvenes me han pedido la enorme responsabilidad de hablar un poquito sobre nuestro Padre Santo Domingo. Tengo que reconocer que cada vez que me piden que hable o escriba sobre Domingo me estremezco, ya que significa e implica hablar o escribir sobre el por qué decidí ser dominico y sobre algo que es más comprometedor aún: por qué sigo siéndolo.

De Santo Domingo y su carisma me enamoré hace ya bastantes años; me cautivaron muchas cosas como por ejemplo la sencillez de nuestro padre. Santo Domingo rechazó todo sentimiento de superioridad porque sabía que rechazarla significaba estar más cerca de la verdad; estar más cerca de Dios. La alegría de Domingo tampoco me pasó desapercibida. Descubrir esta alegría es percatarse de que en nuestra vida se pueden dar encuentros verdaderamente auténticos, es decir, sin máscaras; encuentros que muestran delicadeza y amabilidad porque es posible desatar nudos haciendo posible una verdadera convivencia. Otro aspecto considerable fue la búsqueda incesante de la verdad que forjó el carácter de Santo Domingo; por eso quiso que en su vida y en la de sus frailes estuviera siempre presente la necesidad de diálogo y comprensión. Santo Domingo nos dejó como herencia el que seamos deseosos de aprender, para que trasmitamos lo aprendido y de esta forma calmar el hambre de justicia que hay en este mundo nuestro tan convulso. Pero yo quisiera destacar una faceta, o mejor dicho, una virtud que poseía Santo Domingo: la compasión. Como dominico creo que no puedo saltarme esta realidad fundamental, con la que me siento cada vez más identificado y la cual hace que me cuestione cada día mi vocación, es decir, mi ser fraile dominico.


Analizando la vida de Santo Domingo entiendo la compasión como sentir con…estremecerme ante… no pasar de largo… que no me sea indiferente… Nuestro padre oteó la realidad que se imponía en su tiempo y vio cómo la gente estaba desatendida y sin rumbo. Ante esta situación decidió entregar y gastar su vida entera para predicar en aquella sociedad dónde estaba la Verdad. Ante este hecho de la vida de Santo Domingo me surge una cuestión: ¿Qué puede significar sufrir con los otros y por los otros? Creo que es evidente que hablo del sufrimiento, del mal en la sociedad, en el mundo; de el por qué la gente no es del todo feliz. Santo Domingo creía, y por eso lo predicaba, que la felicidad está en el Evangelio. Sabía que en el mensaje de Jesús está la felicidad de todo ser humano; de toda la humanidad. Y es que Santo Domingo comprendió que el Evangelio nos dice que para ser felices no hay que evitar la realidad que nos rodea, sino partir de ella; no obviarla, sino hacerla presente.

Santo Domingo entendía la compasión como la respuesta al sufrimiento ajeno, por eso, la compasión tiene que ser nuestra respuesta ante la falta, en el otro, de lo necesario; ya sea material o espiritual. Tiene que ser nuestra respuesta inmediata, movernos inmediatamente y sin pensarlo, reaccionando ante el sufrimiento de quien me necesita. Esto forma parte de lo que significa ser humano; esto es lo que se nos pide en el Evangelio y que nuestro padre Santo Domingo hizo fielmente.

Cuando contemplo y rezo ante una pequeña imagen de Santo Domingo que hay en el oratorio de mi convento, pienso que nuestro padre alguna vez sintió, bien adentro, que se encontraba soportando el peso del mundo, el peso de la humanidad. Que sentía una inquietud sin tregua porque quería abrazar a todo el mundo, salvarlo... y en ese momento de oración me pregunto: “Jesús ¿Has sentido alguna vez, que ser persona es abrazar compasivamente, maternalmente, al otro que me descoloca y me altera, como lo hizo tu padre Domingo?”.

