TV DOMINICA

dominicostv on livestream.com. Broadcast Live Free
Watch live streaming video from dominicostv at livestream.com
Mostrando entradas con la etiqueta GOBIERNO DE LA OP. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta GOBIERNO DE LA OP. Mostrar todas las entradas

Celebración Penitencial en las Comunidades Locales OP


Fecha: Cuaresma de 2016  

Lugar:  Provincias, conventos, comunidades locales, fraternidades.

Coordinación:

Comité de Coordinación del Jubilé : iubileum2016@curia.op.org
Comisión Litúrgica OP : commissio.liturgica@curia.op.org
Provinciales y superiores locales
Promotores provinciales del Jubileo

El Capítulo General de Trogir recomendó que  «todas las comunidades incluyan, al menos una vez al año, un tiempo de reconciliación comunitaria entre los frailes, a fin de promover espacios de renovación y de sanación de nuestras relaciones fraternas» (ACG Trogir, 66)

Atendiendo a esta invitación y extendiéndola a todas las comunidades de la Familia Dominicana, el Comité de Coordinación del Jubileo, con la ayuda de la Comisión Litúrgica OP, propondrá una guía común para una celebración comunitaria de penitencia y de reconciliación. Dicha celebración busca invitarnos a vivir en comunidad la dinámica de metanoia y renovación propia de este tiempo jubilar

Por eso, invitamos a las provincias y comunidades locales a reservar desde ya un espacio para esta celebración dentro del calendario para el tiempo de cuaresma de 2016.

Para descargar el ritual de la celebración penitencial haga clic aquí: texto y carátula.

Fray Bruno Cadoré, maestro general de los dominicos, «La mayor misericordia es invitar a la amistad con Dios»

 «La mayor misericordia es invitar a la amistad con Dios»

La Orden de Predicadores celebra un Año Jubilar por sus 800 años de vida. ¿Cómo habría sido la Iglesia sin santo Domingo de Guzmán? 

Lo primero que viene a la mente son los grandes santos de la Orden, hombres y mujeres como santo Domingo de Guzmán, san Alberto Magno, santo Tomás de Aquino, santa Catalina de Siena, san Martín de Porres, Fra Angélico, san Vicente Ferrer… y también otras figuras importantes, aunque no hayan sido canonizados, como el maestro Eckhart, Francisco de Vitoria, Bartolomé de las Casas o Henri-Dominique Lacordaire. También podemos pensar en las muchas maneras en que hombres y mujeres dominicos han predicado el Evangelio en estos 800 años: a través de la palabra y de la escritura, por medio de su compromiso en favor de los más pobres y la promoción de los derechos humanos, a través de la música y las artes, a través de la vida de las comunidades y la celebración de los sacramentos. Los dominicos hemos sido grandes misioneros, llevando el Evangelio a todos los rincones del mundo, a América del Norte, Latinoamérica, Asia, África y Oceanía. Los dominicos hemos sido en la Iglesia memoria de la primera predicación del Evangelio. Es tarea para toda la Iglesia, una llamada a todos los cristianos, y los dominicos queremos recordar que esta tarea no se olvida en la Iglesia. 


¿Cuál es la realidad de la Orden hoy? 

Hay cerca de 6.000 frailes dominicos, unas 2.700 monjas de clausura, unas 23.000 hermanas de vida activa, unos 165.000 laicos dominicos y alrededor de 275 sacerdotes diocesanos que pertenecen a fraternidades sacerdotales de la Orden. Hay vocaciones a todas las ramas de la Orden, al menos en algunas partes del mundo. En Europa, por ejemplo, la mayoría son frailes mayores, pero también hay algunos jóvenes que entran cada año, si bien no tantos como antes. En otras partes del mundo, especialmente en el hemisferio sur, hay muchos frailes jóvenes, en Colombia, Nigeria, África ecuatorial, India o Vietnam.

 La Orden está presente en la mayoría de los países del mundo. Algunas de estas presencias, en Europa por ejemplo, vienen desde los orígenes de la Orden, y algunas otras son muy recientes, como Myanmar, Timor Oriental y Tailandia o las Iglesias aún jóvenes de África. Santo Domingo envió a los primeros frailes a los centros universitarios para estudiar, para predicar y establecer conventos. Todavía es una tendencia natural de la Orden la de vivir en las grandes ciudades y estar presentes, donde es posible, en los grandes centros universitarios. Para la Orden es una prioridad la reflexión filosófica y teológica sobre el Evangelio, sobre la situación de los seres humanos y sobre la presencia y las promesas de Dios para la vida humana. Pero también es posible encontrar dominicos predicando en muy diferentes contextos y situaciones. Los dominicos predicamos y enseñamos, escribimos y damos conferencias, publicamos libros y revistas, trabajamos en la televisión y en la radio, predicamos en Internet y utilizamos las redes sociales para construir fraternidad entre las personas, para compartir experiencias, para orar juntos. 

¿Se están incorporando laicos en la espiritualidad de la Orden? 

Hay en torno a 165.000 hombres y mujeres que son laicos dominicos. Viven su vida cristiana según una regla establecida por la Orden que les permite participar del carisma de santo Domingo de una forma adaptada a sus otras responsabilidades. Así, rezan y estudian juntos, y predican de diferentes maneras a través de proyectos específicos encomendados a fraternidades concretas o a través de su propia colaboración en la vida parroquial, en la atención pastoral en escuelas o prisiones, como escritores o profesores, etc.

 Un grupo más pequeño de laicos pertenecen a Institutos seculares, emiten algunos votos, en particular el del celibato, pero por lo demás se integran en la vida habitual ordinaria y tratan de ser levadura en el mundo. 

Y en la Orden siempre ha habido, junto con los sacerdotes, hermanos cooperadores –frailes no ordenados–; algunos de los santos más destacados han venido de este grupo, como san Martín de Porres. 


El panorama de la evangelización ha cambiado desde santo Domingo. ¿Cómo predican ustedes hoy?

 Santo Domingo fundó la Orden en una época en que era necesaria una nueva evangelización. Obviamente tenemos medios de comunicación de los que no disponían santo Domingo ni los primeros dominicos: la imprenta y la radio, la televisión e internet, formas de viajar que nunca hubieran imaginado… Por eso, los métodos de evangelización han cambiado significativamente desde santo Domingo, como también lo ha hecho el contexto en el que se hace la predicación. Pero está presente el mismo entusiasmo y ardor por la predicación. 

Esperamos que la celebración de los 800 años de vida de la Orden nos dé un nuevo impulso en este sentido. Un Capítulo general en los primeros tiempos de la Orden animó a los frailes a «aprender el lenguaje de los vecinos», y debemos continuar haciendo esto. El lenguaje de los vecinos no se refiere simplemente a aprender alemán, francés o español, sino a las formas de pensar, modos de conocimiento, métodos científicos, formas culturales de vida, al impacto de las redes sociales. Hay tantas preguntas sobre cómo vivir una vida plenamente humana… y los predicadores del Evangelio deben afrontarlas en el estudio y la contemplación, antes de atreverse a hablar de estas cuestiones en el diálogo, la enseñanza y la presentación del Evangelio. Sabiendo que su principal responsabilidad es la predicación del Evangelio, la reflexión de la Orden se centra en cómo debe hacerse, atendiendo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. 

El Papa Francisco está poniendo el acento en la misericordia. ¿Cómo ofrecen la misericordia los padres y religiosas dominicas?

 Una de las antífonas a santo Domingo que cantamos al finalizar la oración de la noche lo describe como «predicador de la gracia». En la Biblia, los términos de gracia y misericordia son a menudo intercambiables; se refieren a la vez a la bondad, el perdón, la llamada, el amor, el interés, la fidelidad, la vida, el amor inagotable de Dios. Así, la misión de la predicación de la Orden puede entenderse como una misión de misericordia. 

La primera tarea de los dominicos fue predicar y oír confesiones. La predicación pretendía abrir el camino a la reconciliación. La celebración del sacramento de la misericordia de Dios fue considerada como la conclusión natural de la predicación. «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?», preguntó la gente a los apóstoles cuando comenzaron a predicar la resurrección de Jesús. Los primeros dominicos podrían haber dicho: «Arrepentíos y confesad vuestros pecados». Nosotros decimos: «Deja de lado todo lo que debilita y envenena tu vida y busca la plenitud de vida que Cristo vino a darnos».

 Los dominicos también ofrecemos misericordia en el mundo a través de nuestras obras de caridad, ayudando a las personas en situaciones concretas de necesidad. Ofrecemos misericordia a través del estudio de la verdad dondequiera que se encuentre, y de esa manera llegar a amar el trabajo tanto de Dios en la creación como los logros humanos en el pensamiento y en la cultura. Mostramos misericordia cuando predicamos el Evangelio que es la Buena Noticia de la gracia de Dios, que nos llama a la amistad con Él. Esta es la mayor misericordia: ser invitados a esta amistad.

 Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo / op.org

Misa de Apertura del Jubileo Dominicano en México.

En el templo de santo Domingo del Centro Histórico de la ciudad de México. La familia dominicana nos dimos cita el día 8 de agosto, fiesta de nuestro padre santo Domingo para celebrar con alegría la apertura del año jubilar por los 8 siglos de la Orden de predicadores. Presidió la Eucaristía, fray Bruno Cadoré, Maestro de la Orden.




















Ver mas en: Dominicos México


Nuevo prior viceprovincial en África Occidental

Fray Benjamin Sombel SARR

Nos complace informar la confirmación y aceptación de la elección de Fray Benjamin Sombel SARR como nuevo prior viceprovincial de la viceprovincia de San Agustín en África Occidental. 

Fray Benjamin Sombel nació el 8 de agosto de 1967 en Fatick (Senegal). Hizo su primera profesión el 15 de octubre de 1996 y fue ordenado sacerdote el 11 de agosto de 2001. Es doctor en teología dogmática (2006) y doctor en filosofía (2015). 

Durante los últimos años, Fray Benjamin Sombel se venía desempeñando como socio del prior viceprovincial, prior del Convento Santo Domingo de Abiyán (Costa de Marfil) y profesor y secretario general de la unidad universitaria de Abiyán de la Universidad Católica de África Occidental. 

Nuevo Prior Provincial de la Provincia de Vietnam

fr Josephus Nguyen Duc Hoa, OP

Anunciamos la confirmación y aceptación de la elección de fray Josephus Nguyen Duc Hoa OP como nuevo Prior Provincial de la Provincia de Nuestra Señora de los Mártires de Vietnam.

 Fray Josephus nació el año 1938, emitiendo su profesión religiosa en 1960 y siendo ordenado sacerdote en 1968. Es licenciado en Teología y tiene un máster en Administración. A lo largo de estos años ha sido profesor de Teología Moral.

 En el convento de San Alberto Magno, en la ciudad de Ho Chi Minh, ha ejercido los cargos de subprior, consejero conventual y liturgista de la comunidad. Actualmente, es el director espiritual de Caritas Christi en Vietnam y responsable del Grupo Paul. 

La Provincia de San Alberto Mago de los EEUU elige nuevo Prior Provincial

Fr James Vincent Marchionda, op

Fray James Vincent Marchionda, OP ha sido elegido nuevo Prior Provincial de la Provincia de San Alberto Magno de los EEUU. El Maestro de la Orden, fray Bruno Cadoré OP, ha confirmado la elección y fray James ha aceptado el oficio, pasando a ser el doceavo provincial de la Provincia. 

Fray James nació el año 1947 en Struthers, Ohio, haciendo su primera profesión en 1968 y ordenándose de sacerdote en 1973. Cursó sus estudios en la Universidad Santo Tomás, DePaul University, en el Aquinas Institute y en la Universidad de Wisconsin-Madison. Ha sido Vicario Provincial y miembro del Consejo de Provincia durante muchos años.

 Fray James es predicador itinerante, compositor, director de orquesta, cantante e interprete de instrumentos de viento madera (clarinete) y viento metal (saxofón); En su variado ministerio ofrece misiones parroquiales, talleres, conferencias y conciertos a lo ancho de Estados Unidos y en el extranjero. Su especial ministerio combina a la perfección predicación y una carrera profesional en la música sacra.

La vocación y el ministerio de los hermanos cooperadores dominicos

los hermanos cooperadores dominicos

El Capítulo General de Roma (2010) pidió al Maestro de la Orden nombrar "una comisión de frailes cooperadores con el fin de organizar un congreso internacional de frailes cooperadores para reflexionar en la re-visión y renovación de la vocación y ministerio de los hermanos cooperadores dominicos en nuestro mundo actual" (ACG Roma, 218). 

Esta comisión, bajo la guía de fr. Ignatius Perkins OP, trabajó en el proyecto y elaboró un informe titulado “Dominican Cooperator Brother Study 2013: Dedicating Ourselves to God, Following Christ to Lead an Evangelical Life in the Order (LCO 189, I)”. Este informe fue presentado al Capítulo General de Trogir (2013) y enviado a los Priores Provinciales, Vicarios Generales y Vicarios Provinciales. 


En diciembre de 2013 fr. Bruno Cadoré OP creó la "Comisión para los Hermanos Cooperadores" y les confió la responsabilidad de revisar el estudio, sintetizando las conclusiones e indicando formas concretas para su aplicación. La comisión debe recomendar acciones concretas que pueden llevarse a cabo cada año hasta el Jubileo y en años sucesivos. El Maestro quiere que el estudio sirva como catalizador para la renovación de la vocación de hermano cooperador dentro de la Orden. No quiere que el estudio acabe en los archivos sino en el corazón de los hermanos de la Orden.


 Los siguientes frailes forman la mencionada Comisión para los Hermanos Cooperadores: 

fr. Ignatius Perkins OP (Provincia de San José, USA) 

fr. Roberto Clark OP (Provincia de San Agustín, Argentina) 

fr. Jose Bolabato Bolebanza OP (Vicariato General de la RDC) 

fr. Jacque Ambec OP (Provincia de Toulouse) fr. Joseph Mai Van Tuyen OP (Provincia de Vietnam) 

fr. Maciej Nitecki OP (Provincia de Polonia) El encargado de coordinar la comisión es fr. Dominic Izzo OP, Socio del Maestro de la Orden para los EEUU. 

La comisión acaba de concluir su encuentro que tuvo lugar en el convento de Santa Sabina en Roma entre los días 2 y 4 de junio. En ella se deliberó de forma extensa sobre el estudio y otras cuestiones relativas a la vocación y ministerio de los hermanos cooperadores en la Orden. Quedamos a la espera de los frutos de sus reflexiones. 

Nuevo Prior Viceprovincial en la Viceprovincia Santa Catalina de Siena de Ecuador.


Como parte de los trabajos del Capítulo Viceprovincial de la Viceprovincia de Santa Catalina de Siena del Ecuador que dio inicio el 1 de junio de 2015, en el día de hoy, fray Bruno Cadoré, OP, Maestro de la Orden, ha confirmado la elección de fray Armando Alfonso Villalta Salazar OP , como nuevo Prior Viceprovincial.

fray Armando Alfonso Villalta Salazar OP

 Fray Armando nació en Cariamanga, Loja, el 19 de noviembre de 1981. Hizo su primera profesión como religioso de la Orden de Predicadores el 2 de febrero de 2001, siendo ordenado presbítero el 12 de febrero de 2007. Es licenciado en Sagrada Teología. Desde el año 2009, se desempeñaba como superior de la Casa San Alberto Magno de Ambato y era maestro postulantes.

 Alabamos a Dios-Comunión por este nuevo capítulo en la vida y misión de los frailes en el Ecuador y pedimos a nuestro Padre Domingo que ilumine y siga animando a fray Armando en esta importante misión que los hermanos de la Viceprovincia le confían. 

Flannan Hynes OP: Ser Socio es “ser amigo del Maestro y ser amigo de los Provinciales y Vicarios”


Entrevista a quien fuera Presidente de Cidalc de 1989 a 1995 

Fray Aidan Flannan Hynes OP

Luego de sus primeros 10 años de sacerdocio, que agradece haberlos pasado en su país, partió en busca del sueño que lo motivó a ingresar a la Orden. Su primer destino fue un inhóspito lugar de Argentina, donde la tierra y la religiosidad destilaban esterilidad pero donde reconoce haber sido muy feliz. Pocos años después, en avión, en autobús y hasta en canoa, visitó más de 26 países en los que se dedicó a cumplir una misión especial que sintetiza en “ser amigo del Maestro y ser amigo de los Provinciales y Vicarios”.

Le tocó ser Provincial en su país de origen, Irlanda, en los años del Vaticano II y tuvo como desafío principal poner a la Provincia a tono con los cambios que se suscitaban en la Iglesia y que derivaron en la salida de la Orden de varios de sus frailes, a quienes supo escuchar y acompañar.

Flannan Hynes, a sus 85 años de edad, instalado en Montevideo, Uruguay, dedicó casi dos horas a Cidalc para hacer memoria de su vida y de sus diferentes servicios en la Orden donde, desafiando sus propios pronósticos, fue superior en varias comunidades, Provincial por dos períodos de la Provincia de Irlanda y durante 6 años Socio de dos Maestros de la Orden: Damián Byrne, compañero de sus primeras andanzas como misionero, y Timothy Radcliffe.

– Empecemos por su niñez…

– Nací hace 85 en Dublín, Irlanda, en una familia de 5 hermanos. Mi hermana mayor fue religiosa, y falleció hace pocos años, luego llegué yo, los terceros fueron mellizos (mi hermano fue fraile dominico también y murió joven, en el 83, mientras que su melliza es viuda y vive en Irlanda del Norte), el menor de la familia vive en Australia.

