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Eucaristía y Oración.


"El alma no puede vivir sin respirar ni alimentarse; la respiración del alma es la oración, su alimento es la Eucaristía" (Pio XII, Alocución del día de Pascua de 1952).

"La oración es la respiración del alma. Sin oración frecuente y fervorosa el alma queda anémica, la Fe se debilita; la Esperanza languidece y en el puesto de la Caridad se asienta el egoísmo, como plomo de los corazones" (Pio XII, Alocución del día 22 V 1952).

(Imagen: Pio XII, Terciario de la Orden de Predicadores, ofreciendo el Santo Sacrificio del Altar en San Pedro de Roma).

Traditio Spiritualis Sacri Ordinis Praedicatorum

Una Semana Santa: ¿Para Qué?


La historia de la humanidad es Historia de Salvación

Estamos en la Semana Santa. Semana Mayor para los cristianos. ¿Por qué y para qué una Semana Santa? Todas las semanas del año, y todos los días de nuestra vida son santos porque el Señor está presente y nos bendice. Son santos al mismo tiempo si dejo que actúe Dios en mi vida. Pero en esta Semana se produce un doble movimiento:

1. Por una parte, lo que vivimos en cada Eucaristía, lo “desmenuzamos” entre el Jueves, Viernes y Domingo de Pascua.

2. Por otra parte, lo que vivimos en estos días Santos, es lo que Jesús vivió en toda su vida, sobre todo, en su vida de predicación, que le llevó a la muerte en la cruz..  

 O sea que, al mismo tiempo, expandimos y comprimimos los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Y esto lo vivimos por dentro, pero lo expresamos exteriormente en la liturgia. La comunidad cristiana vive y celebra en esta Semana el misterio de la salvación de la humanidad.  

En el JUEVES SANTO coinciden tres celebraciones: la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y el día del amor fraterno. Todo se resume en una palabra: AMOR. “…había amado a los suyos que vivían en el mundo y los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1) Me estremece esta expresión. El “extremo” es el no va más, lo máximo que se puede amar. Y por eso nos deja la Eucaristía. Jesús quiere quedarse con nosotros, para siempre, en el pan y el vino: pan partido y repartido; vino compartido. Es su Cuerpo roto y su Sangre derramada. Por ti y para ti. ¡Tanto te ama Jesús! También por amor quiere que esto lo hagamos siempre y, aunque lo repitamos, quiere que sea como una única vez: “haced lo mismo en memoria mía” (Jn 22, 19), hacedlo y yo me hago presente de nuevo. Estoy muerto y resucitado en ese pan y ese vino. Después de la Eucaristía del Jueves Santo se hace silencio, después de la Última Cena y el prendimiento, no cabe más que contemplar y acompañar a Jesús en su dolor. 

 El VIERNES SANTO es el día de la muerte del Señor. El centro de este día está en la cruz. Todas las miradas se dirigen hacia ella. Jesús muere por AMOR. Una vez más, el Amor es el motor de su vida. No piensa en Él, piensa en lo que será la humanidad si no hace la voluntad del Padre. Bien sabía Dios a qué se arriesgaba haciéndose humano. Asumía todo lo que ello significa. Asumía también el sufrimiento y la muerte. Hubiera sido un fraude ser humano y no pasar por la soledad, la incomprensión, el abandono y la muerte. Y Jesús, Dios hecho carne, sube a la cruz. Como humano no quiere pasar por ella, pero lo hace por ti y por mi: “Padre, si quieres, aparte de mí este trago; sin embargo, que no se realice mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22, 42).  

Jesús muere después de ser torturado. Muere como un criminal. Muere entre dos ladrones, como si fuera uno de ellos. Sin embargo, ni ha matado ni ha robado: es inocente. Dios ya sabe lo que son los momentos más amargos para el ser humano. Ya sabe lo que sienten aquellos que han perdido a un ser querido en el reciente accidente aéreo en los Alpes. Ya sabe lo que es la angustia de verse en peligro de muerte por ser cristiano en Irak o Siria. Sabe lo que es el dolor físico. Sabe lo que es la muerte del inocente. Todo parece que ha acabado. Los discípulos de Jesús se han dispersado. Alguno ha contemplado a Jesús sin vida en la cruz. María, su madre, está allí, viendo cómo todo parece haber acabado. De nuevo se hace silencio, un silencio solamente interrumpido por los sollozos de María y de los que la acompañaban en su dolor. Jesús es sepultado.