Es cierto que la compasión no resuelve el problema de esta sociedad en que vivimos llena de tantos sinsentidos; pero sí creo que desde la compasión se afronta e incluso se lucha contra dicho problema con una actitud muy concreta: la del amor. Por tanto, seremos felices de verdad y será la hora de la felicidad para quienes, a través del mundo actual, creyentes o no, han elegido desde el fondo de su libertad el camino de la compasión y lo siguen día a día, de manera discreta, secreta, real, con hechos, como lo hizo Santo Domingo de Guzmán.


 Fr. Jesús Mendoza González 
  Real Convento de Nuestra Señora de Candelaria, Tenerife




Voluntarios en Misión: LIUBA USECHE (colombiana)

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LIUBA USECHE (colombiana), nos comparte su experiencia como voluntaria de DVI en Cuernavaca, México

Después de 6 meses de haber emprendido esta etapa como voluntaria dominica tan sólo puedo dar gracias a Dios, al Voluntariado Internacional Dominicano, a mi comunidad de envío, de acogida y a mi familia por haberme permitido vivir la experiencia más enriquecedora de mi vida.

El  tiempo que he pasado en México me ha permitido vivir el amor de Cristo a través de cada persona, descubrir en un mundo lleno de injusticia a una Iglesia más humana, a Jesús en cada rostro caminando junto a los más vulnerables y llamándonos a reivindicar la dignidad humana por medio del amor al prójimo.

México ha logrado renovar la fe católica en mí, me ha enseñado por medio del servicio que cuando existe voluntad, amor y esperanza, las barreras se vuelven irrisorias y sin importar nuestro lugar de procedencia, situación económica o social, somos capaces de lograr grandes cambios, ya sea la construcción de una casa o el sacar una sonrisa en tiempos de desesperanza.

Estos seis meses he tenido la oportunidad de compartir con personas maravillosas que de una u otra forma se vinculan al Centro de Cuernavaca para el Diálogo Intercultural y Desarrollo –CCIDD-, lugar en donde me encuentro haciendo mi voluntariado, ellas me han enseñado mucho y estoy segura que han vuelto a sus habituales contextos siendo mejores personas impulsadas por un nuevo aliento de búsqueda de justicia social.

Agradezco especialmente a la Familia Dominicana en México, a las Hermanas Kathy, Aline y Rosa, cuya tenacidad, inteligencia y ternura me han motivado durante este viaje, ellas me han cuestionado y han sembrado en mí caminos de paz, ellas  junto a las experiencias vividas, han aportado a mi crecimiento profesional  como comunicadora social y aún más importante, me han vuelto un mejor ser humano.

En esta experiencia he comprendido el verdadero sentido que tiene el título de mi profesión: Comunicación Social para la Paz, he logrado encarnar con más fuerza el discurso que se suele manejar en las ciencias sociales durante mi trabajo con los habitantes de Patios de la Estación, barrio que no goza de las condiciones necesarias para una vida digna, al ver en cada persona un fin en sí mismo y no un medio para lograr una investigación, he descubierto en ellos una segunda escuela que se abre ante mí sin limitaciones y sin pedir nada a cambio, brindándome el sustento vivencial que no puede aprenderse en los salones convencionales en ningún lugar del mundo.

Este lugar no ha sido solamente una segunda escuela, sino un hogar para mí, pues un hogar no se conforma a partir de personas que están unidas por códigos genéticos, sino por aquellos que no teniendo aparentemente nada en común, están unidos por lazos de amor. Las mujeres del centro comunal de Patios de la Estación en este sentido conforman un hogar maravilloso, son un vivo ejemplo del evangelio, pues sin obligación alguna cuando tuve hambre me dieron de comer, cuando tuve sed me dieron de beber y cuando quise cariño, sus brazos se abrieron para amarme.

Siempre he sido una persona comprometida con lo que hace, la responsabilidad y la conciencia crítica que he fortalecido durante el voluntariado me han hecho repensar cual es nuestro papel en un mundo que llevado por dinámicas individualistas es cada vez más deshumanizante. Esto nos supone un gran reto y compromiso no sólo como católicos, sino como seres humanos, al encontrar a Dios en cada parte, en cada persona y actuar conforme a ello sembrando vida, fe, esperanza, justicia y amor, especialmente a quienes hemos nacido en medio de condiciones que nos garantizan vivir dignamente, estudiar, ejercer una profesión, entre otros, pues estas experiencias nos enseñan que el compromiso va más allá de una calificación, reconocimiento en nuestros campos profesionales o satisfacción de egos personales; es el compromiso que tenemos al explotar nuestros talentos en pro de un mundo mejor.