Mi papá tenía un pub y murió cuando éramos aún niños. Primero fui educado en un colegio de jesuitas, Belvedere, ahora muy famoso por ser el colegio de James Joyce, porque mi tío era maestro allí y los tres últimos años los hice en un colegio de los dominicos.

.– ¿Qué lo motivó a ingresar a la Orden?

– Cuando tenía 18 años, me cautivaba lo que me hablaban de la misión de los dominicos en Trinidad y Tobago, del Caribe, de la música del lugar… Mi madre volvió a casarse y su esposo fue muy bueno, nos educó a todos. Cuando les dije que quería ser dominico me apoyaron totalmente.
Sin embargo, me costaron mucho los estudios, de filosofía no entendía nada (en verdad los primeros profesores tampoco ayudaban mucho) y cuando llegamos a la teología, a la parte especulativa, me costó comprender para qué me iba a servir.

Durante los 7 años que duraba la formación no teníamos contacto con otros, no salíamos, no teníamos vacaciones para estar con la familia, los familiares nos visitaban de vez en cuando. Por eso, al ordenarme sacerdote (cuando quedaba un año para terminar los estudios) sentí un cambio muy grande, suponía saber comportarse como sacerdote en lo pastoral, aprender a relacionarse con la mujer naturalmente, ya que antes no teníamos contacto. Gracias a Dios la formación en  mi familia me ayudó mucho.

Fui ordenado sacerdote en Irlanda y mis primeros 10 años de sacerdocio los viví en mi tierra. Agradezco a Dios haber tenido 10 años de sacerdote en mi país, en mi cultura, eso es muy importante.

-¿ Cómo nace la inquietud de salir de los límites de Irlanda?

– Por el año 1965, Juan XXIII estaba pidiendo ayuda para América Latina y en ese momento teníamos casas en la India (recién fundada), Irán, Trinidad y Tobago, Roma, y Lisboa y algunos frailes en Australia y Nueva Zelanda.

Había un Obispo dominico en el noroeste Catamarca (Argentina), Pedro Torres Farías, que pidió ayuda en Roma y había escuchado que los irlandeses hablaban bien de América. El necesitaba sacerdotes y nos mandaron a 4 dominicos de Irlanda. Yo tenía 35 años , alguno era más joven, y en ese grupo estaba Damián Byrne, quien terminó siendo Maestro de la Orden.

– ¿Con qué realidad se encontraron?

– Llegamos a La Paz, Catamarca, un lugar muy inhóspito, donde no había pasto, era medio desértico, con agua salada, fue muy difícil desde el punto de vista físico. Nos dieron una Parroquia. La gente no tenía ninguna religiosidad, no eran catamarqueños sino obreros que llegaban allí. No había carreteras y luz eléctrica sólo dos horas en la mañana y dos en la tarde. Pero pese a todo eso, pasamos muy bien, éramos felices y nadie se enfermó. Seguimos en este lugar, que fue mejorando, por 20 años. Yo estuve 4 años y Damián se fue a Paraná, Entre Ríos, invitado por el Arzobispo  que lo condujo a ir a trabajar a un barrio muy pobre, como superior a esa misión.

-¿Cómo llega a ser provincial estando en América Latina ?

– Yo estuve nada más que 4 años en Catamarca y fui elegido vicario  y eso me daba derecho a ir al Capítulo Provincial de Irlanda y …no volví más porque me eligieron provincial.

Fui dos veces provincial, por 8 años, desde el 69 al 77 y en ese tiempo no perdí mi contacto con Argentina, mientras visitaba la India , Iran, Trinidad y Tobago, Roma, Lisboa, Australia y Nueva Zelanda y participé en el Capítulo General.

– ¿Cuáles eran los desafíos en ese tiempo para la Orden y los frailes?

– Luego del Vaticano II, el desafío más importante fue poner a la Orden y sus Constituciones a tono con el Vaticano II.

En la Provincia lo hicimos con mucho entusiasmo pese a que había ciertas resistencias a los cambios. Había tres grupos entre los frailes: el grupo de abuelos, quienes aceptaron los cambios sin problemas, igual que los jóvenes, pero el grupo de 50 y 60 años fueron los que pusieron más resistencia.

Yo tomé como algo de misión personal acompañar a los que querían salir de la Orden en ese tiempo, escucharlos, acompañarlos. Creía que había que tratar con cariño y respeto a esos frailes que dejaron, se trató de ayudarlos y acompañarlos. Y fue tan así, que en el funeral de mi mamá me acompañaron 6 de esos sacerdotes. Igual fue un tiempo lindo en la Iglesia, de fervor, entusiasmo, de cambio, de más sinceridad, de más vida comunitaria. En esa época la Provincia contaba con 420 frailes. En Trinidad y Tobago teníamos 63.  Damián Byrne fue vicario en Trinidad y desde allí fue nombrado provincial de México.

– ¿Y después de los 8 años como Provincial?

– En los 8 años de Provincial visité varias veces Argentina. Luego tuve un año sabático, me fui a Estados Unidos a la universidad de Yale, a la facultad de Divinidad, y viví en una comunidad de dominicos en el mismo campus. Me hice muy amigo de un psicólogo protestante y su esposa, unas personas muy interesantes.

Yo estaba totalmente agotado, así que fue muy bueno estar en un convento sin responsabilidades, tranquilo, en otro mundo, en un lugar hermoso, en una comunidad muy buena. Fue una experiencia , además, la de interactuar con otra gente no católica.

Después, en el 78, de ahí volví a Argentina, a Catamarca, donde fui Vicario, un tiempo muy lindo. Y luego fui a Paraná por 11 años, a un barrio muy pobre, en un costado de la ciudad.

– ¿ Y cómo llega a ser el Socio del Maestro ?

– Once años más tarde, en el 89, fui a la Asamblea de Cidalc en Lima y se presentaron tres nombres para ser socio del Maestro, que era Damián, mi compañero de misión. Fui nombrado Socio en el mes de abril y entonces me fui a Santa Sabina.

– ¿Cuál fue la impronta de su servicio como Socio del Maestro?

– En esa época visité 26 países y mi programa fue hacer dos viajes, uno de 4 meses y otro de 3 meses, luego volver a Santa Sabina para el Consejo ampliado (en mayo y noviembre) y después viajar de nuevo. Cuando viajaba, llegaba y visitaba los lugares por un buen tiempo. Lo interesante de las visitas es que, según las Constituciones, como socios no tenemos ninguna potestad, se trata de visitar, saludar, conocer, escuchar, compartir, pero no se dan instrucciones. Un amigo definió que ser socio es ser amigo del Maestro y ser amigo de los Provinciales y Vicarios.

Si un provincial quiere hablar, uno con la experiencia puede acompañar. Acá, en América Latina, los frailes ya me conocían .

En Centroamérica trataba de estar presente en todos los lugares. Los frailes de España en el Perú, tienen su misión en la Amazonia y fui dos veces en avioneta y en canoa a cada puesto de misión. Ahí había frailes que estaban solos, y ellos merecían una visita como un convento grande. Ellos se comunicaban con Lima por radio, una vez al día, una hora. Si se necesitaba algo, Lima lo mandaba a Cusco, de ahí a Puerto Maldonado y de ahí por río a la misión. Había un fraile en Lima que recepcionaba todos los pedidos.

Fui socio durante 3 años con Damián y luego fue elegido Timothy Radcliffe. Asistí a ese Capitulo como oyente porque los socios no tienen poder de voto. El día de la elección fuimos a la ciudad de México y pasamos el día de tour para no tener nada que ver con la elección. Tras ser elegido, Timothy me pidió que me quedara 3 años más. El Maestro nuevo siempre mantiene a tres o cuatro del consejo anterior con experiencia.

Debo admitir que el primer día me asusté muchísimo con la comunidad de Santa Sabina, con ese edificio, con esos frailes de 16 nacionalidades distintas que nos comunicábamos como podíamos, pero después me encontré con una comunidad muy, pero muy buena. Cuando volvía cansado del viaje todos preguntaban cómo me había ido, interesados. Cuando terminé mis 6 años de socio, luego de ayudar un poco en la secretaría, volví a Irlanda.

– ¿Con qué Irlanda se encontró?

– Yo en ese momento no notaba mucha diferencia con la Irlanda que había dejado.

Pero ahora la Irlanda que yo conocí ya no existe, principalmente en la cuestión religiosa. Los cambios que demandaron muchos años en Francia y Alemania, en Irlanda llegó en apenas pocos años. No solamente un abandono total de la fe sino una actitud bastante violenta en contra de la Iglesia

– ¿ El problema de la pedofilia tuvo que ver con este cambio de actitud?

