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La Homilía del Papa Francisco en la Misa de Clausura del Jubileo de la Orden de los Predicadores

Papa Francisco

Misa de Clausura del Jubileo Dominicano - 21 de enero de 2017 en la Basílica de San Juan de Letrán de Roma

Papa Francisco

La Palabra de Dios hoy nos presenta dos escenarios humanos opuestos: de una parte el “carnaval” de la curiosidad mundana; de la otra, la glorificación del Padre mediante las obras buenas. Y nuestra vida se mueve siempre entre estos dos escenarios. De hecho, ellos están en toda época, como lo demuestran las palabras de San Pablo dirigido a Timoteo (Cfr. 2 Tim 4,1-5). Y también Santo Domingo con sus primeros hermanos, ochocientos años atrás, se movía entre estos dos escenarios.

Pablo advierte a Timoteo que deberá anunciar el Evangelio en un contexto en que la gente busca siempre nuevos “maestros”, “cuentos”, doctrinas diversas, ideologías… «Prurientes auribus» (2 Tim 4,3). Es el “carnaval” de la curiosidad mundana, de la seducción. Por esto el Apóstol instruye a su discípulo usando incluso verbos fuertes, como “insiste”, “advierte”, “reprocha”, “exhorta”, y luego “vigila”, “soporta los sufrimientos” (vv. 2.5).

Es interesante ver como ya entonces, dos milenios atrás, los apóstoles del Evangelio se encontraban ante este escenario, que en nuestros días se ha desarrollado mucho y globalizado a causa de la seducción del relativismo subjetivista. La tendencia de la búsqueda de novedad propia del ser humano encuentra el ambiente ideal en la sociedad del aparentar, del consumo, en el cual muchas veces se reciclan cosas viejas, pero lo importante es hacerlas parecer como nuevas, atrayentes, seductoras. También la verdad es enmascarada. Nos movemos en la así llamada “sociedad liquida”, sin puntos fijos, desordenada, sin referencias sólidas y estables; en la cultura de lo efímero, del usa y tira.

Ante este “carnaval” mundano resalta netamente el escenario opuesto, que encontramos en las palabras de Jesús que hemos escuchado: «glorifiquen al Padre que está en el cielo» (Mt 5,16). Y ¿cómo se da este paso de la superficialidad casi-afectuosa a la glorificación? Se da gracias a las buenas obras de aquellos que, se hacen discípulos de Jesús, y son “sal” y “luz”. «Así debe brillar ante los ojos de los hombres – dice Jesús – la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo» (Mt 5,16).

En medio del “carnaval” de ayer y hoy, esta es la respuesta de Jesús y de la Iglesia, este es la base sólida en medio del ambiente “liquido”: las buenas obras que podemos realizar gracias a Cristo y a su Santo Espíritu, y que hacen nacer en el corazón el agradecimiento a Dios Padre, la alabanza, o al menos la maravilla y la pregunta: ¿Por qué?, ¿Por qué esta persona se comporta así?: la inquietud del mundo ante el testimonio del Evangelio.

Pero para que este “sacudón” suceda se necesita que la sal no pierda el sabor y la luz no se esconda (Cfr. Mt 5,13-15). Jesús lo dice muy claramente: si la sal pierde su sabor no sirve para nada. ¡Cuidado que la sal pierda su sabor! ¡Atención a una Iglesia que pierde el sabor! ¡Cuidado que un sacerdote, un consagrado, una congregación que pierde su sabor!

Hoy nosotros damos gloria al Padre por la obra que Santo Domingo, lleno de la luz y de la sal de Cristo, ha realizado ochocientos años atrás; una obra al servicio del Evangelio, predicado con la palabra y con la vida; una obra que, con la gracia del Espíritu Santo, ha hecho que muchos hombres y mujeres sean ayudados a no perderse en medio del “carnaval” de la curiosidad mundana, sino en cambio hayan escuchado el gusto de la sana doctrina, el gusto del Evangelio, y se hayan convertido, a su vez, en luz y sal, artesanos de obras buenas… y los verdaderos hermanos y hermanas que glorifican a Dios y enseñan a glorificar a Dios con las buenas obras de la vida.

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

Eucaristía en ocasión de la clausura del Jubileo de la Orden de Predicadores (Parte II)

Eucaristía en ocasión de la clausura del Jubileo de la Orden de Predicadores

Continuando con la preparación para la Eucaristía de clausura del Jubileo de la Orden de Predicadores permitidme mostraros una panorámica de cómo se desarrollará la celebración del próximo sábado 21 de enero. Aunque incorporaremos algunos elementos litúrgicos propios de la tradición de la orden, que nos han nutrido durante siglos, el esquema fundamental será el de la Misa Pontifical.

El primer elemento proveniente de la tradición dominicana que utilizaremos en la liturgia serán las oraciones y lecturas. Celebraremos la Misa Votiva de Santo Domingo, compuesta en torno al año de su canonización en 1234. Estos textos si sitúan entre los más antiguos testimonios litúrgicos de la orden, pudiéndose fechar incluso antes de la unificación litúrgica llevada a cabo en 1256, que daría forma definitiva a la liturgia dominicana durante siglos.

A lo largo de la Eucaristía cantaremos algunas nuevas composiciones musicales en las tres lenguas oficiales de la orden. Como canto de entrada entonaremos "Mon Dieu, ma Miséricorde" recordando la oración constante de Nuestro Padre Santo Domingo a los pies de la cruz: "Señor ¿qué será de los pecadores?". Comprometidos con su mismo celo de salvación somos animados a llevar las alegrías y dificultades de nuestras vidas a los pies del Crucificado uniéndolas a su sacrificio. Para el ofertorio hemos elegido la composición "El pan de San Sixto" que nos transporta al refectorio de aquella primera fundación dominicana en Roma. Recordamos el milagro que llevó a cabo allí santo Domingo al pedir pan para sus hijos hambrientos y viendo aquellos como bajaban los ángeles para servírselo. Por último, en el momento de la comunión, colmados de alegría y gratitud, cantaremos "Thanks be to You, O Lord!". Al final de la celebración entonaremos dos antífonos latinas bien conocidas por todos: "Salve Regina" a la Virgen María y "O Lumen Ecclesiae" a santo Domingo, suplicando su constante intercesión.

Aún debemos notar otros dos momentos significativos. El primero es el "Padre Nuestro" (Pater Noster) que será cantado en latín; el segundo la oración de los fieles que debe reflejar de la mejor manera posible la universalidad de la orden y nuestra oración común. El deseo de orar juntos y no separados es también parte de la tradición y espiritualidad dominicanas. Tal como nos recuerda la Regla de san Agustín: "Lo primero porque os habéis congregado en comunidad es para que habitéis en la casa unánimes y tengáis una sola alma y un solo corazón hacia Dios". Se han dispuesto siete peticiones. Cada una de ellas será brevemente introducida en latín, dando a todos la oportunidad de rezar en el caso de que alguno no entienda la lengua vernácula en que la oración será leída. Concluiremos cada una de ellas entonando juntos "Kyrie eleison".


Permitidme para finalizar advertir por qué hemos decidido celebrar la Eucaristía de clausura del Jubileo de la Orden en la basílica de San Juan de Letrán. No se debe a que la basílica de San Pedro del Vaticano no fuese un lugar apropiado. La basílica Lateranense, catedral del obispo de Roma, era el lugar donde residía el Papa en la época de santo Domingo y donde presumiblemente se llevaron a cabo sus encuentros. En este día tan especial para todos nosotros, convocados una vez más por el propio Cristo y presididos por Su Santidad el Papa Francisco queremos redescubrir nuestra vocación como Orden de Predicadores. Digámoslo en palabras dominicanas: antes de contemplata aliis tradere debemos empezar por contemplari.

Debido a que la Eucaristía es una imagen de la Iglesia y especialmente en esta ocasión de la Familia Dominicana en toda la riqueza de sus diferentes formas de vida os pedimos por favor que no olvidéis vestir vuestros hábitos y capas o vuestras vestiduras solemnes. ¡Es nuestra fiesta! Para acceder a la basílica dirigíos a su entrada principal que estará abierta desde las 14:30.


Aquellos que no podáis uniros a la celebración en persona os queremos pedir que nos acompañéis de forma espiritual con vuestras oraciones. Asimismo la Eucaristía será retransmitida por Vatican TV y también en www.op.org

Fray Dominik Jurczak OP

Clausura del Jubileo 800 Años de la Fundación de la Orden de Predicadores en México



La Orden de Predicadores, mejor conocida como Dominicos, clausuraron el Jubileo por los 800 años de la Orden en el mundo, que celebraron desde el año 2016.