Mi compromiso es la búsqueda de transformaciones en  la realidad sin importar en cual lugar me encuentre, la verdad y la justicia a través de mi intervención profesional, de mi actuar dominicano y mi fe en Dios, contribuyendo a la construcción y fortalecimiento de espacios participativos de diálogo, concertación, esperanza y respeto al servicio de la paz.

Espero que como yo, más personas se animen a participar del Voluntariado Internacional Dominicano, a asumir el reto y dirigir sus vidas de acuerdo al legado que Jesús nos dejó. Bendiciones a DVI, esperando que todos los que formamos la gran Familia Dominicana sepamos encontrar alegría en las acciones que desempeñamos. Un abrazo de aliento y sincero afecto desde México.

EL RETO DE VIVIR EN COMUNIDAD

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Existimos para la predicación del Evangelio desde hace casi 800 años. Y todos los elementos de nuestra vida (además de la comunidad están el estudio, la oración y la mirada compasiva sobre la realidad) se subordinan a esa misión que la Iglesia nos ha encargado.


  “Lo primero para lo que nos hemos congregado en comunidad es para vivir unánimes en casa, teniendo una sola alma y un solo corazón en Dios”. Con esas palabras comienza la Regla de San Agustín, que santo Domingo adoptó para su Orden y que sirven de marco a nuestras Constituciones. Los dominicos nos sentimos llamados a vivir en comunidad, pero no de cualquier forma, sino construyendo la unidad y viviéndola desde Dios.

Todos estamos llamados a la comunidad. ¿Alguien podría imaginarse a un ser humano solo o al margen de los demás? Sabemos que la plenitud de nuestra existencia está en vivir junto a otros, sencillamente porque nos necesitamos, nos complementamos. Esta necesidad de las personas se prolonga también a nuestras instituciones, a nuestras obras. Lo mejor que tenemos nos es dado o lo hemos aprendido de los demás: en la familia, en las relaciones de amistad, en el ámbito lúdico, educativo o laboral. También la fe se vive en comunidad, ¡así lo experimentó Jesús rodeándose de discípulos a los que se atrevió a llamar “amigos”! Por eso cualquier camino de fe dentro de la Iglesia no puede prescindir del elemento comunitario. La misma vida religiosa tiene como nota esencial el valor de la comunidad.


Y si todo es comunidad, ¿cuál es la nota que define y caracteriza a aquella que dominicos y dominicas nos empeñamos en construir? ¿Qué es lo propio de la comunidad dominicana? Existimos para la predicación del Evangelio desde hace casi 800 años. Y todos los elementos de nuestra vida (además de la comunidad están el estudio, la oración y la mirada compasiva sobre la realidad) se subordinan a esa misión que la Iglesia nos ha encargado.


La comunidad es la escuela donde se aprende a predicar, el lugar donde se engendran y experimentan los valores evangélicos que luego se transmiten a los demás. Pero también es el espacio donde se hace creíble lo predicado; porque no es lo que uno habla sino lo que uno vive lo que convence y contagia.

Por eso Domingo llamó a las primeras comunidades “Casas de Predicación”, no tanto porque fueran habitadas por predicadores sino porque su simple existencia pretendía ser ya un auténtico y creíble signo del Reino, un oasis de vida evangélica, un lugar donde el dominico fuese continuamente engendrado. Sí: la comunidad nos hace siempre nuevos, evita el envejecimiento del corazón, exige estar a la escucha, aviva los deseos de conversión, actualiza la vocación. ¡Por eso nuestras comunidades están siempre “en construcción”!