Si, pero no fue la única razón. Sobre este tema, en ese tiempo, Damián era el secretario de la Conferencia de Religiosos y la provincia  tenía un fraile que dirigía un centro de ayuda psicológica quien le comentó que había detectado varios casos y  que una “bomba” iba a explotar. Todos negaban la situación y Damián visitó Obispo por Obispo para hablar del tema y en eso murió. Costó mucho a la Iglesia responder al desafío de la pedofilia y a la crítica que aparecía continuamente en los medios de comunicación.

Los cambios se deben primero a la prosperidad, al boom económico, todo el mundo se volcó al consumismo y el consumismo los consumió y se olvidaron de Dios. Luego hubo una fuerte recesión que tampoco ayudó. Mi Irlanda ya no está.

– ¿En qué circunstancias volvió a América ?

Hablé con el Provincial. Del nuestro Vicariato en Argentina  fui tres veces vicario y tres veces Provincial, entonces, consideré que los frailes merecían un descanso de mi. Conocí el Vicariato de Aragón durante mis visitas en Buenos Aires siendo provincial de Irlanda. Entonces pedí al Provincial si podía prestarme al Vicariato de Aragón y así fue que llegué a Uruguay en el año 96. Estuve 7 años en la Parroquia Santísima Trinidad de Camino Maldonado con Santiago (Fernández), que fue una experiencia muy, muy linda, donde hicimos un trabajo lindísimo con las comunidades eclesiales de base y el estudio de la Biblia. Después se formó una comunidad de formación en Paraguay y me pidieron ser el abuelo de la comunidad. Allí estuve 8 años y volví en 2011 a Maldonado primero y luego a Santísima Trinidad (Montevideo) para acompañar a Martín (Hunter) , a Fernando (Solá) y a Felipe (Lugen).

– ¿Qué tienen de diferente Paraguay y Uruguay?

Paraguay es el país más piadoso y reconocido como el más corrupto! de América Latina.  Me sentí muy bien con los jóvenes, yo era superior de la comunidad en Asunción. Había vocaciones en ese tiempo. Pero allí también están cambiando la sociedad y la cultura con el consumismo, los problemas familiares, el acceso y uso desmedido de internet.. ¿Cómo pueden comprometerse a la vida religiosa en una sociedad en la que nada dura o nada es para siempre? Y, en el marco de estos cambios, se detuvieron las vocaciones.

En Uruguay estoy bien. Cuando uno ingresa a una comunidad donde se siente acogido, donde lloramos y nos alegramos juntos es muy bueno .

Yo he hecho mi vida aquí y no sé en qué podría contribuir en Irlanda a mi edad. Acá me conocen todos, puedo ayudar. Aunque, me gustaría volver a Maldonado con Santiago, pero somos pocos y eso lo impide. En pocos meses tuvimos muchas pérdidas. De 25 frailes, en pocos años, pasamos a ser 17.
Luego que sufrimos la pérdida de Jorge Franco y Gabriel Nápole el Provincial, Fr. Martín Gelabert, no pudo venir a nuestra Asamblea y vino a acompañarnos su Socio que vivía antes Argentina, y nos conocía, Fr. Emilio Barcelón, y nos predicó un retiro que nos ayudó mucho porque estábamos muy deprimidos.

– ¿Considera importante el rol de CIDALC?

– Muy importante. Ha sido un modelo para África y Asia Pacífico. En su momento, el socio de Africa me pregunto como hacíamos, consultó los estatutos, lo mismo el socio de Asia Pacífico. Es muy importante el rol de Cidalc para mantenernos unidos. Y además , esa unión no se da solamente a nivel de superiores sino en todas las zonas y a través de las actividades desarrolladas por los promotores, que van uniendo. Es importante que cada provincia salga de su mundo y conozca lo que está pasando en otra Provincia de la Orden. Los frailes abren un poco su casa y no se quedan encerrados en su pequeño mundo.

Entrevista de Adriana Por

Corpus legislativo de las Monjas Dominicas de habla española


Fr. Julían de Cos O.P. (ed.)

























Con el fin de que las monjas dominicas profundicen en el conocimiento de su propia espiritualidad, recogemos el conjunto de documentos legislativos que las ha regido desde los tiempos de santo Domingo hasta la actualidad.

Decimos «de habla española» porque, además de aparecer la legislación común a todas las monjas dominicas, el Corpus cuenta con las Constituciones Zepeda y otros textos de índole doctrinal, espiritual y litúrgico destinados a las monjas de habla española, que se publicaron junto a sus Constituciones. Éstos han sido escritos o editados por dominicos españoles.

La obra básica para comprender y dar sentido al Corpus es: Liliana Ayasta Burga (ed.), Historia de la legislación de las Monjas Dominicas, San Esteban, Salamanca 2013. Se trata de una selección de artículos que explican cómo se ha ido desarrollando la legislación de las monjas dominicas desde la Regla de San Agustín hasta las Constituciones actuales. Se puede adquirir en la página web de la Editorial San Esteban

Otra obra que puede resultar útil es: Julián de Cos (ed.), Antigua espiritualidad,liturgia y observancia de las monjas dominicas. Constituciones de 1259 y cuatro apéndices de los siglos XVI y XVIII, S.H.O.P., Fanjeaux 2014, en la que se han transcrito al español contemporáneo los siguientes textos: Constituciones de las monjas de la Orden de Predicadores (1259), Declaraciones sobre las Constituciones hechas en los capítulos generales (1515); Instrucción para la buena administración de los oficios de la comunidad (1710), Tratado de los votos y estado de perfección que profesan las religiosas del Patriarca Santo Domingo (1720) y Espejo de la religiosa perfecta (1720). Los dos primeros textos los hemos incluido en el Corpus. Asimismo, esta obra ofrece una introducción de cada texto. Se puede descargar gratuitamente de Internet en esta misma Biblioteca Virtual

Los libros que hemos reproducido digitalmente son de la Biblioteca del Convento de San Esteban (Salamanca). Los hemos editado en un formato PDF que permite búsquedas.

Contenido del Corpus

0. Regla de san Agustín (397)

En el Corpus aparecen cinco versiones diferentes de la Regla: Constituciones Cloche (pp. 1-24), Constituciones Zepeda (pp. 1-16), Constituciones Potton (pp. 1-17), Constituciones Gillet (pp. 1-23) –que coincide con: Constituciones Fernández (pp. 17-39)– y Constituciones actuales (pp. 9-26).

1. Constituciones de San Sixto (1221)

Han sido tomadas de: Lorenzo Galmés, Vito T. Gómez (dir.), Santo Domingo de Guzmán. Fuentes para su conocimiento, BAC, Madrid 1987, pp. 769-779.

2. Constituciones de Humberto de Romans (1259)

Han sido tomadas de: Julián de Cos (ed.), Antigua espiritualidad, liturgia y observancia de las monjas dominicas . Constituciones de 1259 y cuatro apéndices de los siglos XVI y XVIII, S.H.O.P., Fanjeaux 2014, pp. 25-63.
Esta versión ha sido elaborada a partir de cuatro versiones, entre las que se hayan éstas: Constituciones Cloche (pp. 27-143) y Constituciones Potton (pp. 18-103). En estas dos, además de haberse modificado el texto de las Constituciones de 1259, se han añadido a cada capítulo unas «notas» o «aclaraciones» con las que se pretende adaptar dichas Constituciones a las circunstancias históricas y eclesiales de la época.

3. Declaraciones sobre las Constituciones hechas en los capítulos generales (1515)

Han sido tomadas de: Julián de Cos (ed.), Antigua espiritualidad, liturgia y observancia de las monjas dominicas.Constituciones de 1259 y cuatro apéndices de los siglos XVI y XVIII, S.H.O.P., Fanjeaux 2014, pp. 71-95.
Consiste en la trascripción de un manuscrito que se añade como apéndice a: Regla de san Agustin y Constituciones de las monjas de la Orden de Predicadores, Monasterio de la Madre de Dios, Toledo 1515.

4. Constituciones Cloche (1690)

Se trata de la reproducción de: Regla de S. Agustin y Constituciones que profesan las religiosas del Patriarca Santo Domingo, Agapito Manteli, Vitoria 1826 y Tratado de los Votos y estado de perfeccion que profesan las religiosas del Patriarca Santo Domingo, Agapito Manteli, Vitoria 1826, publicado en un mismo volumen.
Contenido:

  • Regla de S. Agustin y Constituciones que profesan las religiosas del Patriarca Santo Domingo.
    • Prefacio preciso y notable.
    • Regla que para sus religiosas escribio el glorioso Padre San Agustin (pp. 1-24).
    • Nota acerca de la Regla del Padre S. Agustin (pp. 25-27).
    • Constituciones de las monjas. Del glorioso Padre Santo Domingo (pp. 27-143).
    • Espejo de la religiosa perfecta.
    • Tabla de los capitulos que se contienen en este libro.