En la Basílica de Guadalupe, la celebración fue presidida por el Nuncio Apostólico en México, Mons. Franco Coppola, y concelebrada por sacerdotes de la Orden. Participaron las ramas masculina y femenina de los Predicadores y su brazo laical.

En su Homilía, el Sr. Nuncio dio lectura al mensaje del Secretario del Estado Vaticano, Mons. Pietro Parolin, en el que concedió la bendición apostólica a los participantes de la celebración, e insta a que la celebración sea propicia para dar gracias al Señor por tantos dones recibidos por su bondad durante todos estos años de la Orden de Predicadores, y además sea un impulso en su camino hacia la santidad, “como testigos fieles de Cristo y mensajeros valientes del Reino (de Dios)”.

El Nuncio compartió con la asamblea la explicación de la Palabra de Dios, recordando que en las primeras comunidades cristianas, vivían unidos y lo tenían todo en común, característica que también deben compartir todas las congregaciones. Por ello, pidió a Dios que conceda a los Predicadores una capacidad mayor de reproducir las primeras comunidades cristianas.

Clausura del Jubileo 800 Años de la Fundación de la Orden de Predicadores en México

También pidió al Señor para todos, la conciencia de ser parte de una comunidad; de abrir el corazón y los ojos “para darnos cuenta” de lo que está pasando al hermano que está al lado, sus problemas y sus dolencias.

En las peticiones, se oró porque el Papa Francisco siga siendo pastor de misericordia; porque la Orden de Predicadores cumpla el sueño de Santo Domingo: formar comunidades apostólicas; y por la paz en México y que todos los mexicanos nos comprometamos a luchar por una vida más justa.


Misa de Clausura del Jubileo Dominicano

Basilica of St John Lateran, Rome

Misa de Clausura del Jubileo Dominicano - 21 de enero de 2017 en la Basílica de San Juan de Letrán de Roma

La Prefectura de la Casa Pontificia confirmó que su Santidad Franciso presidirá la misa de clausura del Jubileo Dominicano el próximo 21 de enero en la Basílica de San Juan de Letrán de Roma a las 4:00 p.m. Todos los miembros de la Familia Dominicana y amigos de la Orden están cordialmente invitados a participar en esta celebración eucarística. Con el fin de garantizar billetes para todos los que quieran participar, les pedimos que confirmen su presencia enviando un correo antes del día 13 de enero a iubileum2016@curia.op.org

Todos los inscritos al Congreso para la mission de la Orden tienen ya un billete reservado. El ingreso a la Basilica será a partir de las 3:00 p.m. A partir de las 3:30 p.m. tendremos la oración del Santo Rosario. Pedimos a los frailes que asistan a la ceremonia que porten el hábito y la capa. Concelebrarán junto al  Santo Padre los obispos dominicos y priores provinciales presentes. 


Eucaristía en ocasión de la clausura del Jubileo de la Orden de Predicadores (I)

El 21 de enero a las 16h en la basílica de San Juan de Letrán Su Santidad el Papa Francisco presidirá la Eucaristía de clausura del Jubileo de la Orden de Predicadores, un acontecimiento importante que no sólo debe dirigir nuestros ojos hacía la rica historia de la orden sino también impulsarnos hacia su futuro. Cada Eucaristía es una celebración de la Iglesia (en este caso particularmente de la Familia Dominicana) y es necesario prepararse bien para vivirla en abundancia. De esta manera podremos celebrar realmente juntos, en el sentido más pleno de la palabra, recordando que la liturgia no es sólo asunto del celebrante o del coro, sino que involucra y expresa a toda la Iglesia con su riqueza de dones y vocaciones. Permitidme explicaros algunas particularidades de la celebración.

Antes de comenzar la Eucaristía rezaremos el Santo Rosario, oración especialmente importante en nuestra tradición dominicana. Será recitado en cinco idiomas y dirigido por el Maestro de la Orden fray Bruno Cadoré. Pero como nuestra Familia Dominicana habla más de cinco lenguas y está compuesta por más de cinco culturas las respuestas a las oraciones serán en latín expresando así mejor la universalidad de nuestra herencia y la unidad de la oración dominicana. Antes de cada misterio se cantará una pequeña composición coral que ayudará a la meditación. Al finalizar el Rosario cantaremos Imple Pater quod dixisti (la antífona O spem miram), estando seguros de que intercede por nosotros tal y como lo prometió en su lecho de muerte y ha cumplido durante 800 años.

Para prepararnos a la Eucaristía (inefable misterio de Dios entre los hombres) permaneceremos tras el Rosario unos momentos en silencio orante, con el fin de descansar nuestras mentes ocupadas y disponernos a la contemplación de Dios por medio de la liturgia.

Cada Eucaristía es una imagen de la entera Iglesia, lo que significa también de la Orden de Predicadores en la riqueza y pluralidad de sus formas de vida, con obispos dominicos, antiguos Maestros de la Orden y representantes de la Familia Dominicana de todo el mundo. Aunque la Eucaristía será celebrada mayoritariamente en lengua italiana, con el objetivo de subrayar tanto la unidad como la pluralidad de la oración dominicana, se interpretarán composiciones corales en diversas lenguas procedentes de nuestra tradición, tanto antigua como moderna. Nos disponemos a dar comienzo a los preparativos con la parte más sencilla.


En el momento de la comunión cantaremos el canto Adoro Te devote, conocido himno eucarístico compuesto por santo Tomás de Aquino. Los arreglos necesarios han sido compuestos para la ocasión.

fr. Dominik Jurczak OP

Celebración Penitencial en las Comunidades Locales OP


Fecha: Cuaresma de 2016  

Lugar:  Provincias, conventos, comunidades locales, fraternidades.

Coordinación:

Comité de Coordinación del Jubilé : iubileum2016@curia.op.org
Comisión Litúrgica OP : commissio.liturgica@curia.op.org
Provinciales y superiores locales
Promotores provinciales del Jubileo

El Capítulo General de Trogir recomendó que  «todas las comunidades incluyan, al menos una vez al año, un tiempo de reconciliación comunitaria entre los frailes, a fin de promover espacios de renovación y de sanación de nuestras relaciones fraternas» (ACG Trogir, 66)

Atendiendo a esta invitación y extendiéndola a todas las comunidades de la Familia Dominicana, el Comité de Coordinación del Jubileo, con la ayuda de la Comisión Litúrgica OP, propondrá una guía común para una celebración comunitaria de penitencia y de reconciliación. Dicha celebración busca invitarnos a vivir en comunidad la dinámica de metanoia y renovación propia de este tiempo jubilar

Por eso, invitamos a las provincias y comunidades locales a reservar desde ya un espacio para esta celebración dentro del calendario para el tiempo de cuaresma de 2016.

Para descargar el ritual de la celebración penitencial haga clic aquí: texto y carátula.

Fray Bruno Cadoré, maestro general de los dominicos, «La mayor misericordia es invitar a la amistad con Dios»

 «La mayor misericordia es invitar a la amistad con Dios»

La Orden de Predicadores celebra un Año Jubilar por sus 800 años de vida. ¿Cómo habría sido la Iglesia sin santo Domingo de Guzmán? 

Lo primero que viene a la mente son los grandes santos de la Orden, hombres y mujeres como santo Domingo de Guzmán, san Alberto Magno, santo Tomás de Aquino, santa Catalina de Siena, san Martín de Porres, Fra Angélico, san Vicente Ferrer… y también otras figuras importantes, aunque no hayan sido canonizados, como el maestro Eckhart, Francisco de Vitoria, Bartolomé de las Casas o Henri-Dominique Lacordaire. También podemos pensar en las muchas maneras en que hombres y mujeres dominicos han predicado el Evangelio en estos 800 años: a través de la palabra y de la escritura, por medio de su compromiso en favor de los más pobres y la promoción de los derechos humanos, a través de la música y las artes, a través de la vida de las comunidades y la celebración de los sacramentos. Los dominicos hemos sido grandes misioneros, llevando el Evangelio a todos los rincones del mundo, a América del Norte, Latinoamérica, Asia, África y Oceanía. Los dominicos hemos sido en la Iglesia memoria de la primera predicación del Evangelio. Es tarea para toda la Iglesia, una llamada a todos los cristianos, y los dominicos queremos recordar que esta tarea no se olvida en la Iglesia. 


¿Cuál es la realidad de la Orden hoy? 

Hay cerca de 6.000 frailes dominicos, unas 2.700 monjas de clausura, unas 23.000 hermanas de vida activa, unos 165.000 laicos dominicos y alrededor de 275 sacerdotes diocesanos que pertenecen a fraternidades sacerdotales de la Orden. Hay vocaciones a todas las ramas de la Orden, al menos en algunas partes del mundo. En Europa, por ejemplo, la mayoría son frailes mayores, pero también hay algunos jóvenes que entran cada año, si bien no tantos como antes. En otras partes del mundo, especialmente en el hemisferio sur, hay muchos frailes jóvenes, en Colombia, Nigeria, África ecuatorial, India o Vietnam.