Para su proyecto se fijó Santo Domingo en la vida apostólica de la primera generación cristiana: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, la fracción del pan y las oraciones; todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común; alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo” (Hch 2, 42ss). Y comprendió que todo movimiento de renovación en la Iglesia, todo proceso de crecimiento en la fe, debe pasar por esa misma experiencia.


Muchos hemos sido atraídos a la Orden por su vida comunitaria. Tal vez por su realismo y riqueza, por la libertad tan dominicana, por nuestro estilo democrático, nuestra alegría y buen humor, por la amistad entre los hermanos (y hermanas) que deseamos construir, por la calidez de nuestras relaciones. Esto, que no siempre es tan fácil como se puede pensar, sigue siendo una exigencia y un compromiso en el que intentamos poner lo mejor de cada uno. Sólo así podemos hacer más creíble la Palabra que predicamos y que se nos revela junto a los hermanos y por medio de ellos.



Y algo más todavía: estamos reunidos para ser parábola de la misma Trinidad, de ese Dios que es comunidad y que desde la diversidad crea la unidad, profecía para el mundo. Nos reunimos como hermanos para ser signo de la Belleza del Señor que se deja ver “donde dos o más se juntan en su nombre”. Vivimos juntos para anunciar que toda la humanidad está llamada a la solidaridad fraterna y a la comunión con ese Dios que tiene un plan de amor y eternidad para todas sus criaturas.

   Fr. Francisco Javier Garzón Garzón 
 Real Convento de Predicadores - Valencia

Una vida en plenitud

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Estas cuatro palabras podrían resumir la vida de nuestra Hermana SOR Celia Marcos Franco que el día 20 de marzo cumplió 100 años. Al ser día laboral trasladamos la celebración al sábado día 23. Nos acompañaron la Priora Provincial y varias hermanas de otras Comunidades, algunas sobrinas y los empleados de la casa.



Nada mejor para resumir su vida que la monición de entrada que hizo Sor Aurora Llamazares al comenzar la Eucaristía que celebró el Prior del Convento de los dominicos de San Pablo, P. Antonio Abad:

“ Un gran día y un gran acontecimiento celebramos hoy, dentro de lo que supone la sencillez de nuestra vida y la marcha de nuestra comunidad.

Uno de sus miembros, Sor Celia, cumple 100 años, todo un siglo de vida y de historia.
Tenaz, intrépida, soñadora, constante, fuerte como la roca, que azotada por el viento adquiere más solidez, ha ido día a día labrando un futuro, una obra, una presencia...

La fortaleza se entrena y se va configurando en la adversidad. En su juventud y formación religiosa la presencia de las revueltas y la intolerancia hará que sea acogida, con las demás postulantes y novicias en Portugal.

Años más tarde, atisbando mares, partió para Filipinas muy joven y de allí a China venciendo vientos y tempestades. Su “buena vista” herencia de su pueblo natal (Buenavista de la Valdavia), la hacía avistar lo mejor y seguir sin miedo a la búsqueda de una misión vocacionada de comunicar el mensaje de Jesús y humanitaria, dura muchas veces, pero no menos apasionante.

Aquellas niñas de las Santas Infancias y los niños de la catequesis, cuyos rostros adultos pudo reconocer en su segunda visita a China en el año 1989, tendrían mucho que decirnos de sus años infantiles marcados por las peculiaridades propias de la época, la edad y las circunstancias de ese tiempo. Con qué énfasis nos ha narrado tantas veces aquellos dos años de permanencia en la casa por no querer dejar a las niñas, con los mandos militares que seguían todos sus pasos y la pregunta ban ¿por qué vistes así? A lo que ella respondía: y tú ¿por qué vistes así? Es mi uniforme, contestaba el interpelado; “pues éste es el mío”, respondía el la entre firme y dialogante.

Duros años que sólo la juventud y la fuerte convicción de fe ayudan a afrontar y superar.
Con el correr de los años, deja el lejano Oriente y regresa a España con condiciones más favorables... hasta llegar a parar a Palencia su provincia.

A Sor Celia la recuerda todo el barrio visitando enfermos y ancianos, poniendo inyecciones, hablando con chicos del barrio poco convencionales...