  • Tratado de los Votos y estado de perfeccion que profesan las religiosas del Patriarca Santo Domingo (pp. 1-253).
    • Prólogo (pp. 3-6).
    • Capitulo I. Sobre la esencia y la obligacion del estado de vida religioso, y sobre la necesidad que tienen de saber su obligacion las que lo profesan (pp. 6-20).
    • Capitulo II. La especial obligacion de las Preladas (pp. 20-32).
    • Capitulo III. Del Voto de Obediencia (pp. 33-65).
    • Capitulo IV. Del Voto de Pobreza (pp. 65-108).
    • Capitulo V. Del Voto de la Castidad y digresion de las devociones (pp. 108-128).
    • Capitulo VI. De la perfeccion religiosa, segun espiritu de nuestro Santísimo Patriarca, doctrina de la Virgen Santísima, y de san Juan de la Cruz en el monte, y las nueve cautelas (pp. 129-149).
    • Capitulo VII. Las nueve Peñas, y Montes de perfeccion revelados al Beato Enrique Suson; y Dialogo del Venerable Taulero (pp. 149-164).
    • Capitulo VIII. Del modo y obligacion de orar y rezar con los nueve modos que practicaba nuestro Padre Santo Domingo (pp. 165-211).
    • Capitulo Ultimo. De las cualidades del Director que han de elegir, Confesion que han de frecuentar, y las Indulgencias que pueden ganar las Religiosas (pp. 211-241).
    • Indulgencias que pueden ganar las Religiosas (pp. 241-248).
    • Oracion devotisima del Angelico Doctor Santo Tomas de Aquino a Cristo crucificado (p. 249).
    • Egercicio espiritual utilísimo del santo Pontifice Inocencio XI. Es para cada dia (pp. 249-253).
    • Indice (pp. 254-255).
Asimismo, también ofrecemos los textos preliminares de la edición de Valencia de 1720 titulada así: «Regla de San Agustin, Constituciones, Votos y Estado de Perfeccion, que professan las Religiosas del Patriarca Sto. Domingo». El resto de esta edición coincide con la de Vitoria de 1826.

5. Constituciones Zepeda (1710)

Se trata de la reproducción de: Fernando Zepeda (ed.), Regla de S. Agustin y Constituciones del Orden de Predicadores, para el uso de Religiosos, y Religiosas de dicho Orden, assi del Choro, como fuera de èl, ed.), Convento de San Pablo, Valladolid 1710.
Contenido:
  • A Nuestra Señora de el Rosario del convento de San Pablo de Valladolid, que se venera en su Santa Imagen, con que se hacen las Procesiones de los primeros Domingos del mes.
  • Regla de S. Agustin, Obispo, Confessor, y Doctor de la Iglesia (pp. 1-16).
  • Constituciones del Orden de Predicadores (pp. 17-62).
  • Explicacion de los tres votos de la Religion Monastica (pp. 63-82).
  • Breviario para personas religiosas, que en el Orden de Predicadores no proffesan Choro (pp. 82-86).
  • Instruccion para la buena administracion de los oficios de la Comunidad (pp. 86-112).
  • Breve explicacion de la Doctrina Christiana. En forma de preguntas, y respuestas (pp. 113-160).
    • Texto de la Doctrina Christiana (pp. 161-169).
    • Modo breve, y facil, para hazer Confession General, ò particular, ò reconciliacion (pp. 169-188).
  • Oficio parvo de N. Señora segun rito de el Orden de Predicadores (pp. 189-234),
  • Letania de N. Señora (pp. 234-236).
  • Modo de ayudar a Missa, segun el ritual de el Orden de Predicadores (pp. 237-240).
  • Indice de lo que se contiene en este Libro.

6. Constituciones Potton (1864)

Se trata de la reproducción de: Regla y Constituciones del Sagrado Orden de Predicadores para las religiosas de coro, D. Eusebio Aguado, Madrid 1864 y José María Morán, Opúsculos ascéticos para las personas que aspiran a la perfección cristiana, D. Eusebio Aguado, Madrid 1864, publicado en un mismo volumen.
Contenido:
  • Regla y Constituciones del Sagrado Orden de Predicadores para las religiosas de coro.
    • Advertencia.
    • Regla del Padre y Doctor de la Iglesia san Agustin Obispo (pp. 1-17).
    • Constituciones de las Religiosas del sagrado Orden de Predicadores (pp. 18-103).
    • Índice.
  • Opúsculos ascéticos para las personas que aspiran a la perfeccion cristiana.
    • Introduccion.
    • Espejo de la persona religiosa perfecta (pp. 1-3).
    • Exhortacion á la gratitud á Dios por el beneficio de la vocación al estado religioso (pp. 4-12).
    • Explicacion de los tres votos solemnes de la profesion religiosa  (pp. 13-58).
    • Breve tratado en el que se hacen algunas advertencias sencillas á las personas principiantes sobre el camino de la perfección cristiana (pp. 59-110).
    • Tratado tercero sobre la oración mental, ejercicio el más necesario y á la vez más eficaz para llegar a la perfeccion cristiana (pp. 111-156).
    • Compendio de algunos medios ascéticos que han de tener presentes las personas religiosas, para alcanzar la perfeccion cristiana (pp. 157-211).
    • Indice.

7. Constituciones Gillet (1930)

Se trata de la reproducción de: Constituciones de las monjas de la Sagrada Orden de Predicadores, Convento de PP. Dominicos, Almagro 1930.
Contenido:
  • A las queridísimas hijas en Sto. Domingo, las Monjas contemplativas de la Orden de Predicadores (pp. V-XVI).
  • Regla de San Agustín, Obispo (pp. 1-23).
  • Constituciones de las Monjas de la sagrada Orden de Predicadores.
    • Necesidad de dar por escrito normas estables de vida (pp. 25-26).
    • Primera parte. De la vida en el Monasterio (pp. 27-185).
    • Parte segunda. Del gobierno del Monasterio (pp. 187-261).
  • Apéndice. De las Monjas Dominicas que sólo hacen votos simples (pp. 262-263).
  • Decreto (pp. 264-265).
  • Índice (pp. 267-271).

8. Constituciones Fernández (1970)

Se trata de la reproducción de: Libro de las Constituciones de las Monjas de la Orden de Predicadores, OPE, Guadalajara 1971.
Contenido:
  • Carta del Maestro de la Orden (pp. 7-15).
  • Regla de san Agustín (pp. 17-39).
  • Constitución Fundamental de los Frailes Predicadores (pp. 41-52).
  • Distinción primera: Vida de las monjas (pp. 53-131).
  • Distinción segunda: El régimen (pp. 133-187).
  • Exhortación del B. Jordán (p. 189).
  • Apéndices (pp. 191-200).
  • Índice.

9. Constituciones actuales: LCM (1987)

Se trata de la reproducción de: Libro de las Constituciones de las monjas de la Orden de Predicadores, Federaciones de España, Aragón y Bética, Valencia 1987. Son las Constituciones Fernández, aunque en la edición de 1987 se han introducido algunas variaciones.
Contenido:
  • Decreto de aprobación de la Sagrada Congregación de los Religiosos e Institutos Seculares (pp. 5-6).
  • Carta de Fray Mamián Byrne, Maestro de la Orden (pp. 7-8).
  • Regla de San Agustín (pp. 9-26).
  • Libro de las Constituciones de las monjas de la Orden de Predicadores.
    • Constitución Fundamental (pp. 29-32).
    • Distinción primera: La vida de las monjas (pp. 33-94).
    • Distinción segunda: El régimen (pp. 95-140).
  • Apéndices (141-151).
  • Formularios (pp. 153-172).
  • Índices
    • Índice analítico-alfabético (pp. 175-205).
    • Índice general.
Fr. Julián de Cos Pérez de Camino

Descargar las distintas partes del Corpus

Pinchar en el enlace para descargar en PDF cada parte del Corpus Legislativo de las Monjas Dominicas de habla hispana
0. Regla de san Agustín (397)
4. Constituciones Cloche (1690)
5. Constituciones Zepeda (1710)
6. Constituciones Potton (1864)
6.1. Índice
6.2. Constituciones
7. Constituciones Gillet (1930)
7.1. Índice
7.2. Constituciones
8. Constituciones Fernández (1970)
8.1. Índice
8.2. Constituciones
9. Constituciones actuales: LCM (1987)
9.1. Índice
9.2. Constituciones

El Santo Padre nombró a Fray Timothy Radcliffe como consultor del pontificio consejo de justicia y paz


El Santo Padre nombró a Fray Timothy Radcliffe como consultor del pontificio consejo de justicia y paz. Fray Timothy es hijo de la provincia de Inglaterra y fue Maestro de la Orden entre 1992 y 2001. 

Fray Timothy, ordenado sacerdote en 1971, es un reconocido predicador, conferencista y autor de varios libros. Ha sido miembro asesor y director del Instituto Las Casas. Ha recibido varios grados honorificos de diferentes universidades.

 Fray Timothy esta asignado actualmente al convento dominicano de Oxford, conocido también como Blackfriars, en Inglaterra.  