 La Orden está presente en la mayoría de los países del mundo. Algunas de estas presencias, en Europa por ejemplo, vienen desde los orígenes de la Orden, y algunas otras son muy recientes, como Myanmar, Timor Oriental y Tailandia o las Iglesias aún jóvenes de África. Santo Domingo envió a los primeros frailes a los centros universitarios para estudiar, para predicar y establecer conventos. Todavía es una tendencia natural de la Orden la de vivir en las grandes ciudades y estar presentes, donde es posible, en los grandes centros universitarios. Para la Orden es una prioridad la reflexión filosófica y teológica sobre el Evangelio, sobre la situación de los seres humanos y sobre la presencia y las promesas de Dios para la vida humana. Pero también es posible encontrar dominicos predicando en muy diferentes contextos y situaciones. Los dominicos predicamos y enseñamos, escribimos y damos conferencias, publicamos libros y revistas, trabajamos en la televisión y en la radio, predicamos en Internet y utilizamos las redes sociales para construir fraternidad entre las personas, para compartir experiencias, para orar juntos. 

¿Se están incorporando laicos en la espiritualidad de la Orden? 

Hay en torno a 165.000 hombres y mujeres que son laicos dominicos. Viven su vida cristiana según una regla establecida por la Orden que les permite participar del carisma de santo Domingo de una forma adaptada a sus otras responsabilidades. Así, rezan y estudian juntos, y predican de diferentes maneras a través de proyectos específicos encomendados a fraternidades concretas o a través de su propia colaboración en la vida parroquial, en la atención pastoral en escuelas o prisiones, como escritores o profesores, etc.

 Un grupo más pequeño de laicos pertenecen a Institutos seculares, emiten algunos votos, en particular el del celibato, pero por lo demás se integran en la vida habitual ordinaria y tratan de ser levadura en el mundo. 

Y en la Orden siempre ha habido, junto con los sacerdotes, hermanos cooperadores –frailes no ordenados–; algunos de los santos más destacados han venido de este grupo, como san Martín de Porres. 


El panorama de la evangelización ha cambiado desde santo Domingo. ¿Cómo predican ustedes hoy?

 Santo Domingo fundó la Orden en una época en que era necesaria una nueva evangelización. Obviamente tenemos medios de comunicación de los que no disponían santo Domingo ni los primeros dominicos: la imprenta y la radio, la televisión e internet, formas de viajar que nunca hubieran imaginado… Por eso, los métodos de evangelización han cambiado significativamente desde santo Domingo, como también lo ha hecho el contexto en el que se hace la predicación. Pero está presente el mismo entusiasmo y ardor por la predicación. 

Esperamos que la celebración de los 800 años de vida de la Orden nos dé un nuevo impulso en este sentido. Un Capítulo general en los primeros tiempos de la Orden animó a los frailes a «aprender el lenguaje de los vecinos», y debemos continuar haciendo esto. El lenguaje de los vecinos no se refiere simplemente a aprender alemán, francés o español, sino a las formas de pensar, modos de conocimiento, métodos científicos, formas culturales de vida, al impacto de las redes sociales. Hay tantas preguntas sobre cómo vivir una vida plenamente humana… y los predicadores del Evangelio deben afrontarlas en el estudio y la contemplación, antes de atreverse a hablar de estas cuestiones en el diálogo, la enseñanza y la presentación del Evangelio. Sabiendo que su principal responsabilidad es la predicación del Evangelio, la reflexión de la Orden se centra en cómo debe hacerse, atendiendo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. 

El Papa Francisco está poniendo el acento en la misericordia. ¿Cómo ofrecen la misericordia los padres y religiosas dominicas?

 Una de las antífonas a santo Domingo que cantamos al finalizar la oración de la noche lo describe como «predicador de la gracia». En la Biblia, los términos de gracia y misericordia son a menudo intercambiables; se refieren a la vez a la bondad, el perdón, la llamada, el amor, el interés, la fidelidad, la vida, el amor inagotable de Dios. Así, la misión de la predicación de la Orden puede entenderse como una misión de misericordia. 

La primera tarea de los dominicos fue predicar y oír confesiones. La predicación pretendía abrir el camino a la reconciliación. La celebración del sacramento de la misericordia de Dios fue considerada como la conclusión natural de la predicación. «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?», preguntó la gente a los apóstoles cuando comenzaron a predicar la resurrección de Jesús. Los primeros dominicos podrían haber dicho: «Arrepentíos y confesad vuestros pecados». Nosotros decimos: «Deja de lado todo lo que debilita y envenena tu vida y busca la plenitud de vida que Cristo vino a darnos».

 Los dominicos también ofrecemos misericordia en el mundo a través de nuestras obras de caridad, ayudando a las personas en situaciones concretas de necesidad. Ofrecemos misericordia a través del estudio de la verdad dondequiera que se encuentre, y de esa manera llegar a amar el trabajo tanto de Dios en la creación como los logros humanos en el pensamiento y en la cultura. Mostramos misericordia cuando predicamos el Evangelio que es la Buena Noticia de la gracia de Dios, que nos llama a la amistad con Él. Esta es la mayor misericordia: ser invitados a esta amistad.

 Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo / op.org

Apertura Solemne del Jubileo Dominicano

Opening of the Jubilee of the Order

OCTINGENTÉSIMO JUBILEO DE LA CONFIRMACIÓN DE LA ORDEN

Enviados a Predicar el Evangelio

Nuestro Jubileo nos invita a volver a los orígenes de la Orden
para recordar el momento fundacional, en el que santo Domingo
envió a nuestros primeros hermanos fuera de su casa, de su familia,
de su nación, para que descubrieran el gozo y la libertad de la itinerancia.

ACP Togir, 40
Prot. 50/15/680 Jubilee_2016

Queridos hermanos y hermanas:

Escribo esta carta para anunciar con inmensa alegría la apertura y la programación del Jubileo de los Ochocientos años de la confirmación de la Orden de Predicadores, que celebraremos a partir del 7 de noviembre próximo hasta el 21 de enero de 2017 (cf. ACGTrogir 58, 3). En feliz coincidencia se inscribe la celebración de los 800 años de la confirmación de nuestra Orden con el Jubileo extraordinario de la Misericordia que acaba de proclamar el Papa Francisco.

Predicadores de la misericordia

La grata coincidencia de estos dos Jubileos tan entrañables a nuestra historia, vida y misión dominicanas se constituyen para nosotros en un llamado especial a renovar nuestro ministerio de la Palabra, al que nos conduce la celebración de nuestro octingentésimo aniversario, en torno a la misión específica de la Iglesia: «anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona» .

El capítulo general de Trogir estableció como lema para el año del Jubileo de la Orden “Enviados a predicar el Evangelio” (ACG Trogir 2013, 50) y nos invita a reflexionar sobre las siguientes preguntas: ¿Por quién somos enviados? ¿A quién somos enviados? ¿Con quién? ¿Qué llevamos con nosotros al ser enviados? El mismo capítulo ha dado también respuesta a esta última pregunta: somos enviados a predicar la buena nueva de la resurrección de Cristo. Creemos que su Resurrección es la revelación definitiva del amor del Padre por Jesús y por el mundo. La resurrección de Cristo es la revelación más clara de “la misericordia de Dios por los pobres pecadores”. Predicar la resurrección consiste en predicar el nuevo camino de amistad con Dios. Esta es la gracia de la cual fue predicador ejemplar santo Domingo, “predicador de la gracia”. Podemos así unir la feliz coincidencia de nuestro año jubilar con el Jubileo de la Iglesia –los predicadores del Evangelio son predicadores de la gracia, y los predicadores de la gracia son predicadores de la misericordia de Dios.

En la Bula de indicción del Jubileo extraordinario de la misericordia el Papa Francisco manifiesta su intención de enviar misioneros de la misericordia durante la cuaresma del año santo 2016. Los frailes y hermanas de la Orden nos sentimos particularmente interpelados por este llamado, puesto que desde el día mismo en que ingresamos a la Orden y antes de hacer nuestra profesión religiosa pedimos «la misericordia de Dios y de los hermanos». En su caminar de vida evangélica Domingo buscó continuamente testimoniar a Jesús, presencia de la misericordia de Dios entre nosotros, por eso su vida de predicador fue su camino de santidad: desde el generoso gesto de misericordia cuando decide vender sus libros para «no estudiar sobre pieles muertas mientras haya hombres que mueren de hambre», hasta la convicción de que la evangelización de la Palabra de Dios debe hacerse por medio del testimonio de la caridad de la verdad.