Hoy es un día para recordar, para dejar paso a la nostalgia... pero sobre todo para agradecer. Y para eso estamos aquí, para dar gracias a Dios, dador de todo bien, por su vida, por su vocación cristiana y religiosa, por todo lo que a lo largo de los años ha ido aconteciendo, porque todo ello es huella del paso de Dios en su vida y en su historia personal. Seducida por la llamada y la persona de Jesús emprendió su camino al estilo de Sto. Domingo, fiándose de su palabra y con el oficio, como diría el apóstol Pablo, de dar a conocer el evangelio.

A lo largo de la experiencia de su vida, Jesús resucitado la convoca en torno “al lago” de las circunstancia de la vida y cuenta con ella en ese encuentro personal. Más de una vez, habrá también sentido en su interior, en estos años donde se queja de no tener nada qué hacer, aquella voz de Jesús a Pedro que decía... “Cuando eras joven ibas donde querías...”

Andariega por naturaleza, ocurrente y de rápido reflejo está dejando una larga huella. Sus dichos, sus poesías, sus canciones, dan fe de su memoria privilegiada.

Damos gracias a Dios junto con nuestra hermana Sor Celia Marcos Franco”.

En el momento de las ofrendas, junto con el pan y el vino, no podían faltar las flores, una de sus grandes pasiones y el bastón que no sólo es un apoyo, sino también un elemento de compañía, algo así como un compañero de camino. 
Después de la Eucaristía Sor Celia nos deleitó con sus poesías y canciones, disfrutó con los regalos... A continuación compartimos la comida y con gran aplomo sopló la velas de la tarta.
Podemos concluir con el Salmo 92 : “El justo florecerá como la palmera, aun en la vejez fructificará..., para anunciar que Yaveh es recto”.

Retiro Vocacional de Semana Santa: MEXICO.

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A todos los interesados toda la información del retiro de Semana Santa “La libertad de ser solamente Predicador".

http://4.bp.blogspot.com/_WH7KOB_A2V0/ScfiR-qDfgI/AAAAAAAAATM/JyNomlj_7Hc/s400/fd18.jpg

1. Fecha: Iniciará el Jueves Santo 28 de marzo a las 13:00 horas y terminará el 31 de marzo domingo de Pascua a las 11:00 horas.

2. El lugar: Será en el convento del noviciado, san Luis Beltrán, mejor conocido como Agua Viva, en Amecameca, Estado de México.

3. ¿Cómo llegar? Hay varias rutas y propuestas:

a) Para los que viven en esta zona de Guanajuato, Aguascalientes, Michoacán, Jalisco, San Luis Potosí, Zacatecas, están cerca de nuestra casa del Postulantado en san Francisco del Rincón, Gto. En este caso pueden viajar y los esperamos el miércoles 27 de marzo para hospedarse en el postulantado. El jueves muy temprano en caso de ser varios saldrían con alguno de los frailes a la casa de retiros de Agua Viva en autobús de la central de León. Cada uno paga su pasaje, si no son más de cinco se van en vehículo y no necesitan pagar pasaje . La casa Beato Jordán de Sajonia está ubicada en: Boulevard Domingo Velázquez No. 815. Fraccionamiento El Paraíso, san Francisco del Rincón, Gto., Tel.: 01-476-744-33-05. Quienes deseen hospedarse aquí les agradeceré me avisen con anterioridad para preparar su hospedaje.

b) Los que vienen de otras partes de la República Mexicana o cerca del DF. Te ofrecemos la posibilidad de transporte. El jueves 28 de marzo nos vemos en la terminal de la Tapo del DF, a las 10:00 horas en la sala de espera de la ADO. Al concluir el retiro nuevamente un transporte los regresará a la Tapo. La terminal Tapo está en el metro san Lázaro.