Comentario sobre el tema anual del Jubileo (2015)


Commentaire du thème annuel du Jubilé (2015)

Domingo: gobierno, espiritualidad y libertad.

«Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8, 31-32); «Cristo nos ha liberado para que seamos libres» (Ga 5,1).

¡La verdad os hará libres ! Esta promesa de Jesús me trae a la mente la imagen del grupo que camina junto a Él, anunciando el Reino de aldea en aldea. Cada uno de ellos había sido liberado a su modo: liberados del peso de sus culpas, de los  callejones sin salida de sus mentiras, del peso de su propia historia, de las divisiones alienantes… Conducidos por el anhelo de su Maestro y Señor de ir más allá, a otros pueblos; lo acompañan con la seguridad de permanecer unidos a Él, animados por una divina inspiración que les hacía cada vez más libres para ser ellos mismos, libres para entregarse a la amistad que Dios ofrece por medio de su Hijo, libres para ser enviados. Libres para ser discípulos de Cristo y también para invitar a otros a seguirle. Es la divina inspiración de la predicación de Jesús lo que los hace libres, aun cuando no hubieran dimensionado a qué se estaban comprometiendo cuando respondieron a la invitación de seguirlo o cuando se unieron a Él por iniciativa propia como gratitud por la misericordia que les había concedido. Permaneciendo con Él en Su proclamación del Reino, ellos descubren que llegan a ser mucho más libres de que lo que nunca hubieran imaginado esperar. Libres, gracias a la palabra de su Amigo y Señor. «Si permanecéis en mi palabra, conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». ¡Liberados por la Palabra de la verdad!

Creo que es a esta libertad del predicador a la cual se refiere el tema de este año de preparación para la celebración del Jubileo de la Orden. Domingo: gobierno, espiritualidad y libertad. Recordamos algunos textos importantes que nos han sido propuestos a lo largo de las últimas décadas sobre estos temas (el gobierno en la Orden, la obediencia, la libertad y la responsabilidad…) y que retomamos con gusto. Me parece que el tema de este año nos invita,  de acuerdo con el enfoque global de estos textos, a centrar nuestra atención sobre aquello que constituye probablemente el corazón de la espiritualidad de la Orden: adquirir la audacia de la libertad del predicador que nos enseña a ser sus discípulos. Ese es justamente el horizonte del gobierno en la Orden.  

Se insiste con frecuencia en el lugar esencial, único, que tiene la obediencia en la fórmula de profesión para ser predicador: «prometo obediencia a Dios…». Los historiadores recuerdan que Domingo pedía a sus primeros frailes que le prometieran «obediencia y vida común». Dos caminos para convertirse en discípulo: escuchar la Palabra y seguirla, viviendo junto a otros en su búsqueda, tal como aquella primera comunidad de amigos y amigas que iban con Jesús de aldea en aldea para aprender de él a ser predicadores. Escuchar y  vivir juntos, haciendo del seguimiento de la Palabra la fuente de la unanimidad

Consagrados en la predicación: Enviados a predicar el Evangelio


En este año dedicado a la vida consagrada, veo que se nos invita a volver de nuevo y sin cesar a esta fuente de nuestra vida: dedicándonos por entero a la evangelización íntegra de la Palabra de Dios, consagrados a la predicación de la Palabra de Dios, «permanecer en Su Palabra». «Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos ». Para Santo Domingo, el gobierno consiste en apoyar ese anhelo – de los individuos y de las comunidades – de ser «verdaderamente sus discípulos». Esto significa, cuidar de esta «morada de la Palabra». Aquí predomina de nuevo el criterio de la misión. Ahora bien, ¿de qué «Palabra»  estamos hablando? Aprendemos lo que esta Palabra significa para nosotros a partir de la conversación del Hijo con el Padre en la divina inspiración del Espíritu: «aquellos que me has dado…», «que allí donde yo esté, ellos también estén conmigo…». La misión tiene sus raíces en esta intimidad filial: «así como tú me has enviado, yo también los envío a ellos…». «Permanecer en la Palabra» no hace referencia a un simple «inmovilismo contemplativo auto-centrado». No se trata de una «observancia moral» que establecería (o buscaría) un «estado de perfección» definitivo. Permanecer en la Palabra, en el estilo ideado por Domingo, significa más bien entrar en el movimiento del Verbo que viene a la humanidad para establecer su morada en ella y hacernos libres por el poder de su Espíritu. Significa permanecer en la divina inspiración de la misión del Hijo. Significa hacerse uno mismo discípulo (y comunidad de discípulos) en la medida de una proximidad amistosa y fraterna con el Hijo. Según la expresión de Tomás de Aquino, cuando habla del « verbum spirans amorem », se puede pensar que permanecer en la Palabra significa mantenerse unido esa Palabra que «inspira» el amor, es decir, que establece la amistad, la fraternidad y la comunión en nosotros y entre nosotros. El Espíritu, la Palabra de verdad y de libertad.  

Una de las primeras decisiones de Domingo, registrada en la historia de la Orden como una de las más importantes, fue aquella de dispersar a los frailes de San Román para que el grano no se echara a perder. De este modo puso de manifiesto que el gobierno de la Orden debería estar ordenado esencialmente a la predicación. Por esta razón, el gobierno implica una cierta dinámica de vida espiritual que busca promover y servir la libertad de cada uno que nace de la Palabra de Dios. Como Jesús lo había hecho con los discípulos, Domingo envía sus frailes de dos en dos por los caminos de la predicación. En realidad, los envía simultáneamente a estudiar y a predicar y, gracias a esta decisión de dispersarlos, la Orden se desarrolla, se implanta, funda y acoge nuevas vocaciones. Esta dispersión inaugura la itinerancia como modalidad para «convertirse en discípulo», al tiempo que invita a los predicadores a dejar que su vida sea marcada por los encuentros que tendrán mientras van por el mundo como «hermanos». Esta dispersión los lleva también a encontrarse con las primeras universidades y, de este modo, a arraigar su búsqueda de la verdad de la Palabra en el diálogo con los saberes de su tiempo, a fundamentar en el estudio del misterio de la revelación de Dios creador y salvador su aprecio por la capacidad humana de conocer.  Permanecer en su Palabra significa mantenerse en comunión con el «Dios con nosotros» que Jesús, primer y único maestro de la predicación del Reino, ha hecho visible a los ojos de todos.    

«Dios, que manifestó la benignidad y humanidad de nuestro Salvador en su siervo Domingo, nos haga también a nosotros conformes a la imagen de su Hijo…»[1]. Esta oración de bendición de la fiesta de Santo Domingo hace eco a la decisión del Papa San Juan Pablo II de enfocar su reflexión sobre la «Vita Consacrata» a la luz del misterio de la Transfiguración (VC 14). En esta perspectiva, y dado que tiene la tarea de llamar, conducir y apoyar en el camino de «hacerse discípulos» para convertirse en predicadores, el gobierno dominicano busca promover continuamente las condiciones de esta «economía de la transfiguración». La predicación del Reino es la modalidad que la Orden propone a sus hermanos y hermanas para dejarse configurar con Cristo por el Espíritu. La contemplación del ícono de la Transfiguración nos deja ver las dimensiones esenciales de esta aventura. En medio de su camino de predicación, Jesús toma consigo a tres de sus discípulos que serán testigos de la transfiguración: la contemplación del misterio del Hijo está en el centro de la misión del predicador. El predicador recibe de esta contemplación aquello mismo que habrá de transmitir en su misión: la realidad del Hijo de Dios y la revelación de la economía del misterio de salvación. Recordemos lo que dice el relato de la Transfiguración: «hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías…». Y la respuesta de Jesús llega de inmediato: habrá una tienda bien levantada, sí, pero estará en el Gólgota de Jerusalén. Habrá dos compañeros pero serán dos ladrones expulsados de la sociedad, como Él, y sentenciados a muerte. A la luz resplandeciente de la montaña de la transfiguración replicará el relámpago que desgarrará los cielos, como para garantizar por adelantado el cumplimiento del descenso al lugar de los muertos desde donde el Hijo será levantado, vivo, derrotando de una vez para siempre todas las tinieblas de la muerte y llevando consigo a la presencia plena del Padre a aquellos que ahora viven para siempre con Él. Sobre la montaña de la Transfiguración, los discípulos reciben, finalmente, aquella misión que constituirá su alegría: ir con Jesús, hasta Jerusalén, allá donde se revela plenamente la Palabra de la verdad, allá donde la vida entregada de Cristo es la fuente de nuestra libertad.        

Ser testigo de la Transfiguración implica emprender un camino en el cual ha de madurar nuestro anhelo de ser discípulos, permaneciendo en su Palabra, dejando que Ella nos enseñe la obediencia y el amor del Hijo revelados en el Gólgota y en la mañana de Pascua, recibiendo de su divina inspiración la misión como en el día de Pentecostés.
     