La apertura solemne del Jubileo de la Orden tendrá lugar el 7 de noviembre en cada comunidad de la Orden. Desde la curia general de Santa Sabina daremos también solemne apertura al octingentésimo aniversario de la confirmación de la Orden con la celebración de la eucaristía en la fiesta de todos los Santos de la Orden. Invito a todas las Provincias, Viceprovincias, comunidades, entidades, congregaciones, fraternidades y demás instituciones dominicanas a celebrar este día en comunidad como signo de comunión fraterna en la confirmación de la Orden que debemos hacer nosotros ahora.

Durante el año jubilar de la Orden tendremos varios eventos a nivel internacional, cuyo calendario anexo a la presente, con el propósito de promover la participación de toda la familia dominicana en estos importantes encuentros internacionales así como en los diversos eventos locales programados por cada provincia, entidad, congregación y comunidad. De manera particular solicito a los priores provinciales que prevean la participación de los frailes en cada uno de estas actividades jubilares. Cada coordinador de evento les informará lo referente a detalles de inscripción y participación en cada actividad jubilar. 

Como “enviados a predicar el evangelio”, durante el año jubilar seguiremos el camino de la Palabra mediante la Lectio Divina “con el fin de animar y apoyar la renovación de nuestra vida dominicana por medio de una escucha atenta de la Palabra, una vida de oración y contemplación en el silencio y en el estudio” (Cf. ACG Trogir, 42 ). Con cuatro secciones: lectio, studio, meditatio y oratio, será publicada diariamente en el sitio internet del Jubileo en los tres idiomas oficiales de la Orden.

Para mayor información sobre actividades y fechas de celebración del Jubileo de la confirmación de la Orden, les invito a visitar nuestro sitio web de la Orden http://www.op.org/es/jubilee (http://www.op.org/en/jubilee - http://www.op.org/fr/jubilee).

Nuestro padre Santo Domingo quiso encomendar la Orden al patrocinio de María, Madre de misericordia; es por ello que hasta hace pocos años el aniversario de la confirmación de la Orden se celebraba el 22 de diciembre simultáneamente con la fiesta del Patrocino de María sobre toda la Orden. Que María, Madre de los Predicadores interceda por su Orden a fin que el Dios Padre de Misericordia conceda a los hijos e hijas de Domingo la gracia del Espíritu, para que puedan anunciar con su vida y palabras al mundo de hoy y de mañana la llegada de la misericordia.

Fraternalmente en nuestro padre santo Domingo,

fr. Bruno Cadoré, O.P.
Maestro de la Orden
Roma, 21 de septiembre de 2015


Bienvenido Sucesor de nuestro Padre Domingo... La Provincia de Santiago de México esta de fiesta.



En el convento de nuestra Señora de Fátima en León Guanajuato inicio la visita canónica del Maestro de La Orden Fr Bruno Cadoré a nuestra provincia de Santiago de México.



Durante la celebración Eucarística renovaron sus votos seis hermanos del estudiantado de filosofía de manos de Fr Bruno Cadoré: Fr. Antonio Novoa, Fr. Eduardo Cobián, Fr. Fernando Escobedo, Fr. Miguel Ramírez, Fr. Enrique López y Fr. José Jaime Pérez.





Renovaron sus promesas hermanos de la fraternidad de dominicos seglares.



Con el MJD





 

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Nuevo prior viceprovincial en África Occidental

Fray Benjamin Sombel SARR

Nos complace informar la confirmación y aceptación de la elección de Fray Benjamin Sombel SARR como nuevo prior viceprovincial de la viceprovincia de San Agustín en África Occidental. 

Fray Benjamin Sombel nació el 8 de agosto de 1967 en Fatick (Senegal). Hizo su primera profesión el 15 de octubre de 1996 y fue ordenado sacerdote el 11 de agosto de 2001. Es doctor en teología dogmática (2006) y doctor en filosofía (2015). 

Durante los últimos años, Fray Benjamin Sombel se venía desempeñando como socio del prior viceprovincial, prior del Convento Santo Domingo de Abiyán (Costa de Marfil) y profesor y secretario general de la unidad universitaria de Abiyán de la Universidad Católica de África Occidental. 

Sobre la obediencia. Comentario a la Regla de San Agustín. Bto. Humberto de Romans O.P.


"El Superior debe ser obedecido como un padre; 

mucho más el sacerdote, que tiene el cuidado de todos vosotros".

Este es el capítulo VI de la Regla, que trata de las cosas pertinentes al estado de sujeción, lo cual hace la obediencia. Respecto a esto nos entrega S. Agustín este único mandato perteneciente a la obediencia, y no muchos, pues es suficiente para contener en él, en general, todo lo que pertenece a la obediencia justa.

Para entender esto, debemos notar que hay dos clases de la buena obediencia. Una es suficiente, pero imperfecta, como aquella por la cual alguien obedece sólo en aquellas cosas a las cuales está obligado; dice S. Bernardo en De praecepto et dispensatione: "el súbdito de tal obediencia en las cosas que están en el límite tiene una obediencia imperfecta". La otra es abundante y perfecta, como el que obedece en algunas cosas buenas, aunque no esté obligado por el derecho (debito); dice S. Bernardo (ibíd.): "La perfecta obediencia no conoce la ley, no está coartada por los límites, no está estrechada por la angostura de la profesión (religiosa), con más generosa voluntad es llevada a la anchura de la caridad, se extiende a todo lo mandado con espontáneo yugo generoso y alegre y no se fija en su propia comodidad".

Además respecto a esta obediencia perfecta, como nadie obliga hacia ella por alguna regla, no pone S. Agustín ningún mandato; pero respecto de la primera sí, a la cual todos los religiosos se obligan por su profesión. Determina en este mandato cuatro elementos pertenecientes a esta obediencia, o sea a los cuales se obliga; y como se obliga a varias cosas, indica en qué orden obliguen; y cómo deba ser su cumplimiento; y en qué cosas se debe obedecer.

Debemos saber que aunque algunos santos varones, a causa de la obediencia perfecta, consideran que se debe obedecer no sólo a los mayores sino también a los iguales; incluso también a los inferiores, como dice S. Benito en su Regla: "El bien de la obediencia lo deben todos no sólo al abad, sino que también los frailes se obedezcan mutuamente"; sin embargo ningún religioso está obligado a obedecer sino a sus superiores, como dice la Carta a los Hebreos (13): Obedeced a vuestros superiores, o sea a aquellos que os preceden. Y así, determinando a quién se debe obedecer en la vida religiosa dice S. Agustín: "Al Superior y al Sacerdote".

Debemos notar, además, que entre los superiores hay alguno que tiene la plenitud de la potestad en cuanto a todos y en cuanto a todo, y éste es el Papa; y a él cualquier religioso o secular debe obedecer más en todas las cosas, que a cualquier superior eclesiástico.


Hay otro superiores que tienen potestad particular en cuanto a los súbditos y en cuanto a la jurisdicción; y a estos no están sujetos todos sino sólo sus propios súbditos, y tan sólo en aquellas cosas que pertenecen a su jurisdicción. Entre estos hay algunos que tienen los mismos súbditos, pero con jurisdicciones distintas, como el abad no exento y el obispo, a los cuales están sujetos los monjes; y estos en distintas situaciones deben obediencia más a uno que a otro y viceversa. Pues en lo que pertenece a la disciplina eclesiástica, el monje debe obedecer más al obispo que al abad; pero en lo que pertenece a su Orden religiosa cuyo gobierno tiene el abad, más se debe al abad que al obispo.

Hay otros que tienen jurisdicciones distintas, no según diversidad sino subalternas, y diferentes tan sólo en más y en menos, como el prior del convento y el abad. Todo lo que puede el prior que está subordinado al abad, lo puede el abad; y en estas cosas el súbdito debe obedecer más al superior que al inferior, aunque deba obediencia a ambos.

Por eso, como la diócesis de S. Agustín estaba ordenada de tal manera que el obispo ocupaba el lugar del abad, y el superior (praepositus) el lugar del prior, y lo mismo sucedía en otros diócesis, por eso dice que el presbítero y no el Superior tiene el cuidado de sus hermanos; queriendo mostrar en qué orden se deba obedecer en este caso a los mayores, dice que se debe obedecer al "prepósito, pero mucho más al Sacerdote (presbítero)", o sea el obispo; pero donde el obispo no equivale al abad, en algunas cosas el súbdito religioso está más obligado a su Superior que al obispo, y en otras cosas al revés, como dijimos.