Los que ya saben llegar o quieran llegar por cuenta propia, les recuerdo la dirección del convento de Agua Viva: Calle 10 de Mayo, No. 12, Santiago Cuauhtenco, Amecameca, Estado de México, tel (01-597) 978-02-00 y 978-13-50

1. Donativo: Para el retiro les pedimos un donativo de $500.00. Quienes no puedan aportar esta cantidad, o solo puedan aportar parte de esta cantidad, les pido me lo hagan saber. Se que algunos de ustedes vienen de lugares lejanos y de distintas situaciones económicas. Esto no debe ser un inconveniente para vivir esta experiencia.

2. ¿Qué es lo que deben traer? En primer lugar mucho entusiasmo y deseo de celebrar los misterios de la pasión y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. En segundo lugar disponibilidad para meditar los distintos aspectos del carisma dominicano que les presentaremos. Y finalmente un buen abrigo o chamarra pues hace frío, una Biblia, un cuaderno de notas, ropa cómoda y algo de ropa deportiva.

3. ¿A quienes va dirigido?: Aunque a muchos de ustedes se los he dicho ya en correos, quiero seguir aclarando que este retiro va dirigido a aquellos jóvenes entre 17 y 32 años que han iniciado ya un proceso de búsqueda de su vocación. En el retiro se presentará exclusivamente el carisma dominicano y en ambiente de oración tendrán oportunidad de ir descubriendo si Dios los llama por este camino. NO es por tanto un retiro donde se hablará de la vocación en general (este lo tenemos en el mes de diciembre) .

4. Para confirmar asistencia:
Lo pueden hacer a mi correo vocaciones_op@hotmail.com; juanmahh@yahoo.com.mx; o pueden comunicarse conmigo; el tel de mi convento es (01) 476 744 33 05. Mi Nextel es (01) 55-10-42-25-94.

Les pido además de favor que me confirmen lo antes posible.

Fue un placer saludarles por este medio.
A ser santos jóvenes!!!!
Fray Juan Manuel Hernández, OP

Ordenaciones sacerdotales en Perú

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Ordenaciones Dominicos Perú

El sábado 09 de Marzo nuestros hermanos fray Alfredo Martínez y fray Julio Cesar Laime recibieron el Orden Sacerdotal de manos de Mons. Guido Breña, Obispo Emérito de Ica. Dicha celebración se realizó en el Templo de Santo Domingo en la ciudad de Chincha, departamento de Ica.
El P. Alfredo Martínez, O.P., ejercerá su ministerio en el Convento de san Pablo de Arequipa y el P. Julio Laime, O.P., lo hará en la zona de Misión de Puerto Maldonado. Que nuestras oraciones para estos jóvenes sacerdotes continúen para que fortalezcan su ministerio sacerdotal.





El pasado 16 de marzo fueron ordenados diáconos en Santa Sabina (Roma)tres frailes de la Provincia del Rosario. Uno de ellos, fr. Juan Franco, está destinado en la comunidad de Cáceres.

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Ordenación de tres diáconos en santa Sabina (Roma)

En pleno bullicio y fiesta con el Papa Francisco, tuvo lugar el 16 de marzo una ordenación especial, por ser de los primeros diáconos de la Orden, naturales de Myanmar. Frs. Philip Soreh y John Bosco, estudiantes de la provincia del Rosario residentes en Via Condotti están terminando sus estudios de especialización en Teología antes de irse a las comunidades de que provincia tiene allí. El tercer diácono ordenado fue fr. Juan Franco, que actualmente está en Cáceres. Una fiesta bonita de la familia dominicana, de la familia misionera en Roma.

Los presentó al Sr. Obispo Mons. Félix del Blanco, el vicario regional de España, fr. Pedro Juan Alonso, quien agradeció en nombre de la provincia del Rosario, la presencia, la esmerada preparación de la celebración y sobre todo, las oraciones de todos los presentes en gran número de la Curia, del Angelicum, así como la comunidad en pleno de Via Condotti. No faltaron los cantos de la comunidad birmana en Roma, así como la animación de la celebración de los hermanos más jóvenes de Santa Sabina. Una verdadera fiesta que terminó en el claustro de Santa Sabina con un ágape fraterno.