Permaneced en mi Palabra


En su carta apostólica a los consagrados, el Papa Francisco nos invita a «despertar al mundo», sabiendo crear «otros lugares donde se viva la lógica evangélica del don, de la fraternidad, de la acogida de la diversidad, del amor recíproco». Estos lugares «deben convertirse cada vez más en la levadura de una sociedad inspirada por el Evangelio, la «ciudad sobre el monte» que dice la verdad y el poder de las palabras de Jesús». Estos lugares son nuestras comunidades en las que prometimos aprender a convertirnos en esos «expertos en la comunión» a los que se refiere el Papa en la misma carta apostólica.

Es significativo y esencial que, en la Orden, la función de superior(a) se sitúa precisamente en la intersección de estos dos horizontes de la promesa: la obediencia y la vida común. «Obediencia apostólica» por la que Domingo quiso que los predicadores se comprometieran a hacerse hermanos de aquellos a los eran enviados en itinerancia mendicante y a dejarse convertir y formar por la fraternidad, vivida en comunidad. La fraternidad apostólica a la que nos compromete el voto de obediencia es el camino propuesto por Domingo para que vivamos a plenitud nuestra libertad. Obediencia y vida común: dos maneras de orientar las miradas hacia la comunión escatológica a la que está destinado el mundo y para la cual ha sido creado; por eso decimos que el mundo ha sido creado «capaz de Dios». Dos maneras de comprometer « usque ad mortem » nuestra libertad en toda su plenitud. Por eso, insisto, la tarea del superior o la superiora consiste en invitar a emprender este camino para ponerse «bajo la autoridad» de la Palabra y hacerse servidor de ese diálogo de Dios con la humanidad que el Verbo vino a realizar habitando entre los hombres. Obediencia y vida común, para que la predicación se fundamente a la vez en la comunidad de discípulos que escuchan la Palabra de vida y en la comunidad esperada como comunión escatológica anunciada por el profeta y que el Hijo viene a sellar con su propia vida.

Podemos decir que el «árbol de la predicación» es fruto de la promesa de vida evangélica y apostólica y hunde sus raíces en tres fuentes que la tradición de la Orden nos ofrece para «permanecer en su palabra»: la comunión fraterna, la celebración de la Palabra y la oración, y el estudio. Una tarea específica del gobierno en la Orden – y tal vez sea su primera responsabilidad – consiste en promover entre los frailes, hermanas y laicos  la calidad de este triple enraizamiento que garantiza y promueve la libertad apostólica.   

La comunión fraterna es el lugar donde los hermanos y hermanas pueden experimentar la capacidad de la palabra humana para dedicarse a la búsqueda de la verdad que les hará libres. Por medio de la vida comunitaria se nos ofrece la posibilidad de alcanzar nuestra libertad como contribución a la comunión. Por esta razón, nuestra «religión capitular» es esencial para nuestra espiritualidad: cada miembro de la comunidad tiene voz propia y, al comprometerse en la búsqueda común del bien de todos, adaptado a la misión de ser servidores de la Palabra, cada miembro participa plenamente en el gobierno de la Orden. Dicho gobierno es democrático, no porque consista en la designación del poder de la mayoría, sino porque implica más bien la búsqueda democrática de la unanimidad. Sabemos bien que este ejercicio de la vida comunitaria es exigente porque requiere que ninguno se prive de participar en el diálogo que conlleva esta búsqueda. Es exigente también porque nos compromete a expresar con la mayor veracidad posible nuestras posturas y argumentos, incluso a objetivar desacuerdos entre los hermanos, pero con la confianza de que ninguno será reducido nunca a una opinión o postura extrema sino que, ante todo, será acogido y amado como un hermano. Es todavía más exigente, porque, tras la búsqueda paciente del punto más cercano posible a la unanimidad, compromete a todos los miembros de la comunidad en la realización de la decisión tomada por todos. Esta es la condición necesaria para que cada uno sea acogido, reconocido y apoyado por todos en el entusiasmo de su propia generosidad y creatividad apostólica. Sin embargo, con demasiada frecuencia, tal vez a causa de la dificultad de este ejercicio, olvidamos esta dimensión de nuestro enraizamiento en la Palabra que nos ofrece la vida comunitaria.      

La segunda fuente de enraizamiento del árbol de la predicación en la palabra es la oración. La oración personal y comunitaria no pueden ser vistas como un ejercicio que se debe hacer para cumplir con el compromiso de la vida regular consagrada. La oración es la modalidad a través de la cual optamos, personalmente y en comunidad, por acompasar el tiempo de nuestra historia humana con la meditación del misterio de la historia de Dios con el mundo. Con esto se busca «hacer propia» la historia de la revelación como respuesta a ese Dios que viene en su Hijo a «hacer propia» la historia de cada uno de nosotros. Se trata de dejar que, en la oración, el Espíritu «sople donde quiere». Por esta razón, la oración nace de la escucha de la Palabra y conduce de nuevo a ella, estableciendo como centro de gravedad de la vida de cada uno de nosotros la contemplación del misterio de la revelación que nos narra la Escritura. La celebración de la Palabra en la liturgia, su contemplación en la meditación de los misterios del Rosario, la paciente oración en silencio, nos ayudan a interponer la consagración de nuestra vida a la predicación entre la contemplación y el estudio: dos modos de búsqueda de la verdad de Su Palabra cuyo gusto anhelamos compartir con aquellos y aquellas a quienes somos enviados.  « Si permanecéis en mi Palabra, seréis de verdad discípulos míos». De igual manera que lo fue para los primeros amigos de Jesús, permanecer se convierte para nosotros en la oportunidad de reconocernos plenamente libres porque hemos sido restablecidos por su llamado, consolidados por su amor y su misericordia, animados y enviados por su gracia para llevar aún más lejos su Palabra de verdad. Permanecer en la Palabra nos conduce entonces a llevar con nosotros, en el silencio de la escucha y de la espera, a todos aquellos a quienes somos enviados, a quienes se confían a nuestra oración, a aquellos que Dios nos da para que, de modo misterioso, aceptemos que Él une sus destinos al nuestro en una misma gracia de salvación. En este sentido, el gobierno en la Orden es un centinela que ha de velar por que la libertad de las personas y de las comunidades se fundamente verdaderamente en la contemplación de ese misterio por el que el Hijo en su humanidad ha dado la salvación al mundo uniendo conformando su libertad a la libertad del Padre. 

La oración nos invita a seguir el ejemplo de Nuestra Señora de los Predicadores. Junto a ella, podremos descubrir y maravillarnos continuamente de la capacidad de la vida humana de convertirse en una «vida para Dios». Junto a ella, cantando los salmos, que dirigen la contemplación hacia la historia de la revelación, las palabras humanas de los predicadores se arraigan en una comprensión familiar de ese diálogo a través del cual Dios le propone su adopción a la humanidad. Junto a ella, la Orden asume en las entrañas de su predicación el signo profético de la conversión a la comunión fraterna, anuncio confiado de la plena realización de la promesa de la alianza en Aquél que es la Verdad. Siguiendo el ejemplo de Nuestra Señora de los Predicadores, la espiritualidad de la obediencia en la vida común une íntimamente a la Orden al misterio de la Iglesia, por el amor compartido de Cristo, por la adopción en la divina inspiración de Su Vida, de su don para el mundo.      

            El estudio es la tercera forma de enraizar la predicación de manera que «permanezca en su palabra». Es el lugar de la búsqueda y la contemplación de la verdad y, por esta razón constituye una observancia muy particular dentro de nuestra tradición. Fundamentado sólidamente en la escucha de la Escritura y en la fidelidad a la doctrina y al magisterio de la Iglesia, el estudio es en la Orden la manera privilegiada de mantener nuestra conversación con Dios y un dialogo amistoso y fraterno con los numerosos sistemas de pensamiento que dan forma a nuestro mundo y buscan, a su modo, la verdad. A través del estudio, la Orden nos propone crecer continuamente en la libertad, no con el fin de valorizar de modo mundano el nivel de conocimientos adquiridos sino más bien como medio para avanzar por el camino de la «humildad de la verdad». Comprometer la inteligencia humana en esta aventura que tiene la audacia de intentar hacer inteligible el misterio en palabras y conceptos humanos, es a la vez dar gracias al Dios creador que ha querido que la razón humana, con toda su finitud y limitación, sea «capaz de Dios» y permitir, a su vez, que la razón sea desbordada por la esperanza de una plenitud que ningún concepto puede aprehender verdaderamente. Advenimiento de la esperanza que revela la verdadera amplitud de nuestra libertad. El gobierno dentro de la Orden tiene la responsabilidad de no dejarnos desertar del campo del estudio y de estimular nuestra creatividad para buscar incansablemente los medios más adecuados para proponer a otros esta aventura de la evangelización de la razón.     
        

¿Gobierno y espiritualidad?