  El SÁBADO SANTO es un día de espera. Hay que asimilar la realidad. Todo parece un sueño. La vida cambia, nos va a cambiar. Seguramente que los discípulos y María pensarían que ya no iba a ser lo mismo sin Jesús. También lo pensaban los dirigentes políticos y religiosos, que, viéndole morir, se sentían más seguros, sin peligro de que nadie rompiera el orden establecido. En la noche del Sábado Santo celebramos la vigilia de la Resurrección del Señor. Es la Pascua, el Paso de Dios. El Padre no puede estar callado ante tamaña injusticia. Y resucita a Jesús. Jesús vuelve a la vida para no morir más. Con la resurrección de Jesús el Padre manda a la humanidad este mensaje: Jesús decía la verdad. Él es la Verdad. La celebración de la VIGILIA PASCUAL es una explosión de signos: luz, pregón, cantos, Palabra, agua… La resurrección del Señor entra por los ojos y los oídos. La comunidad cristiana vive el núcleo de su fe: ¡¡CRISTO HA RESUCITADO!!  En medio de la oscuridad (por eso tiene sentido la celebración por la noche), el fuego enciende el Cirio Pascual. Es la luz de Cristo, que va iluminando nuestras oscuridades. 

 El Pregón Pascual anuncia que Cristo vive, que la vida tiene sentido y la historia de la humanidad es Historia de Salvación. Las lecturas de esta noche nos recuerdan las etapas cruciales de esa Historia. El agua bendecida, la pila bautismal, tiene, en esta noche, un significado especial: nos recuerda que por el agua del bautismo nacimos de nuevo para Cristo. Por ella somos hombres y mujeres nuevos. Y renovamos las promesas que un día hicieron nuestros padres y padrinos por nosotros. Le decimos de nuevo a Jesús: “quiero seguirte” “aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. ¿Para qué una Semana Santa? La respuesta es de cada uno que se quiera hacer la pregunta. Para ello, a ti, lector, te invito a vivir el Triduo Pascual.

          ¡¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!!

ser.dominicos.org
Fr. Vicente Grau 
 Convento de Sto. Domingo de Torrent (Valencia)

Nuevo Vicario Regional en Venezuela

Fr Angel Gabriel Bermudez Villasmil
El 17 de marzo de 2015 fue elegido como Vicario Regional del Vicariato de la Provincia de Nuestra Señora del Rosario en Venezuela, Fr. Ángel Gabriel Villasmil Bermúdez OP. El 19 de marzo fue confirmado como Vicario por el Prior Provincial de la Provincia Nuestra Señora del Rosario, Fr. Javier González Izquierdo OP.
El nuevo vicario es natural de Maracaibo – Estado Zulia (Venezuela). Nacido el 24 de mayo de 1969, ingresó en la Orden el 13 de septiembre de 1987. El 29 de septiembre de 1988 inició el noviciado. Hizo su primera profesión el 27 de octubre de 1989 y fue ordenado presbítero el 29 de junio de 1996. Al momento de su elección como Vicario Regional, se desempeñaba como superior de la Casa y Santuario de San Martín de Porres, en Maracaibo.
Oramos por nuestro hermano Fr. Ángel Gabriel y por todos los frailes del Vicariato por esta nueva etapa en su camino de predicación dominicana en Venezuela.