Además debemos saber que hay una obediencia servil (Col. 3): Siervos, obedeced en todo a los dueños carnales; otra es filial (Col. 3): Hijos, obedeced a vuestros padres en todo.

Por la obediencia servil, a la cual induce el temor, el que actúa lo hace por la fuerza; pero por la filial, a la cual induce el amor, el que actúa lo hace de buena gana (libenter). El que obra según aquella lo hace murmurando, pero según ésta lo hace con simplicidad, sin objeciones ni discusiones; aquella con tristeza, ésta con alegría; aquella con pereza, ésta con prontitud; aquella con falsedad (ficte), ésta con fidelidad; aquella con soberbia, pensando que hace mucho, ésta con humildad, considerándose inútil para todo; aquella descansa en cuanto puede, ésta trabaja infatigablemente hasta la muerte. Y estos son los siete grados de obediencia según S. bernardo: obedecer de buena gana, con simplicidad, alegremente, velozmente, fielmente, humildemente y de modo perseverante. Por eso dice S. Agustín, queriendo determinar las cualidades de la obediencia: "como a un padre, no a un amo" (dominus), para que sea una obediencia filial, como corresponde a los hijos de la Iglesia; y no servil, como fue bajo la Ley. Dice S. Gregorio: "La obediencia se debe observar no por un temor servil, sino por el afecto de la caridad". Esta es tanto más digna de alabanza, cuanto está rodeada por circunstancias más laudables, como ya dijimos.

Pero debemos saber que, aunque generalmente se debe obedecer al superior, sin embargo hay muchos casos en que los súbditos no le deben obediencia. Un caso es cuando manda algo contra Dios, porque se debe obedecer a Dios más que a los hombres (Hech. 5). Otro es cuando un superior mayor, según la distinción que ya dijimos, manda lo contrario. Otro es cuando alguien está eximido de la potestad de su superior en algunas cosas.

Otro es cuando se manda algo derogando la jurisdicción de un superior mayor; como si un superior menor mandara que no se le informe a uno mayor de las cosas que se deben informar en la visita canónica, o que no se le hable de algo que es bueno para uno mismo, o para el convento, etc.

Otro caso es cuando es absolutamente imposible obedecer, cuando de ninguna manera se puede realizar lo mandado. Otro es cuando se manda algo por lo cual se abandonaría la obediencia prometida, como si el superior mandara a su súbdito que entrara en otra orden religiosa. Otro caso es cuando se manda algo que está por encima, por debajo o en contra de los votos religiosos profesados, pues nadie está obligado sino a aquello que profesó, y no más allá.

Otro caso, según algunos, es cuando se manda algo que no tiene que ver con la profesión religiosa, como si el abad mandara a un monje que mirara todo el día a las aves que pasan volando. Sobretodo si esto lo hiciera sin una causa razonable. Pero si esto lo hiciera con motivo de probar la obediencia del monje o para ejercitar su paciencia, u otra causa ajena a su profesión religiosa, no sería seguro que en este caso no deba obedecer. Para algunos autores parece que en este caso se debe obedecer, porque dice S. Bernardo que en aquellas cosas que son puramente buenas o puramente malas no se debe obediencia, sino en las intermedias, en las cuales ante el mandato o la prohibición de los superiores no se debe ser indiferente. Porque si generalmente se debe obedecer a los superiores, sin embargo esto tiene sus excepciones, por eso dice S. Agustín "que se obedezca", y no agrega "en todas las cosas", para que entendamos que se debe obedecer en aquello que corresponde (según el orden jerárquico). En efecto, aunque se debe obedecer al padre, al jefe, al médico, sin embargo a cada uno de un modo distinto, como dice Aristóteles en su Ética: así también, al superior en lo que pertenece a su régimen.

Así vemos cómo en este mandato determina S. Agustín a quiénes se deba obedecer, y en qué orden, y cómo deba ser la obediencia, y en qué cosas.

Debemos tener en cuenta que entre todas las virtudes necesarias a los religiosos, la obediencia perfecta es una de las principales. Ella es lo que da la paz al religioso. Pues el que es menos obediente se turba con frecuencia, pues no está pronto para realizar las cosas que se le imponen; si fuese más solícito en la obediencia tendría paz, no turbaciones. Por eso dice Prov. 13: El que respeta el precepto andará en paz. Tan sólo el obediente recibe con temor el mandato de Dios.

Ella es quien le alcanza al hombre la benevolencia de sus mayores. Así como la sílaba libre es muy apreciada por las versificadores, porque pueden usarla como quieren, tanto como breve o como larga [en la pronunciación latina y en la griega hay sílabas breves y largas]; así el verdadero obediente es amado por su superior, pues puede el superior actuar con él libremente. Hay un ejemplo en la Vida de los Padres, respecto del abad Silvano, quien como le preguntaron porqué quería más a su discípulo Marcos que a los otros, los llevó por las celdas de los frailes; y llamando a uno, éste vino pero no enseguida; y de modo semejante en muchas celdas. Pero cuando llegó a la celda de Marcos y lo llamase, éste dejando sin terminar una letra que escribía, inmediatamente acudió a su superior. Visto lo cual, dijo el abad a sus acompañantes: "Por esto es porque lo amo más que a los otros". Y le contestaron: "En verdad debe ser más amado por tí, porque Dios lo ama más".

Mientras que la desobediencia perturba máximamente a toda la comunidad, la obediencia perfecta la pacifica. Dice S. Agustín: "La paz de una casa consiste en la ordenada concordia en el mandar y el obedecer de los que viven en ella". Por eso dice en I Mac. 14: La tierra disfrutó de paz toda la vida de Simón, que significa "el que obedece".

Además hace al hombre útil para su comunidad.

Pues el que es obediente es bueno como la burra que había en Jerusalén para el uso común (para los pobres que no tenían animales, y que parece que usó Jesús al entrar en Jerusalén el Domingo de Ramos) (cfr. Mt. 21, 2), que cualquiera podía tomar para usarla en cualquier trabajo. Y feliz quien pueda decir con el Salmo 72: estoy como un asno ante ti; y por eso no me apartaré de ti, sino que estaré siempre contigo; tú sostuviste mi mano derecha y me condujiste con tu voluntad. Pero hay algunos que son como los caballos de la cuadriga, que son dóciles al freno (palafrenos) o que corren bien a la derecha, y que no sirven sino para ese lugar, y no para otro uso; y así no son útiles como el asno.

Además, hace al hombre triunfar de un modo muy noble y de un enemigo fortísimo: su propio ánimo; quien lo domina es mejor que el que asalta una ciudad (Prov. 16, 32); vencerá a muchos después que venza la carne, el mundo y el diablo. (Prov. 21, 28). El varón obediente cantará victorias. Dice S. Gregorio: "Cuando obedecemos humildemente la voz ajena, nos superamos a nosotros mismos en el corazón".

El que obedece así realiza un sacrificio muy agradable a Dios; pues por la pobreza se ofrecen a Dios cosas temporales; por la abstinencia (la castidad), la propia carne; pero por la obediencia se sacrifica la propia voluntad (I Rey. 15): mejor es la obediencia que los sacrificios. Tanto más pronto se aplaca a Dios, cuanto con la espada del precepto se inmola, reprimida, la soberbia del propio juicio en su presencia.

Ella hace eficaces nuestras oraciones ante Dios; dice S. Gregorio: "Si fuéramos obedientes a nuestros superiores, Dios obedecerá nuestras súplicas". Y esto es justo, pues quien escucha a sus superiores escucha a Dios (Lc. 10): El que a vosotros escucha, a mí me escucha.

Además nos enriquece inmensamente con méritos. Pues las otras virtudes merecen sólo respecto a un objeto, y esto poco y no siempre. Pero la obediencia merece respecto a todas las cosas, casi continuamente, y tiene un mérito excelente a causa de la dificultad.

Por eso bien se puede decir de la obediencia (Prov. 31, 29): Muchas hijas, o sea las virtudes hijas del Espíritu Santo, recibieron riquezas, pero tú las sobrepasas a todas.

Ella nos protege del peligro de los pecados. Pues cumplir la obediencia está en los planes del Rey Celestial, cuyos mandatos se cumplen; y así se está más seguro que en los planes propios; dice S. Gregorio: "La obediencia es la única virtud que pone en el alma las otras virtudes, y una vez puestas las custodia".

Además nos lleva a una gloria mayor. Por eso en la Vida de los Padres se dice: "Vi un anciano y cuatro grados en el cielo: uno el de los enfermos, que daban gracias; otro el de los que cuidan a los enfermos; otro el de los siervos que viven en soledad; otro el de los que viven en obediencia: y éste estaba por encima de los otros. Y cuando pregunté la razón, me dijo que los otros actuaban según su propia voluntad; pero estos, abdicando su voluntad propia, lo que hacen lo hacen según el mandato de su padre espiritual, que es mayor, y por eso los lleva a una gloria mayor; por eso dice en Filip. 2: Hecho obediente hasta la muerte; por eso en Dios lo exaltó".