Considerar la espiritualidad de la Orden desde esta perspectiva (permanecer en la Palabra para conocer la verdad que hace libres) permite identificar algunos principios esenciales del gobierno en la Orden. Ya hemos visto que el gobierno está ordenado esencialmente a la misión de la predicación y a impulsar el modo de vida específico de la tradición dominicana en el que se brinda a los frailes las condiciones para enraizar su predicación en la Palabra.

El primer principio consiste en animar continuamente la celebración de capítulos para fomentar en los frailes una responsabilidad apostólica común. En su reciente carta apostólica, el Papa Francisco expresaba el deseo de que los consagrados nos cuestionemos sobre aquello que Dios y la humanidad nos piden. En nuestra tradición, esto significa darle una importancia renovada a la celebración de nuestros capítulos. Ciertamente, los capítulos – conventuales, provinciales y generales – tienen la tarea de tomar decisiones precisas de organización y legislación para nuestra vida y misión. Por esta razón, como ya lo hemos señalado, los capítulos son momentos privilegiados para avanzar con humildad por el camino de la búsqueda común de la verdad en la fraternidad. Las preciosas reflexiones de mis predecesores nos han ayudado a comprender cómo la modalidad en la Orden no es el ejercicio del poder por parte de la mayoría sino la búsqueda de la mayor unanimidad posible. El diálogo y el debate entre los frailes tienen tanta importancia en nuestra tradición precisamente porque permiten que cada uno pueda participar libremente y con confianza en la formulación común del bien de todos al que cada uno se comprometerá a contribuir. Este dialogo fraterno se hace posible en la medida en que, entre nosotros, manifestemos respeto fraterno, apertura y libertad para expresar cada uno su propia reflexión.  

Uno de los objetivos primordiales de este diálogo debe ser la atención a los signos de nuestro tiempo, como también la comprensión de las necesidades e inquietudes que dichos signos le plantean al carisma propio de la Orden: llevar en medio de la Iglesia la memoria de la predicación evangélica. En una próxima carta, respondiendo a la petición del Capítulo General de Trogir, abordaré el tema del proyecto comunitario cuya elaboración me parece ser el punto de apoyo del gobierno en la Orden. En la medida en que todos hayan participado en la elaboración de dicho proyecto podremos evaluar y orientar de manera efectiva nuestro servicio a la Iglesia y al mundo a través de la predicación. La comunión fraterna se construye a partir de la preocupación común por la misión, que no es solamente la determinación de lo que se quiere «hacer» sino también la puesta en común de nuestras «compasiones por el mundo» a partir de las cuales anhelamos compartir el bien precioso de la liberación por medio de la Palabra de verdad.

Sobre la base de esta responsabilidad apostólica común y, dado que la tarea del gobierno en la Orden consiste en asegurar el arraigo en la verdad de la Palabra, el segundo principio del gobierno es el envío a predicar. Domingo quiso que la respuesta a esta «misión» fuera itinerante y mendicante de modo que la predicación de la Orden prolongara la economía de la Palabra que vino al mundo en Jesús, como amigo y hermano, mendicante de la hospitalidad de aquellos a quienes quería invitar a tomar parte en el diálogo con el Padre. Las «asignaciones» hechas por los (las) superiores(as), deberían estar ordenadas siempre a este horizonte de la itinerancia mendicante para la misión. Es decir, estrictamente hablando, la itinerancia apostólica consiste en la «no-instalación» que es el modo de «hacerse discípulo». «Te seguiré donde quiera vayas…», decía uno de los discípulos, y Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros tienen nidos pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza…». Domingo quiso tomar en serio esta afirmación al ofrecer de igual modo a sus frailes, la oportunidad de hacer suya la pregunta de los discípulos del Bautista: Maestro, ¿dónde vives? Ven y lo verás… Esto nos ayuda a comprender el ejercicio del gobierno en la Orden; a comprender y a escuchar en medio de la vida, de los ministerios y de las responsabilidades de cada uno: en medio de las realidades más estables, a veces de los triunfos o de las «carreras» más brillantes, de las funciones más importantes, puede resonar un llamado que pide abandonar para unirse, más lejos y más libres, a otra dimensión de la misión común de la Orden en la Iglesia. Estas desinstalaciones  – algunas veces, dolorosas pero, con frecuencia, fecundas – tienen rasgos que se recuerdan continuamente en la vida de Domingo: compasión, frontera entre la vida y la muerte, entre lo humano y lo inhumano, desafío de la justicia y la paz, imperativo del diálogo entre religiones y culturas  – como realidades que hacen eco a las «periferias existenciales» de las que el Papa Francisco habla nuevamente en su carta.  Misericordia por los pecadores antes que la fijación sobre los propios pecados que nos centra sobre nosotros mismos. Servicio de la comunión de la Iglesia y de su extensión antes que dar demasiada importancia a identidades que nos aseguran y nos retienen en nosotros mismos. Permanecer en la Palabra significa mantenerse en medio del viento de esa divina inspiración de la misión de la Palabra, del Verbo del cual queremos hacernos discípulos. La itinerancia de la predicación es por lo tanto el camino de nuestra «liberación para ser libres».     

Dado que el ejercicio del gobierno en la Orden está orientado al envío, se debe prestar atención especial a cada persona, a sus dones propios y su creatividad, de manera que se promueva de la mejor manera el desarrollo de la libertad de cada uno en servicio del bien y de la misión de todos. Como elemento central de esta atención y en nombre de la búsqueda común de la verdad de la Palabra, los superiores deben tener muy presente la doble exigencia de la misericordia y de la justicia. La misericordia, tan importante en nuestra tradición, debe caracterizar de modo esencial la preocupación por las personas. Por eso, las relaciones fraternas interpersonales, como las relaciones al interior de una comunidad, deben ser siempre el punto de apoyo que permite recordarle a cada uno que él no se reduce a sus falencias o a sus carencias. La fraternidad se teje verdaderamente cuando cada uno descubre, en ella y en el llamado que ella hace continuamente a dejarse redimir para ser libre, su dignidad plena de ser levantado y salvado por la misericordia de Cristo. Pero, al mismo tiempo, dicha dignidad debe ser reconocida en su capacidad de responsabilidad. En la perspectiva de la Palabra de verdad que libera, la libertad individual no puede pretender ser una isla, ni el centro de gravedad de la vida de todos los demás. La fraternidad, tal y como la propone Cristo, nos enseña precisamente a recibir nuestra verdadera libertad en total disposición a la reciprocidad según la cual el otro cuenta siempre más que yo mismo. Por esta razón, el gobierno tiene la responsabilidad exigente de mantener juntos el celo por la misericordia y el deber de la justicia. La referencia precisa y objetiva a nuestras Constituciones, al bien común, a las determinaciones de nuestros capítulos, permite preservar el bien común de todos al abrigo de la arbitrariedad de las pretensiones individualistas de libertad. La tarea puede parecer a veces árida e ingrata pero es al precio de ese equilibro exigente que se puede evitar una referencia demasiado fácil a una misericordia que termina reducida a la cobardía, la irresponsabilidad o la indiferencia. Es en virtud de este equilibrio que cada uno podrá recibir la gracia que vino a buscar en la Orden: ser llamado a dejarse liberar por la Palabra de verdad.     
        
Para concluir este comentario del tema anual del Jubileo, quisiera evocar un último principio espiritual del gobierno en la Orden: el de la unidad y la comunión. Una vez más, el criterio de la misión nos sirve como punto de apoyo. A medida que buscamos, con paciencia, los medios que favorezcan la deliberación común para orientar el ministerio de la predicación, los individuos, las comunidades, las provincias y todas las entidades de la familia dominicana entran en la dinámica de integración en una misma entidad. Por supuesto, cada una de dichas instancias está invitada, convocada, a aportar su propia identidad personal, cultural y eclesial al bien común. Pero, a causa de la referencia común al entusiasmo fundador que nos ha consagrado a todos a la predicación, nuestra voluntad consistirá en responder juntos al envío. Mejor aún, y todavía más exigente: pedimos al Espíritu que nos constituya en una comunión de predicación. Expresamos esta petición al tiempo que pedimos incesantemente al Espíritu de comunión para que abra el mundo al horizonte de la salvación y afiance en nuestro corazón la esperanza de la nueva creación. Sobre la puerta de la Basílica de Santa Sabina, entregada a Santo Domingo por el Papa Honorio III, el mosaico que representa la Iglesia de la circuncisión y la Iglesia de los gentiles recuerda este horizonte primero de la predicación de la Orden: la Palabra de verdad nos compromete a servir, por medio de la predicación y el testimonio, a la comunión que ha sido prometida. Es para eso que hemos sido enviados. Y sobre la puerta de esta misma basílica, lo sabemos, la representación de la crucifixión nos recuerda que dicha predicación nos conducirá a ser discípulos de Aquel que libremente da su vida para que todos sean congregados en la unidad.

¡La verdad os hará libres!

Fr. Bruno Cadoré, O.P.
Maestro de la Orden