TV DOMINICA

dominicostv on livestream.com. Broadcast Live Free
Watch live streaming video from dominicostv at livestream.com
Mostrando entradas con la etiqueta CEM. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CEM. Mostrar todas las entradas

DECLARACIÓN DEL CONSEJO DE PRESIDENCIA Y DE LA COMISIÓN EPISCOPAL PARA FAMILIA, JUVENTUD, LAICOS Y VIDA DE LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO RESPECTO AL DICTAMEN DE LA SUPREMA CORTE

CEM Conferencia del Episcopado Mexicano
México, D.F, 18 de junio de 2015
DECLARACIÓN DEL CONSEJO DE PRESIDENCIA Y DE LA COMISIÓN EPISCOPAL PARA FAMILIA, JUVENTUD, LAICOS Y VIDA DE LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO RESPECTO AL DICTAMEN DE LA SUPREMA CORTE
Los cristianos obedecen las leyes establecidas, pero con su vida las sobrepasan (Carta a Diogneto, V, siglo II).
El 3 de junio, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que: “La Ley de cualquier entidad federativa que, por un lado, considere que la finalidad del matrimonio es la procreación y/o que lo defina como el que se celebra entre un hombre y una mujer, es inconstitucional”. Esta jurisprudencia, avalada sólo por 4 ministros, deberá ser acatada por todos los jueces del país.
Los obispos, respetuosos de las instituciones y de las diversas formas de pensar y vivir, ejerciendo nuestro derecho a la libertad de expresión, reiteramos nuestra convicción, basada en razones científicas, sociales y religiosas, que la familia, célula de la sociedad, se funda en el matrimonio de un hombre con una mujer, que por su capacidad procreativa garantizan la supervivencia de la sociedad. De ahí que, por ser de eminente interés social, el derecho civil confiera a esta unión un reconocimiento institucional, que el Estado ha de promover y tutelar para el bien común.
Esta convicción consta en la tradición jurídica bimilenaria de Occidente, recogida y profundizada a lo largo de nuestra historia por legisladores y juzgadores de diversas corrientes de pensamiento e ideologías, la cual se ve reflejada ya desde el Código Civil de 1870 emanado bajo el gobierno del presidente Benito Juárez, del Código Civil Federal de 1928 promulgado por el presidente Plutarco Elías Calles, y en la mayoría de los actuales Códigos Civiles o Familiares de los Estados de la República.
Por eso, como ciudadanos, consideramos que la sentencia de la Suprema Corte, además de romper con esta sólida tradición jurídica y el bien social que custodia, contraviene los principios del federalismo y la razón de ser de los diversos códigos civiles, que pretenden responder a la realidad concreta de cada entidad federativa y su pluralidad, lo que debe reflejarse en las acciones de los jueces.
Todos los seres humanos, por el hecho de serlo, tenemos dignidad y derechos. Y dado que toda persona es idéntica a sí misma y diferente a las demás, han de derivarse tratos variados según esas diferencias. Con esta convicción, la Iglesia sostiene que el matrimonio solo puede celebrarse entre un hombre y una mujer, y defiende este valor para el bien de las personas y de toda la sociedad.
La discriminación es una distinción injustificada, que en este caso no se da, ya que el matrimonio siempre ha sido entre personas de diferente sexo, hombre y mujer. No corresponde a la Suprema Corte crear nuevas formas de matrimonio, porque ya no sería matrimonio, sino otro tipo de unión. En el caso que nos ocupa, sí se justifica la distinción, como la hay, por ejemplo, al no permitir el voto a un menor de edad o a un extranjero, ya que no atenta a sus derechos políticos, sino salvaguarda la Nación.
Si bien valoramos que nadie deba ser objeto de discriminación, tal como lo consigna el artículo primero constitucional, esto no significa que deba modificarse la esencia del matrimonio, ni que se olvide el espíritu del Constituyente que en el artículo cuarto, primer párrafo de la propia Ley Fundamental reconoce la igualdad del varón y la mujer y establece el deber legal de proteger el desarrollo y organización de la familia.