El que lee esto considere cuán necesarias son cada una de las cosas dichas sobre la obediencia para la vida religiosa, y comprenderá claramente cuán necesario es al religioso ejercitarse en las obras de la obediencia.

También debemos tener en cuenta que muchos disminuyen la bondad de la obediencia. En efecto, hay algunos que, aunque obedecen en algunos casos, en otros son menos obedientes; contra lo cual dice en II Cor. 2, 9: Os escribo para conocer vuestra probada virtud, a ver si sois obedientes en todo.

Hay otros que, aunque realizan lo que les mandan, sin embargo lo realizan sin plenitud; contra lo que dice S. Pablo (Filemón): Confiando en tu obediencia, te escribo, sabiendo que siempre haces lo que te digo.

Otros realizan lo que se manda, pero de distinto modo, y a veces al revés; contra lo que dice S. Mateo 21: Los discípulos hicieron como les mandara Jesús.

Hay algunos que suelen ser duros para obedecer, y sus superiores deben fatigarse mucho antes de lograr que se muevan para hacer algo, como se cansa el que lleva piedras de un lado a otro (cfr. Ecle. 10, 9). Contra lo cual dice (Heb. 13): obedeced a vuestros superiores y estadles sujetos, pues ellos velan por vuestras almas como quien debe dar cuenta de ellas, para que hagan esto con gozo y sin lamentarse; obedeced de tal manera que no los hagáis gemir por la dificultad en obedecer, sino que se alegren por la facilidad con que los obedecéis.

Algunos no quieren obedecer ante una simple palabra, a no ser que sea un mandato expreso. Contra lo cual dice (Tito 3): Exhorta a los siervos que obedezcan a lo que les han dicho, o sea a una simple palabra. Y si esto deben hacer los siervos del mundo, ¿cuánto más los siervos de Dios? Dice S. Bernardo: "Es muy útil para la obediencia si la humildad realiza (sin que nadie la coaccione) aquello que impone la fuerza de la disciplina".

Hay otros que obedecen no por amor a cumplir la justicia, sino por temor al castigo. Contra los cuales dice S. Gregorio: "La obediencia debe realizarse por amor a la justicia, no por temor a la pena". Y por eso dice Deut. 30: Amarás al Señor tu Dios, y obedecerás su voz; pone el amor antes que la obediencia , mostrando que la obediencia debe nacer del amor.

Algunos, antes de obedecer, suelen discutir sobre lo que les mandan. Contra lo que dice S. Jerónimo: "Teme al Superior del monasterio como a tu Señor, ámalo como a tu padre; cree que todo lo que te manda es bueno para tí; y no juzgues las palabras de tus mayores, pues tu oficio es obedecer y cumplir lo que te fue mandado".

Hay otros que, aunque quieren hacer lo que se les manda, son morosos en comenzar; contra lo que dice el Salmo 17, 45: en cuanto me escuchaban me obedecían.

Otros están siempre ocupados, eligiendo el momento para obedecer, diciendo que ahora no pueden; y si no se les permite continuar con su ocupación, se sienten molestos; contra los cuales dice David (Sal. 118): Estoy preparado y no me perturbo, cumpliré tus mandatos.

Algunos nunca se preparan en su corazón para obedecer. Contra lo cual dice S. Bernardo: "El perfecto obediente prepara su oído para oír, sus ojos para ver, su lengua para hablar, sus manos para obrar, sus pies para caminar, y así se recoge en su interior para cumplir con todo su ser el mandato del que manda". Por eso dice Prov. 15, 28: La mente del justo medita la obediencia, porque frecuentemente piensa cómo debe obedecer bien en su momento.

Otros ciertamente obedecen, pero murmurando; son semejantes a la obediencia de los demonios, que ante el mandato de Dios se retiraban de los cuerpos, pero en medio de gritos. Contra lo cual dice S. Benito en su Regla: "La obediencia será aceptada por Dios y dulce a los hombres, si realizamos lo que se manda sin murmurar" (cap. 5).

Algunos no murmuran con la boca, pero ejecutan las obediencia con tristeza; contra eso dice S. Benito en su Regla (cap. 5): "la obediencia que se da a los superiores, se le da a Dios mismo, pues El mismo dijo: el que a vosotros escucha, a mí me escucha; y los discípulos deben obedecer de buen grado, porque Dios ama al que da con alegría. Pero si el discípulos obedece con mal ánimo, aunque cumpla lo mandado, ya no será agradable a Dios, pues El ve su corazón que murmura".

Algunos obedecen en las cosas grandes, pero desprecian las pequeñas. Contra lo cual dice S. Bernardo: "¡Oh, monje obedientísimo, que ni una iota se le escapa de las palabras de los ancianos".

Sin embargo hay otros que, mientras cumplen la substancia del mandato, aunque parece que no se preocupan de cumplir la intención del que les mandó, por el contrario, con corazón piadoso y fiel están más atentos a la intención que a las palabras de quien les manda. Como aquellos a quienes Cristo curó, y mandó que no lo dijeran a nadie; pero ellos lo anunciaron pensando que hacían algo mejor que si callaran; porque el Señor, mandando eso, más bien intentaba dar ejemplo de humildad huyendo de la vanagloria, que obligarlos a callar.

Otros hay que agregan algo desagradable por su cuenta, pervirtiendo la intención del que les manda, pensando que el superior tiene alguna mala intención. Contra estos dice S. Bernardo: "No es suficiente obedecer exteriormente a nuestros mayores, sino que debemos sentir de un modo elevado respecto de ellos, con un afecto íntimo del corazón".


Algunos están prontos para excusarse de la obediencia, aduciendo que no pueden realizarla. Contra lo que dice S. Benito en su Regla: "Si el superior mandara algo imposible, sin embargo el discípulo debe intentar realizarlo". Para esto nos alienta el ejemplo de S. Pablo (Fil. 4): Todo lo puedo en Aquel que me conforta.

Otros se muestran de tal manera que el superior no se anima a imponerles una carga, como al caballo salvaje que muerde y patea. Contra éstos están las palabras del anciano que, cuando cierto hombre que quería ser religioso le preguntó cómo debía comportarse, le dijo: "Tú y el asno deben ser uno solo". Pues así como el asno recibe indistintamente cualquier peso y no se enoja, así el religioso debe vivir la obediencia (Sgo. 1): recibid con mansedumbre la palabra injertada en vosotros. La palabra de la obediencia puede decirse injertada, porque atrae al que la recibe hacia su propia naturaleza, como la rama injertada en el tronco.

Hay otros que, por cierta presunción y confiados en su sabiduría, no admiten ser gobernados por otros, y por eso son poco obedientes. Contra lo que dice S. Jerónimo: "Es bueno obedecer a los mayores y luego de conocer la ciencia de las Escrituras aprende de otros el camino de la propia vida, no sea que tengamos un pésimo guía que es nuestra presunción".

Algunos más bien quieren ser obedecidos por sus mayores que obedecerlos, mientras buscan realizar su propia voluntad. Pero dice S. Bernardo: "La perversidad de muchos exige que se les diga: ¿qué quieres que haga?, y no preguntan: Señor, ¿qué quieres que yo haga?; ¡oh palabra breve, pero plena, viva, eficaz y digna de ser recibida! Así es digno absolutamente, Señor, de que yo busque y cumpla tu voluntad, y no tú la mía".

Otros realizan lo mandado, sin embargo lo hacen mal a sabiendas, para que no se les impongan otras cosas, como el caballo que finge estar manco cuando lo sacan del establo para que lo lleven a otro lado. Contra esto dice Jer. 48: Maldito el que realiza con fraude la obra de Dios.

Por tanto el varón santo debe cuidarse de todo esto en la obediencia, no sea que actuando mal cargue el trabajo de la obediencia y pierda la virtud de la obediencia totalmente o en parte. Dice S. Bernardo: "Recordad, hermanos: Cristo, por no perder la obediencia perdió la vida". Si Cristo hizo así, ¡cuánto debemos cuidarnos nosotros de no perder el bien de la obediencia!

Película completa: Domingo, Luz de la Iglesia (subtitulada en español)


En el marco de los 800 años de haber sido fundada la Orden de Predicadores, la Provincia de Filipinas produjo la primera película acerca de su fundador: Santo Domingo de Guzmán. Siendo un canónigo regular en la Diócesis de Osma, Domingo profundizó en una vida de oración, estudio y comunidad, pero la estabilidad que tenía en esa época cambiaría por completo una vez saliera junto a su Obispo a realizar un encargo. 