La Canonización de la Beata María Alfonsina Danil Ghattas

Maria Alfonsina Danil Ghattas
En el Consistorio Ordinario Público de 14 de febrero de 2015, el Santo Padre anunció la canonización de la Beata María Alfonsina Danil Ghattas para el 17 de mayo de 2015.
La Beata María Alfonsina Danil Ghattas nació en Jerusalem  el 4 de octubre de 1843 en una familia que le aseguró una buena formación cristiana. Fue bautizada el 19 de noviembre siguiente y en la pila bautismal, le fue dado el nombre de Soultaneh María. En septiembre de 1848, comenzó a asistir a la escuela de las Hermanas de San José de la Aparición, que habían venido a Jerusalén unos meses antes.
Recibió el sacramento de la Confirmación 18 de julio de 1852. Madurada la vocación a la vida consagrada, en 1858 ingresó como postulante en el Instituto de las Hermanas de San José de la Aparición. El 30 de junio de 1860, tomó el habito y el nombre religioso de Hermana María Alfonsina; en 1863 realizó su profesión. Se encargó de enseñar el catecismo en la escuela popular de Jerusalén, donde se distinguió por el fervor y el ahínco con el que desempeñó dicho oficio. También promovió la Cofradía de la Inmaculada Concepción (que tomaría el nombre de Hijas de María) y, más tarde, la Cofradía de las Madres Cristianas.
En 1865 se trasladó a Belén para continuar su ministerio de enseñanza. El 6 de enero 1874 se le apareció, por primera vez, la Virgen María; después de un año exacto tuvo lugar una segunda aparición y la Virgen la invitó a formar una nueva familia religiosa que tomaría el nombre de la Congregación del Santo Rosario. La Beata se dirigió al Patriarca de Jerusalén, Monseñor Vincenzo Bracco, y le contó sus experiencias místicas; El obispo le animó y la confió a la dirección espiritual de Don Antonio Belloni.
En mayo de 1876, ante la partida del Padre Belloni, se acogió a la dirección espiritual del Padre Matteo Lesciki. Después de algunas dificultades iniciales, este último también aprendió a entenderla y valorarla. Mientras tanto, algunas miembros que pertenecían a las Hijas de María comenzaron  a madurar el proyecto de consagrarse a Dios en la vida religiosa y expresaron dicho propósito a su confesor, el Padre José Tannous. También la hermana Maria Alfonsina decidió entonces recurrir a este sacerdote, quien le ordenó escribir sus propias experiencias místicas, incluso en relación a la Congregación que la Virgen María le había pedido fundar.
En julio de 1880, las jóvenes  Hijas de María, bajo la dirección de Don Tannous, comenzaron la vida en común. El 15 de diciembre de 1881, el Patriarca de Jerusalén dio el hábito al primer grupo de monjas de la nueva comunidad, que, de acuerdo con la inspiración por Nuestra Señora, tomó el nombre de Instituto de Hermanas del Santo Rosario.
El 12 de septiembre 1880, la Hermana Marie Alphonsine obtuvo del Santo Padre la dispensa del voto de obediencia emitido en la Congregación de las Hermanas de San José. Tres años más tarde, el 7 de octubre de 1883, llegó a ser parte de la Congregación de las Hermanas del Santo Rosario. El 8 de diciembre del mismo año tomó el hábito (manteniendo el nombre religioso de Sor María Alfonsina) y el 1 de marzo de 1884 comenzó su noviciado. Profesó el 7 de marzo 1885 y el 25 de julio fue enviada a Jaffa para desarrollar la actividad de profesora.
El 1 de noviembre de 1886, junto con la hermana Hanneh, abrió una misión a Beit-Sahour y el año siguiente partió con otras hermanas para establecer una casa también en Salt, Jordania. El 2 de noviembre, 1887 fue aprobada la Constitución de las Hermanas del Santo Rosario, que, dos años más tarde, obtuvieron la aprobación diocesana. En 1889, la Hermana Marie Alphonsine fue enviada a Naplus. Allí permaneció sólo unos pocos meses, ya que, golpeada por la fiebre amarilla, tuvo que regresar a la casa madre en Jerusalén para recibir tratamiento. Ya siendo religiosa, el 4 de octubre de 1890, la víspera de la festividad de Santa María del Rosario, fue admitida en la Tercera Orden de Predicadores en el Convento Dominicano en Jerusalén. A principios de 1892 fue trasladada a la misión de Zababdeh. Entre los años 1893 y 1908 desempeñó el encargo de superiora de la casa de Belén. Del 1909 al 1917 se encuentra nuevamente en la casa madre de Jerusalén; a continuación, se le pidió establecer un orfanato en Ain Karem.
En marzo de 1927 su estado de salud se deterioró repentinamente, esto la llevaría a la muerte poco tiempo después. El 25 de marzo de 1927, regresó a la casa del Padre. Al día siguiente se llevó a cabo su funeral.
Algunas dificultades internas en el Instituto de las Hermanas del Santo Rosario y la difícil situación política en el Medio Oriente impidieron el inicio de su causa de beatificación y canonización, esto a pesar de su reputación persistente de santidad. Superadas estas dificultades, en 1986 se inició, en Jerusalén, el proceso diocesano que culminaría en mayo de 1987. Después de haber completado el procedimiento prescrito, el 15 de diciembre 1994 fue proclamado el decreto sobre sus virtudes heróicas. En 2004, se instruyó la investigación diocesana sobre un presunto milagro que se concluyó en el 2005. Una vez completado el procedimiento prescrito, el 3 de julio de 2009 se proclamó el decreto sobre el milagro. El 22 de Noviembre, 2009 se celebró el rito de beatificación en la Basílica de la Anunciación en Nazaret.
Las Hermanas de la Congregación del Santo Rosario están presentes actualmente en Palestina (Franja de Gaza), Israel, Jordania, Líbano, Egipto, Siria, Kuwait, en algunos emiratos del Golfo Pérsico (Abu Dhabi, Shariqah) y en Roma
Fray Francesco Ricci, O.P.