Pequeñas acciones, trascendencia inimaginable

AUDIO

de Enrique Díaz Díaz
Obispo Coadjutor de San Cristóbal de las Casas
CEM

Hebreos 10, 32-39: “Ustedes han soportado grandes luchas. No pierdan, pues, la confianza”, Salmo 36: “La salvación del justo es el Señor”, San Marcos 4, 26-34: “El hombre siembra su campo, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece”

Alguien me decía que es muy curiosa la vida, que siempre devuelve lo que siembras, y esto lo refería sobre todo a las buenas acciones, a los favores que se hacen en silencio y a escondidas. “Cuando tú haces un favor, la vida siempre te lo devuelve doble”.

Yo diría que Dios es tan generoso que nunca le podemos ganar en bondad y que cuando nosotros multiplicamos nuestras buenas acciones, Él siempre nos da mucho más de lo que nosotros podemos ofrecer. Hay quien llama a esta realidad “cadena de favores”, siempre que se hace un favor, Dios nos lo multiplica y otras personas también hacen favores más adelante. El ejemplo que hoy nos narra Jesús tiene mucho de esta apreciación.

El hombre siembra su semilla, pero él no sabe cómo Dios le va dando crecimiento. Claro que si el hombre no siembra nada, no tendrá esperanzas de cosechar frutos. Todos nosotros podemos platicar experiencias de cómo una buena acción nuestra ha tenido repercusiones que ni nos hubiéramos imaginado. Esta misma ocasión de que ustedes estén escuchando la palabra de Dios, ha brotado de la inquietud de un pequeño grupo de jóvenes que pedía una pequeña reflexión. Así se ha multiplicado y hoy llega hasta ustedes.

El Señor da crecimiento a lo que nosotros hemos sembrado. Cada una de nuestras pequeñas acciones, tiene una repercusión y una trascendencia que ni siquiera podemos imaginar. De ahí la importancia de realizar con amor y entusiasmo cada una de nuestras pequeñas acciones, que el Señor se encargará de multiplicarlas. El ejemplo del grano de mostaza lo hace más explícito porque nos enseña que las cosas pequeñas tienen importancia grande.

La formación en la familia, la honradez en casa, la verdad en los trabajos, la justicia entre los cercanos… todas esas pequeñas cosas que están enlazadas con el saludo diario, con la sonrisa, con el entusiasmo y con la verdad, deberán crecer en amor porque Jesús les da crecimiento. ¿No es asombroso lo que podemos hacer aportando nuestro granito de mostaza? Demos ahora, demos con generosidad, demos en silencio.

La Iglesia Católica en México y su organización


La Iglesia, una, santa, católica y apostólica

Dios, creador de todas las cosas, ha querido salvarnos por medio de Jesucristo y convocarnos, mediante su Espíritu Santo, en su Iglesia, una, santa, católica y apostólica, sacramento de salvación, e instrumento de la comunión con Dios y entre toda la humanidad[1]. La única Iglesia de Cristo se hace presente en las iglesias particulares, confiadas a la guía de un Obispo, quien es principio y fundamento visible de la unidad en esa Iglesia particular, en comunión con el Papa, quien, como sucesor de Pedro, es principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de la Iglesia universal[2]. El Nuncio Apostólico representa al Papa ante las Iglesias particulares de una nación y ante las Autoridades del Estado[3].

Las iglesias de una nación, unidas en la Conferencia Episcopal

Para promover una acción pastoral común entre las diócesis que forman parte de una nación, los Obispos se reúnen colegialmente en una institución de carácter permanente, llamada Conferencia Episcopal, cuyo principal órgano  ejecutivo es el Consejo de Presidencia, compuesto por el Presidente, el Vice Presidente, el Secretario General, el Tesorero General y dos Obispos Vocales elegidos por la Asamblea Plenaria de entre los miembros del Consejo Permanente.