En este viaje, Domingo descubrió los grandes estragos que provocaban la herejías, y su gran piedad lo llevó a darle un cambio completo a su vida: de ahora en adelante se dedicaría por completo a la Predicación, para recuperar almas para Dios. 

El Señor iría impulsando esta misión particular que le había encomendado, y llegado el momento hizo posible, por medio de su gracia, que este hombre lleno de fe fundara una Orden dedicada a perpetuar ese ministerio que Dios había puesto en sus manos. Así nació la Orden de Predicadores que hoy, como una gran familia, reúne a frailes y monjas, laicos y hermanas, al servicio de la predicación. Este hombre santo, profundo amigo de El Señor, tal vez sea poco conocido, pero los muchos dones que recibió de Dios siguen siendo dignos de imitar para los hombres de todas las épocas.


Jubileo dominicano en Toulousse

Jubileo dominicano en Toulousse

¿Por qué ha comenzado la Provincia de Toulousse el Jubileo en el 2015? 

Aunque aún no ha comenzado oficialmente el Jubileo de la Orden de Predicadores, en el suroeste de Francia, en la Provincia de Toulousse, ya están todas las celebraciones en marcha. El mes de mayo tiene una agenda cargada de eventos. No es sólo que los frailes estén impacientes por comenzar antes que nadie, sino que también hay razones históricas. 

Este año la fiesta de la Traslación de Santo Domingo coincidía con la semana de Pentecostés, el mismo mes en que se conmemora los 800 años de la primera comunidad de frailes predicadores en Toulousse. Es importante recordar que antes de que la Orden fuera instituida para la Iglesia Universal por el Papa Honorio III existía un instituto diocesano de predicadores creado por iniciativa del obispo de Toulousse Fulco y con Domingo de Guzmán a la cabeza. La misión de esta nueva comunidad de predicadores era "erradicar la herejía, eliminar el vicio, enseñar los mandatos de la fe e inculcar la moral". Todo ello sucedía en mayo de 1215, por lo que las celebraciones de estos días son realmente oportunas. 

Santo Domingo, desde su vuelta de España, cada vez se estaba integrando más en la diócesis de Toulousse. Su prioridad era continuar ayudando a la comunidad monástica de Prulla, ya que hasta los años 1211-1212 la construcción de edificios adecuados para las monjas no finalizó, permitiendo de esta manera que todas las monjas pudieran residir en un mismo lugar.

 A las alturas de 1214 Domingo se hacia cargo de la comunidad cristiana de Fanjeaux, siendo en ese sentido el párroco del lugar. Al final de ese año hay evidencias de que se encontraba en Toulousse como ministro de la predicación. También, por esas fechas, fue elegido obispo de Couserans, renunciando a la mitra. 

Sin embargo, en enero de 1215 los acontecimientos tomaron un nuevo giro. Domingo recibió en donación algunas propiedades en la ciudad, lo que hizo que la creación de una comunidad de predicadores estable fuera una posibilidad nueva. El donante era Pedro Seilhan, bien conocido por nosotros gracias a la todavía existente "Maison Pierre Sailhan" en la Plaza del Parlamento de Toulousse.

 El cambio de propiedad se finalizó el 25 de abril de 1215, cuando la herencia de Seilhan se resolvió y los bienes se dividieron entre los dos hermanos. En mayo el obispo Fulco formalizó el acuerdo, haciendo a la comunidad de Domingo una institución diocesana permanente. 

Para celebrar el Jubileo, la Provincia de Toulousse ha llevado a cabo una serie de actos: exposiciones, conciertos, etc. Pero la gran celebración se hizo el domingo de Pentecostés (24 de mayo) en la iglesia del convento de Santo Tomás de Aquino de Toulousse. Las actividades fueron publicadas en la web y en las redes sociales. También ha puesto en marcha una página web sobre la historia de la Orden. 



La Traslación de Nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán

No crean que paso desapercibida esta conmemoración, con amor la Familia Dominica recordó este bello evento, ahora te presentamos un poco de historia Dominica...

Era Pentecostés de 1233. Se había reunido Capítulo General de la Orden en Bolonia bajo la presidencia de Jordán de Sajonia, sucesor inmediato de Santo Domingo en el generalato. Doce años habían pasado desde la muerte de Santo Domingo. Dios había manifestado la santidad de su Siervo por multitud de milagros obrados en su sepulcro o debidos a la invocación de su nombre. Se veían sin cesar enfermos, alrededor de la losa que cubría sus restos, pasar allí el día y la noche, y volver glorificándolo por su curación.

Cuando, obligados a demoler la vieja iglesia de San Nicolás para edificar una nueva, quedó el sepulcro del santo Patriarca al aire libre, expuesto a la lluvia y a todas las intemperies por largo tiempo, se decidió su traslado a un sepulcro más digno en el interior de la nueva iglesia.
La noche del 24 de mayo, con ayuda de picos, levantaron penosamente la piedra que cubría la tumba. Mientras la levantaban, un inefable perfume salió del sepulcro entreabierto.
Por fin, levantaron la tapa del ataúd, y los huesos de Domingo aparecieron ante la vista de sus hermanos y amigos.
Los notorios milagros que habían acompañado el traslado del santo cuerpo de Domingo determinaron a Gregorio IX a no retrasar más su canonización. Por una carta de 11 de julio de 1233, comisionó para proceder a la investigación de su vida.
Enviadas a Roma las declaraciones de testigos de Bolonia y Toulouse, Gregorio IX firmó la bula de canonización el 3 de julio de 1234.




Santo Domingo quiso ser sepultado en la iglesia de San Nicolás de las Viñas (San Nicoló delle Vigne) « bajo los pies de sus frailes.» 

Inmediatamente muchos enfermos testimoniaron haber sido curados en el sepulcro del santo, pero los frailes no fueron propensos a reconocer estos milagros y destruían todos los exvotos que les daban como acción de gracias por las curaciones. Finalmente por voluntad expresa del papa Gregorio IX, gran amigo del santo, dentro de la asamblea del capítulo general, presidido por el M.O beato Jordán de Sajonia y en presencia del delegado pontificio: el arzobispo de Rávena, Teodorico, se hizo la traslación de su cuerpo a un sarcófago de mármol el día 24 de mayo de 1233, martes de la octava de Pentecostés, cuya antífona de entrada en la celebración eucarística, tomada del libro IV de Esdras (extracanónico), (2, 37) cantaba: Recibid el gozo de vuestra gloria, dando gracias a Dios que os ha llamado a los reinos celestiales, mientras un olor maravilloso se extendía desde el sepulcro del santo. Esto supuso el principio del proceso de canonización, que el mismo papa Gregorio IX haría desde Rieti un año después, el 3 de julio de 1234.


El año 1267 el beato Juan de Vercelli, sexto Maestro de la Orden, ordenó la construcción de un arca de mármol espléndida, realizada por Nicolás de Pisa y completada por Nicolás de Bari. El sepulcro fue abierto de nuevo bajo el MO beato Raimundo de Capua el 15 de febrero de 1383 para sacar la cabeza, que ahora se halla en relicario aparte. Esta fue la última vez que fueron sacados a la luz los restos de nuestro Padre. El 11 de noviembre de 1411 el arca marmórea fue trasladada a una capilla especial y el 25 de abril de 1605 a la actual. Finalmente el 17 de abril de 1943, para salvarlos del peligro de las incursiones aéreas, los restos fueron colocados en un refugio blindado y con esta oportunidad se hizo un estudio radiológico cuidadoso del cuerpo del santo y se reconstruyó su fisonomía real, para el 15 de septiembre de 1946 y dentro de la celebración del capítulo general electivo presidido por el MO fray M. S. Gillet, ser colocados de nuevo en la magnífica arca.



"Crear lazos de comunión", fray Bruno Cadoré a la Familia Dominicana de Brasil

fr Bruno Cadore in Brazil

Del 15 al 30 de abril de 2015 el Maestro de la Orden, fray Bruno Cadoré, acompañado por el Socio para América Latina y Caribe, fray Javier Pose,  llevó a cabo la visita canónica de la Provincia de Fray Bartolomé de las Casas (Brasil). Fue una propicia ocasión para que el sucesor de Santo Domingo se reuniera con la Familia Dominicana del país y les alentara en su vida religiosa y en la misión de la evangelización y predicación del Evangelio.

 El Maestro está bien informado de los retos de la predicación del "Camino, la Verdad y la Vida" en diferentes lugares y bajo diversas realidades socio-políticas. Concerniente a su misión como Maestro fray Bruno Cadoré manifestó que "el Maestro de la Orden es el siervo de la unidad entre los hermanos, comunidades, provincias y culturas", en la Familia Dominicana y en sus varias formas de expresión.     


     Los hermanos de la Provincia de Brasil trabajan en 10 diferentes presencias, situadas, en su mayoría, en la parte centro-sur del país. Son aproximadamente 70 frailes y se dedican a diversos apostolados: enseñanza, capellanías universitarias, parroquias, etc.

 Las hermanas dominicas de vida apostólica están representadas por más de 15 congregaciones diferentes. También existe un monasterio de monjas contemplativas en el territorio de la Provincia. Además cuenta con un buen número de fraternidades laicales y jóvenes que pertenecen al Movimiento Juvenil Dominicano.

        La visita canónica fue una oportunidad para que fray Bruno Cadoré pudiera descubrir las diferentes presencias dominicanas en Brasil, desde el norte de Tocantins hasta Curitiba, en Paraná, al sur del país.  

        A su vez, en esta visita los hijos e hijas de Santo Domingo (monjas, frailes, hermanas, laicos y jóvenes), pudieron relacionarse con fray Bruno Cadoré. Se reunieron con él, se dieron a conocer, compartieron y celebraron en su compañía. De hecho, estuvo encantado con lo que vio.  

      En una de sus homilías manifestó que la visita canónica a los "hermanos y hermanas de la Familia Dominicana es un peregrinaje alrededor de la inmensa mesa de la Eucaristía" en donde "no hablamos de personas de Norte América o Sur América, donde la gente habla portugués, español o inglés, donde las personas son jóvenes o mayores, sino que todos los hombres y mujeres se convierten en hermanos y hermanas en Cristo que han aceptado la invitación de venir a su mesa y compartir su pan". 

“El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará” (Mc 16, 16).


Las Virtudes Teologales - Introducción - La Fe - Fray Antonio Royo Marín OP

Curso sobre las Virtudes Teologales dictado por Fray Antonio Royo Marín OP en el monasterio Madre de Dios de Olmedo, España, en julio y agosto de 1991.

Traditio Spiritualis Sacri Ordinis Praedicatorum


Una Nueva Santa hija de Santo Domingo


Su memoria en la Orden se celebra el 19 de noviembre.

Ayer, 17 de mayo de 2015 el Santo Padre Francisco ha canonizado a la Hermana María Alfonsina Danil Ghattas, fundadora de la Congregación del Santo Rosario.

Sor María Alfonsina Danil Ghattas nació en Jerusalem el 4 de octubre de 1843 en una familia que le aseguró una buena formación cristiana. Fue bautizada el 19 de noviembre siguiente y en la pila bautismal, le fue dado el nombre de Soultaneh María. En septiembre de 1848, comenzó a asistir a la escuela de las Hermanas de San José de la Aparición, que habían venido a Jerusalén unos meses antes.

Recibió el sacramento de la Confirmación 18 de julio de 1852. Madurada la vocación a la vida consagrada, en 1858 ingresó como postulante en el Instituto de las Hermanas de San José de la Aparición. El 30 de junio de 1860, tomó el hábito y el nombre religioso de Hermana María Alfonsina; en 1863 realizó su profesión. Se encargó de enseñar el catecismo en la escuela popular de Jerusalén, donde se distinguió por el fervor y el ahínco con el que desempeñó dicho oficio. También promovió la Cofradía de la Inmaculada Concepción (que tomaría el nombre de Hijas de María) y, más tarde, la Cofradía de las Madres Cristianas.

En 1865 se trasladó a Belén para continuar su ministerio de enseñanza. El 6 de enero 1874 se le apareció, por primera vez, la Virgen María; después de un año exacto tuvo lugar una segunda aparición y la Virgen la invitó a formar una nueva familia religiosa que tomaría el nombre de la Congregación del Santo Rosario. La Beata se dirigió al Patriarca de Jerusalén, Monseñor Vincenzo Bracco, y le contó sus experiencias místicas; El obispo le animó y la confió a la dirección espiritual de Don Antonio Belloni.

En mayo de 1876, ante la partida del Padre Belloni, se acogió a la dirección espiritual del Padre Matteo Lesciki. Después de algunas dificultades iniciales, este último también aprendió a entenderla y valorarla. Mientras tanto, algunas miembros que pertenecían a las Hijas de María comenzaron a madurar el proyecto de consagrarse a Dios en la vida religiosa y expresaron dicho propósito a su confesor, el Padre José Tannous. También la hermana Maria Alfonsina decidió entonces recurrir a este sacerdote, quien le ordenó escribir sus propias experiencias místicas, incluso en relación a la Congregación que la Virgen María le había pedido fundar.

En julio de 1880, las jóvenes Hijas de María, bajo la dirección de Don Tannous, comenzaron la vida en común. El 15 de diciembre de 1881, el Patriarca de Jerusalén dio el hábito al primer grupo de monjas de la nueva comunidad, que, de acuerdo con la inspiración por Nuestra Señora, tomó el nombre de Instituto de Hermanas del Santo Rosario.

El 12 de septiembre 1880, la Hermana Marie Alphonsine obtuvo del Santo Padre la dispensa del voto de obediencia emitido en la Congregación de las Hermanas de San José. Tres años más tarde, el 7 de octubre de 1883, llegó a ser parte de la Congregación de las Hermanas del Santo Rosario. El 8 de diciembre del mismo año tomó el hábito (manteniendo el nombre religioso de Sor María Alfonsina) y el 1 de marzo de 1884 comenzó su noviciado. Profesó el 7 de marzo 1885 y el 25 de julio fue enviada a Jaffa para desarrollar la actividad de profesora.

El 1 de noviembre de 1886, junto con la hermana Hanneh, abrió una misión a Beit-Sahour y el año siguiente partió con otras hermanas para establecer una casa también en Salt, Jordania. El 2 de noviembre, 1887 fue aprobada la Constitución de las Hermanas del Santo Rosario, que, dos años más tarde, obtuvieron la aprobación diocesana. En 1889, la Hermana Marie Alphonsine fue enviada a Naplus. Allí permaneció sólo unos pocos meses, ya que, golpeada por la fiebre amarilla, tuvo que regresar a la casa madre en Jerusalén para recibir tratamiento. Ya siendo religiosa, el 4 de octubre de 1890, la víspera de la festividad de Santa María del Rosario, fue admitida en la Tercera Orden de Predicadores en el Convento Dominicano en Jerusalén. A principios de 1892 fue trasladada a la misión de Zababdeh. Entre los años 1893 y 1908 desempeñó el encargo de superiora de la casa de Belén. Del 1909 al 1917 se encuentra nuevamente en la casa madre de Jerusalén; a continuación, se le pidió establecer un orfanato en Ain Karem.

En marzo de 1927 su estado de salud se deterioró repentinamente, esto la llevaría a la muerte poco tiempo después. El 25 de marzo de 1927, regresó a la casa del Padre. Al día siguiente se llevó a cabo su funeral.

Algunas dificultades internas en el Instituto de las Hermanas del Santo Rosario y la difícil situación política en el Medio Oriente impidieron el inicio de su causa de beatificación y canonización, esto a pesar de su reputación persistente de santidad. Superadas estas dificultades, en 1986 se inició, en Jerusalén, el proceso diocesano que culminaría en mayo de 1987. Después de haber completado el procedimiento prescrito, el 15 de diciembre 1994 fue proclamado el decreto sobre sus virtudes heróicas. En 2004, se instruyó la investigación diocesana sobre un presunto milagro que se concluyó en el 2005. Una vez completado el procedimiento prescrito, el 3 de julio de 2009 se proclamó el decreto sobre el milagro. El 22 de Noviembre, 2009 se celebró el rito de beatificación en la Basílica de la Anunciación en Nazaret.

Las Hermanas de la Congregación del Santo Rosario están presentes actualmente en Palestina (Franja de Gaza), Israel, Jordania, Líbano, Egipto, Siria, Kuwait, en algunos emiratos del Golfo Pérsico (Abu Dhabi, Shariqah) y en Roma.

“El Señor conceda por su intercesión un nuevo impulso misionero a los respectivos países de orígen”, fue el deseo del Papa Francisco el domingo al mediodía antes del rezo del Regina Coeli al saludar especialmente a los presentes de Palestina, Francia, Italia, Israel y Jordania, asistentes a la ceremonia de canonización de las cuatro nuevas Santas. “Inspirándose en su ejemplo de misericordia, de caridad y de reconciliación, los cristianos de estas tierras miren al futuro con esperanza, continuando por el camino de la solidaridad y de la convivencia fraterna”, auspició el Vicario de Cristo.

Traditio Spiritualis Sacri Ordinis Praedicatorum