Las Iglesias de un territorio, unidas en la Provincia Eclesiástica

Las diócesis vecinas se agrupan en provincias eclesiásticas, para fomentar la comunión con la Iglesia universal, es decir, con el Papa, y la unidad en la fe y en la acción pastoral en esa región. Preside la provincia eclesiástica el Metropolitano, que es a su vez Arzobispo de la diócesis que le fue encomendada[4].

La única Iglesia de Cristo, presente en las iglesias particulares

Las iglesias particulares, llamadas diócesis o prelatura, son una porción del pueblo de Dios que vive en un territorio determinado, cuyo cuidado pastoral encomienda el Papa a un Obispo, quien cuenta con la cooperación del presbiterio y de los diáconos, para promover la vocación y misión de las personas consagradas y de los fieles laicos. El Obispo, sucesor de los Apóstoles, y miembro del Colegio Episcopal, es, en comunión con el Papa, maestro de la doctrina, sacerdote del culto sagrado, principio de unidad y guía de la comunidad a él encomendada (cfr. 1 P 5,2)[5].

Las parroquias

Las diócesis se dividen en territorios llamados parroquias. La Parroquia es una comunidad de fieles, cuya atención pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un Párroco[6]. Para una mejor atención pastoral y la colaboración, las parroquias se reúnen en decanatos, los cuales integran zonas pastorales.



[1] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 777-804.

[2] Cfr. CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, “Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comunión”, nn. 7, 8, 13.

[3] Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 363.

[4] Código de Derecho Canónico,  cc. 431, § 1 y 435.

[5] Ibíd., c. 375, § 1; cfr. SYNODUS EPISCOPORUM X COETUS GENERALIS ORDINARIUS, “El Obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo”, Instrumentum laboris, Vaticano, 2001, n. 36.

[6] Ibíd., c. 515, §1.

Comunicado de la Conferencia del Episcopado Mexicano con ocasión de la renuncia del Papa Benedicto XVI



cem_destacado
CEM (Obispos de México)

Lunes, 11 de Febrero de 2013 11:14
Comunicado de la Conferencia del Episcopado Mexicano con ocasión de la renuncia del Papa Benedicto XVI

En este día, memoria de Nuestra Señora de Lourdes y Jornada Mundial del Enfermo, durante el consistorio realizado en Roma para definir tres canonizaciones, S. S. Benedicto XVI anunció que, después de haber examinado reiteradamente ante Dios su conciencia, ha llegado a la certeza de que, por lo avanzado de su edad, ya no tiene fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino, por lo que ha decidido renunciar libremente al ministerio de Obispo de Roma, de forma que desde el 28 de febrero próximo a las 20:00 hrs, la Sede de San Pedro quedará vacante y deberá convocarse el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.

La Conferencia del Episcopado Mexicano agradece a Dios, rico en misericordia, el luminoso pontificado de S. S. Benedicto XVI, y expresa su profunda gratitud al Santo Padre por su fidelidad y su generosa entrega al servicio de la Iglesia universal, y por el amor y solicitud hacia el pueblo mexicano, particularmente manifestado en su inolvidable visita pastoral a nuestra nación.

La misma Conferencia invita a los católicos mexicanos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirnos en oración, para que el Señor recompense al Papa Benedicto XVI su servicio, y para que conceda a su Iglesia un nuevo Sumo Pontífice según su corazón.

El hecho de que la renuncia del Santo Padre se produzca en el Año de la Fe, nos confirma en la certeza de que es Jesús, que ha fundado su Iglesia, quien la guía; que –como ha dicho el Papa Benedicto XVI- estamos en las manos de Dios, y que esas son las mejores manos.

Encomendamos a Santa María de Guadalupe al Santo Padre, a la Iglesia universal, a la Iglesia que peregrina en México, y la elección del nuevo Vicario de Cristo.

Por los Obispos de México

+José Francisco, Cardenal Robles Ortega
Arzobispo de Guadalajara
Presidente de la CEM

+Eugenio Lira Rugarcía
Obispo Auxiliar de Puebla
Secretario General de la CEM